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Hambre en Venezuela

Protestas de oposición en Caracas

Protestas de oposición en Caracas

El hambre es muy una palabra fuerte. Esta evoca imágenes de la hambruna y la miseria en las naciones fallidas al otro lado del mundo. Yo era reacio a utilizarla para describir la situación en Venezuela. He visitado ese país cuatro veces en los últimos siete años y he presenciado su declive económico de cerca. Durante un viaje a la ciudad industrial de Barquisimeto, en noviembre de 2014, vi por primera vez los efectos de la escasez, con cientos de personas haciendo fila fuera de una farmacia para conseguir papel higiénico y pasta de diente. Yo sabía que las cosas se habían deteriorado aún más, dado a los informes de escasez generalizada de alimentos en todo el país. Pero, ¿hambre?

Regresé a Venezuela el mes pasado esperando multitudes caóticas y filas en todas partes de la ciudad. Y ciertamente ese fue el caso: Vi líneas afuera de supermercados, farmacias, panaderías y, reveladoramente, embajadas (personas que tratan de conseguir su papeleo listo para salir del país). Pero no estaba preparado para descubrir que mis amigos y colegas están luchando para comer adecuadamente. Ellos no lo dicen abiertamente. Después de todo, los venezolanos son un pueblo orgulloso. Pero después de mis primeras interacciones con ellos, me di cuenta de que el tema principal en todas las conversaciones era la comida: ¿Cuándo fue la última vez que comieron carne? ¿Cuánto tiempo han estado sin beber leche, etc.?

Es cierto que en este viaje no interactué mucho con venezolanos pobres. Mis amigos y colegas son de clase media, o lo que queda de ellos: el salario mínimo es de sólo $ 33 por mes, y los salarios de la clase media no son mucho más elevados que eso. Aún así, me horroricé al darme cuenta de que si las personas que conozco están luchando para comer adecuadamente, los más pobres de hecho pasan hambre.

Esta semana el New York Times publicó un reporte desgarrador acerca de la magnitud del hambre en Venezuela. El país que recibió cerca de $1 billón (“trillion” en inglés) en ingresos petroleros durante la última década y media, ahora sufre una crisis humanitaria de proporciones significativas. No olvidemos nunca, o permitamos que otros olviden, que este es el resultado final de todavía otro fracasado experimento socialista.

Impresiones sobre los Papeles de Panamá

La prudencia es uno de los cuatro valores cardinales. Algunos la definen como “la capacidad de analizar y comprobar información antes de tomar una decisión, evaluando sus consecuencias”. Ciertamente todos en la vida hemos pecado de imprudentes, saltando a conclusiones, señalando culpables y exigiendo cuentas de manera precipitada. Pero se supone que con los años –y las lecciones que nos da la vida– aprendemos la virtud de ser prudentes y de meditar bien nuestras acciones. Esta semana, con las revelaciones de los Papeles Panamá, es un buen momento para ejercer la prudencia.

Me referiré aquí exclusivamente a las revelaciones que tienen que ver con nuestro país, ya que el espacio no da para comentar el alcance mundial de la filtración de todos los documentos de la firma panameña Mossack Fonseca. Pero incluso si nos limitamos a Tiquicia, hay mucho que comentar.

Imprudencia de medios de comunicación: A dos medios de comunicación nacionales se les confió la publicación en Costa Rica de los documentos filtrados: Semanario Universidad y AmeliaRueda.com. Según el primero, desde hace 5 meses vienen trabajando en la información (74.958 documentos), por lo que cualquier impertinencia cometida a la hora de publicar la noticia no se le puede achacar a la premura. Lamentablemente el Semanario Universidad, ya sea por torpeza o por agenda política, desde un inicio incurrió en publicaciones tendenciosas cuyo resultado ha sido atizar una cacería de brujas.

