Impotencia frente a la arbitrariedad

Recientemente vi la película “Relatos salvajes” (2014). La película tiene un formato un tanto inusual, constando de seis historias de venganza que no están relacionadas entre sí. Aquí les quiero comentar un poco acerca del relato que encontré de lo más ilustrador. Ilustra de manera singular la arbitrariedad con que se hace cumplir la ley en muchos de nuestros países, el abuso de poder por parte de los burócratas y la impotencia de ciudadanos comunes y corrientes que tratan de realizar su vida normal en medio de la incertidumbre resultante de este lío.

El relato trata de un ingeniero experto en explosivos, Simón Fischer (alias “Bombita”). Fischer pretendía, luego de terminar su trabajo, pasar comprando una torta para llegar puntual al cumpleaños de su hija. Mientras compraba la torta una grúa se le lleva su auto a un estacionamiento de vehículos remolcados por parquearse donde no está permitido. Acto seguido, Fischer acude al remolque a recuperar su auto, sin antes hacer notar que no había forma de saber que estaba prohibido estacionar allí. Ver en el siguiente clip el diálogo entre Fischer y el burócrata de tránsito:

La arbitrariedad, la actitud “pague primero, después reclame”, la verdad oficial por sobre la verificación con los hechos del caso, son todas lamentablemente cosas normales en países donde hay un Estado de Derecho débil. Ciertamente, muy buen material para este tipo de comedias negras. No tan agradable si lo de Bombita, que es un relato ficticio, se parece demasiado a nuestra realidad.

Hacia el final del relato Fischer le increpa a otro burócrata de la agencia de tránsito de la ciudad: “Los que trabajan para delincuentes, ¿qué son? Otros delincuentes…”. Un señor que acompañaba a Fischer en la fila para pagar multas de tránsito le comentó que hay que “relajarse” y simplemente “pagar” porque de no hacerlo uno se complica la vida. Bombita no se relajó y terminó sin trabajo, divorciado, y en la cárcel (por hacer justicia con sus propias manos, cosa que no justifico). Al menos parece que su familia, sus compañeros en la cárcel, y muchos en redes sociales parecen haber encontrado en él un héroe por atreverse a resistir ese ejercicio arbitrario del poder.

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Los Hepburns, Juan Trippe y el dinero

En la película El aviador (2004), el actor Leonardo DiCarpio representa al millonario excéntrico Howard Hughes. Lo interesante de esta película es que el héroe de la misma es alguien que tiene una apreciación por algo normalmente repudiado en Hollywood: “el dinero”.

En una escena Hughes va a cenar con la familia de su pareja del momento, la famosa actriz Katherine Hepburn. Los Hepburns aparentan ser una acaudalada familia con diversos intereses: “nosotros leemos libros”, le dice la mamá de Katherine a Howard. Cuando él comete el error de pensar que están interesados en escuchar acerca de sus aviones, empieza a hablar de estos y los Hepburns proceden a ignorarlo e interrumpirlo. Luego la mamá le dice: “A nosotros no nos importa el dinero Sr. Hughes”. A lo que Howard responde de manera enfática: “No les importa el dinero porque siempre lo han tenido. . . Algunos de nosotros elegimos trabajar para vivir”.

En otras escenas hacia el final de la película Hughes le da una lección a un Senador con algunas frases memorables. Entre ellas: “Yo solo soy un ciudadano privado, mientras que usted es un senador, con todo tipo de poderes”, que como dice Hughes en una de sus intervenciones, implica favorecer a determinados empresarios con monopolios creados por el Estado. Y volviendo al tema del dinero, el senador dice de Juan Trippe, el ejecutivo de PanAm (la aerolínea que gozaba de un virtual monopolio sobre los viajes internacionales), “Juan Trippe es un patriota, Juan Trippe no es un hombre que está interesado en hacer dinero”, a lo que Hughes responde con sarcasmo: “Hmm…bueno, estoy seguro que sus accionistas estarán contentos de escuchar esto”.

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Colombia no es Venezuela, pero tampoco es libre

Es cierto que, a diferencia de Venezuela, nuestro país vecino al oriente, Colombia no se destaca en las noticias internacionales por las expropiaciones arbitrarias, por la inflación ni por la escasez de productos básicos causada por los controles de precios.

