Políticos y empresarios están contentos

En esta noticia podemos ver declaraciones de políticos y empresarios ecuatorianos que indican que estarían llegando a un acuerdo acerca de una medida para sustituir las salvaguardias (aranceles adicionales por encima de las barreras comerciales previamente existentes) impuestas por el gobierno en marzo de 2015.


Gobierno y empresarios discuten alternativa… por Teleamazonas

Estas salvaguardias, al igual que otras anteriores y potenciales próximas restricciones comerciales, suelen ser justificadas con el argumento de que tenemos que evitar que salgan más dólares de los que entran. Aunque los problemas de balanza de pagos no se dan en una economía dolarizada (por ser la oferta de dinero determinada por la oferta y demanda de los usuarios de dólares), persiste en Ecuador la pesadilla de que un día nos quedaremos sin dólares. Esta pesadilla es aprovechada por el gobierno para implementar todo tipo de medidas mercantilistas, que, como es de esperar, agradan a no poco empresarios que esperan beneficiarse de ellas. Sucede que desde tiempos de Adam Smith, cuando los políticos y los empresarios se ponen de acuerdo, suelen salir goleados los consumidores.

En medio de esta confusión, el gobierno ha venido anunciando la posible implementación de un timbre cambiario que no es necesario, sería contraproducente, y no sería otra cosa que un subsidio a los exportadores costeado por los consumidores. Esto equivaldría a crear una especie de “cupos de importación”, algo inconsistente con la dolarización y que equivaldría a ejercer una especie de política cambiaria.

En el primer Libro IV de La riqueza de las naciones, Adam Smith esgrime argumentos que considero relevantes a la situación actual de un Ecuador dolarizado, sistema monetario que es lo más cercano en el mundo moderno al patrón oro:

“Un país sin minas propias debe indudablemente obtener su oro y plata en el exterior, igual que obtiene sus vinos un país sin viñedos. No es necesario que el Estado atienda más a uno de estos objetos que al otro…Podemos confiar con total seguridad en que el comercio libre nos proveerá del vino que necesitamos, y con la misma seguridad en que siempre nos suministrará todo el oro y toda la plata que podamos comprar o emplear en la circulación de nuestras mercancías o en otros usos.

La cantidad de cualquier mercadería que el trabajo humano puede comprar o producir se regula naturalmente en cualquier país por la demanda efectiva, o la demanda de aquellos que están dispuestos a pagar el total de la renta, el trabajo y los beneficios que hay que pagar para prepararla y traerla al mercado. Pero ninguna mercancía se regula más fácil y precisamente según esa demanda efectiva que el oro y la plata, ninguna mercancía puede ser transportada de un sitio a otro más fácilmente…

Cuando la cantidad de oro y plata importada en un país supera a la demanda efectiva, ninguna vigilancia estatal impedirá su exportación….

…Desde cualquier punto de vista, entonces, nunca se emplea más innecesariamente la acción del gobierno que cuando se dirige a vigilar la preservación o el aumento de la cantidad de dinero de un país.

Y sin embargo, no hay queja más extendida que la de la escasez de dinero. El dinero, como el vino, siempre será escaso para los que no tienen medios para comprarlo ni crédito para tomarlo prestado. Los que tienen cualquiera de ellos rara vez echarán en falta el dinero o el vino que necesiten…Sería ridículo proceder seriamente a demostrar que la riqueza no consiste en dinero ni en oro ni plata sino en lo que el dinero puede comprar, y sólo vale porque lo puede comprar…

[…]

La importación de oro y plata no es el principal ni mucho menos el único beneficio que una nación deriva de su comercio exterior. Cualesquiera sean los sitios que entablan dicho comercio, todos ellos obtiene del mismo dos tipos de ventajas. El comercio exterior retira la parte excedente del producto de su tierra y su trabajo, para la que no existe demanda en el país, y trae de vuelta a cambio de ella otra cosa para la que sí hay demanda…Así, la estrechez del mercado local no impide que la división del trabajo en ninguna rama de las artes o las manufacturas alcance el grado más alto de perfección. Al abrir un mercado más amplio para cualquier parte del producto de su trabajo que pueda exceder el consumo del país, lo estimula a mejorar sus capacidades productivas y a expandir su producto anual al máximo, y de esta manera a incrementar el ingreso y la riqueza reales de la sociedad….