Su nota principal “Empresarios y banqueros de Costa Rica refugian fortunas en paraísos fiscales“, cita a un gran número de personas (encabezados por Otto Guevara, obvio) que “aparecen” en los documentos. Pero de primera entrada el periódico no aclara en qué calidad es que estos individuos son mencionados. A partir de la publicación el domingo en la tarde, los descendientes criollos de Robespierre salieron a las redes sociales a demandar la cabeza de los implicados. Conforme han pasado las horas, y más por iniciativa de las personas aludidas que por los oficios del Semanario, hemos descubierto que muchos de estos individuos no participaron en ningún negocio turbio ni mucho menos ilícito. En algunos casos son mencionados simplemente porque iban copiados en alguna comunicación, o porque sus nombres aparecían en un papel membretado.

Lo que pudo ser una investigación interesante sobre evasión fiscal en Costa Rica, degeneró en una operación de embarre con ribetes ideológicos y políticos. Está muy claro.

Hacer negocios en Panamá no es un crimen: Para poner en perspectiva, la filtración revela el modus operandi de un bufete en Panamá dedicado a crear sociedades anónimas en el extranjero. Por lo que nos estamos enterando, en algunos casos se trataba de negocios perfectamente legítimos, en otros casos había un interés claro por eludir impuestos y en otros la intención sí era abiertamente evadirlos.

Sin embargo, la reacción ha sido ver con ojos de criminal a cualquier persona que tenga cuentas, sociedades y negocios en Panamá. Para ello debemos tener presente que dicho país no solo es nuestro vecino geográfico, sino que es un importante socio comercial con el que intercambiamos aproximadamente $800 millones en bienes y servicios cada año. Es imposible mantener una relación comercial de esta envergadura sin que coterráneos nuestros utilicen el sistema financiero y legal panameño.

Por eso, mantengamos la perspectiva (y la cordura).

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El viaje de Obama a Cuba

Al inicio del año hubo mucha especulación sobre si el Presidente Obama podía superar su histórica reconciliación con Cuba con una visita igual de histórica a la isla. La especulación se acabó con el anuncio de ayer acerca de su viaje en marzo.

Muchas cosas han cambiado durante el último año en la relación entre EE.UU. y Cuba: los lazos diplomáticos se han restaurado, los líderes de ambos países se han reunido dos veces, docenas de vuelos comerciales al día han sido autorizados, cientos de miles de estadounidenses están viajando a la otrora isla prohibida, y muchas sanciones económicas se han levantado.

Aún así hay una cosa que no ha cambiado: la naturaleza represiva de la dictadura comunista de Cuba. Si en algo ha cambiado, es que podría haber intensificado la represión. El columnista del Miami Herald, Andrés Oppenheimer, recientemente reportó que el número de trabajadores autónomos en Cuba de hecho ha caído durante los últimos seis meses. Las detenciones arbitrarias de activistas pacíficos de oposición están aumentando. Las reformas económicas todavía son demasiado tímidas. Si hay mucho entusiasmo acerca de Cuba últimamente, esto tiene que ver más con lo que Washington está haciendo que con lo que la Havana realmente está haciendo.

Esto no es para decir que la reconciliación de Obama con Cuba ha fracasado: la anterior política de Washington de aislar a la isla fue totalmente contraproducente. Pero no deberíamos engañarnos acerca de un cambio inminente en la naturaleza del régimen de los Castro.

El Presidente Obama ha dicho que el principal objetivo de su viaje será “mejorar las vidas de los cubanos”. Si es así, debería seguir los pasos de Jimmy Carter cuando visitó la isla en 2002: el ex presidente se reunió con los disidentes y se le permitió hablarle a la nación en un discurso sin censura que fue transmitido en televisión nacional, discurso en el que hizo un llamado a que se celebren elecciones democráticas, se respeten los derechos humanos y haya más libertades civiles.

Si Obama no logra obtener concesiones similares, su viaje solamente fortalecerá la posición del régimen de los Castro. Se tratará todo acerca de asegurar su legado y no acerca de tratar de mejorar las vidas de los cubanos de a pie.

El fin del principio del chavismo en Venezuela

De todos los escenarios posibles para las elecciones parlamentarias de ayer en Venezuela, el resultado acaecido es el más positivo y, para mí, el menos esperado.

