La democracia: ¿Sirve para que todos pensemos y actuemos igual?

Tres cosas me han hecho reflexionar sobre la verdadera eficacia de la democracia:

La primera es que Guatemala es el país de América Latina con la mayor cantidad de partidos políticos. Al mismo tiempo, poseemos la menor cantidad de afiliados a un partido en toda la región. Se calcula que, para nuestras próximas elecciones en 2015, serán 31 partidos competiendo.

La segunda es que por definición, la democracia es el medio a través del cual la sociedad civil se comunica con su gobierno. Y es obvio que hay un problema con esta comunicación en nuestra nación: los interlocutores (los votantes) pareciéramos tener espacios de sobra (31 partidos) para podernos expresar y, al mismo tiempo, vemos estos espacios como un desperdicio en los cuales no merece la pena desperdiciar ni recursos, ni tiempo, ni energía.

Cuando votamos, la “mayoría” no lo hacen por afinidad a una idea ni a un plan, sino porque la personalidad del candidato escogido es “más simpática” que la de las otras opciones. Pregunto: ¿Dónde está esa mayoría democrática representada? De 14 millones de habitantes, 8 estamos empadronados y de esos 8, votamos 3,5 millones si mucho. La matemática demuestra que la mayoría de 14 no es 3,5. ¿Es correcto entonces seguir neciamente afirmando que la democracia es la voluntad de la mayoría?

La tercera idea que cuestiono es justamente ese concepto de “voluntad de la mayoría”. Si hay un sistema dispuesto a tomar en cuenta todos los puntos de vista existentes para tomar una decisión, surge el problema de averiguar:

¿Cuál es la postura que entonces debe seguirse y aplicarse entre todas las que hay? ¿Qué pesa más? ¿El derecho del homosexual a casarse? O, ¿el derecho de los conservadores de impedirlo? ¿Qué pesa más? ¿La libertad de locomoción de los transeúntes? O, ¿El derecho a energía gratis para un grupo y bloquear calles hasta obtenerlo?

Cuando un problema pareciera no encontrar una opinión lo suficientemente racional capaz de posicionarse por encima del resto de opiniones, ¿por qué insistimos irracionalmente en buscarle una solución “democrática” a dicho problema?

La diversidad de pensamiento es buena y, hasta cierto, punto necesaria entre los grupos. Refleja una visión global de cualquier circunstancia, permitiéndonos a cada uno decidir en dónde está ubicada nuestra propia afinidad, acoplándonos al o los grupos que contengan las ideas que racionalmente compartimos y defendemos, frente a las posturas de otros grupos.

El individuo se ve obligado a cuestionarse: “¿qué postura se acopla verdaderamente a mis ideas y principios?” Cuando los individuos subimos nuestra “vara” racional, a los partidos no les queda otra que subir la suya para atraernos. Así es como forzamos a los partidos a definir los principios y las ideas en las que su coalición cree y defiende.

La democracia está para permitir la participación de todos dentro del sistema, no para cuajar todas las voluntades, o para guiarse todo el tiempo por una sola. En ningún momento la democracia es el único camino existente para conciliar todas las opiniones que hay en una sociedad.

Si la democracia lograra esto se anularía en si misma. Si todos tienen que pensar lo mismo, opinar lo mismo, y apoyar lo mismo que apoya una mayoría, entonces todos paramos viviendo en una dictadura.

Muchas veces, la postura que debe seguirse es la de renunciar al mismo sistema democrático como conciliador, y confiar en que la misma sociedad y la diversidad propia de ella. Los individuos son los mejores conciliadores que existen para lograr el respeto de la libertad de cada uno de los que vivimos dentro del sistema y no solo de unos grupos.

Como muchos filósofos griegos que se dieron cuenta que el eterno problema con la democracia es “¿dónde están sus límites?”, nosotros también debemos empezar a ponerle límites claros a la nuestra si es que no queremos seguirla perdiendo cada 4 años.