[…]

Lo que es prudente en la conducta de una familia nunca será una locura en la de un gran reino. Si un país extranjero nos puede suministrar una mercancía a un precio menor que el que nos costaría fabricarla, será mejor comprársela con el producto de nuestro trabajo, dirigido en la forma que nos resulte más ventajosa. Ciertamente no es ventajoso cuando se lo dirige hacia un objeto que es más barato comprar que fabricar. El valor del producto anual es evidentemente disminuido en un cierto grado cuando resulta así desviado de la producción de mercancías que claramente tienen más valor hacia la de mercancías que tienen menos….

[…]

Aunque la ausencia de esas intervenciones cause que la sociedad nunca tenga esa industria, ello no significa necesariamente que será más pobre en cualquier período de su existencia…

Los comerciantes y los industriales son las personas que obtienen el mayor beneficio del monopolio del mercado nacional…al estar agrupados en ciudades y acostumbrados al espíritu corporativo monopólico que prevalece entre ellos, procuran naturalmente obtener contra sus compatriotas los mismos privilegios exclusivos que habitualmente poseen contra los habitantes de sus ciudades respectivas.

Petróleo, propiedad privada y tiranía

Busqué la lista de los 10 países con mayor producción de petróleo y notará que con la excepción de Estados Unidos y Canadá, todos son dictaduras, o frágiles democracias plagadas por populismos ineficientes, mucha corrupción y pobreza.

¿Por qué los grandes productores de petróleo no pueden tener el nivel de desarrollo y estándar de vida que Estados Unidos, a pesar de sus vastos recursos naturales? La respuesta está en la diferencia del marco institucional, es decir en las diferentes reglas de juego que tiene cada país y uno de los aspectos más importantes, aunque no el único es el régimen de propiedad privada. Estados Unidos tiene un alto grado de respeto y protección a la propiedad privada hasta el punto que los recursos naturales como el petróleo son propiedad de quien es dueño de la tierra donde se extraen. Esto tiene muchas implicancias entre las que se encuentran los incentivos privados para explorar, producir, ser eficiente e innovar en un marco competitivo que premia a las mejores empresas y asigna eficientemente los recursos, además favorece la diseminación del poder económico en muchos dueños, lo cual significa un desconcentración del poder político.

En la mayoría de las naciones petroleras, este recurso pertenece al Estado. Esto crea un monopolio que genera ineficiencias y frena la innovación. En lo político genera gobiernos clientelistas, fortalece el poder del Estado en detrimento de los ciudadanos y de la democracia y genera incentivos para que grupos de poder controlen el Estado en beneficio propio. Por lo tanto, no es coincidencia que la mayoría de los países petroleros sean dictaduras, democracias débiles, regímenes plagados de corrupción y altos niveles de pobreza.

En general el mayor argumento para justificar el control del Estado sobre los recursos naturales es el de reducir la pobreza y evitar la riqueza excesiva de unos cuantos. En la realidad sucede lo contrario, la gente sigue pobre, es mantenida contenta con algunos subsidios y una pequeña élite política es inmensamente beneficiada. Es tan fuerte la relación entre el control de los recursos naturales y el auge de tiranías que difícilmente los actuales regímenes populistas de América Latina, especialmente en Venezuela, Ecuador y Bolivia pudieran haber surgido y mantenerse de no ser por el alto precio del petróleo. Aquí se da una paradoja interesante. El mayor producto de exportación de estos países se convierte en la causa de sus problemas políticos, en la causa de la ausencia de derechos civiles y de la perpetuación de la pobreza.

Santa Cruz de la Sierra, 31/01/16

Los emprendedores y el mercado

La figura del empresario se encuentra cada día con peor imagen. Pareciera que poco a poco, con el tiempo, se transformó en la representación funesta de una persona. Desde luego, hay empresarios que dan motivos para que se genere esta visión. Sin embargo, de esto no se desprende que todos los empresarios sean así y mucho menos que su función sea dañina para la sociedad. Más bien, todo lo contrario. Tal como menciona el Doctor Alejandro Gómez en su libro Creadores de Riqueza, es cierto que las acciones de los emprendedores fueron motivadas en muchos casos por la ambición y el afán de lucro, pero también es cierto que sus invenciones generaron no sólo bienestar para ellos mismos sino para la sociedad en su conjunto. De esto se desprende, que es falso que un empresario se enriquece a costa de la comunidad, sino que la favorece con sus innovaciones. Además, comentaremos las oportunidades para emprendedores que no necesariamente crean fortunas.