Pasada la media noche en Caracas, y más de cinco horas después de que se cerraran las urnas, la titular del Consejo Nacional Electoral anunció que la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) había obtenido 99 escaños en la Asamblea Nacional, contra los 46 escaños alcanzados por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Los otros 22 escaños supuestamente permanecen demasiado reñidos como para ser determinados. Pocos minutos después, el presidente Nicolás Maduro salió al aire para admitir la derrota, al tiempo que culpó a la “guerra económica” por los resultados.

Este no era el escenario que esperaba seis horas antes, cuando el CNE ilegalmente ordenó que las urnas se mantuvieran abiertas una hora más, al tiempo que la televisión estatal sin reparos hacía un llamado a la gente a que votara por el PSUV y había reportes de hordas de partidarios del gobierno siendo conducidos a las urnas. Todavía más preocupante, una vez que se cerraron los puestos de votación, y a pesar de tener un sistema electrónico que debería producir resultados en cuestión de minutos, las autoridades electorales guardaron silencio durante cinco horas.

Parecía un déjà vu otra vez. En abril del 2013 algo similar ocurrió durante la elección presidencial entre Nicolás Maduro y el candidato de la oposición, Henrique Capriles. La MUD estaba confiada de que había ganado la elección, pero horas más tarde el CNE anunció que Maduro ganó por 1,5 puntos porcentuales. Un testimonio reciente en el Congreso de EE.UU. de Russ Dallen, editor titular del Latin American Herald Tribune, explicó en detalle cómo se cometió el fraude esa noche. ¿Se estaba repitiendo la historia?

En privado, la MUD dijo que ganó 113 escaños, lo cual le daría una mayoría de dos tercios con el poder de nombrar nuevos directores para el CNE y proponer reformas constitucionales para ser aprobadas vía referéndum. Incluso podría convocar un referéndum para revocarle el mandato a Nicolás Maduro. Una mayoría de 101 escaños le daría el poder a la oposición de destituir a ministros del gobierno. Así que la diferencia de 14 escaños entre lo que el CNE anunció y lo que la MUD dijo que ganó está lejos de ser insignificante. Es crítica para determinar lo que sucederá en Venezuela.

¿Podemos decir que este es el principio del fin del chavismo? Yo parafrasearía más bien a Winston Churchill y diría que estamos ante el fin del principio de ese movimiento político que llegó al poder hace casi 17 años. No será una transición expedita de la autocracia hacia la democracia, y el gobierno todavía puede infligir serios retrocesos. Estamos ingresando en aguas desconocidas en la relación entre el chavismo y la oposición. ¿Descubrirá Nicolás Maduro a su Montesquieu interno y empezará a trabajar de manera constructiva con una Asamblea Nacional controlada por la oposición? Lo dudo. ¿Buscará socavar los poderes del Legislativo? Eso es más probable si los precedentes nos sirven como guía.

Hoy es un gran día para los demócratas en Venezuela y alrededor del mundo. Pero queda muchísimo trabajo adelante para reconstruir las destruidas instituciones democráticas venezolanas.

Eduardo Galeano: un profeta equivocado

Eduardo Hughes Galeano, quizás el escritor más influyente de América Latina en la segunda parte del siglo XX, fue enterrado hoy en Montevideo con honores de Estado. La etiqueta por lo general dicta que tras la muerte de una persona solo cosas buenas se pueden decir de ella. En este caso, la contribución de Galeano al debate político latinoamericano es de tal magnitud que es imposible no comentarla, aún cuando sea para criticarla. Sin embargo, es importante aclarar que la crítica es a las ideas de Galeano, y no a su persona.

Si bien su obra se extendió a otros campos como la poesía, el dibujo, el periodismo y el fútbol, Eduardo Galeano debe su reputación a su magnus opus, Las venas abiertas de América Latina, traducido a 18 idiomas y que cuenta con docenas de ediciones. Este libro, escrito cuando Sudamérica empezaba a cubrirse por el manto de cruentas dictaduras militares, sirvió de parteaguas ideológico a la izquierda latinoamericana. Incluso hoy, cuarenta años después, sigue siendo el texto de cabecera en las escuelas de Estudios Generales de toda la región, así como de los departamentos de Estudios Latinoamericanos en universidades de EE.UU. y Europa.

