¿Qué preocupa a un liberal?

Un liberal sostiene que la libertad es el valor fundamental sobre el cual debe organizarse la sociedad y que la Libertad es aquella situación en la cual las personas no se hallan sujetas al uso de la violencia contra ellas y sus bienes.

Para un liberal el Estado es, ni más ni menos, un mal necesario, porque los gobernantes son y han sido los más propensos a usar la violencia contra los ciudadanos y sus propiedades. Sólo es posible tolerar la existencia del Estado si –y sólo si– asume la responsabilidad de protegernos contra la violencia de otras personas. Si el Estado no cumple con esa función, pierde su razón de ser y sólo representa el permanente riesgo de que los gobernantes usen ilegítimamente la violencia contra sus ciudadanos. Por ello, la preocupación fundamental de un liberal es limitar el poder del Estado a lo estrictamente necesario para la protección de las personas y sus bienes. Otorgarle más poder al Estado es simplemente dotarlo de armas para que esclavice y agreda a los ciudadanos.

El Estado no genera prosperidad alguna. Todo lo que el Estado le entrega a un ciudadano se lo ha quitado previamente a otro. En efecto, el Estado se limita a apropiarse ilegítimamente de los bienes de los ciudadanos para luego entregarlos en manos de gobernantes que diseñan políticas públicas y planes de gobierno cuyo objetivo fundamental es mantener en el poder al partido o clase gobernante. En el mejor de los casos, el Estado organiza unos servicios públicos deficientes y paga una burocracia parásita que se organiza en sindicatos que tratan de incrementar sus beneficios laborales mediante huelgas y otros mecanismos violentos, olvidando que quien paga sus salarios no es el gobernante de turno, sino el conjunto de los ciudadanos a quienes se expolia en beneficio de esa burocracia paquidérmica. En el peor de los casos, el Estado se dedica a organizar ejércitos que jamás batallan, que libran guerras injustas o que, simplemente, se corrompen para vulgar beneficio de los gobernantes y sus amigos.

¿Cómo ocurre esa apropiación por parte del Estado de los bienes de los ciudadanos? En la mayoría de los países a través de los impuestos. En forma descarada, el Estado les arrebata a sus ciudadanos aproximadamente la mitad de la riqueza que generan. En otros países, como Venezuela, el Estado combina los impuestos con la apropiación total y permanente de la fuente principal de la riqueza nacional, en nuestro caso, el petróleo, situación que jamás es cuestionada porque los ciudadanos creen que son propietarios colectivos de esa riqueza, cuando la realidad es que sus únicos propietarios son aquellas personas a quienes ingenuamente eligen para dirigir el Estado.

¿Por qué los ciudadanos toleran semejante estafa? Básicamente porque los políticos han sembrado por siglos la semilla de la envidia y el resentimiento contra los ricos, los cuales comprenden desde el dueño de la bodega del barrio hasta el magnate transnacional. Asumimos que el Estado les arrebatará parte de su riqueza la cual creemos ilegitima adquirida e ingenuamente pensamos que nos va a tocar nuestra parte en ese robo. Y si finalmente nada nos toca por lo menos queda la satisfacción del daño que se le hizo a los adinerados.

No obstante, la simple envidia y el resentimiento no hubieran servido para consolidar ese modelo de Estado. Era necesario un barniz intelectual que le diera fundamento “científico” a la supuesta ilegitimidad de la riqueza del empresario. Para eso llegó el Marxismo con su falaz tesis de la apropiación de la plusvalía por parte del capitalista. Asumida esa verdad “científica”, cualquier impuesto no sólo es justo sino también condescendiente porque lo que el empresario merece es la pura y simple confiscación de sus propiedades.

Desmontar toda esa envidia, ese resentimiento y esa falaz tesis económica, es una labor imprescindible si la humanidad no quiere hundirse en el fango de la miseria. Se trata de una tarea titánica. Desde la TRINCHERA LIBERAL de CEDICE (Venezuela) sólo aspiramos a poner un grano de arena semanalmente. Quizás jamás logremos que la mayoría se convenza de la ilegitimidad de la actuación del Estado, pero a lo mejor podemos convencerlos de que el capitalismo sin adjetivos redunda en mayor prosperidad para todos, aunque nos resulte antipático.

Publicado originalmente en Notitarde (Venezuela) el 12 de febrero de 2013.

Del.icio.us Digg