Existen muchos casos de empresarios exitosos que lograron crear fortunas para ellos mismos. Pero además, generaron un aporte a la sociedad. ¿Quién hoy en día no es más productivo gracias a los avances tecnológicos de la computación? Sí, es cierto, Bill Gates o Steve Jobs se habrán enriquecido, pero la otra cara de la moneda es el trabajo y esfuerzo por brindar un bien que hizo que la sociedad en su conjunto sea más eficiente y productiva. Es un gran aporte que la humanidad pueda progresar por las innovaciones tecnológicas. El empresario sólo debería ser juzgado sí para lograr su fortuna actuó de manera anti-ética y violando derechos de terceros. De lo contrario, su fortuna se encuentra totalmente justificada. De esta manera, los emprendedores, al generar bienes que favorecen a la comunidad crean riqueza. Es en los países en donde se concentran reglas de juego claras, respetando el derecho de propiedad, en donde los empresarios dirigen sus inversiones. Es en éstos países, en donde se reduce la pobreza y se genera desarrollo.

Es común escuchar, que los casos exitosos de empresarios que generan aportes a la sociedad y se enriquecen son uno en millones. Esto es absolutamente cierto. Sin embargo, abundan los casos en donde emprendedores pequeños, guiados por los precios de mercado logran salir de situaciones comprometedoras y logran un buen vivir, sin volverse multimillonarios. Al respecto, hay un excelente documental realizado por el Instituto Acton titualdo The Call of the Entrepreneur donde cuenta casos de este estilo. Uno de los casos más llamativos, es el del campesino Brad Morgan. Según el documental Morgan se encontraba en una situación comprometida y por innovar logra salir de su desgracia. El campesino descubre que un producto que tenía valor cero en el mercado, al combinarse con otros productos y procesarlo creaba un nuevo producto que sí tenía valor en el mercado. En este sentido, sí se acumulan casos de empresarios, que al entrar en el juego de libre mercado comienzan a detectar oportunidades que antes no veían y se les presenta una oportunidad para salir situaciones adversas.

Es esto lo que aporte el libre mercado, cantidad de oportunidades. Por el contrario, la igualdad de oportunidades es una falacia que nunca podrá concretarse. Ante eso, lo que sí puede prometer el mercado, para aquellos que estén dispuestos a competir e innovar es cantidad de oportunidades. No todos lograran acumular inmensas fortunas, pero quienes lo hagan será porque están haciendo un aporte importante a la sociedad. Quienes no logren hacerse millonarios, sabrán que hay muchas oportunidades de crear riqueza y progresar.

A Ecuador no le conviene ir al FMI

Los acuerdos con el FMI suelen posponer la implementación de reformas estructurales, y en este caso un acuerdo con este organismo le daría alivio a un gobierno que ha demostrado gastar de manera irresponsable la bonanza petrolera. Los ecuatorianos no necesitan que su gobierno sea rescatado, más bien necesitamos protegernos nosotros mismos de nuestro gobierno exigiéndole que corrija sus errores. El riesgo moral ha viciado la relación entre los gobiernos clientes y el FMI. Siempre ha sido así. Como ejemplo considere la historia del FMI en Argentina o incluso más recientemente en Grecia.

Antes de cualquier discusión acerca de una reestructuración de la deuda con el FMI y otro organismo multilateral, es necesario que el gobierno demuestre en los hechos un genuino esfuerzo por reducir el gasto público, la verdadera raíz de nuestros problemas actuales. Esto no derivaría como muchos dicen en una mayor recesión, de hecho hay varios ejemplos de países dolarizados o euroizados que realizaron drásticas reducciones del gasto público y experimentaron como resultado una saludable recuperación. Si es cierto que la distorsión acumulada por este gobierno en una fiesta de gasto público no hay forma de resolverla sin que exista costos de por medio. La cuestión está en reducir a un mínimo el costo del ajuste y la duración de la recesión. Eso no se logra consiguiéndole un salvavidas a alguien que no da señal alguna de querer rectificar.

Acá está un artículo con este argumento más desarrollado y con más fuentes.

Publicado originalmente en 4pelagatos.com el 4 de febrero de 2016.

¿Cuándo entrará en crisis Venezuela?