La tesis de Galeano fue una versión conspiratoria de la teoría de la dependencia desarrollada en los años cincuenta. Esta última sostenía que el estancamiento económico de América Latina se debía a una arquitectura económica mundial donde nuestros países (la periferia) exportaban materias primas de poco valor agregado, mientras que las naciones desarrolladas (el centro) nos vendían a cambio productos industriales elaborados. La manera de romper este ciclo era mediante políticas industriales y de sustitución de importaciones dirigidas por el Estado.

Galeano fue más allá: la pobreza latinoamericana se explica por el saqueo sistemático de las potencias europeas (y posteriormente EE.UU.). Somos pobres porque ellos son ricos. Ellos son ricos porque nos han esquilmado: “Es América Latina la región de las venas abiertas”. La solución consiste entonces en la violencia revolucionaria y la expropiación de los medios de producción. Cuba ya había iniciado el camino.

La izquierda latinoamericana había encontrado su biblia. Desde entonces, Las venas abiertas de América Latina ha influenciado a varias generaciones de académicos, políticos y revolucionarios. Para miles de universitarios en toda la región, ha sido un catequismo que inspiró su animadversión por la economía de mercado, la globalización, las transnacionales y todo lo que huela a EE.UU. La izquierda carnívora sigue tomando al pie de la letra la tesis de Galeano. En el 2009 Hugo Chávez le regaló una copia del libro a Barack Obama. Pero incluso la izquierda vegetariana, aquella que no abraza la revolución ni la expropiación de los medios de producción, aún suspira con dichas líneas.

Sin embargo, el uruguayo sorprendió a propios y extraños cuando, el año pasado, renegó de su obra. “No sería capaz de leer el libro de nuevo (…) esa prosa de izquierda tradicional es pesadísima”. E incluso admitió que fue escrito “sin conocer debidamente de economía y política”. La columna Bello de The Economist lo puso de mejor manera cuando señaló que “fue casi como si los discípulos de Jesús hubieran admitido que el Nuevo Testamento fue un gran malentendido”. El acto de Galeano, añadió Michael Reid, autor de Bello, resaltaba “el fracaso intelectual de la izquierda latinoamericana”.

Galeano mostró gran valor al revocar su principal trabajo. Lamentablemente esa honestidad intelectual no le alcanzó para quitarle el apoyo a la dictadura cubana, la cual defendió a lo largo de las décadas, a pesar de los calabozos, fusilamientos y campos de concentración. Lamentablemente, su admiración al régimen estalinista de los Castro le duró hasta sus últimos días. Para la izquierda, abrazar a la dictadura cubana es un pecadillo perdonable, y quienes lo condenamos somos reaccionarios que vivimos atrapados en la Guerra Fría. Pero para quienes han sufrido sus horrores, no es peccata minuta.

Por eso recojo lo escrito por una amiga cubana que vive en Costa Rica a raíz del fallecimiento de Galeano: “que descansen los muertos y que sean libres los vivos”.

Publicado originalmente en El Financiero (Costa Rica) el 15 de abril de 2015.

¿Caerá la oposición venezolana en la trampa de UNASUR?

Ricardo Patiño en evento para respaldar al gobierno de VenezuelaUna nueva crisis política se está gestando en Venezuela conforme la economía continúa en caída libre, el malestar social crece, y el gobierno intensifica su ofensiva contra la oposición. Dos semanas atrás, el alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, fue arbitrariamente detenido bajo cargos espurios de planear un golpe de Estado. Otras figuras destacadas de la oposición están en la mira del régimen de Nicolás Maduro y podrían ser detenidas en cualquier momento.

Una vez más, la oposición venezolana, así como organizaciones internacionales de derechos humanos y expresidentes latinoamericanos, han exigido que la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) tome una posición sobre la situación en Venezuela. Bueno, ya lo ha hecho. En numerosas oportunidades, tanto el secretario general de la UNASUR, Ernesto Samper, como los ministros de relaciones exteriores elegidos para mediar en el conflicto, han apoyado de manera inequívoca al régimen de Maduro.

