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En Venezuela, titulares que parecen broma

INN05. MANIZALES (COLOMBIA), 30/05/2014.-Fotografía del 11 de marzo de 2014 de empleados de la compañía Pugg 621. Esta empresa de la ciudad colombiana de Manizales se ha propuesto competir en el mercado mundial de la ropa interior masculina, liderado por marcas como Armani, Hugo Boss y Calvin Klein, con piezas que combinan diseños arriesgados e innovaciones para los diferentes clientes. Calzoncillos clásicos, con olores o confeccionados con telas especiales, bóxers, pantalones de pijama, bañadores y camisetas básicas forman parte de las creaciones de Pugg 621, que ya exporta a ocho países y facturó 64.000 dólares en 2013. COLOMBIA.INN/CHRISTIAN ESCOBAR MORA

Hace poco empecé a seguir la cuenta en Twitter del diario venezolano El Nacional. De repente vi en mi timeline un titular que parecía más de la cuenta humorística “Chiguire Bipolar” que de un diario de prensa tradicional. El titular decía “Costureras tienen más trabajo: venezolanos mandan a ajustar la ropa por dieta forzada“.

Al leerla todo se percibe todavía más surreal:

Desde que el venezolano se vio forzado a cambiar la dieta debido a la escasez y a los altos precios de los alimentos, muchos han perdido peso y han recurrido a las costureras para arreglar la talla de sus prendas porque comprar ropa nueva les resulta muy costoso. “Lo que más hacemos es el cambio de talla a una más pequeña. Un cliente bajó tres tallas con el cambio de dieta porque la comida está muy cara”, dijo Eufemia Abreu, encargada de un negocio de costureras en Altamira.

Hacia el final del artículo una costurera indica que aunque tienen más clientes, a estos cada vez se les hace más difícil asumir los costos de sus servicios, por los cuales las costureras se ven obligadas a cobrar más debido al alza generalizada de los precios (inflación). Una de ellas explica: “Subimos cada vez que aumentan los materiales, alrededor de cada dos meses. Cuesta conseguir hilos y cierres”. Otra costurera dice que es difícil obtener los materiales para realizar los ajustes, por ejemplo, los cierres y los hilos: “Se ponen escasos. Hace unos meses un hilo estaba en 200 bolívares y ahora en 1.000. Las agujas pasaron de 50 bolívares por unidad a 1.400. Los paquetes de 10 agujas de 120 bolívares a 4.000”.

Este episodio del “boom” de las costureras también sirve para ilustrar que simplemente crear más trabajo no necesariamente enriquece a las personas. Aunque las costureras tengan mas trabajo, parece que ni ellas ni la sociedad en su conjunto se están enriqueciendo. De hecho parece que aunque las costureras tengan más trabajo –y también lo tengan otros obligados a remendar cosas que en sociedades más ricas no necesitaran ajustes por dietas forzadas (sin mencionar la obvia incomodidad de estar sometidos a una dieta forzada) o simplemente serían sustituidas por una nueva compra– su “bonanza” particular es evidencia del empobrecimiento de la sociedad en su conjunto.

Y lo mismo sucede con los zapatos y, es de suponer, con muchísimas cosas más que en casi el resto del mundo damos por sentado.

Zootopia y la actitud liberal

Walt Disney está conformando una colección formidable de películas que presentan de manera entretenida un mensaje liberal. “The Incredibles” (2004) es una celebración de la individualidad y una condena de lo mediocre o uniforme, “Toy Story 3” (2010) es una defensa de la propiedad privada como un mecanismo para asegurar la prosperidad y la armonía social, y ahora “Zootopia” (2016) viene a ser una fina crítica a varias facetas del Estado moderno y un tributo a la mentalidad de crecimiento. Consideremos varios temas abordados en esta última.

Jeffrey Tucker de la Foundation for Economic Education (FEE) considera que “Zootopia” nos presenta una crítica al estado grande e hiper regulador que hoy está presente en muchas de las grandes ciudades. Un estado que aún siendo así, no llega a sofocar todos los emprendimientos y si logra que las personas pierdan mucho tiempo mientras que genera conflictos entre ellas.

“Zootopia” constituye una crítica al papel que juega el Estado en tratar de promover la convivencia pacífica en centros urbanos con una población altamente diversificada. A lo largo de la película hay una burla velada de las políticas estatales de acción afirmativa y de la corrección política en cuanto a los estereotipos. El Estado en la película no es un agente que promueve la paz social, sino más bien todo lo contrario. Vemos como funcionarios públicos estaban involucrados en un plan para fomentar el conflicto entre los distintos segmentos de la población.