Los últimos años he escuchado reiteradas veces planteamientos sobre la posibilidad inminente de que Venezuela entre en crisis. Y cuando escucho este tipo de interrogantes o augurios yo me preguntó ¿Acaso Venezuela no está en crisis hace muchos años? ¿Acaso llegar al punto donde no hay productos básicos como la leche o el papel higiénico no califica como una crisis? ¿Acaso entrar a un almacén y que le digan luego de una cola de horas que solo puede comprar un jabón no es digno de arrancarse los pelos? ¿Acaso tener una de las tasas de homicidios más altas del mundo no es evidencia de una descomposición social? ¿Acaso las miles de muertes que suceden porque ya no hay insumos en los hospitales o porque los diabéticos no pueden conseguir insulina no son suficiente tragedia? ¿Acaso tener un gobierno tiránico no es espantoso?

Tal vez quienes auguran que Venezuela entrará pronto en una crisis entienden por crisis un golpe de Estado, motines militares, cobertura de la prensa internacional, periodistas en chalecos antibalas reportando desde las calles con disparos de fondo, en fin algo entretenido, digno de Hollywood. Para mí, eso sería un desenlace, una posible consecuencia de lo que Venezuela está atravesando hace muchos años. Porque la crisis está bien instalada en ese país, como también lo está en Cuba, sin que eso signifique que se avizore una revolución política en la isla en el futuro próximo. El cambio de régimen y el fin de la crisis pueden ser pacíficos o con violencia, pueden llegar en unos meses o puede demorar 50 años más, dependiendo del comportamiento de los propios venezolanos, pero la crisis no hay que esperarla, ya llegó hace mucho.

La culpa de la paupérrima situación venezolana no es su actual presidente Nicolás Maduro. El principal responsable de la crisis es Hugo Chávez quien condujo a Venezuela por la senda socialista. Sin duda, la ineptitud de Maduro y su empeño por seguir el mismo camino que su antecesor solo pueden agravar algo que ya era desastroso.

Para los Venezolanos hay una leve esperanza en los resultados de las últimas elecciones parlamentarias donde el partido de Gobierno perdió abrumadoramente. Ese pueblo que contradiciendo a falsos adagios como que “el pueblo nunca se equivoca” o que “la voz del pueblo es la voz de Dios” votó reiteradas veces por Hugo Chávez y su partido y por ende se equivocó reiteradas veces, está empezando a rectificar su gravísimo error.

¿José Mujica nos dejó un “Petrobras” uruguayo?

El caso de la “valija de Antonini” acaecido en 2007 en Argentina, puso al descubierto el interés de Hugo Chávez –los hermanos Castro, por involucrarse activa y económicamente en los asuntos internos de los países de la región, con el fin de que en cada uno de ellos obtuviera el poder un político afín. Los objetivos perseguidos eran dos:

Por un lado, que bajo su égida  las dictaduras de origen electoral se fueran expandiendo por el continente; y por el otro, que respaldaran al chavismo-castrismo silenciando o haciendo la vista gorda a sus violaciones de los derechos políticos, civiles y humanos.

A su vez, el “escándalo de Petrobrás” en Brasil, sacó a la luz métodos más sofisticados de apoyo a mandatarios amigos. El sistema se basa en una triangulación, donde algunas compañías ganan enormes sumas de dinero de forma ilegítima bajo el auspicio estatal, y la contrapartida es financiar al partido gobernante en las campañas electorales.

En Uruguay, parlamentarios de la oposición se aprestan a investigar si durante la presidencia de José Mujica (2010-2015), no se puso en marcha un mecanismo similar. Específicamente, han puesto el foco en una situación que se conoció hace poco tiempo: los acuerdos comerciales firmados por Chávez y Mujica en enero de 2011, durante una visita de este último a Caracas. De esos negocios lo que más les llama la atención, es el papel desempeñado por la empresa Aire Fresco S. A.

A esa empresa se le otorgó la exclusividad de intermediar en TODOS los acuerdos comerciales (de importación y exportación) entre Uruguay y Venezuela, desde esa fecha hasta el día de hoy. El titular es Omar Alaniz, ex integrante del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros. Sus directivos son dirigentes o militantes del MPP  (sector político liderado por Mujica) y algunos de ellos forman parte del círculo más cercano del ex presidente.