Luego de reunirse con Maduro días atrás, Samper dijo que “Todos los países de la UNASUR rechazan cualquier intento, interno o externo, de desestabilizar la estabilidad y tranquilidad democrática de Venezuela. Hemos recibido pruebas (de los intentos)”. Diez días después del arresto de Ledezma, Ricardo Patiño, Ministro de Relaciones Exteriores de Ecuador y uno de los “mediadores” de la UNASUR en Venezuela, realizó un “evento de solidaridad” al régimen de Maduro, afirmando que, “Estamos dispuestos a viajar a Venezuela tantas veces como sea necesario para colaborar con las autoridades revolucionarias del gobierno electo en representación de los venezolanos, y contribuir a detener lo que se presenta como un nuevo golpe de Estado que nos parece inaceptable”.

Resulta bastante evidente que la misión de la UNASUR en Venezuela es apoyar al gobierno. ¿Por qué es entonces algunos líderes de la oposición venezolana, así como otros actores internacionales, siguen esperando que esta organización desempeñe un papel constructivo en la crisis?

Pero la participación de la UNASUR no termina allí. Por alguna razón, a pesar de sus declaraciones manifiestas a favor del régimen de Maduro, la organización ha sido aceptada en el pasado como mediadora entre el gobierno y un sector de la oposición. Como tal, las negociaciones mediadas por la UNASUR han tenido dos efectos: En primer lugar, han ayudado a dividir la oposición entre aquellos que reconocen la inutilidad de negociar con una dictadura y quienes todavía creen que pueden obtener concesiones del gobierno. En segundo lugar, las negociaciones le han dado al régimen de Maduro una oportunidad para engañar al mundo haciendo creer que está dispuesto al diálogo con la oposición. Además, han ayudado a presentar a aquellos que se niegan a participar como “radicales”.

Eso es lo que ocurrió luego del arresto a Leopoldo López hace un año. López sigue languideciendo en la prisión, el gobierno desinfló la presión internacional, y la oposición está más dividida que nunca entre los que se sentaron a negociar (“colaboracionistas”, según los que se negaron a participar) y los que decían que todo era una trampa (“radicales”, de acuerdo a los que aceptaron la mediación de UNASUR).

Después de la detención de Ledezma, ¿caerán una vez mas los elementos “moderados” de la oposición en la trampa de aceptar la mediación de UNASUR?

Ayuda estadounidense empodera al crimen organizado de México

Hace dos semanas escribí un artículo en El País donde presenté el caso contra la propuesta de la administración Obama de entregar cientos de millones de dólares en ayuda externa a gobiernos de Centroamérica con el objetivo de luchar contra el crimen organizado, promover la seguridad y fomentar el desarrollo económico. En mi nota escribí que “…dar mil millones a gobiernos con lúgubres historiales de transparencia y derechos humanos empoderará a políticos corruptos en detrimento de los centroamericanos a los que se pretende ayudar”.

La semana pasada, Jesse Franzblau publicó un artículo bastante revelador en The National en el cual demostró cuán contraproducente esta ayuda puede ser. En su ensayo, Franzblau publicó documentos clasificados que muestran cómo las autoridades estadounidenses han continuado enviando millones de dólares a las agencias de seguridad mexicanas a pesar de saber que esas mismas fuerzas se encuentran infiltradas por los carteles de las drogas. Este dinero era parte del Plan Mérida, un programa de $2.600 millones destinado a ayudar a México en su lucha contra los cárteles de la droga.

En algunos casos, los documentos parecen demostrar los esfuerzos de los funcionarios de EE.UU. para encubrir o minimizar graves abusos contra los derechos humanos cometidos por las fuerzas de seguridad mexicanas de tal forma que no se viera afectada la continuidad del Plan Mérida.

Como Franzblau señala:

Si bien las leyes de EE.UU. explícitamente prohíben la entrega de ayuda tanto a extranjeros como a unidades implicadas en la violación sistemática de derechos humanos, la información interna sobre la implementación de los programas de Mérida revela que las conexiones institucionales con el crimen organizado se pasan por alto constantemente, son ignoradas u ocultadas del escrutinio público; al mismo tiempo que el dinero sigue fluyendo para la lucha contra las drogas.