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Las bases morales son importantes

De manera reiterada algunos insisten que el liberalismo es una idea sin sustento moral que no toma en cuenta a los demás, como si lo relevante consistiera sencillamente en hacer valer al más fuerte sobre el débil. Esta idea, sin embargo, no solo es un gran error sino también implica desconocimiento de la filosofía de la libertad que, debo reconocer, lamentablemente también es culpa de muchos liberales, entre los que me incluyo, por no promover suficiente información y debates sobre el tema.

Con solo mencionar la legítima defensa de cada individuo de hacer respetar su vida, libertad y propiedad, reconocida como la trilogía liberal; así como la de no enriquecernos a costa de otro sin justa causa, estamos reconociendo en el pensamiento liberal una profunda raíz de contenido moral. Lo que hacemos repercuten sobre los demás, ya sea para bien o para mal.  Esto significa que nuestros prójimos son importantes en nuestras vidas, que somos responsables por nuestros propios actos y de las consecuencias que acarrean los mismos.

La propiedad, por ejemplo, es sagrada para los que abrazamos la filosofía liberal no porque se circunscriba a un bien tangible determinado sino porque es un derecho de raigambre moral. De ahí que para los socialistas y tantos otros colectivistas, la propiedad sea un objeto material, cuando que para el liberal clásico es un principio que surge de la misma actividad humana, del fruto del trabajo. ¿Una persona que no puede disponer de su esfuerzo a qué se asemeja? Se asemeja a aquel esclavo que depende otros para vivir y ejercitar su libertad en plena conciencia de sus actos. Las bases morales son importantes.

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El real milagro de Chile

En marzo de 1975 –hace 40 años– Milton Friedman visitó Chile. Por entonces había incertidumbre sobre la situación económica del país, y el profesor de la Universidad de Chicago pudo apreciar “en terreno” la situación que se vivía. En la ocasión dictó una conferencia en la que abordó: 1) El déficit fiscal como origen de la inflación; 2) El gradualismo o tratamiento de shock; 3) Las medidas que debían adoptarse para superar el período de transición; manifestando que el problema de Chile eran dos: La inflación y el fortalecimiento del mercado libre.

Años más tarde, en 1991, ya teniendo a la vista los resultados del “Plan de recuperación económica implementado un mes más tarde de su visita, en abril de 1975, dictó otra conferencia, esta vez en el Smith Center en California State University, oportunidad en la que se refirió al éxito de lo que por entonces algunos denominaban “el milagro chileno”.  En la oportunidad señaló: “El real milagro de Chile no es cuán bien le ha ido económicamente; el verdadero milagro es que una junta militar haya querido ir contra sus principios e instaurar un libre mercado diseñado por seguidores de dichas ideas”. Es decir, lo ocurrido en Chile no fue un milagro sin explicación, sino que obedeció al poder de una idea, la idea de la libertad, como señaló José Piñera, uno de los Padres Fundadores del Chile actual.

Hoy, a 40 años no sólo resulta oportuno recordar dicha visita, sino también las palabras que el propio Friedman pronunció en 1991, cuando afirmó:

“En Chile, la presión por la libertad política, que fue (en parte) generada por la libertad económica y los exitosos resultados económicos, terminó en un plebiscito que introdujo la democracia. Ahora, luego de largo tiempo, Chile tiene las tres cosas: libertad política, libertad humana y libertad económica. Chile seguirá siendo muy interesante de observar, para ver si puede mantener las tres simultáneamente, o ahora que tiene libertad política, ésta no vaya a ser usada para destruir o reducir la libertad económica”.

En medio de la coyuntura actual que vive este país sudamericano, ambos momentos, cobran plena relevancia.

Puedes leer el texto de la Exposición de Milton Friedman, como así también varios ensayos relativos a su visita en el libro  Un legado de libertad. Milton Friedman en Chile.

