Mujer y arzobispo

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No, usted no se equivoca al leer el título.

La Iglesia Luterana de Suecia, mayoritaria en el país, eligió hace más de un año, por primera vez, a una mujer como arzobispo, su máxima autoridad, la pastora Antje Jackelen, ordenada sacerdote en 1980, casada con un sacerdote, con el cual tiene dos hijos.

Jackelen, obispo de Lund, obtuvo el 55,9% de los votos del colegio eclesiástico de la Iglesia de Suecia, que cuenta con 324 miembros. En una entrevista señaló que no era chocante para la Iglesia de Suecia elegir a una mujer como su líder. Por el contrario, “ya era hora” dijo Jackelen, puesto que durante más de cincuenta años la iglesia sueca ha tenido mujeres sacerdotes.

Pero la arzobispo sueca no está sola. En septiembre de 2013, Pat Storey, de 53 años, casada y con dos hijos, se convirtió en la primera mujer obispo anglicana tanto de la República de Irlanda como del Reino Unido. En la Iglesia anglicana hay 27 mujeres ejerciendo como obispos, en países como India, Australia, Nueva Zelanda, Canadá, Cuba, Estados Unidos, Suiza y Sudáfrica.

Así vemos que algunas Iglesias cristianas corrigen poco a poco sus esquemas arcaicos abriendo el sacerdocio a las mujeres e incluso nombrándolas obispo, mientras que en la Iglesia Católica no se da ni un paso en esa dirección. La interpretación que entrega la Iglesia católica para no aceptar sacerdotes mujeres es que la ordenación exclusiva de hombres al sacerdocio es un asunto que forma parte de la herencia inalterable de Cristo entregada a los apóstoles. Esto implica, simplemente, convertir en algo divino e inmutable la cultura fuertemente patriarcal imperante en el judaísmo de esos tiempos y luego perpetuado en el cristianismo y el islam.

Entre los judíos de entonces, las mujeres estaban expuestas a una severa discriminación desde su nacimiento, que se extendía también a la vida política y religiosa. En el Talmud se lee: “¡Ay de aquél cuya descendencia son hembras!”. Tristeza y decepción causaba el nacimiento de una niña, a quien se le negaba el acceso al aprendizaje de la Ley. En la Mishná podemos leer: “Que las palabras de la Torá (Ley) sean destruidas por el fuego antes que enseñárselas a las mujeres… Quien enseña a su hija la Torá es como si le enseñase calamidades”. Las mujeres judías carecían de muchos derechos, y eran frecuentemente consideradas como objetos en posesión de los varones. Es por ello que la actitud de Jesucristo respecto de la mujer, es decir, de tratar de idéntica manera a la mujer y al hombre, contrastaba fuertemente con la de los judíos contemporáneos, hasta un punto tal que sus apóstoles se sorprendían ante el trato que les brindaba.

La jerarquía católica, al constituirse siglos después como una institución separada de los laicos, le cerró las puertas al sacerdocio femenino, consagrando así una tradición patriarcal que sus representantes actuales se obstinan en preservar, a pesar de que ya nada tiene que ver con sociedades donde la igualdad entre el hombre y la mujer es fundamental. Al mismo tiempo, se mantienen intactas otras tradiciones arcaicas como el celibato o la prohibición de casarse y formar familia.

Lamentablemente el nuevo Papa, tan innovador en otras materias, simplemente declaró que sobre el papel de la mujer en la Iglesia la postura oficial dictada por Juan Pablo II no ha cambiado un ápice: “La Iglesia ya se expresó y dijo no. Esa puerta está cerrada”.

Sin embargo, el mundo sigue moviéndose hace una plena igualdad entre hombres y mujeres. Por ello un día, tal como hoy en la Iglesia sueca, tendremos un Papa mujer, y, de seguro, una Iglesia mejor.

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El fútbol, ¿la religión de nuestros días?

Hace poco finalizó el campeonato de fútbol de la Copa América. Y una vez más, el continente se ha paralizado debido a ese evento: los negocios se enlentecen, la gente no habla de otra cosa y los nacionalismos –con su gran cuota de fanatismo– afloran a la superficie.