Esto es sumamente serio. En lugar de ayudar en la lucha contra los cárteles de la droga, la asistencia de EE.UU. podría estar otorgándoles más poder. Como mencioné en mi artículo, hay evidencia bien documentada acerca de cómo los organismos de seguridad y los sistemas judiciales de los países centroamericanos han sido infiltrados por poderosas organizaciones criminales, desde los cárteles de droga hasta maras.

El artículo de Franzblau también muestra un fenómeno bien documentado acerca de la ayuda externa: una vez que comienza a ser distribuida, la burocracia encargada de administrarla tiene un incentivo para ignorar la evidencia respecto si se está cumpliendo sus objetivos o si más bien resulta contraproducente, ya que cancelar la ayuda pondría en peligro la existencia de la misma burocracia. En este caso particular, Franzblau menciona que “los funcionarios estadounidenses eran muy conscientes del efecto que los informes de abusos podrían tener en el Plan Mérida”.

No hay razón alguna para creer que el oneroso plan de ayuda de la administración Obama para los gobiernos centroamericanos no sufrirá los mismos defectos que Jesse Franzblau expone en su artículo.

Este post fue publicado originalmente en Cato @ Liberty el 2 de marzo de 2015.

La decisión histórica de Obama sobre Cuba

El anuncio del presidente Obama sobre el cambio en la política de su país hacia Cuba es histórico. Dado el estatus osificado de la relación entre ambas naciones —congelada en el tiempo por décadas a pesar de la caída del Muro de Berlín y el fin de la Guerra Fría— la nueva actitud de Washington es significativa y bienvenida.

Las medidas anunciadas por Obama —un intercambio de espías que se encontraban prisioneros, un relajamiento de algunas restricciones económicas y para viajar, el inicio de discusiones para restablecer relaciones diplomáticas formales— van lo más lejos posible dentro del margen de acción que tiene el presidente sin requerir autorización del Congreso. Desde que se aprobó la Ley Helms-Burton en 1996, el levantamiento de las sanciones económicas más importantes, particularmente del embargo comercial y la prohibición que tienen la mayoría de los estadounidenses para viajar a la isla, requiere de la aprobación del Congreso. A diferencia de las anteriores medidas ad hoc hacia Cuba, las iniciativas económicas anunciadas por el presidente constituyen un cambio significativo de política, y parecen seguir de cerca las recomendaciones hechas en su momento por el Cuba Study Group en un estudio publicado el año pasado. 

Como parte del acuerdo, Cuba liberó al contratista estadounidense Alan Gross luego de cinco años de encarcelamiento. Gross fue arrestado mientras trabajaba para expandir el acceso al Internet de la comunidad judía de La Habana, un acto que las autoridades cubanas consideraron que “atentaba contra el Estado”.

La decisión del presidente Obama no debería ser controversial. La política de EE.UU. hacia Cuba es un fracaso a todas luces. No ha traído democracia a la isla y más bien le ha brindado una excusa al régimen de La Habana para presentarse como víctima de una agresión estadounidense. Además, ha servido de chivo expiatorio para explicar el deplorable estado de la economía cubana. Más aún, según reportes del mismo gobierno estadounidense, el embargo incluso compromete la seguridad nacional de EE.UU.

En cuanto a las medidas económicas, son importantes por su simbolismo, aunque limitadas en su probable impacto hasta el tanto Cuba mantenga en pie su fracasado sistema económico. El próximo Congreso estadounidense debería continuar lo que el presidente Obama inició, y levantar de una vez por todas el embargo comercial y acabar con la prohibición de viajes a Cuba.

Justicia a la venezolana

Esta semana un juez venezolano acusó a la líder opositora María Corina Machado de conspirar para matar al presidente Nicolás Maduro. Si se le declara culpable, podría pasar hasta 16 años en prisión. ¿Puede ella esperar un juicio justo de parte del Poder Judicial de Venezuela?