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La palabra “extranjero” en Panamá

Justo Arosemena en el retiro de MadridCualquier visitante de Madrid no debe perderse la oportunidad de echar un buen paseo por el parque de El Retiro. Discretamente situado entre sus arbolados caminos se encuentra un monumento dedicado a Justo Arosemena, “padre de la nacionalidad panameña”. Está ubicado en la pequeña plaza Panamá, que aunque ocupa una fracción de las 118 hectáreas del parque, no deja de ser elegante. ¡Y qué cita la que adorna el monolito!: “La Patria del Hombre es el mundo y si en mi consistiera borraría de todos los diccionarios la palabra ‘extranjero’”.

Don Justo querría para este Istmo una sociedad abierta, que buscara el imperio de la igualdad ante la ley sin discriminación por raza, sexo, religión, clase social, ideología o lugar de nacimiento. Es la visión de un pueblo que prosperaría sin distinguir entre nosotros y los otros: “Pro mundi beneficio”, como se lee en nuestro escudo de armas.

En Argentina, el escritor Jorge Luis Borges reflexionaba similarmente que: “Soy un cosmopolita que atraviesa fronteras porque no le gustan”. No le gustaban porque le encantaba la literatura y la historia anglosajona aunque escribiera en castellano, porque creció en Ginebra y porque su sangre era un potpourri de nacionalidades…

“Soy una ciudadana europea, de origen búlgaro, de nacionalidad francesa, que se considera una intelectual cosmopolita”, nos insiste también la filósofa y autora de Extranjeros para nosotros mismos, Julia Kristeva. Y es que ¿qué somos sino un conjunto de muchas cosas? La identidad de cada uno es dinámica y compleja, algunos aspectos se comparten, pero otros —quizás la mayoría— son únicos.

Una de las reglas de oro de la ética, que encontramos en el seno de la tradición abrahámica, es: No hagas a los otros lo que no quieres que te sea hecho. La sabiduría acumulada en el Talmud o la Biblia reconoce que la fuente de grandes injusticias y mucho sufrimiento proviene de violar esta regla.

En el libro del Éxodo, por ejemplo, se advierte: “Y al extranjero no engañarás ni angustiarás, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto”. La aplicación de la regla de oro es clara: recuerda que fuiste extranjero una vez y podrías volver a serlo. En el Levítico también se recalca: “No habrá para ustedes más que un derecho, válido tanto para el extranjero como para el nativo”. Se trata de una norma que nadie en particular ideó y que se desarrolló evolutivamente. Como nos explica el economista austriaco Friedrich von Hayek, es el tipo de reglas cuya adopción, a lo largo de la historia, fue determinante para que ciertas sociedades perduraran y florecieran.

Es irónico y lamentable que la cita de don Justo haya encontrado digno “retiro” en el exilio madrileño y que en su tierra a diario crezca el provincialismo. Si bien los ataques han sido verbales, mañana podrían establecerse limitantes más tangibles. Esto, gracias a personas que reclaman una patria para los suyos, queriendo excluir a otros, colocándolos como ciudadanos de segunda categoría y no en igualdad ante la ley, con el mismo derecho a ofrecer su trabajo libremente, adquirir propiedades, crear riqueza material, cultural y espiritual, formar una familia, amar y cometer errores.

“La patria es el recuerdo… Pedazos de la vida
envueltos en jirones de amor o de dolor;
la palma rumorosa, la música sabida,
el huerto ya sin flores, sin hojas, sin verdor»
.

¡Qué melodía tan distinta clama el poeta panameño Ricardo Miró! Borges le habría replicado que esa también era su patria:

“Hablan de patria.
Mi patria es un latido de guitarra, unos retratos y una vieja espada,
la oración evidente del sauzal en los atardeceres”
.

