La oposición en Venezuela no entiende

La campaña electoral está a toda marcha en Venezuela con los seis candidatos que compiten por la candidatura de la Mesa de la Unidad (MUD), el movimiento opositor que nominará a un candidato único que le hará frente a Hugo Chávez en octubre de 2012.

Luego de 13 años de un gobierno socialista que ha dilapidado la economía venezolana y que incluso ha generazo escasez de gasolina en la rica nación petrolera, uno esperaría que los candidatos opositores ofrecieran un giro de 180 grados con respecto a las políticas estatistas de Hugo Chávez. Desafortunadamente, este no pareciera ser el caso.

Veamos por ejemplo al partido Primero Justicia, cuyo candidato presidencial Henrique Capriles Radonski, está liderando las encuestas. Capriles no ha dicho mucho sobre qué modelo económico apoya. Sus declaraciones se limitan a generalidades como “A mí hay una sola cosa que me obsesiona…que Venezuela tenga progreso”. Como gobernador del estado Miranda, a Capriles le gusta comparar su enfoque con el del ex presidente brasileño Lula da Silva: políticas macroeconómicas responsables combinadas con robustos programas sociales.

Sin embargo, la doctrina de Primero Justicia parece ser algo más específica en cuanto al papel que debe jugar el Estado en la sociedad. Afirma defender un “Estado Social-Humanista” que se encuentra entre “el Estado Social Burocrático que presta en forma monopolista e ineficiente los servicios sociales, y el Estado Neoliberal que se asume mínimo y claudica sus responsabilidades sociales”. En cuanto al modelo económico que Primero Justicia quiere promover, la doctrina señala que “se opone a la economía planificada socialista y a las formas económicas de tendencia liberal que convierten al mercado en un dogma”. En otras palabras Primero Justicia se ve así misma como una Tercera Vía entre el “Socialismo del Siglo XXI” de Hugo Chávez, y lo que afirma es el “dogma neo-liberal”.

A mi parecer, lo que Venezuela necesita es una ruptura absoluta con las fracasadas políticas estatistas del pasado, y no solo una versión “light” del socialismo. No obstante, un partido socialdemócrata moderno es definitivamente una mejor alternativa para el país que Hugo Chávez. Lamentablemente, durante la campaña electoral las autoridades de Primero Justicia se han mostrado más interesados en derrotar a Hugo Chávez prometiendo más asistencialismo y dádivas gubernamentales. Por ejemplo, el diario El Universal publicó la semana pasada una declaración del Coordinador Nacional de Primero Justicia, Julio Borges, donde fustigó a Chávez por no invertir lo suficiente en programas sociales. Borges señaló que su partido utilizaría los ingresos petroleros para crear un Fondo de Seguridad Social que otorgaría pensiones a “todos los venezolanos, sin importar que hayan tenido empleo formal o no”, incluyendo a amas de casa.

Cualquier observador de la historia moderna venezolana diría, “¡Otra vez!”. Por muchas décadas los políticos venezolanos, ya sea como gobierno o como oposición, han visto al Estado (y particularmente a los ingresos petroleros), como una fuente infinita de riqueza que simplemente necesita ser distribuida entre los venezolanos. Como Borges dijera en otra declaración “cada familia tendría 1.600 millones de bolívares (unos $375.000) si se distribuyeran adecuadamente y con justicia los recursos del petróleo”.

Henrique Capriles lanzó formalmente su candidatura presidencial la semana pasada. Los venezolanos tienen otras preocupaciones aparte de las necesidades económicas que jugarán un papel importante en las elecciones del año que viene, como el alarmante aumento de la criminalidad (Venezuela actualmente es el país más violento de Sudamérica) y la constante erosión de las libertades políticas y civiles. Sin embargo, Capriles está mal aconsejado si piensa que puede derrotar a Chávez jugando la carta populista de ofrecer más ayudas gubernamentales a los venezolanos.

Los venezolanos se merecen una verdadera alternativa a Chávez. Se merecen un candidato que prometa el regreso a un Estado de Derecho democrático. Las elecciones de octubre de 2012 también deberían ser algo más que elegir un nuevo distribuidor en jefe en el Palacio de Miraflores.

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