A nivel parlamentario, el diputado de la oposición Alejo Umpiérrez sigue con atención esa situación porque le resulta “harto sospechosa” dicha intermediación. Señala que “el gobierno tiene que responder cómo fue que se seleccionó a esa empresa, qué antecedentes tiene, qué negocios tenía previo a que se la colocara en un memorándum oficial”. El legislador señala que lo que le llama poderosamente la atención, es que “generalmente los intermediarios, además de cobrar su porcentaje, hacen adelantos de pago de futuras exportaciones. Acá no hemos conocido ninguna mecánica de prefinanciación de exportaciones. Simplemente se ha transformado en alguien que lo que hace es cobrar un peaje”.

Frente a esas sospechas la reacción de Mujica fue restarle importancia a la situación, aduciendo que “es una manera de ganarse la vida como cualquier otra”.

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“La gran apuesta” y la crisis financiera

La semana pasada fui a ver “La Gran Apuesta” (“The Big Short”, Adam McKay, 2015), película sobre la crisis financiera del 2008 basada en el libro del mismo nombre de Michael Lewis (que, por cierto, recomiendo para entender lo que pasó con mucha más profundidad; además de Boomerang, para entender las crisis fiscales que siguieron a la financiera). La película es muy buena. Buen guión, buenos actores (Christian Bale y Steve Carell destacan en particular) e ingeniosas formas de explicar en fácil lo difícil. Es un mérito, obviamente, explicar que es un bono respaldado por hipotecas, una “deuda garantizada” y luego una “deuda garantizada sintética” sin que nos aburramos. Altamente recomendable.

Pero esto no se trata de cine, sino de regulación y políticas públicas. Lo que quería preguntarme en este post es si la narrativa de la película refleja cuáles fueron las verdaderas razones de la crisis financiera. Esto resulta sumamente importante porque muchas veces los grandes problemas se sobre simplifican y una determinada narrativa es la que predomina (con “malos” y “buenos”). Esto influye en la gente y, luego, en los políticos. Si la narrativa que predomina no es la correcta, o es incompleta, corremos el riesgo de adoptar políticas públicas poco sensatas o ineficaces.

La metáfora de la “jenga” es genial

La película, creo, explica bien una parte del problema: un grupo de inversionistas y bancos; entre avaros, negligentes y hasta delincuentes, creó productos poco transparentes y muy riesgosos para hacer mucho dinero. Estos productos (bonos respaldados por conjuntos de hipotecas) eran poco transparentes, ya sea por que eran demasiado complicados o simplemente porque tenían información falsa; y eran cotizados a un valor mucho mayor que su valor real. Con este producto se “levantaba” más plata del mercado para seguir financiando préstamos a quienes en realidad no tenían dinero para pagarlos. Gente que tenía ingresos moderados (la stripper en la película, la niñera de Eisman como se narra en el libro) se compraban no sólo una, sino dos o tres casas. Esto, que normalmente sería un problema, era solapado por el hecho de que el valor de las casas “siempre subía”, por lo que los bancos sentían que tenían garantías suficientes y eran “flexibles” para refinanciar los créditos. La farra duró tanto tiempo porque todos asumían que los valores de las casas seguirían subiendo.

Todo esto, que la película narra de manera genial, es cierto e indudablemente es una de las más importantes causas de la crisis financiera.

El tema es que esta parte de la historia, por sí sola, nos puede llevar a concluir que la solución es más regulación: que se prohiban cierto tipo de productos o inversiones, que más operaciones deban ser supervisadas, que se creen nuevos organismos reguladores o se expandan los poderes de los ya existentes.

Este enfoque del problema, sin embargo, está dejando de lado las fallas institucionales que contribuyeron a la crisis: el Estado dejó de hacer muchas cosas que sí podía hacer e hizo otras cosas que activamente contribuyeron a la crisis.

Como escribí en este post:

No puede negarse, es cierto, que algunos agentes del mercado incurrieron en conductas fraudulentas (principalmente, esconder los “créditos tóxicos” en sus estados financieros y las valoraciones demasiado “optimistas” de muchas agencias calificadoras de riesgo). Otros, simplemente, arriesgaron demasiado —y ello explica por qué a otros, que fueron más cautos, no les fue tan mal con la crisis e incluso a algunos otros les fue muy bien. Pero el comportamiento “oportunista” y “codicioso” de algunos agentes del mercado no puede ser la única ni la principal explicación de la crisis, si se toma en cuenta que en realidad el afán de lucro de cualquier proveedor de bienes o servicios es una constante en los mercados. No sólo es una constante, sino que puede afirmarse incluso que tal afán de lucro es el motor mismo del funcionamiento de los mercados. Es el que nos impulsa a innovar, a ahorrar costos, a ser más eficiente, a ofrecer mejores y más diversos productos y servicios.