La patria es donde se forman recuerdos, donde hacemos vida. El Panamá que deseo es aquel donde cualquiera que venga voluntarioso y respetuoso del derecho ajeno, pueda hacer su patria, porque la patria la construye cada uno, indistintamente de su origen.

Una versión de este artículo fue publicado en Revista K, octubre de 2014, Panamá.

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Dolarización para Venezuela y Argentina

Cuando Ecuador se dolarizó, yo era un niño de 8 años. No me importaba ni la cotización del dólar ni el petróleo. Sin embargo, uno de los recuerdos que tengo es que de las pocas monedas de Sucres que me quedaban de la escuela, le pedí a mi papá que me las cambiara por dólares. Mi papá se rió al ver que mi puñado de soberanas monedas no alcanzaba ni para diez centavos de dólar.

Triste por el intercambio fallido, ahorré en una alcancía hasta que logré cambiar mis sucres por 1 dólar. Se sorprenderían de ver el tamaño de la bolsita –cerca de 4.000 sucres en monedas de 10, 50, y 100. Eran los tiempos de la devaluación del Sucre, entre enero de 1999 y enero del 2000, el Sucre se depreció 400%, y la inflación llegó al 60,7%.

En menos de un año, ese dólar pasó de  $4.000 sucres a $25.000, y se emitieron billetes de hasta $50.000 sucres. La moneda de 1 sucre prácticamente dejó de circular, pues con ella no se podía comprar nada, literalmente, los “tazos” que venían en las funditas de papas valían más que 1 sucre.

Finalmente, en el año 2000, el Sucre desapareció, y con el, la inflación. Cuando crecí, comprendí la razón: el gobierno emitía moneda sin respaldo.

Hoy, Venezuela y Argentina enfrentan un monstruo similar, siendo Venezuela el país con la inflación más alta del mundo, además de un sistema cambiario sumamente complejo que limita el acceso a monedas extranjeras. Existe desconfianza en los mercados acerca del Bolívar y del Peso. La inversión no se asoma por estos países, e incluso ha aparecido la escasez de productos básicos.

Este será el último año de Cristina Fernandez de Kirchner en la Argentina, y quizá, también el último de Nicolas Maduro, según pronostica un artículo de Heinz Dieterich, padre del socialismo del Siglo XXI. Pero, después de ellos ¿Qué hacer?

Las economías venezolana y argentina requieren urgentemente recuperar la confianza de los inversionistas y detener la inflación. Para ello, medidas a mediano plazo serían de aplicar y aún más de mantener en países donde el clientelismo político se ha vuelto un modus vivendi.

Lo mas recomendable sería seguir el ejemplo ecuatoriano, que equivale a cortar el nudo gordiano de un solo golpe: dolarizar, quitándole así la facultad de imprimir moneda a sus gobiernos. Es la única medida que de inmediato, podría acabar con la inflación y devolver la confianza a los mercados, para bien de los argentinos y venezolanos, pues la inflación es un impuesto camuflado que se roba el valor de sus ahorros.

La dolarización es el verdadero milagro ecuatoriano que ha traído casi dos décadas de estabilidad financiera, renovó la confianza de los inversores, acabó con la inflación, y por ende, mejoró la capacidad adquisitiva de los ecuatorianos. Creo que es tiempo de que Venezuela y Argentina se planteen esta opción, que será vital en la época post-Maduro y post-Cristina.

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Chile a 40 años del “Plan de recuperación económica”

Muy pocas revoluciones en realidad han buscado en la historia realzar el papel de las personas como forjadores de su propio destino, muy pocos son los casos en que un contexto de desastre e inseguridad, producto de un fallido experimento totalitario, llevaron a unos pocos a liderar un proceso que no cambiaría tan solo a una generación sino a un país.