Toda la irracionalidad que envuelve al fútbol a nivel mundial se ha vuelto tan habitual, que daría la impresión que la gente no ha advertido la metamorfosis que ha sufrido ese deporte. Fue un proceso paulatino pero en modo alguno espontáneo. Por el contrario, creemos que la desnaturalización de la que ha sido objeto esa actividad, fue algo muy meditado y planificado desde las más altas esferas de su institucionalidad.

Hace ya mucho tiempo, que intelectuales de los más diversos campos han reparado en la fuerza que tienen las religiones para captar la adhesión de las masas populares y simultáneamente, otorgarles un poder exorbitante a sus líderes. Analizando el fenómeno de las religiones organizadas, se dieron cuenta de que ellas descansan en dogmas de fe, ritos, liturgias, creencias, libro sagrado, institucionalidad y actos públicos multitudinarios.

Carlos Marx fue de los primeros en percatarse de la útil que podía ser “envolver” a su ideología con la cubierta de las prácticas religiosas. Luego le siguieron Benito Mussolini, Adolfo Hitler, Juan Domingo Perón y más cercano en el tiempo Hugo Chávez, por nombrar a algunos de los que utilizaron con mayor habilidad esa estrategia. Mediante ella lograron concentrar en sus manos un poder colosal y paralelamente, manipularon a la gente, incluso, para hacerla hacer cosas irracionales o inmorales.

El tema de las “religiones políticas” ha sido muy estudiado. Sin embargo, nos parece que escasean las investigaciones con respecto al modo en que esa dinámica ha sido transferida a otras áreas de la vida humana, concretamente al fútbol.

Esta idea de que el fútbol está tomando el lugar de la religión en las sociedades modernas –a medida que una cantidad cada vez mayor de la población mundial engrosa las filas del ateísmo– la escuché hace varios años de una persona a la cual considero muy inteligente. Desde entonces le he estado prestando atención al fenómeno, y he llegado a la conclusión de que no le falta razón.

Analicemos la forma en que se desarrolla el campeonato mundial de fútbol, por tomar un ejemplo paradigmático. Empieza con una procesión que en nada se diferencia de las religiosas, aunque la temática difiera. Es dable constatar el mismo fervor con que cada delegación e hinchada entonan su himno patrio. Hay un libro “sagrado” y dogmas de fe, que son aquellos que establece la FIFA. El sumo pontífice durante los últimos 17 años fue Joseph Blatter; hay una jerarquía eclesiástica dividida en “alto” y “bajo” clero; se rigen por un derecho y tribunales propios que van por fuera de los nacionales. Si alguien considera que sus derechos fueron afectados por ese “sistema legal futbolístico” y dice acudir a los tribunales ordinarios, es “excomulgado”.

En ancas de ese fervor cuasi religioso por el fútbol que experimenta la gente, es que las autoridades de la FIFA han logrado que hasta los Estados Nacionales les rindan pleitesía y se sometan a su voluntad. Lo que ellas han logrado, es algo que hasta ahora no ha podido obtener ninguna ideología política: instalar una tiranía mundial a la cual se someten la inmensa mayoría de los gobiernos.

Una muestra de eso es lo que ocurrió recientemente en el último mundial llevado a cabo en Brasil. Entre los varios ejemplos que podríamos mencionar, descuella por lo inaudito de la arbitrariedad, lo ocurrido con el jugador uruguayo Luis Suárez. Este deportista fue sancionado por una falta cometida en un partido. Eso está dentro de las facultades de la FIFA, y es bueno resaltar que a su autoridad se someten voluntariamente tanto los jugadores como los diferentes equipos. No obstante, fue realmente increíble que las jerarquías del fútbol mundial hicieran que el gobierno brasileño utilizara la POLICIA NACIONAL Y LO EXPULSARA DEL PAÍS como a un delincuente, a raíz de una falta deportiva. Sanción que obviamente no fue establecida por ningún estrado judicial de ese país latinoamericano, sino por uno de la FIFA.

Como si eso fuera poco, también se hizo alarde de ese poder impúdico frente a la hinchada del equipo uruguayo. En lo que se supone que era una fiesta deportiva –-donde usar caretas con las caras de los jugadores preferidos era una práctica común– un grupo de uruguayos quiso entrar al estadio portando unas con el rostro de Suárez, como manifestación de su repudio a la sanción impuesta. La libertad de expresión es uno de los derechos humanos fundamentales; la crítica hacia el actuar de las autoridades también. Pero parecería que a los funcionarios de la FIFA eso les tiene sin cuidado: prohibieron a esas personas ingresar a menos que dejaran fuera las caretas. Daría la impresión, que los jerarcas del fútbol sólo admiten aquellas expresiones populares que van en la dirección que ellos indican.