Quien afirma que la codicia de algunos banqueros fue la causa de la crisis debería demostrar que hubo alguna especie de “epidemia de codicia” en los años 2006 y 2007 o que antes de dicho periodo los agentes en el mercado no “especulaban” (es decir, no “compraban barato para vender caro”, que finalmente es como funciona siempre el mercado) con valores. Como es obvio, demostrar ambas cosas sería imposible, por lo que el argumento de la avaricia debe ser dejado de lado como un factor determinante para el origen de la crisis financiera. No pretendemos con esto argumentar que mucha gente no actuó de manera irresponsable o hasta irracional. Lo que pretendemos afirmar es que siempre algunas personas actúan en el mercado equivocadamente, irresponsablemente e incluso irracionalmente. Pero ello no explica por sí solo una crisis de las proporciones de la crisis inmobiliaria. Como señala Richard Epstein, la avaricia es una constante en la naturaleza humana. Las crisis financieras, por otro lado no son una constante en la vida política ni económica. Es preciso, por lo tanto, entender por qué el comportamiento económico egoísta puede producir progreso en algunos casos y debacles en otros.

Es necesario preguntarnos, en ese sentido, cuáles fueron las condiciones que crearon los incentivos perversos que permitieron el comportamiento oportunista o irresponsable de banqueros e inversionistas. Nuevamente, citando el post anterior:

Las verdaderas razones de la crisis financiera (originada en primer lugar en el mercado de hipotecas sub-prime y diseminada luego por todo el sistema crediticio) pueden atribuirse, principalmente, al propio Gobierno Federal de los Estados Unidos de América. En efecto, dado que el “sueño americano” dicta que todo ciudadano estadounidense debe ser propietario de un “techo propio”, diversas políticas de vivienda implementadas por el Congreso de los Estados Unidos de América y la Federal Housing Administration incentivaron, e incluso en cierta medida obligaron, a que las entidades financieras bajen artificialmente el costo de los créditos hipotecarios. Ello, como es natural, causó que la demanda de estos créditos se incremente considerablemente, dando inicio a lo que se conoce como la “burbuja inmobiliaria”.

En paralelo, aproximadamente a partir del año 2001, luego de la crisis “punto-com”, el Banco Federal de Reserva (FED) de los Estados Unidos de América comenzó a reducir considerablemente la tasa de interés referencial de los fondos federales disponibles para préstamos inter-bancarios de corto plazo, con la idea de combatir la recesión causada por la referida crisis. Incluso economistas como el Premio Nobel de Economía Paul Krugman defendieron la necesidad de crear una “burbuja inmobiliaria” con dicha finalidad: “Para combatir esta recesión el FED necesita más que un empujón; necesita incrementar el gasto familiar para compensar el decrecimiento de inversión de los negocios. Y para hacer eso (…) Alan Greenspan debe crear una burbuja inmobiliaria a fin de reemplazar la burbuja NASDAQ”.

Así, la referida tasa bajó de 6,25% a inicios de 2001 a 1,75% a fines del mismo año. Posteriormente fue reducida aun más en 2002 y 2003, llegando a un mínimo récord de 1% a mediados de 2003. Esta medida causó que las tasas de interés cobradas por los bancos a los consumidores finales se redujeran notablemente. En otras palabras, causó que el dinero estuviera “barato”. Este dinero barato se orientó en gran medida al mercado inmobiliario. Esto generó incentivos para endeudarse para comprar casas. Como todo el mundo compraba casas, el valor de éstas se iría siempre para arriba. Y se endeudó quien no se tenía que endeudar. Compró (e hipotecó) casas quien no podía pagarlas. Luego estos créditos hipotecarios, incluidos los tóxicos, fueron empaquetados y maquillados. Y lo que no debía ser rentable era rentable, porque el dinero estaba barato… y bueno, el resto es historia conocida.

En adición a los incentivos perversos generados por el FED puede sumarse también la ausencia de fiscalización por parte de agencias como la SEC de los pobres estándares contables que los bancos de inversión utilizaban para esconder los activos “tóxicos” en su poder. Este problema, atribuible tanto a las empresas como a una falencia institucional, es explicado por Hernando de Soto en este buen artículo publicado en Bloomberg: “The Destruction of Economic Facts” (“La destrucción de los hechos económicos”).