La puesta en marcha del “Plan de recuperación económica” tuvo esas características, 10 millones de chilenos serían directamente protagonistas de la revolución más profunda que ha vivido ese país.  Desde las cenizas del desastre de un experimento socialista, encabezado por Salvador Allende, y su término, a través de un pronunciamiento militar en 1973, quedaba un país dividido y en la más absoluta miseria producto de medidas económicas e ideológicas que buscaban establecer un rol del Estado absoluto en diferentes facetas de la sociedad.

Claramente las ideas tienen consecuencias y aquellas habían dejado un país destruido con altísimos niveles de inflación, pobreza y violencia que conllevo a una fuerte represión por parte de las Fuerzas Armadas en su momento.

Sin embargo, las ideas que fundamentaron la revolución económica estaban muy lejos de las doctrinas prusianas de algunos cuadros militares o las keynesianas de colaboradores civiles en el gobierno, las ideas que primaron fueron las basadas en la libertad, algo que más de medio siglo antes habían sido desechadas en Chile.

Los personajes clave en esta “revolución de las libertades” fueron múltiples y diversos personajes, pero muchos de ellos tenían una formación en común: la Universidad de Chicago.

De esta manera los denominados “Chicago boys” tuvieron un papel preponderante en resolver una de las crisis económicas y sociales más grande que ha registrado la historia contemporánea: inflación alrededor del 500%, población en calidad de pobreza 55%, sobre impresión de papel moneda y un fuerte rol del Estado en la economía.

Los anuncios de aquel lejano 1975 eran claros: dispersión del poder económico, lo cual se reflejaría en libertad de comercio y libre competencia, se buscaba establecer un Chile de propietarios sin subsidios eternos por parte del Estado ni empresarios protegidos, se atacaría el monopolio y la inflación tendría que ser contenida fuertemente.

Estas medidas conllevaron al fin de históricos monopolios en Chile, la reducción del aparato Estatal, la libertad de precios y la baja drástica de aranceles de entrada para productos fueron cambios que rápidamente percibió la población.

El dinamismo económico rápidamente permitió comenzar a superar condiciones que se pensaban endémicas y eternas. De esta manera lentamente la configuración del país comenzó a cambiar, prácticamente en una generación ya había un Chile irreconocible para aquellos que habían escapado del proyecto de la Unidad Popular en 1970 o del Régimen Militar en 1973.

Este proceso no estuvo exento de problemas y desafíos: el aislamiento internacional por parte de algunos países, desastres naturales, amenazas de guerra con los países limítrofes y una guerra subversiva interna, fueron factores que de una u otra forma fueron condicionando la velocidad de las transformaciones. Un momento clave fue la crisis de económica de 1982, que puso en cuestionamiento todos avances y las ideas que había detrás de estos.

Los resultados a 40 años de la puesta en marcha de aquel plan están a vista para quienes vivieron uno de los procesos más revolucionarios, Chile de una u otra forma paso a ser un caso de estudio, un referente o un ejemplo a seguir. Índices de pobreza que año a año han ido bajando, mejores condiciones de vida para sus habitantes y más posibilidades para afrontar el destino lo hacen hasta el día de hoy un punto atractivo para personas que buscan una mejor posibilidad en la vida.

Quizás los únicos no conscientes de esta revolución son sus principales beneficiados, una manta de populismo llena el ambiente en Chile y nuevamente se promueve al Estado como solucionador de todos los problemas, son los “cantos de sirena” que muchas veces enloquecen hasta a los más cuerdos, sin embargo siempre hay esperanza y terreno fértil para quienes promueven la libertad aun en los más adversos de los escenarios, tal como lo fue en Chile, que renació desde las cenizas para forjar prosperidad, paz y libertad.

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El insólito control de cambios en la Argentina

Desde el año 2011, la Argentina sufre un severo y estricto control de cambios (llamado cepo por el común de la gente) instrumentado por el gobierno de Cristina Fernandez de Kirchner. Desde entonces, cambiar dólares u otras monedas a pesos y viceversa se ha convertido en una tarea titánica, prácticamente imposible. Por supuesto,  no se logró otra cosa más que consolidar el mercado paralelo (popularmente conocido como blue), que se expandió hasta lograr una brecha  entre el dólar oficial y el del libre mercado del orden del 50%. Demás está decir que tan exótica medida no hizo más que desalentar el comercio, desproteger los ahorros de las personas, obligarlos a operar en la informalidad, etc.