Ahora están saltando escándalos de una corrupción galopante dentro de esa institución. Algo de esperar si nos atenemos a la sentencia de Lord Acton: “El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

El comunismo y el fascismo desnaturalizaron a la política, y crearon monstruos. ¿No estará ocurriendo lo mismo en el ámbito futbolero?

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Seinfeld y la corrección política

Mi show favorito de comedia de todos los tiempos es “Seinfeld”. Desde hace poco más de un año Jerry Seinfeld, quien protagonizaba ese show, ha venido realizando unas declaraciones públicas y controversiales acerca de una restricción sutil y moderna a la libertad de expresión, restricción que es ubicua en los países desarrollados y que se está empezando a copiar en muchos en vías de desarrollo: la corrección política. Seinfeld considera a esto algo “escalofriante” pues atenta contra la comedia, contra lo chistoso. Veamos lo que dice Seinfeld al respecto de esto.

En febrero de 2014, cuando el conductor del programa BuzzFeed Brews, Peter Lauria, le preguntó que por qué siempre presentaba tantos hombres blancos en el show, Seinfeld se molestó y contestó de manera sarcástica: “Si, hablemos de eso. Mira a tu alrededor Peter [señalando la audiencia presente] ¿Qué ves? Muchos blanquitos. ¿¡Qué pasa aquí!? Uy, esto de verdad me calienta”. Luego Laria le dijo que algunas personas le habían pedido que le pregunte a él acerca de esta cuestión a lo que Seinfeld respondió:

“La gente piensa que es el censo o algo…Quiero decir, ¿acaso esto tiene que representar el verdadero gráfico de torta de EE.UU., ¿a quién le importa? Simplemente es algo chistoso. Tu sabes, lo chistoso es el mundo en el que vivo. Si eres chistoso, estoy interesado. Si no eres chistoso, no lo estoy. Y no tengo interés alguno en el género o la raza, o cualquier cosa parecida, pero todos los demás parecen estar calculando…¿será esta la mezcla precisa y adecuada? Tu sabes…y , para mi, eso es anti-comedia. Tiene más que ver con el sin sentido de la corrección política, que con el hecho de si nos estás haciendo reír o no”.

Aquí puedes ver el clip de esta porción de la entrevista con Peter Lauria.

A principios de junio de este año en una entrevista de radio Seinfeld dice que el no hace presentaciones en las universidades porque allí reina la “corrección política”. Seinfeld contó que cuando su esposa le dijo a su hija, de 14 años, que en algunos años le gustará pasar más tiempo en la ciudad para que “pueda ver a los chicos”, su hija le contestó a su esposa “eso es sexista”. Seinfeld mencionaba esto como un ejemplo de la “corrección política”: “Solo quieren utilizar estas palabras: ‘Eso es racista’. ‘Eso es sexista’. ‘Eso es prejuiciado’. Ni siquiera saben de lo que están hablando”.

En otra entrevista del mes pasado, esta en el programa “Late Night” de Seth Meyers, Meyers declaró que “Yo si creo que se supone que la comedia debe empujar los límites”. Seinfeld dijo que estaba de acuerdo, pero que por alguna razón los límites parecían seguir reduciendo la expresión sin razón alguna. Luego declaró que hay “una cosa espeluznante de la corrección política en el ambiente que realmente me fastidia”.

Todo está relacionado con el tema que viene tratando desde hace algunos años el periodista danés, Flemming Rose. Aquí pueden adquirir su libro y acá pueden leer un extracto del mismo en español, extracto que se titula “El humor es esencial para la libertad de expresión”.

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Mi creencia, por Dean Alfange

Encontré un poema que me pareció digno de ser compartido. La última línea restringe el campo solamente a los Estados Unidos, pero creo que es una Creencia que aplica a todo el que la comparte y no una descripción del carácter o la forma de ser de los estadounidenses.

Aquí va:

“Mi creencia” por Dean Alfange

No elijo ser un hombre común.

Si puedo, es mi derecho no serlo.

Busco la oportunidad, no la seguridad.

No deseo ser mantenido como un ciudadano,

Humillado y opacado porque el estado tiene que preocuparse por mí.