El gobierno colombiano tampoco ha cerrado despóticamente medios de comunicación simplemente porque emiten noticias u opiniones que desagradan al régimen, ni ha legalizado el uso de armas letales en contra de los estudiantes que se manifiestan en las calles.

Pero nada de esto debería enorgullecer mucho a los colombianos que defienden la libertad. Raramente es buena idea compararse con el peor alumno del salón de clase para ufanarse de unas notas mediocres, y el desempeño de Colombia en cuanto a las libertades económicas y civiles es poco brillante en el mejor de los casos.

En cuanto a la economía, los políticos colombianos de todas las vertientes establecidas suelen culpar al “neoliberalismo”- aquella “tremebunda entelequia destructora” según Mario Vargas Llosa- de todo mal real o imaginario. La realidad, sin embargo, es que la libertad de mercado es bastante precaria en Colombia.

Usualmente se requiere a un extranjero para que señale el carácter poco libre y mas bien corporativista de la economía nacional. En el 2012, Juan Carlos Hidalgo, analista costarricense del Instituto Cato y autor de Libremente, me dijo en una entrevista que Colombia es un país “bastante mercantilista, con un sector privado fuerte, pero con empresas fuertes porque han sido protegidas durante muchos años por el Estado, principalmente por medio del proteccionismo comercial y de regulaciones”.

Agregó que los Tratados de Libre Comercio colombianos, denigrados tanto por la izquierda como por la derecha, “abren mucho menos el mercado local a la competencia foránea” que aquellos que firman países vecinos como Perú.

Las palabras de Juan Carlos tienen eco en lo que ha escrito acerca de Colombia el profesor de Harvard James Robinson, quien percibe un altísimo grado de cartelización o monopolio en la economía colombiana. Robinson nota que las tres mayores fortunas creadas en el país durante el siglo XX- en cerveza, bebidas gaseosas y en la banca y servicios financieros- surgieron “a partir de monopolios… protegidos y a veces blindados por el Estado”.

Aparte de esta colusión poco salubre entre grandes grupos económicos y políticos o funcionarios estatales –claramente a costa de la competencia y del consumidor– están los colosales tentáculos retardatorios de la burocracia y del fisco colombiano. Más allá yace un sistema judicial ineficiente y en muchos casos corrupto.

Según el Banco Mundial, crear una empresa legítima en Colombia requiere 8 trámites que se cumplen en 11 días. Quien intente registrar un nuevo negocio, sin embargo, rápidamente cae en cuenta de que estas cifras son bastante optimistas. Más acordes con la realidad son las cifras de 33 trámites y 1.288 días necesarios para hacer cumplir un contrato en Colombia, lo cual nos deja en el puesto número 168 entre 189 países en el escalafón Doing Business. En materia tributaria, una empresa colombiana puede perder 239 horas anuales al cumplir los requisitos para pagar 11 impuestos que suman el 75,4% de las ganancias totales, una tasa mucho mayor a la de Suiza (29%), Suecia (49%) y Dinamarca (26%).

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¿La política está de moda?

Marcha contra tv basuraEn el Perú viene desarrollándose una tendencia de la juventud a organizar marchas para protestar por los problemas que ellos entienden prioritarios. A partir de ello, es recurrente escuchar entre los jóvenes que “la política está de moda”. Si tanto tiempo hemos venido reclamando la apatía juvenil, deberíamos aplaudir entonces que los jóvenes de hoy, hacen ejercicio de su libertad de expresion y además participan de los asuntos públicos, sin embargo en la esencia de este repentino interés de la juventud en política hay dos problemas que deberían preocuparnos.

El primero es la creencia de que se está haciendo política con la sola realización de las marchas, las cuales son efímeras e impersonales, en las que nadie asume responsabilidad y en las que no se logra un cambio profundo si es que no van acompañadas de líderes, ideas, propuestas de acción, instituciones y coherencia, que sustenten y sotengan la petición de quienes marchan.