Sin embargo, en octubre del presente año habrá elecciones presidenciales, lo que podría introducir un callejón de salida a los argentinos, agobiados por éste y tantos otros temas. En este contexto, uno de los candidatos que, según las encuestas, comparte el terceto de posibles triunfadores, el ex Jefe de Gabinete de Ministros del kirchnerismo (2007-2008) Sergio Massa, que se presenta en un partido propio, declara, junto a su flamante equipo económico integrado en su gran mayoría por ex oficialistas, que posee un supuesto plan para liberar el cepo en 100 días del que mucho no se sabe aún. Sus explicaciones, como suele suceder en las campañas argentinas, no se distinguen por la claridad. Son, más bien, un conjunto de frases más o menos bien armadas, pero finalmente insustanciales y, muchas veces, inconexas y mutuamente contraproducentes.

Ahora bien, habla de 100 días, cuando este tipo de medidas de ninguna manera pueden tardar tanto tiempo en instrumentarse. Es más, la dilación seguramente juega en contra de la real efectividad de este plan que, como dijimos, ni siquiera ha sido explicado en detalle.

En cambio, lo lógico sería tomar el toro por las astas y, sin demora ninguna, terminar con el actual mercado de moneda extranjera que tiene Argentina hoy en día: un  gobierno que monopoliza absolutamente la compra/venta de divisas mediante el Banco Central. Si, como bien sabemos, es generador de derroches, negociados y prebendas cualquier “mercado” estatal, está claro que al caso que analizamos le corresponden las generales de la ley. Dado que el dinero es una mercancía como cualquier otra, lo que se debe hacer es dejar comerciar con total libertad a las casas de cambio, negocios, particulares, exportadores, importadores,  en definitiva al mercado, que puedan elegir la moneda de su preferencia al tipo de cambio libremente interactuado entre ellos. Esto no es para nada descabellado, es solamente lo que se hace en gran parte del mundo, ¿por qué debería ser distinto para Argentina?

Finalmente, de esta manera se liberaría al Banco Central de la tarea de controlar y administrar el mercado de divisas, y los dólares que tiene en sus reservas (por otra parte, cada vez más escasas) se destinarían (como debe ser) solamente a respaldar la moneda –pesos- que emite.

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El carnaval de los políticos

propaganda boliviaAlgo feo del carnaval cruceño es el abuso que se comete contra bienes públicos y privados que son pintarrajeados, ensuciados y orinados por los participantes. No debe ser nada agradable para el propietario de un negocio o para un habitante del centro de la ciudad amanecer el miércoles con su pared manchada con pinturas. Pero los carnavaleros no son los únicos que pintarrajean y ensucian la ciudad; los políticos cada cierto tiempo hacen lo propio. Cada elección viene precedida por una avalancha de afiches, banderines y pinturas que, como un tsunami, inundan, ensucian y afean la ciudad. La propaganda política no respeta nada: uno puede ver un canal de desagüe pintado con los colores de un partido, los postes de luz adornados con banderas de otro partido o las paredes de domicilios privados bombardeada con afiches de un candidato tapando los afiches del contrario.

Por supuesto que los candidatos tienen el derecho de hacer propaganda, como lo tiene cualquier empresa, pero la misma no debería infringir las normas, ni ensuciar espacios públicos o privados sin autorización; pero lo que sucede es que pintan paredes sin permiso de los dueños, prenden afiches en todas partes y llenan la ciudad de basura. Lo irónico de todo esto es que estos políticos, o al menos quienes salen victoriosos, son los responsables de hacer que las leyes y normas se cumplan, pero ellos ganan sus elecciones gracias a un aparato propagandístico que infringe las normas de limpieza, aseo y uso de espacios públicos y privados; incluso no nos debería sorprender que quien más ensucie sea el ganador.