Quiero tomar mis riesgos calculados,

Soñar y construir, fracasar y tener éxito.

Me opongo a intercambiar el incentivo por el subsidio.

Prefiero los desafíos de la vida a una existencia garantizada,

La emoción de la realización a la vieja calma de la utopía

No cambio la libertad por la beneficencia

Ni mi dignidad por la limosna

No me arrodillaré frente a ningún amo

Ni me acobardaré frente a las amenazas

Mi legado es el de permanecer de pie, orgulloso

Sin miedo a pensar y actuar por mí mismo,

A disfrutar los beneficios de mis propias creaciones

Y enfrentar el mundo con valentía y decir “esto es lo que he hecho”

Todo esto es lo que significa ser Norteamericano.

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Bartolomé Mitre sobre el comercio

Recientemente me topé con este excelente ensayo del escritor, periodista, poeta y estadista argentino, Bartolomé Mitre. Cuando era joven, su padre lo envió a trabajar en una de las estancias del dictador Juan Manuel de Rosas. El administrador de esa estancia, Gervasio Rosas (hermano del dictador), envió a Mitre de vuelta a su padre con la siguiente nota: “Dígale a Don Ambrosio que aquí le devuelvo a este caballerito, que no sirve ni servirá para nada, porque cuando encuentra una sombrilla se baja del caballo y se pone a leer”.

Años después tendría que huir a Uruguay debido a la persecución de los rosistas. Fue gobernador de la provincia de Buenos Aires cuando por poco tiempo fue una provincia independiente y después fue presidente de Argentina. Al final de sus días se dedicó a traducir La divina comedia de Dante Alighieri, libro que según Mitre dice en la introducción a su traducción al español (“Teoría del traductor“) “ha sido, por más de 40 años, uno de mis libros de cabecera”.

Pero volviendo al ensayo acerca del comercio, aquí les dejo algunas citas que muestran una decidida influencia liberal clásica:

“El comercio es un trabajo y un trabajo fecundo que civiliza, enriquece, y mejora la condición humana, participando del doble carácter de poder material y de grandeza moral que lo hace digno de admiración y respeto”.

“Siendo la riqueza y el capital un resultado del trabajo acumulado por muchas generaciones, el día en que lo fuesen gratuito, se empezaría a consumir el capital creado sin reponerlo por nuevo trabajo y nueva elaboración, sin atesorar por medio del ahorro, y hasta que consumido todo el capital creado y acumulado, la fuente de vida se agotase, el movimiento se paralizase y el hombre se tornase a ser aquella especie de bestia del estado primitivo que fue civilizado por la división del trabajo, aquel esclavo de la naturaleza bruta que fue redimido por el capital acumulado, aquel ser vegetativo y sin valor alguno moral y material que merced a las dotes que debe a la labor no interrumpida, hoy domina la creación y se gobierna a sí mismo tan solo porque compra y vende, es decir, porque tiene un valor intrínseco y porque da valor a las cosas, y con ellas crea y alimenta el capital social que es el principio de vida en la economía del género humano, como el capital circulante es su sangre”.

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La demagogia de la seguridad alimentaria

Hong Kong produce alrededor del 20% del alimento que consume y sorprendentemente nadie muere de hambre en ese país; Bélgica no tiene plantas de cacao y es uno de los grandes productores de chocolate; Bolivia no produce ningún automóvil y por arte de magia las calles están abarrotadas de vehículos.

Y es que si tomamos en serio el argumento de la seguridad alimentaria, los hongkoneses deberían estar sufriendo hambrunas, los belgas deberían estar preocupados por desarrollar cacao boreal y los bolivianos deberíamos estar andando en carretón. Sin embargo, esto no ocurre.

No cuesta explicarle a un periodista que para él es más rentable dedicarse tiempo completo a buscar noticias, recibir un salario y luego comprarse zapatos, ropa y comida que tratar de fabricar por sí mismo sus zapatos, su ropa, sembrar y cosechar su comida. Esto se debe a que las personas nos especializamos; es decir, nos hacemos expertos en ciertas áreas muy limitadas del conocimiento, la técnica y la ciencia y somos bastante ignorantes del resto. Por ejemplo, un zapatero, gracias a su experiencia puede fabricar zapatos mucho más rápido que una persona que no se dedica a esa actividad y un panadero que lleva años haciendo panes puede hacerlos más eficientemente que alguien que se dedica a ello esporádicamente. Entonces es posible que el zapatero sepa cómo hacer panes y que el panadero sepa como fabricar un zapato, pero debido a que cada uno es más eficiente en su área, es mejor que el zapatero le haga los zapatos al panadero y el panadero le pague esos zapatos vendiéndole panes. La especialización y el comercio entre el zapatero y el panadero permite que ambos disfruten de más panes y más zapatos de los que podrían tener si cada uno tuviera que producir ambos bienes.

