República de Banania

Tomo prestado el nombre del portal “República de Banania” para compartir el siguiente relato. Banania es un país de cualquier tamaño. Su ubicación geográfica está desparramada por lo ancho y largo del globo terráqueo y sus habitantes, a pesar de sus diferencias étnicas y lingüísticas, se parecen mucho más de lo que se dan cuenta.

En Banania, las leyes son meras sugerencias. Guías de conducta obligatoria para los que estorban, pero opcionales para los Luis XVs que en Banania se eligen como gobernantes y que administran sus gestiones con mentalidades de corto plazo, reflejo de que realmente viven aquello de “Después de mí, el diluvio” como filosofía.

En la República de Banania hay democracia, pero parecería que está pegada con cinta adhesiva usada, porque la pobre ciudadanía bananera está siempre en riesgo de amanecer con la noticia de que en un madrugón se destituyeron los magistrados de sus salas constitucionales por cometer el atrevimiento de fallar en contra de los intereses de otros políticos. Tampoco es raro en Banania que los Napoleones y Cleopatras que reinan decidan callarle la boca a la molesta prensa cuando pueda decir cosas que ofendan a sus reales majestades.

Es de lo más común en Banania que los emperadorcitos que gobiernan decidan sin mayor remordimiento hacer uso privado de los fondos que recaudan del esforzado contribuyente bananero, sin que por ello haya consecuencias. Aparte, cuando la cuenta corriente se empieza a quedar vacía, se recurre a exprimir más al contribuyente bananero, lo que con el discurso correcto siempre trae excelentes resultados para los emperadorcitos.

El gobierno de Banania crece a pasos más acelerados que su economía, y cosas que puedan ofender los gustos personales de los mandamases (como la Coca Cola o cualquier porquería de esas que vienen del Norte) quedan prohibidas. La otra cara de la moneda es que toda cosa que agrade y convenga al gobernante bananero se vuelve obligatoria, probablemente para ahorrarle al ciudadano de Banania el esfuerzo extenuante de tener que decidir sobre lo que mejor le conviene. Una curiosidad más que hace a Banania diferente, es que los gobernantes son también magos: son capaces de hacer desaparecer los derechos de propiedad automáticamente, simplemente con pronunciar la palabra mágica “Exprópiese”.

Parece un cuento macabro la descripción de Banania, donde las leyes con mejores records de cumplimiento son la ley del mínimo esfuerzo y la ley de la selva. Sin embargo, Banania es real. Todo lo anterior se cumple en Honduras y en Ecuador, en Argentina y en el Congo, en El Salvador y en la India, en Venezuela y en las Filipinas, en Bolivia y en Nicaragua. Bienvenidos a Banania, el lugar donde pasa de todo y nadie hace nada.

Publicado originalmente en El Diario de Hoy (El Salvador) el 9 de diciembre de 2012.

Del.icio.us Digg