También en la película vemos como el Estado suele ser ineficiente incluso para aquellas tareas que casi nadie cuestiona que le corresponden: la seguridad y la regulación del tránsito. En cuanto a la seguridad, vemos que el capitán de la policía antepone sus gustos personales –que no estén los conejos a cargo del trabajo de la policía– a las necesidades de los ciudadanos de Zootopia –que se encuentren las personas misteriosamente desaparecidas. Otro ejemplo de esta ineficiencia –y uno de los momentos más cómicos de la película— es la escena en la que la conejita Judy Hopps, la protagonista, descubre que el Departamento de Tránsito está manejado por osos perezosos. Para agregarle insulto a la ofensa, uno de ellos se llama “Flash” y viola el límite de velocidad con su auto personal.

Pero el mensaje principal de la película y el que encuentro de mayor relevancia para sembrar principios liberales en niños es uno que también es recomendado por expertos en desarrollo infantil para lograr el éxito en sus vidas. En el libro Mind in the Making: The Seven Essential Life Skills Every Child Needs, Ellen Galinsky destaca la importancia de inculcarle a los niños desde sus primeros años una “mentalidad de crecimiento”, de que no importa quién seas, con esfuerzo y concentración siempre puedes mejorar. Esta mentalidad se opone a la “mentalidad estática”, según la cual si importa quién eres, pues naces con ventajas y desventajas de nacimiento que en gran medida determinan tu destino. La conejita Hopps, a diferencia de sus padres y muchos otros personajes en la película, posee una mentalidad de crecimiento y está convencida que con esfuerzo y determinación logrará ser la primera coneja policía. Esa mentalidad de superación personal, de romper esquemas, de desafiar estereotipos entronizados en una sociedad, es claramente parte de una actitud liberal.

Otro mensaje de la película es aquel de la tolerancia, y no una versión idealizada de esta, sino una versión aterrizada en la realidad. Incluso las personas con la más buena fe, como Hopps por ejemplo, albergan estereotipos en contra de ciertas minorías. Lo importante es que el Estado garantice igualdad ante la ley y, en lo personal, mantener la mente abierta a nuevas experiencias y estar dispuesta a intentar distintas cosas con distintas personas, como lo hizo Hopps con su amigo el zorro Nick –con todos los costos y recompensas que este proceso de prueba y error comprende.

Al final triunfan quienes creen en un orden social complejo y diverso, donde las distintas especies, lejos de exterminarse, aprenden a cooperar. La cereza encima del pastel es la canción interpretada por Shakira “Try everything“, cuya letra refleja la humildad tan inherente en la actitud liberal: todos nos equivocamos, todos aprendemos de nuestros errores, si nos caemos tenemos que levantarnos y volverlo a intentar, tenemos que asumir los retos aún cuando parezca que hay probabilidades de fracasar (habilidad #6 en el libro de Galinsky: asumir retos).

Corrección política ahora en los Oscares

La policía de la corrección política ahora tiene como blanco de su ira a los Oscares. Spike Lee –quien lidera junto a Jada Pinket Smith el llamado a boicotear la ceremonia de los famosos galardones que se realizará el 28 de febrero— considera que algo anda muy mal en Hollywood dado que de entre 40 actores nominados en dos años no hay ni uno solo que sea negro.

Un veretano de Hollywood con 40 años de carrera, Ben Stein, reacciona así:

“Aquí está la mejor broma que he escuchado en Hollywood: que la Motion Picture Academy es racista –racista en el sentido anti-negros– porque ninguno de los nominados para mejor actor o actriz este año son negros.

{…}

La búsqueda sin fin de todos en Hollywood es ser tan pro-negros, tan Políticamente Correctos cuando se trata de negros, como sea humanamente posible.

¿Por qué los nominados no reflejan a EE.UU.? ¿Qué significa eso? El punto es reconocer el talento, no la demografía. No hubo hispánicos o asiáticos nominados tampoco. La demanda de que la mera población sea reconocida en lugar del talento sería más apropiada para ubicar restaurantes de comida rápida que para reconocer el talento en la actuación”.