Lo mismo sucede entre regiones. Estoy seguro que en algún lugar de Santa Cruz es posible producir quinua, sin embargo, Santa Cruz no produce quinua, porque tal vez es más eficiente producirla en climas templados y eso no impide que los mercados cruceños estén abastecidos de quinua. Y lo mismo sucede entre países. Es posible que Bolivia pueda producir trigo, pero tal vez es más eficiente utilizar la tierra para sembrar soya y comprar el trigo del exterior. Y la falta de trigo, mientras haya libre comercio, de ninguna manera pone en riesgo la producción de panes. El argumento de la seguridad alimentaria lo defienden quienes tienen intereses políticos y económicos o quienes son ignorantes de economía.

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Las Farc y Santos

Aún cuando la popularidad del Presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, se desploma, aún cuando la revista The Economist urge al gobierno colombiano a “poner a las Farc en evidencia”, aún cuando el jefe negociador oficial Humberto de la Calle afirma que el proceso de paz con la guerrilla “se está acabando“, no es muy tarde para que el mandatario salve su presidencia.

Es cierto que Santos hizo de las negociaciones con las Farc el eje de su administración, actuando completamente en contra de la voluntad de los votantes que lo eligieron en el 2010. Cuando fue hora de reelegirse en el 2014, Santos tuvo que acudir al apoyo de maquinarias políticas poco salubres y de antiguos opositores suyos de la izquierda estatista, principalmente Clara López, quien había prometido quitarle su independencia al Banco de la República, y Gustavo Petro, quien estaba en medio de su gestión poco eficaz (en el mejor de los casos) como Alcalde de Bogotá.

En ese momento Santos capturó una buena cantidad del voto de centro y “de opinión” al insistir vez tras vez que la paz con las Farc estaba a la vuelta de la esquina. “Con paz haremos más“, fue su eslogan, y, entre la primera y la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, anunció que iba a “acelerar el proceso y terminar esta guerra de una vez por todas”.

Cuestionado por sus extrañas y repentinas alianzas políticas, pero nunca corto de presunción, Santos se comparó a sí mismo con Franklin Delano Roosevelt aliándose con la Unión Soviética de Stalin para derrotar a la Alemania Nazi. En teoría, si Santos era FDR, entonces Gustavo “el Latin Stalin” Petro era su contraparte en el Kremlin.

Tal grandilocuencia aparte, hoy sabemos muy bien que la cercanía de la paz con las Farc no era más que un espejismo. Las negociaciones se estancaron en el tema de la justicia, el cuarto de cinco puntos sobre la mesa que, mirando hacia atrás, ha debido ser el primero. Como era de esperar, las Farc pretenden obtener una impunidad prácticamente absoluta por sus crímenes, exigencia que no tolera la opinión pública. Mucho menos las leyes vigentes y en especial los tratados internacionales que debe cumplir el Estado.

Mientras tanto las Farc, en el último año, han secuestrado a un general, asesinado a 11 soldados mientras dormían en el Cauca, derribado helicópteros del Ejército, y causado una catástrofe ambiental en el Pacífico colombiano al bombardear un oleoducto. El miércoles pasado, un vocero de la guerrilla le dijo a la prensa internacional que incrementarían los ataques en Colombia para “debilitar la confianza de la economía y de los inversores”. Al día siguiente varios civiles resultaron heridos al estallar dos explosivos en Bogotá, uno de ellos en medio del centro financiero de la capital.

Aunque las Farc han negado su autoría del atentado, el cual ha sido atribuido a sus aliados del ELN, hay que recordar que también desmintieron su participación en el ataque al Club El Nogal en el 2003. A estas alturas del juego, ¿quién de buena fe puede creer algo que digan estos personajes?