El segundo problema, es que este interés político es abordado por jóvenes con alma de prohibicionistas. Sus demandas no exigen más libertad sino que piden la participación del Estado para recortar las libertades de otros. Lo acabamos de ver con las marchas contra ley del empleo juvenil, en la que su pedido afectaba la libertad de trabajo de los jóvenes que más necesitaban un empleo. Y recientemente en la marcha contra la televisión basura. No me gusta usar el término basura, pero así lo han llamado ellos mismos, cayendo en lo que supuestamente denuncian como la falta por ejemplo de lo que se considera un “lenguaje culto y apropiado”.

Si la juventud se caracterizó por reclamar mayores libertades, hoy cree que puede usar la política para controlar la libertad de otros. Pasamos de una juventud apática, a una juventud participativa pero represiva, intervencionista, y con talante totalitario. No están dispuestos a tolerar lo que no les gusta y quieren imponer sus gustos a otros. La cuestión no está en que rechacen programas que ellos consideran que no aportan nada a la “cultura” o que “no enaltece”, o que estupidiza, finalmente son libres de ello; el inconveniente está en la soberbia y el despotismo con el que actúan al creerse capaces de decidir lo que los demás deben ver en televisión.

Es alarmante cuando aparece una generación que quiere actuar en política incitando la censura, el odio a lo diferente y a lo que no le gusta. ¿Y así hablan de renovar la política? Si es así, la política no está de moda, está en riesgo. Buscar que el Estado censure los gustos y cultura de los demás es antidemocrático y una clara muestra de intolerancia. Marchar contra lo que nos disgusta es el trabajo fácil. Proponer, debatir ideas, dialogar, educar, respetar, tolerar es el trabajo difícil, y esos valores aparentemente no están en las venas, ni en la agenda de quienes viendo promoviendo las marchas.

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Una nueva etapa para LibreMente

El liberalismo clásico comprende una serie de principios filosóficos a través de los cuales interpretar no solo cuestiones de la coyuntura política y económica, sino también el arte y la cultura popular en general. Considerando que los nuevos medios como los blogs son el canal adecuado para presentar información de manera más escueta e informal, LibreMente pretende ser un foro que complemente la pedagogía más formal del sitio Web Elcato.org.

ElCato.org es el portal a través del cual el Cato Institute contribuye al debate de ideas en el mundo hispano-parlante presentando material original de sus académicos y, en mayor medida, el de aquellos académicos y pensadores liberales de la región que de otra forma no tendrían llegada a nuestros visitantes.

Dicho esto, nos hemos propuesto que el blog LibreMente provea un espacio más informal a una nueva generación de escritores, académicos y pensadores liberales e hispano-parlantes.

Empezamos con 31 colaboradores permanentes de 14 países de América Latina y el Caribe. Esperamos que disfruten de la perspectiva que cada uno de ellos puede aportar acerca de la realidad que viven en cada uno de sus países.

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John Oliver entrena a Rafael Correa

Recientemente, por motivo de la triste masacre en París de gran parte de quienes hacían la revista satírica Charlie Hebdo, el debate acerca de la libertad de expresión ha recobrado actualidad alrededor del mundo. De manera más específica, se discute hasta qué punto debe la ley limitar la expresión para proteger a todos aquellos grupos y/o individuos que se sienten ofendidos. Flemming Rose, editor del diario danés Jyllands-Posten y quien autorizó en septiembre de 2005 la publicación de la notoria caricatura en la que sale el Profeta Mahoma con una bomba en su turbante, considera que el momento que debatimos esos límites hemos abierto la puerta a un sinnúmero de excusas para que los estados autoritarios e incluso totalitarios restrinjan el derecho de hablar libremente y persigan a minorías. Rose agrega que:

“Uno casi se siente tentado a pedirle a los Estados de Bienestar de Europa que gasten algo de dinero no en la ‘capacitación de sensibilidad’ —aprender qué es lo que no se debe decir— sino en la capacitación para ser menos sensible: aprender a tolerar. Es que si la libertad y la tolerancia han de tener una oportunidad de sobrevivir en el mundo nuevo, todos necesitamos desarrollar una piel más gruesa”.

