Arrogancia progresista

Cuando Hayek se planteó resumir el socialismo en una sola palabra, dijo “arrogancia”. Fue una idea acertada, porque lo característico de los enemigos de la libertad es suponer que son seres superiores. ¿Cómo, si no, justificarían arrebatarnos la libertad y la propiedad?

Un ejemplo es don Jesús Caldera, que describió en El País el famoso “nuevo modelo productivo por el que hay que apostar”. Lógicamente, cuando habla de apostar se refiere a apostar con nuestro dinero, no con el suyo. Lo que él despliega de verdad no es su dinero sino su arrogancia, que le lleva a señalar los sectores de futuro –dice “estratégicos”, igual que en el franquismo– que garantizarán la sostenibilidad económica, social y medioambiental. Nada menos. No habla de la sostenibilidad política, que es la que posiblemente le interesa.

Todo es mentira, propaganda, humo, corrección política: “La lucha contra el cambio climático y la protección del medioambiente abren, además, nuevas oportunidades de empleo en la economía española”. Ni una palabra de la libertad, de los recursos de las mujeres y hombres de un país libre. Aquí los socialistas nos dirán cuáles son los “sectores clave para el futuro”. Dirá usted: no tendrán tanta cara. Pues sí que la tienen. Por un lado, agárrese: construcción, turismo y transporte. Y eso después de despotricar contra “la economía del ladrillo”.

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Verdú y la crisis

Vicente Verdú escribió en El País (España): “La crisis nos puede salvar“. Una frase atractiva y original que, no obstante, venía seguida de los más manidos tópicos del pensamiento único: “El hiperindividualismo cae… Contra la abusiva tendencia de privatizaciones desde los años setenta vuelve la mano del Gobierno… Contra la tendencia privatizadora, vuelve el Estado como asidero… El Estado de bienestar socialdemócrata procuró una amplia protección social que dio origen a la formación de una amplia clase media”.

El punto de partida parece una falacia. No sé muy bien qué es el “hiperindividualismo”, pero todo indica que las subidas de impuestos, del gasto público, de la deuda pública, y las más profusas y minuciosas regulaciones sobre la vida y la propiedad de los individuos, que se han registrado en las últimas décadas, son incompatibles con el individualismo, híper o no híper.

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Comunismo humanizador

Antonio Roldán Monés, asesor económico en el Parlamento Europeo, y Carlos Carnicero Urabayen, máster en Relaciones Internacionales de la Unión Europea, lamentan en El País que la izquierda no despierte de su letargo y no suba aún más los impuestos. Sus disparates no parecen mucho más abrumadores que los de tantos otros textos de la corrección política, que ha abrazado entusiasta la crisis económica como si validara por fin sus absurdas teorías antiliberales. Pero de pronto afirman: “La caída del Muro de Berlín hace 20 años se tradujo en la progresiva eliminación de las cortapisas que habían moderado el capitalismo, una vez que la desaparición del comunismo no le empujaba a mostrar su lado más humano”.

Esta es una frase que hay leer varias veces, porque da la sensación de que es francamente difícil perpetrar una barbaridad de semejante índole. O sea que el comunismo fue una bendición. Vamos, los cien millones de trabajadores asesinados por los comunistas durante el último siglo fueron algo estupendo, porque el comunismo humanizaba y moderaba ¡al capitalismo!

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Soares resuelve la crisis

El líder socialista portugués Mario Soares escribe en El País que para resolver la crisis las recetas son: “la ruptura de raíz con el pasado económico neoliberal y el inicio de una nueva era, como ha dicho Obama, con el predominio de la política sobre el economicismo, el restablecimiento de los principios éticos, el castigo de los responsables de los grandes escándalos bancarios especulativos, la abolición de los paraísos fiscales y de las retribuciones y bonus millonarios concedidos a los administradores y gestores de las grandes empresas”.

Se supone que el economicismo es el apego desmedido a lo material, el egoísmo, etc. Pero si esto fuera así, entonces la forma de neutralizarlo es el espíritu y la generosidad. Don Mario, en cambio, no habla de eso sino de política, es decir, de la coacción. Quiere que predomine la política sobre la libertad.

El restablecimiento de los principios éticos es otro camelo, porque sospechosamente nunca hablan los políticos de la corrupción política. No. Ese mundo es impecable y los malos son los ciudadanos libres. Otra vez, la solución es que no lo sean.

Otro tanto vale para los malvados especuladores de la banca, porque Soares no hace ninguna referencia a la banca más importante, la banca responsable de la especulación, la burbuja y la crisis, la banca de los políticos, la banca central.

La abolición de los paraísos fiscales, por su parte, es una propuesta que apenas oculta la verdadera intención: subir los impuestos con más tranquilidad.

Regular los sueldos y primas de los ejecutivos es otra consigna demagógica al uso. Ya existe la forma de regularlos: el mercado. Pero eso es lo que el señor Soares y la izquierda abominan: la libertad.

Este comentario fue publicado originalmente en Libertad Digital (España) el 29 de marzo de 2009.

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Por definir, que no quede

Marcos Ezquerra escribe sobre el neoliberalismo en Cinco Días con todos los tópicos políticamente correctos y alguna fatal arrogancia, como la de definir el neoliberalismo como la doctrina que propone reducir las cotizaciones sociales ¡pero aumentar los impuestos indirectos!

He sostenido en alguna oportunidad que el neoliberalismo o bien quiere decir el liberalismo de toda la vida –el de la libertad individual, la propiedad privada y los contratos voluntarios–, en cuyo caso el prefijo es prescindible, o bien quiere decir cualquier cosa. Por ejemplo, el señor Ezquerra asegura que Bush fue neoliberal, con lo que habrá que concluir que el neoliberalismo propicia una subida espectacular del gasto público. O sea que viene a ser como el socialismo. Todo vale. A veces los progresistas definen sin titubear al liberalismo como la doctrina que recomienda bajar los impuestos ¡pero sólo a los ricos!

También asegura don Marcos que la crisis se debió al liberalismo, con lo que cabe sospechar que no se ha tomado la molestia, por ejemplo, de mirar qué ha sucedido con los impuestos y las regulaciones. Y sobre impuestos no tiene don Marcos dudas: define la subida de los impuestos indirectos como algo injusto y regresivo, porque los impuestos indirectos son iguales para todos los ciudadanos. Esta opinión está extendida entre el pensamiento único, aunque no deja de ser un llamativo indicador de distorsiones contemporáneas: se llama injusticia a la igualdad.

Comentario originalmente publicado en de Libertad Digital (España) el 22 de marzo de 2009.

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