Independientemente de quién esté detrás de los ataques en Bogotá, es indudable que la paciencia de la mayoría de los colombianos con las Farc se está agotando. Santos, tal como su predecesor Andrés Pastrana (1998-2002), cometió un gravísimo error al confiar en la palabra de la guerrilla. No fue prudente apostarle su legado a un acuerdo de paz con un grupo armado ilegal que, día tras día, demuestra saber hacer sólo violencia.

No obstante, a diferencia de Pastrana, Santos todavía tiene suficiente tiempo para corregir sus errores. Si cambia de rumbo ahora, no podrá congraciarse con todos los colombianos, pero muchos le darán el beneficio de la duda si demuestra que sus intenciones eran benévolas pero que, defraudado por las Farc- plus ça change– tomó la decisión correcta justo en el momento crítico.

Ciertamente, acabar el proceso de paz con las Farc no es fácil para Santos. Él ha dicho que se está jugando su “capital político”, pero sin duda el orgullo es un factor importante. Según la narrativa establecida, si Santos se para de la mesa en La Habana, le daría la razón a su antiguo jefe y ahora archienemigo político, el ex Presidente Álvaro Uribe (2002-2010), un acérrimo crítico del proceso de paz desde su inicio.

Pero Santos tiene la capacidad de responder a sus críticos con la espléndida frase del novelista Evelyn Waugh: “hasta cierto punto, Lord Copper”.

De hecho, liquidar las infructuosas negociaciones con las Farc no necesariamente significa volver a la época de la “seguridad democrática” de Uribe. Por lo menos no del todo.

Ciertamente la guerra frontal contra las Farc será necesaria, y pocos están mejor calificados que Santos, antiguo Ministro de Defensa de Uribe, para librarla. Pero Santos también puede argumentar con validez que el enfoque estrictamente bélico se intentó desde el 2002 hasta el 2010 y, aunque la guerrilla resultó muy debilitada, no fue del todo vencida.

Y es acá donde surge la posibilidad de implementar una estrategia nunca antes vista en Colombia, donde, durante décadas, los gobiernos han enfrentado el problema de las guerrillas al oscilar entre la guerra frontal y la negociación. Pero ningún gobierno ha optado por una estrategia más inteligente, la de luchar contra las Farc no sólo con las armas, sino a la vez quitándoles su principal fuente de financiación.

Me refiero a la suma de entre 2.400 y 3.500 millones de dólares que recaudan al año las Farc al controlar gran parte del narcotráfico en Colombia.

Santos podría arrebatarle a la guerrilla tales ingresos colosales rápidamente al usar la mayoría de su coalición gobernante en el Congreso para legalizar la producción y el consumo de todas las drogas en el país. Tal como sucedió en Estados Unidos tras el fin de la Prohibición en 1933, el crimen organizado (es decir, las Farc y sus aliados) perdería prácticamente todo su control sobre los mercados negros de la droga tan pronto se regulara su comercio y se creara una industria dominada por empresas legítimas y serias.

En ese escenario, las Farc difícilmente podrían mantener su poderío financiero actual y, con la pérdida de su poder bélico, resultaría mucho más factible para el Estado derrotarlas militarmente. Al menos surgiría una posibilidad real de asediarlas hasta el punto en que no les quede otra opción aparte de negociar la entrega de sus armas sin condición alguna.

Santos es el Presidente apropiado para implementar tal estrategia, un ejemplo del “enfoque indirecto” por medio del cual se ganan la mayoría de las guerras, tal como demostró el gran teórico militar B.H. Liddell Hart.

En el 2011, Santos les dijo a los estudiantes de la Universidad de Brown en Estados Unidos que buscaran “nuevas estrategias, nuevas visiones y nuevos enfoques” para la fallida guerra contra las drogas. Hoy, cuando varios estados de Estados Unidos han legalizado la marihuana, es hora de que Santos siga sus propios consejos.

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El ascenso del Leviatán en Honduras

De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), más de 70% de la masa laboral de Honduras trabaja en la informalidad. Como bien explica el jurista peruano Enrique Ghersi, la informalidad es una estrategia de supervivencia de los más pobres, ya que, cuando cumplir con la ley se vuelve demasiado caro, la única decisión razonable es vivir al margen de ella. Las políticas tributarias del Gobierno hondureño parecen estar empecinadas a formalizar a todas estas personas a la fuerza, acentuando aún más el apartheid económico si no lo hacen.