Todo esto me vino a la mente cuando veía hoy el video del programa “Last Week Tonight” (HBO) del comediante inglés John Oliver, quien le proveyó al presidente ecuatoriano Rafael Correa con una capacitación gratuita para desarrollar una piel más gruesa o, como decimos en Ecuador, “una piel más curtida”. En su último programa Oliver se burló de los absurdos niveles de intolerancia que ha mostrado Correa y le envió un mensaje:

“Mire, presidente Correa, si usted es tan insensible, entonces Twitter y Facebook puede que no sean para usted. Y, para ser honesto, ser un líder mundial tal vez no sea para usted, a menos que pueda mejorar su tolerancia a las ofensas personales. Confíe en mi. Yo he pasado por esto. Solía ser muy sensible. Luego, me convertí en comediante y me han insultado tanto que ya no siento nada. . . Así que usted no necesita menos abuso, necesita más, usted necesita más abuso para caer del otro lado. Así que permítame ayudarlo ahora mismo”.

No se pierdan el video (4:23 mins). Tampoco se pierdan el libro de Rose sobre los nuevos ataques a la libertad de expresión alrededor del mundo: The Tyranny of Silence (Cato Institute, Noviembre de 2014).

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En memoria de Carlos Ball

Carlos Ball

Lamento informarles que el periodista venezolano y académico asociado del Instituto Cato, Carlos Ball, falleció la semana pasada. Tenía 75 años. Carlos fue un campeón de la libertad y un viejo amigo de muchos de los que conformamos el movimiento de la libertad en las Américas. Su vida fue un testimonio sobre el poder de las ideas y la vivió con un firme apego al liberalismo clásico.

Carlos fue co-fundador de CEDICE, un centro de investigaciones liberal en Caracas que celebró su aniversario No. 30 este año y con el que Cato ha trabajado de cerca durante muchos años (y que ha sido severamente acosado por el régimen chavista). Durante los ochenta, Carlos fue el editor de El Diario de Caracas, un periódico importante que fue crítico de las políticas estatales. Fue cuando Carlos representó a los periodistas venezolanos en una conferencia de la Asociación Inter-Americana de Prensa en 1987 en San Antonio, Texas y denunció los ataques a la libertad de prensa del entonces presidente Lusinchi, que Lusinchi exigió que Carlos sea despedido del periódico, requiriendo esto para la renovación del popular canal de televisión RCTV —parte de la misma empresa de medios de comunicación. Carlos fue despedido del periódico, el gobierno le formuló cargos penales y el juez que presidía el caso le dijo “Tengo instrucciones de arriba”. En ese momento Carlos abandonó Venezuela, mudándose a la Florida donde viviría el resto de su vida. RCTV recibió una licencia de 20 años. Fue la expiración de esa licencia en 2007 —que Hugo Chávez se negó a renovar, cerrando así el canal de televisión— que desencadenó una masiva protesta estudiantil en contra del gobierno ese año (Como resultado de esto, Chávez perdió un referéndum constitucional y desaceleró temporalmente su acumulación de poder).

La idea de que Venezuela estaba condenada a repetir tales experiencias y que el país pronto perdería más libertades si la libertad económica no era también respetada era un tema recurrente en los escritos de Carlos. En esto, él estaba dentro de un grupo muy pequeño de intelectuales venezolanos que desde hace décadas advirtieron en contra de la ideología del socialismo que predominaba en el sistema político y en gran parte de la sociedad venezolana. De hecho, con mucha razón él percibió al régimen de Hugo Chávez como una extensión lógica, aunque más extrema, de lo que había sucedido antes. “Chávez”, escribió, “ha profundizado, acelerado y exacerbado la corrupción, la concentración del poder, la violación de los derechos de propiedad” y el poder de la burocracia sobre la vida de la gente. En un ensayo de 1992, Carlos escribió que “la fecha fatal” para su país fue enero de 1976, cuando el presidente Pérez nacionalizó la industria petrolera. Eso “significó un cambio radical; por primera vez desde la muerte del General Gómez [1935], el poder político y económico residía nuevamente en las mismas manos: en las del jefe de Estado”.

