El libre comercio y otras cosas en Panamá

El Acuerdo de Promoción Comercial entre EE.UU. y Panamá entró en vigencia ayer. Idealmente, los acuerdos comerciales promueven el libre comercio obligando a cada país involucrado a remover las barreras a las importaciones de productos provenientes del otro país. Este acuerdo hace justamente eso y la base de datos de votos sobre el comercio del Cato Institute (en inglés) cuenta un voto a favor de implementar este acuerdo como un voto en oposición a las barreras comerciales. Pero la historia de este acuerdo y la actual falta de ímpetu acerca del libre comercio dificultan que uno se emocione.

Este acuerdo fue firmado hace más de cinco años en junio de 2007 pero no fue ratificado por el congreso sino hasta diciembre de 2011. ¿Por qué demoró tanto? Para poder hacer el acuerdo más agradable para ciertos grupos de intereses especiales, los líderes del congreso y la administración de Obama retardaron una votación hasta que acuerdos suplementarios adicionales y otras garantías fueron aceptados por Panamá. Estos incluían una ley laboral de 2009 que restringe los derechos de los trabajadores no sindicalizados en Panamá y un acuerdo de 2010 que le da al gobierno estadounidense acceso a las cuentas bancarias que los ciudadanos estadounidenses tienen en Panamá. Incluso el acuerdo original contenía obligaciones contenciosas no relacionadas al comercio que estaban diseñadas para favorecer grupos específicos de intereses especiales; la última legislación que Panamá implementó este otoño era para expandir sus leyes de derechos de propiedad intelectual y para proveer patentes para las plantas.

El acuerdo si reduce las barreras al comercio de productos y servicios y abre el mercado de contratación pública en ambos países, pero el costo de esto son los acuerdos cariñosos y generosos regalos para Hollywood, las empresas agrícolas estadounidenses, y los grandes sindicatos laborales. El hecho de que este acuerdo se enfrentara a tantos obstáculos es una mala señal para el futuro de los acuerdos comerciales en EE.UU., especialmente considerando que la economía de Panamá tiene aproximadamente el tamaño de Dakota del Norte. Los obstáculos que retardaron y frustraron este acuerdo tienen muy poco que ver con el comercio en sí y probablemente resurgirán en el futuro cercano en cualquier debate relacionado a las negociaciones e implementaciones de acuerdos de libre comercio.

(Incluso si el objetivo es solamente promover las exportaciones, el gobierno estadounidense tiene mejores maneras de hacerlo que meterse con las normas de propiedad intelectual de Panamá. La expansión del Canal de Panamá planificada desde hace mucho terminará en 2014; si el congreso seriamente quiere promover el comercio, debería trabajar para asegurarse de que los puertos estadounidenses puedan recibir a los nuevos barcos tamaño Panamax que estarán atravesando el canal.)

EE.UU. ha firmado 12 acuerdos de libre comercio con 17 países entre el 2000 y 2007 y ninguno desde ese entonces. El presidente Obama está trabajando en la Alianza Transpacífica, que actualmente incluye a otros 10 países —pero ya tenemos acuerdos con todos menos cuatro de ellos. El gobernador Romney ha propuesto firmar más acuerdos con países en América Latina, pero no hay muchos países que quedan en la región que estarían interesados. Un acuerdo de libre comercio genuino con Brasil sería excelente, pero probablemente requeriría una reforma en EE.UU. a los subsidios agrícolas— algo difícil de vender y que requiere de coraje político y un compromiso con la liberalización comercial.

La entrada en vigencia del acuerdo con Panamá ayer irónicamente marca un punto bajo en la salud del consenso acerca del libre comercio. Es muy revelador que los acuerdos de libre comercio ahora se llaman “acuerdos de promoción del comercio” o simplemente “alianzas”. El lenguaje del libre comercio está muy necesitado de un renacimiento para estar seguros de que estos acuerdos no se conviertan en herramientas para que los exportadores promuevan sus intereses especiales. Expandir las exportaciones, mejorar la innovación en EE.UU. y crear trabajos debería ser mencionados como (algunos de) los beneficios del libre comercio, no como los objetivos de la política del comercio administrado. El libre comercio debería ser el único objetivo.

Del.icio.us Digg