Como si las penurias actuales de Venezuela no fuesen suficientes, creo que puede conjeturarse que las medidas de devaluación y de establecimiento de dos tipos de cambio tendrán como efecto, en el corto plazo, un fortalecimiento del poder de Hugo Chávez y de su gobierno. En el pasado, y tal vez bajo los auspicios del muy hábil Fidel Castro, Chávez ha sabido valerse de ciertas situaciones de crisis para fortalecer su posición y para debilitar a sus contradictores. ¿Cómo puede hacerlo? No es tan difícil: basta con el hecho de que en Venezuela el Estado tiene en sus manos el más importante elemento de toda la economía, a saber, la renta petrolera. De modo que, llegada una situación crítica, el gobierno puede lograr con facilidad que sus efectos caigan sobre determinados sectores, cuya desaparición o mengua constituyan además uno de sus objetivos políticos.
Recuérdese el paro empresarial de hace siete años, el cual, creyeron muchos, causaría la caída del régimen chavista, o al menos su debilitamiento. El gobierno aguantó, y quien se debilitó fue el empresariado. Así, perdió fuerza un posible sector de oposición, y el gobierno avanzó indirectamente en su objetivo de estatizar la economía.
Las recientes medidas cambiarias tendrán dos efectos. El primero, que se duplicará el valor en bolívares de la renta petrolera, lo cual, claro está, aumentará la capacidad de gasto en bolívares del gobierno, al menos en el corto plazo. Y como en esto radica en últimas la capacidad que el gobierno tiene de sostenerse, no es descabellado predecir que tal capacidad se hará más sólida en el corto plazo. Esto resulta muy oportuno en víspera de elecciones.
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