Después escribiría: “Sin esa concentración de la riqueza nacional en manos políticas, Chávez jamás hubiera podido cubanizar a Venezuela porque fue el poder económico del petróleo lo que permitió al gobierno aplastar la libertad individual de los venezolanos”. Qué tanta razón tuvo.

En 1991, Carlos creó AIPE —la Agencia Inter-Americana de Prensa Económica— que distribuía artículos de los liberales clásicos más destacados de la región a los periódicos más importantes de Latinoamérica. También tradujo y distribuyó artículos de Milton Friedman, Gary Becker, James Buchanan y otros académicos distinguidos, introduciendo también a estos pensadores a un sinnúmero de lectores latinoamericanos. En el sitio Web en español del Instituto Cato (elcato.org) fuimos capaces de crear una página especial de Milton Friedman compuesta de una colección de artículos de Friedman, la mayoría de los cuales vinieron de AIPE. De hecho, cuando creamos elcato.org en 1998, AIPE proveyó gran parte del material que publicábamos. También proveyó un modelo que pronto adoptaríamos de publicar artículos en la región que luego colgaríamos en la página web. Para cuando Carlos cerró AIPE en 2010, había distribuido 8.788 columnas de opinión de 734 autores. El siguiente año, la Hoover Institution de Stanford University incluyó la colección completa de artículos en sus prestigiosos archivos.

El largo y trágico declive de Venezuela hacia el autoritarismo y el retraso económico lamentablemente le han dado la razón a las opiniones de Carlos. Pero como se volvió evidente para mi en una visita a Caracas hace unos meses, la erupción de protestas estudiantiles masivas y pacíficas este año muestra una nueva apreciación de la libertad entre los venezolanos. Como dijo María Corina Machado —una importante líder de la oposición que explícitamente defiende las libertades económicas, políticas y civiles— en el evento de CEDICE al cual yo asistí, el país claramente ha cambiado este año y la gente, como nunca antes, está demandando un rango amplio de libertades. CEDICE está jugando un papel importante en ese cambio y es parte del legado de Carlos Ball.

Puede leer muchos de los artículos de Carlos en español aquí y algunos artículos de él en inglés aquí.

Hace algunos meses, le envié a Carlos un artículo que escribí sobre Venezuela y que fue publicado en El Comercio (Perú). Él respondió con entusiasmo y ánimo, despidiéndose con un “¡Viva Cato!” Extrañaré a Carlos.

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Asalto a la libertad de prensa

Para incorporar algo de tierra fértil en el mar de ignorancia en que nos debatimos, se hace necesario recabar el máximo provecho del conocimiento existente, por su naturaleza disperso y fraccionado entre millones de personas. Con razón ha sentenciado Einstein que “todos somos ignorantes, solo que en temas distintos”. Al efecto de sacar partida de esta valiosa descentralización, es indispensable abrir de par en par puertas y ventanas para permitir la incorporación de la mayor dosis de sapiencia posible. Esto naturalmente requiere libertad de pensamiento y la consiguiente libertad de expresarlo, lo cual se inserta en el azaroso proceso evolutivo de refutaciones y corroboraciones siempre provisorias.

Esta libertad es respetada y cuidada como política de elemental higiene cívica en el contexto de una sociedad abierta, no solo por lo anteriormente expresado sino porque demanda información de todo cuanto ocurre en el seno de los gobiernos para así velar por el cumplimiento de sus funciones específicas y minimizar los riesgos de extralimitación y abuso de poder.

Este es el sentido por el que los Padres Fundadores en EE.UU. otorgaron tanta importancia a la libertad de prensa y es el motivo por el que se insertó con prioridad en la mención de los derechos de las personas en su carta constitucional, la cual, dicho sea al pasar, fue tomada como punto de referencia en la sanción de la argentina. Jefferson escribió en 1787 que “si tuviera que decidir entre un gobierno sin periódicos o periódicos sin gobierno, no dudaría en elegir lo último”.