En lo absoluto, según las conclusiones de una investigación dirigida por tres abogados venezolanos y publicada en un libro nuevo, El TSJ al servicio de la revolución< &em>. Según este documento, desde el 2005 el sistema judicial de Venezuela ha emitido 45.474 sentencias, pero ni una sola vez ha fallado en contra del Estado.

El destino de Machado, por lo tanto, depende totalmente de los caprichos de Maduro y su séquito. El precedente de Leopoldo López, otro líder de la oposición que está encarcelado desde febrero tras haber sido acusado de provocar incendios y conspirar, no indica un resultado favorable para Machado.

Una agenda liberal para Costa Rica

Comparto con ustedes el discurso que di el 13 de noviembre en la cena anual de la Asociación Nacional de Fomento Económico (ANFE) donde me honraron con el Premio ANFE a la Libertad 2014:

Buenas noches.

Agradezco profundamente a la Asociación Nacional de Fomento Económico por el honor que me brindan al otorgarme este Premio ANFE a la Libertad. Lo recibo con mucha humildad y consciente de que mi trayectoria a favor de las ideas liberales palidece en comparación con la gente que me precede recibiendo este galardón; individuos de la talla de Rodolfo Piza Escalante, Alberto di Mare, Jorge Corrales, Cecilia Valverde, entre otros.

Quiero iniciar agradeciéndole también a la persona que me introdujo a estas ideas: Otto Guevara. Fue hace 16 años cuando, en mi primer año de universidad, le toqué la puerta para pedirle que me explicara eso del libertarismo. No fue una venta fácil, pero mi escepticismo inicial fue dando paso a un convencimiento cada vez más profundo, que luego desembocaría en convicción. Y fue precisamente un noviembre hace 16 años que Otto me abrió las puertas de su despacho para permitirme trabajar como su asistente ad honorem. Si no hubiera sido por esa oportunidad, hoy no estaría aquí con ustedes.

En estos 16 años en que he estado involucrado en la promoción de las ideas liberales, son muchos los amigos y las experiencias que he cultivado, tanto aquí en Costa Rica como en todas las Américas. Para mí es un gran honor compartir esta causa con ustedes, y quiero agradecerles a quienes con sus críticas y consejos han contribuido a enriquecer mis planteamientos. Tomo las palabras de Carlos Alberto Montaner sobre los liberales para resumir mi sentir: “No hemos alcanzado la victoria, y tal vez no la alcancemos nunca, pero ha valido la pena estar en la batalla. Ha sido hermoso estar en las trincheras”. Y, agrego, ha sido hermoso no solo por la satisfacción que brinda esta causa, sino también por la compañía.

¡Y vaya batalla en la que estamos! Los liberales costarricenses nos encontramos ante una coyuntura delicada en este 2014. Por un lado tenemos ante nosotros una administración en Zapote que abiertamente suspira por regresar el país a los años setenta, a un Estado que, en palabras del presidente Luis Guillermo Solís, llegue a ser “tan grande como sea necesario para manejar de forma eficaz la economía”. Sin embargo, ante nosotros también tenemos un modelo que, si bien abrió la economía costarricense en las últimas tres décadas, es profundamente mercantilista en su naturaleza.

La apertura económica que ha experimentado Costa Rica a partir de mediados de los ochenta nos ha dado un ritmo de crecimiento económico que se encuentra entre los más altos de América Latina. No obstante, las cifras oficiales indican que el país ha fracasado consistentemente en reducir la tasa de pobreza por debajo de la barrera del 20 por ciento. Según los últimos cálculos del INEC, la pobreza incluso aumentó en el último año y ahora afecta a más de un millón de costarricenses. Esto debe servir de prueba inequívoca del déficit social del modelo.

Una mirada detallada a las medidas de liberalización que se han implementado en los últimos 30 años revela el fuerte sesgo mercantilista de estas. Gobiernos sucesivos adoptaron regímenes monetarios, comerciales, fiscales y regulatorios que beneficiaron a sectores específicos a expensas de la población en general, especialmente de los más pobres.

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