Y así, los políticos cada cierto tiempo festejan su carnaval, embanderando, pintarrajeando y ensuciando la ciudad. En fin, no deberíamos ser tan duros con Evo por meterle nomás; en este país todos le meten nomás.

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¿La política está de moda?

Marcha contra tv basuraEn el Perú viene desarrollándose una tendencia de la juventud a organizar marchas para protestar por los problemas que ellos entienden prioritarios. A partir de ello, es recurrente escuchar entre los jóvenes que “la política está de moda”. Si tanto tiempo hemos venido reclamando la apatía juvenil, deberíamos aplaudir entonces que los jóvenes de hoy, hacen ejercicio de su libertad de expresion y además participan de los asuntos públicos, sin embargo en la esencia de este repentino interés de la juventud en política hay dos problemas que deberían preocuparnos.

El primero es la creencia de que se está haciendo política con la sola realización de las marchas, las cuales son efímeras e impersonales, en las que nadie asume responsabilidad y en las que no se logra un cambio profundo si es que no van acompañadas de líderes, ideas, propuestas de acción, instituciones y coherencia, que sustenten y sotengan la petición de quienes marchan.

El segundo problema, es que este interés político es abordado por jóvenes con alma de prohibicionistas. Sus demandas no exigen más libertad sino que piden la participación del Estado para recortar las libertades de otros. Lo acabamos de ver con las marchas contra ley del empleo juvenil, en la que su pedido afectaba la libertad de trabajo de los jóvenes que más necesitaban un empleo. Y recientemente en la marcha contra la televisión basura. No me gusta usar el término basura, pero así lo han llamado ellos mismos, cayendo en lo que supuestamente denuncian como la falta por ejemplo de lo que se considera un “lenguaje culto y apropiado”.

Si la juventud se caracterizó por reclamar mayores libertades, hoy cree que puede usar la política para controlar la libertad de otros. Pasamos de una juventud apática, a una juventud participativa pero represiva, intervencionista, y con talante totalitario. No están dispuestos a tolerar lo que no les gusta y quieren imponer sus gustos a otros. La cuestión no está en que rechacen programas que ellos consideran que no aportan nada a la “cultura” o que “no enaltece”, o que estupidiza, finalmente son libres de ello; el inconveniente está en la soberbia y el despotismo con el que actúan al creerse capaces de decidir lo que los demás deben ver en televisión.

Es alarmante cuando aparece una generación que quiere actuar en política incitando la censura, el odio a lo diferente y a lo que no le gusta. ¿Y así hablan de renovar la política? Si es así, la política no está de moda, está en riesgo. Buscar que el Estado censure los gustos y cultura de los demás es antidemocrático y una clara muestra de intolerancia. Marchar contra lo que nos disgusta es el trabajo fácil. Proponer, debatir ideas, dialogar, educar, respetar, tolerar es el trabajo difícil, y esos valores aparentemente no están en las venas, ni en la agenda de quienes viendo promoviendo las marchas.

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La convertibilidad en Argentina

Está disponible en YouTube el video de mi charla en Quito, en el marco del seminario “A 15 años de la Dolarización en Ecuador” (10-11 de noviembre de 2014), organizado por la Universidad San Francisco de Quito. Repasé la historia de la convertibilidad en Argentina, con sus aciertos y sus problemas que, a mi criterio, no fueron “sus” problemas, sino los que el gobierno generó.

También pueden ver el video de la charla de Larry White (sobre la dolarización), Luis Espinosa Goded (sobre Venezuela) y Carlos González Ramírez (sobre Panamá).

Publicado originalmente en el blog de Iván Carrino.

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