Resulta especialmente necesaria la indagación por parte del periodismo cuando los aparatos de la fuerza que denominamos gobierno pretenden ocultar información bajo los mantos de la “seguridad nacional” y los “secretos de Estado” alegando “traición a la patria” y esperpentos como el “desacato” o las intenciones “destituyentes” por parte de los representantes de la prensa. Debido a su trascendencia y repercusión pública internacional, constituyen ejemplos de acalorados debates sobre estos asuntos los referidos a los llamados “Papeles del Pentágono” (tema tan bien tratado por Hannah Arendt) y el célebre “Caso Watergate” que terminó derribando un gobierno.

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¿Teníamos música, artes y libros antes de la UNESCO?

¿Tendríamos música, arte y libros sin las Naciones Unidas? El gran pianista Herbie Hancock sugiere en un artículo (en inglés) del Washington Post que nuestra vida cultural sería infecunda sin la UNESCO:

No me puedo imaginar un mundo sin música, sin arte, sin películas, sin danza, sin teatro y sin libros. Sería una existencia muy deprimente y gris, con poca cooperación y comunicación entre los ciudadanos. Las artes son el pegamento que nos mantiene unidos, el tejido cultural de nuestras vidas y siembran las semillas de experiencias inventivas compartidas a nivel mundial…

La UNESCO ayuda a asegurar que nuestro mundo siga siendo conmovedor, lleno de espíritu y de vida.

Por ejemplo: La UNESCO recientemente denominó el 30 de abril como el Día Internacional del Jazz. Esta es una oportunidad para difundir el evangelio del jazz, su mensaje de paz y cooperación y sus particulares características estadounidenses. …

La música es un ingrediente esencial en mi vida y estoy asombrado por su poder….

Por esta razón la participación de EE.UU. en la UNESCO y en las Naciones Unidas debe continuar….

Durante estos difíciles tiempos, el trabajo de la UNESCO se necesita más que nunca.

Herbie Hancock es un gran pianista y compositor, pero aquí parece haber dejado que los burócratas de la UNESCO lo lleven a esgrimir un argumento ridículo. Lo suficientemente ridículo como para recordarle a uno a Hillary Clinton, quien cuando los republicanos amenazaron con eliminar el National Endowment for the Arts (NEA) dijo: “Esta es una época siniestra para los que nos preocupamos de las artes en EE.UU. Un esfuerzo mal concebido y mal informado de eliminar el respaldo público a las artes no solamente amenaza con causar un daño irrevocable a nuestras instituciones culturales sino también a nuestro sentido de identidad y de lo que nosotros representamos como un pueblo”. Por favor… Las artes son mucho más importantes en nuestras vidas que cualquier cosa que hagan el NEA o la UNESCO. Y tienen mucho más “respaldo público” que estos modestos gastos del Estado.

Para aquellos que respaldan el gasto estatal en las artes, estudios económicos (en inglés) muestran que las instituciones de artes y cultura sin fines de lucro gastan alrededor de $63.000 millones al año. Los estadounidenses donan (en inglés) $13.000 millones al año a organizaciones de arte y cultura. Y por supuesto esos números parecen pequeños frente al gasto de los estadounidenses en actividades culturales con fines de lucro: $443.000 millones (en inglés) en 2010 en entretenimiento y $28.000 millones (en inglés) en libros.

Comparado con estos números, el presupuesto anual del NEA de alrededor de $150 millones y cualquier porción del presupuesto (en inglés) anual de la UNESCO de $325 millones que sea gastado en las artes son poca cosa. Si ambas desaparecieran, la música, las artes, las películas, la danza, el teatro y los libros continuarían prosperando (en inglés).

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El gobierno ecuatoriano y su intento fallido de vender una imagen positiva en Washington

Esta semana el gobierno ecuatoriano y los medios de comunicación del país enviaron representantes a Washington para participar en una audiencia ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) sobre el estado de la libertad de expresión y prensa en Ecuador. La audiencia se realizó ayer y aquí pueden ver el video de la audiencia. Si el gobierno ecuatoriano pretendía vender la imagen de que en Ecuador hay un Estado de Derecho que garantiza derechos humanos como la libertad expresión y prensa, pues este periplo fracasó rotundamente.

Hay tres cosas tremendamente reveladoras. Primero, la delegación de los medios de comunicación inició la audiencia presentando un video que explica de manera breve (4 minutos) y clara la clase de gobierno que tenemos hoy en Ecuador:

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