La Dirección Ejecutiva de Ingresos (agencia de recaudación fiscal) ha venido implementando un nuevo régimen de facturación, promovido por su directora Miriam Guzmán, que trae consigo severas complicaciones y un brusco aumento de costos a los pequeños empresarios y al sector informal de la economía.

Actualmente muchos supermercados y otros negocios venden al público productos adquiridos de empresarios informales, como pequeños agricultores, carpinteros o panaderos. El nuevo esquema obligará a las empresas a exigirles a sus proveedores que se registren y se formalicen, porque de lo contrario deberán pagar más en impuestos, ya que no podrán justificar los gastos de su empresa sin la debida facturación.

No es consecuente pensar que esta formalización masiva se volverá una realidad y muchos empresarios se preocupan de que el resultado sea no una ampliación de la base tributaria, sino el incremento de la explotación fiscal sobre el mismo segmento de la población.

Miriam Guzmán, Directora de la Dirección Ejecutiva de Ingresos (DEI).

Una economía lenta, como la hondureña, necesita que el dinero se mantenga en las manos de los ciudadanos para que se invierta en su consumo diario y sus emprendimientos de negocio. Pasarlo a las manos de los políticos para financiar la corrupción y las medidas populistas con las que esperan obtener votos en las próximas elecciones solo agravará la crítica situación del país.

El problema no es que al Estado le falten recursos, sino que gasta demasiado en ambiciones políticas y olvida sus responsabilidades más básicas. Con el nuevo sistema se le exige a las personas menos beneficiadas por el Estado que paguen más, a pesar de que actualmente se encuentran sin acceso a la justicia, educación o salud.

Los hondureños no encuentran descanso en ninguna parte; por un lado, se encuentran constantemente agredidos por las extorsiones y los asaltos del crimen común, y por el otro, se encuentran obligados a cargar con la insaciable hambre del Estado por obtener ingresos.

Sin embargo, evadir impuestos en Honduras no solo se trata de supervivencia económica, sino hasta de integridad corporal. En el 2013, una investigación reveló que la Dirección Ejecutiva de Ingresos (DEI) había sido infiltrada por miembros de diferentes grupos del crimen organizado, como las pandillas y maras, quienes utilizaban la información de los contribuyentes para coordinar el cobro del denominado “impuesto de guerra” a los contribuyentes más pudientes. Bajo estas circunstancias y con un sistema de justicia colapsado ¿quieren que paguemos más impuestos?

Agresión fiscal como medio de intimidación

La politización de las instituciones públicas es un fenómeno muy bien conocido en Honduras, y la DEI no es la excepción. Al estilo de los escándalos de la IRS, ya se empiezan a escuchar las denuncias de persecución en contra de quienes públicamente han expresado su oposición a la agresión fiscal. El empresario Jimmy Dacareth presentó una denuncia formal contra la directora de la DEI, Miriam Guzmán, ante el Comisionado Nacional de Derechos Humanos (Conadeh), en virtud de haber recibido un notificación de fiscalización de su empresa después que la directora Guzmán se refiriera a él en un programa de radio, al decir ella que firmó una fiscalización contra un contribuyente por andar de “abanderado”.

La intimidación también ha cobrado vida legal: las reformas al Código Tributario requieren que la DEI presente acusación contra los contribuyentes, inclusive si ellos mismos rectifican y corrigen cualquier error en sus cálculos de impuestos a pagar antes de que la DEI se haya percatado de dicho error. De igual forma, una reforma al Código Penal penaliza con 3 a 6 años de cárcel a quienes por medios verbales o escritos inciten a no pagar los tributos correspondientes. Cabe preguntar si hay responsabilidad penal contra los que distribuyan copias de los escritos de Henry David Thoreau o Lysander Spooner, quienes promovían la resistencia fiscal como medio de protesta contra las políticas de Estado.

La militarización de la recaudación fiscal

Representante del restaurante Tonys Mar detenido por la PMOP por ser acusado del delito de defraudación fiscal (foto El Heraldo).

Cuando la Policía Militar de Orden Público (PMOP) empezó a patrullar las calles de Honduras, el Gobierno argumentó que la finalidad era combatir el crimen organizado: las pandillas, maras, narcotraficantes y sicarios. Pero la militarización de una sociedad siempre termina de la misma manera, con la ciudadanía siendo perseguida por una cantidad cada vez mayor de delitos. Tras una reforma a final de año en 2013, la Policía Militar tiene la potestad para perseguir los delitos de defraudación fiscal y contrabando.