Esta otra parte de la historia es la que “La Gran Apuesta” no nos cuenta. Pero bueno, por eso es que no basamos nuestra visión de las políticas públicas en películas ni documentales, ¿no?

Corrección política ahora en los Oscares

La policía de la corrección política ahora tiene como blanco de su ira a los Oscares. Spike Lee –quien lidera junto a Jada Pinket Smith el llamado a boicotear la ceremonia de los famosos galardones que se realizará el 28 de febrero— considera que algo anda muy mal en Hollywood dado que de entre 40 actores nominados en dos años no hay ni uno solo que sea negro.

Un veretano de Hollywood con 40 años de carrera, Ben Stein, reacciona así:

“Aquí está la mejor broma que he escuchado en Hollywood: que la Motion Picture Academy es racista –racista en el sentido anti-negros– porque ninguno de los nominados para mejor actor o actriz este año son negros.

{…}

La búsqueda sin fin de todos en Hollywood es ser tan pro-negros, tan Políticamente Correctos cuando se trata de negros, como sea humanamente posible.

¿Por qué los nominados no reflejan a EE.UU.? ¿Qué significa eso? El punto es reconocer el talento, no la demografía. No hubo hispánicos o asiáticos nominados tampoco. La demanda de que la mera población sea reconocida en lugar del talento sería más apropiada para ubicar restaurantes de comida rápida que para reconocer el talento en la actuación”.

El comentario de Stein me recordó las recurrentes bromas de Larry David en su excelente serie Curb Your Enthusiasm acerca del fetiche en Hollywood con “ser tan Políticamente Correctos cuando se trata de negros, como sea humanamente posible”. Como también dice Stein, “La Academia ha reconocido a los actores negros no una sino muchas veces. Deberían hacerlo. Mi experiencia es que los hombres y mujeres negros son por lo menos igual de buenos para actuar que los actores blancos”.

Así es. Recuerdo los Oscares de años recientes y se me vienen a la mente los Oscares de de Denzel Washington, Halle Berry, Monique Angela Hicks, Jennifer Hudson, Forest Whitaker. Una muestra adicional de que la Academia no parece ser racista es que el conductor de los galardones este año es Chris Rock y sería una mala manera de promover la diversidad perjudicando el rating de un conductor que, independientemente de su raza, podría ser muy entretenido. Lo paradójico es que a quienes dicen no ser racistas parece importarles más la raza que la sustancia.

Al final del día, esto se trata de talento no de raza. Meter la raza en la decisión de quién se lleva la famosa estatua sería ser, precisamente, racista. Si le interesa este tema, no deje de leer también sobre cómo Jerry Seinfeld provocó la ira de la policía de la corrección política el año pasado.

Los diez mejores artículos de políticas públicas del 2015

Se me ocurrió en estas épocas de fin/comienzo de año hacer una de los 10 mejores artículos que leí en el año, en el rubro, claro está, de lo que solemos discutir por aquí: políticas públicas. Para ser claros, la lista podría llamarse “los artículos que más me gustaron” y no “los mejores”. Pero hay que poner un título que los haga cliquear, pues. La lista no tiene ningún orden de mérito.

Aparte de listar los artículos, incluyo un breve comentario con las principales ideas o lo que más me gustó de cada uno.

ADVERTENCIA: esta lista no es “plural”. La gran mayoría de artículos son de economistas liberales o libertarios. No esperen encontrar un balance con textos más “progresistas”.

Sin más, los artículos:

1. Alex Tabarrok: A Phool and his money (Un tonto y su dinero). Reseña del libro Phishing for Phools: The Economics of Manipulation and Deception de George A. Akerlof y Robert Shiller

Tabarrok, economista de George Mason University, critica duramente el libro de los premio Nobel de Economía Akerlof y Shiller no sólo por su falta de ideas novedosas –después de todo, muchos economistas han aceptado antes que las personas toman “malas decisiones” y que compran cosas que no necesitan–; sino porque parecen llegar a la conclusión de que todos somos “tontos” (aunque no se atreven a decirlo explícitamente, por eso usan el término “phool” y no “fool”, tonto en inglés) y que el engaño al consumidor es un elemento central de la economía capitalista.

Peor aún, Akerlof y Shiller no sopesan los costos y beneficios de las regulaciones que defienden para evitar estos “engaños” en el mercado.

