Después de Chávez, ¿el diluvio?

Este fin de semana crecieron los rumores sobre el aparente estado de salud crítico de Hugo Chávez. El Nuevo Herald reportó que el presidente venezolano podría estar sufriendo de cáncer de próstata. El 9 de junio, mientras visitaba Cuba, Chávez fue operado de emergencia de un “absceso pélvico”. Desde entonces el caudillo verborraico, el mismo que durante más de una década ha saturado las señales venezolanas con interminables discursos televisados, ha estado sospechosamente ausente. Todo lo que tenemos es una foto distribuida a la prensa que muestra a Hugo Chávez sosteniéndose de Fidel Castro (de 84 años) y su hermano Raúl (de 80).

La especulación aumentó el sábado luego de que Nicolás Maduro, el Ministro de Relaciones Exteriores de Venezuela, dijera que Chávez estaba librando “una gran batalla por su salud” al tiempo que admitía que el mandatario no está bien. Pero tal vez la declaración más preocupante vino del hermano mayor de Chávez, Adán, gobernador del estado de Barinas, quien advirtió ayer que los partidarios del presidente deberían estar listos para defender la revolución con las armas. “Sería imperdonable limitarnos solamente a lo electoral, no considerar otros tipos de lucha, incluyendo la lucha armada”, dijo el hermano mayor de Chávez.

Aquí es donde la situación podría volverse extremadamente peligrosa. Nadie sabe lo que le podría ocurrir al chavismo sin Hugo Chávez. Mucha gente esperaba que Chávez recurriera a la violencia el próximo año si no era reelegido (una posibilidad real dado el descontento popular debido a los altos precios de los alimentos, la escasez de comida y energía y la creciente delincuencia). Para este fin, Chávez ha creado una milicia socialista, armando hasta los dientes a decenas de miles de simpatizantes que están determinados a “defender la revolución” sin importar las consecuencias. De igual forma, Chávez promovió al General Henry Rangel Silva a la cabeza de las Fuerzas Armadas luego de que Rangel afirmara que las fuerzas armadas no permitirían que la oposición gane la elección presidencial del 2012. Sin embargo, en todos estos escenarios, era Chávez siempre el que tomaba las decisiones.

Si Chávez muere, o queda permanentemente incapacitado, la pregunta es: ¿Quién tomará el poder en Venezuela y en el chavismo? La constitución requiere que el vicepresidente Elías Jaua sea juramentado como presidente. No obstante, es muy probable que la ausencia de Chávez inicie una lucha fratricida por el control del poder gubernamental entre las distintas facciones del chavismo. Durante sus 12 años en la presidencia, Chávez se ha asegurado diligentemente de que no haya ningún sucesor aparente. Los caudillos no tienen verdaderos vicepresidentes, una situación que podría derivar en caos si es que el caudillo muere mientras está en el poder.

Un paralelo histórico puede hallarse en la muerte de Juan Domingo Perón en 1974 en Argentina. Su esposa, Isabel, era su vicepresidenta y asumió la presidencia luego de la muerte de Perón, como lo requería la constitución. Sin embargo, su gobierno estuvo marcado por una creciente violencia por parte de los “Montoneros”, un grupo terrorista que decía mantener viva la herencia izquierdista de Juan Domingo Perón. La situación llegó a un punto crítico cuando las Fuerzas Armadas destituyeron a Isabel Perón en un golpe militar en 1976 y libraron la llamada “guerra sucia” contra elementos de izquierda de la sociedad, lo que resultó en el asesinato y desaparición de 30.000 personas durante 7 años. La muerte de Perón y la ausencia de un sucesor viable condujeron al caos y la matanza.

La fuerza motora de los distintos grupos dentro del chavismo es la corrupción, no la ideología. Como lo Gustavo Coronel documentara en un estudio publicado por el Cato Institute en el 2006, la corrupción es la norma en la Venezuela de Hugo Chávez, y penetra todos los niveles del gobierno, incluyendo a elementos poderosos de las fuerzas armadas. Es poco probable que aquellos que se han estado enriqueciendo durante los últimos 12 años se retiren en caso de que muriera su líder. Por lo tanto, podría darse una lucha violenta por el control del gobierno dentro de los rangos del chavismo.

La oposición democrática de Venezuela debe jugar sus cartas con cuidado. Si Hugo Chávez muere o queda incapacitado, la oposición debería exigir que se respete la constitución y que el vicepresidente Jaua asuma hasta que se lleven a cabo las elecciones presidenciales del próximo año. La comunidad internacional, particularmente la Organización de Estados Americanos, también debería ser firme en declarar que Venezuela enfrentaría un aislamiento diplomático internacional (por ejemplo, expulsión de la OEA, prohibición de viajar para los líderes del régimen, congelamiento de cuentas bancarias, etc.) si elementos dentro del gobierno realizan un golpe de estado o intentan permanecer en el poder mediante la lucha armada.

Para el 5 de julio conoceremos la gravedad del estado de salud de Chávez, ya que para ese día él había convocado a varios mandatarios a Caracas para celebrar el bicentenario de Venezuela. Si Chávez cancela el agasajo, o si se ausenta, esto dará indicios de que su salud se ha deteriorado gravemente y la especulación acerca de su sucesión será incontenible.

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