¿A caso la DEI necesita militares encapuchados, armados con fusiles Galil ACE 21 (dispara 700 balas por minuto) y protegidos por kevlar nivel 3 para cobrarle impuestos al empresariado hondureño?

La PMOP es una pesada carga financiera para los contribuyentes y utilizarla para perseguir delitos no violentos representa el mismo malgasto de recursos que convence a muchos hondureños a evadir el pago de impuestos.

Este artículo fue publicado originalmente en el PanAm Post el 28 de Junio, 2015.

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Para entender la crisis griega

¿Qué llevó a Grecia a la crítica situación actual? ¿Cuáles son las tensiones entre la Troika y Grecia? En esta nota explico los pasos que desembocaron en la crisis Griega.

Al momento de escribir estas líneas Grecia está por caer en default de su deuda soberana. ¿Qué sucedió y cómo llegó Grecia a esta situación? Para comprender lo que está sucediendo con Grecia estos días es necesario retroceder algunos años.

Pero antes de hablar de Grecia, es imperativa una breve aclaración para entender algunos de los eventos en torno a esta crisis. En economía se suele separar los conceptos de déficit y déficit estructural. El déficit estructural es el resultado fiscal en equilibrio. Es decir, sin el efecto de ciclos y fluctuaciones económicas. El déficit comprende al déficit estructural, más las oscilaciones fiscales que ocurren cada año. Si el presupuesto se encuentra en equilibrio estructural, entonces los superávit y déficit de cada año se cancelan y tienen como resultado un presupuesto balanceado en el mediano y largo plazo. El problema no es el déficit en sí, sino el déficit estructural (crónico).

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Génesis de la tragedia griega

Es importante señalar que los problemas que viven los griegos no se deben a la austeridad, sino al despilfarro. La austeridad es una consecuencia inevitable así como lo es la resaca luego de una noche de borrachera. Otro elemento importante de señalar es que la crisis griega no se debe a al sector privado, las empresas transnacionales o los bancos de financiamiento como el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el Banco Mundial (BM), sino al gobierno griego. El gobierno griego, desde que entró a la zona euro y hasta no hace mucho, sistemáticamente gastó más de lo que recaudaba y financió ese gasto con deuda.

Ni el sector privado, ni las transnacionales ni el FMI obligaron al gobierno griego a hacer esto; lo hizo porque a los políticos les encanta gastar y porque el endeudamiento significa plata que pueden disponer ahora, para aparentar hacer un buen gobierno a cambio de un problema que tendrán que resolver otros políticos en el futuro cuando toque pagar esa deuda. A esto hay que agregar la deshonestidad de sus gobernantes que alevosamente falsearon la contabilidad del Estado para ocultar el problema. Y siendo Grecia una democracia, no podemos dejar de mencionar al pueblo griego que sistemáticamente votó por los gobiernos irresponsables, voto por el gasto deficitario, votó por darse unas vacaciones de lujo y dejar para más adelante el problema de cómo pagar la cuenta.

Si Grecia deja de recibir préstamos, entrará en una crisis seria. Por otro lado, si los consigue, la crisis se postergará para el futuro, incluso empeorándola con una deuda mayor. El país está experimentando la parte amarga del ciclo populista y un inversionista responsable no le prestaría su dinero. Pero quienes quieren rescatar a Grecia no son inversionistas responsables, sino los gobernantes de otros países que, aparte de tener otras consideraciones de carácter político para salvar a Grecia (algunas valederas), no invierten su propio dinero en el rescate, sino el dinero ajeno, el de sus contribuyentes. A cambio de seguir prestándole, le piden que vuelva a la senda de la responsabilidad, que gaste menos de lo que recauda, que ahorre, que elabore un plan factible de repago, que practique una virtud que todo buen jefe de familia, empresario o gobernante debe practicar: la austeridad.

El gobierno griego quiere que siga la fiesta, que se mantenga la ilusión, quiere que le sigan prestando para gastar a mansalva. Quiere que el resto de Europa siga financiando su propia irresponsabilidad. Al parecer esta vez el resto de Europa no está dispuesto a ello.

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