2. Donald Boudreaux: Knowing Models vs. Knowing Economics. Economists need to be chefs, not recipe-followers (Conocer modelos vs. Conocer Economía. Los economistas deben ser chefs, no sólo seguir recetas)

Una “chiquita” a los economistas que se limitan a aplicar la misma receta (los mismos modelos) sin pensar críticamente: “consistentemente omiten preguntar la más importante de todas las preguntas que un economista debe preguntar: ‘¿en comparación con qué?’. Se olvidan de que los costos y beneficios monetarios son sólo una parte (y a veces una pequeña parte) de todos los costos y beneficios. Asumen, equivocadamente, que los costos y beneficios monetarios son todos los costos y beneficios relevantes”.

3. Del mismo Donald Boudreaux: On the Principles of Economic Principles (Sobre los principios de los principios económicos)

Boudreaux corrige aquí un comentario (que no llega a ser “sabiduría convencional”, pero he escuchado más de una vez) según el cual “no hay nada más peligroso que alguien que acaba de tomar su primera clase de economía”; implicando que los economistas que defienden posiciones de libre mercado ignoran “fallas de mercado” y otras “complejidades” que no son discutidas en las lecciones básicas de economía. Típica oposición a un argumento a favor de mercados más libres: “la vida real no es un modelo”.

Obviamente, eso es cierto. Y es cierto que muchas veces los economistas se olvidan (o los liberales nos olvidamos) de las fallas de mercado, de los problemas institucionales y otros. Pero no se sigue de ello que un conocimiento básico de la economía sea peligroso. Como en toda disciplina, es necesario conocer más y aproximarse más a la realidad para lidiar con problemas complejos. Como bien aclara Boudreaux, el peligro radica más bien la falta de conocimiento de principios económicos, como los casos del salario mínimo o en contra del libre comercio demuestran.

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El mercado no es un juego de suma cero

Un juego de suma cero es aquel donde la ganancia de unos es proporcional a la pérdida de otros. El fútbol, el ajedrez y el banco inmobiliario son juegos de suma cero donde para que uno gane, necesariamente otro tiene que perder. La guerra es otro juego de suma cero donde solo puede existir un victorioso si hay un derrotado, aunque más propiamente debemos considerar la guerra como un juego de suma negativa ya que ambos pierden.

No sucede lo mismo con el mercado donde por definición ocurren solo transacciones voluntarias. Un intercambio voluntario solo puede llevarse a cabo si ambas partes salen beneficiadas del mismo. Si alguna de las partes considerara que su bienestar empeoraría si hiciera un intercambio voluntario, simplemente no lo haría. Las personas vamos al mercado a aumentar nuestro bienestar mediante el intercambio. Si Juan le compra un kilo de tomates a Pedro por 1 dólar, significa que para Juan esos tomates tienen un beneficio superior a 1 dólar y para Pedro tienen un beneficio menor a 1 dólar. Ambos se benefician del intercambio. Si para Juan, ese dólar fuera más valioso que el kilo de tomates, pues no lo compraría; si para Pedro el kilo de tomates fuera más valioso que el dólar, pues no lo vendería. La transacción solo puede ocurrir si ambos están de acuerdo y ese acuerdo mutuo y voluntario solo puede ocurrir si ambos se benefician. Lo mismo sucede con otro tipo de mercados como son los laborales donde una persona solo estará dispuesta a trabajar si considera que el sueldo que recibe es mejor que la alternativa de no trabajar o buscar otro trabajo y un empleador estará dispuesto a contratar a alguien solo si considera que el sueldo que paga es inferior al beneficio que recibe del trabajo que contrata. La relación laboral no es un juego de suma cero, es de suma positiva donde ambas partes se benefician.

Existen argumentos debatibles para justificar la intervención del Estado como es el caso de las externalidades. Por ejemplo una empresa que contamina un río genera una externalidad negativa. También es debatible la intervención del Estado para bienes públicos o semipúblicos como la defensa nacional o las carreteras. Digo “debatible” porque economistas como los premio Nobel Ronald Coase y James Buchanan dirían que el mercado puede solucionar estos problemas si existen derechos de propiedad bien establecidos y que al evaluar la intervención del Estado, también hay que considerar los costos y las externalidades que el mismo Estado genera.

Santa Cruz de la Sierra, 28 de diciembre de 2015