El comentario de Stein me recordó las recurrentes bromas de Larry David en su excelente serie Curb Your Enthusiasm acerca del fetiche en Hollywood con “ser tan Políticamente Correctos cuando se trata de negros, como sea humanamente posible”. Como también dice Stein, “La Academia ha reconocido a los actores negros no una sino muchas veces. Deberían hacerlo. Mi experiencia es que los hombres y mujeres negros son por lo menos igual de buenos para actuar que los actores blancos”.

Así es. Recuerdo los Oscares de años recientes y se me vienen a la mente los Oscares de de Denzel Washington, Halle Berry, Monique Angela Hicks, Jennifer Hudson, Forest Whitaker. Una muestra adicional de que la Academia no parece ser racista es que el conductor de los galardones este año es Chris Rock y sería una mala manera de promover la diversidad perjudicando el rating de un conductor que, independientemente de su raza, podría ser muy entretenido. Lo paradójico es que a quienes dicen no ser racistas parece importarles más la raza que la sustancia.

Al final del día, esto se trata de talento no de raza. Meter la raza en la decisión de quién se lleva la famosa estatua sería ser, precisamente, racista. Si le interesa este tema, no deje de leer también sobre cómo Jerry Seinfeld provocó la ira de la policía de la corrección política el año pasado.

La fascinación por Pablo Escobar

A 22 años de su muerte Pablo Escobar sigue reinventando su historia. El encargado en esta ocasión es Netflix con la serie llama “Narcos”.

La serie —producida por Netflix— es una dicotomía. En partes iguales y desde cada una de sus perspectivas, “Narcos” es narrada por los protagonistas: Pablo y su visión sobre el narcotráfico y Steve Murphy, un agente de la Agencia para el Control de las Drogas (DEA, por sus siglas en inglés) encargado de cazar a Escobar.

“Narcos”, al mejor estilo de una novela de misterio, mantiene en vilo al público con cada jugada de Pablo, cada respuesta de la DEA, cada ataque de Murphy y contraataque de Pablo.

“Narcos” y todas las novelas, series y libros inspirados en el narcotráfico, olvidan mencionar que son historias de batallas pasadas de una guerra cuya crónica anuncia un eterno fracaso. A pesar que esta serie añade mucha ficción, no falla en retratar los miles de millones de dólares gastados en una cacería que no evitó que las drogas dejen de ser traficadas, ni menos provocó que la drogadicción desaparezca.

Percibir el consumo de drogas como una actividad criminal es uno de los tantos errores de esta guerra. Portugal en 2001 cambió su estrategia y enfoque hacia la drogadicción. En vez de considerar la posesión de drogas como un acto criminal, se considera como un problema de salud pública, y hacia ese problema se enfocan los recursos: prevenir su uso y evitar muertes relacionadas a su tráfico y consumo.

Este cambio en políticas públicas ha tenido un efecto positivo. Según datos del Observatorio Europeo de las Drogas y Toxicomanía, en 2007 un 12% de los adultos en Portugal reportaban un uso prevalente de drogas. En 2012 ese porcentaje bajó al 9.5%.

Las drogas siempre entraran al mercado que las demande, dejando una estela de violencia a su paso. Legalizar las drogas no es aprobar su consumo, es disminuir el costo con las que estas se trafican.

Combatir fuego con fuego, en este caso, es una pésima política pública, pero es excelente material para series y novelas. El fenómeno de Pablo Escobar también es retratado en en excelentes libros como Killing Pablo de Mark Bowden, que se enfoca en narrar el motor político, militar y económico de la cacería en contra de Pablo y cómo un país entero sufrió a consecuencia de ello.

El Nobel de literatura, Gabriel García Márquez no se quedó fuera de la vorágine de Escobar. En Noticia de un Secuestro García Márquez cuenta los meses en que Pablo secuestró a miembros de familias influyentes en Colombia, con el fin de que estos usaran su poder político a favor de Pablo y evitaran la luz verde a la extradición.

Los últimos capítulos de la cacería por Pablo están escritos en En la boca del lobo de William Rempel. El autor narra la historia de Jorge Salcedo, un colombiano contratado por el Cartel de Cali —enemigos de Pablo— como su jefe de seguridad, ya que temían ser asesinados por Escobar.

Luego de la muerte de Escobar, Salcedo permaneció dentro del Cartel de Cali, pero al intentar renunciar vio que salir de allí con vida era imposible. Así que para poder irse ofreció su conocimiento a la CIA para ayudar a derrotar al cartel. El ajedrez jugado por Salcedo en manos de sus nervios de acero es la trama del libro, el cual es imposible soltar.

Es cautivador escuchar historias de personas que para bien o para mal desafían las reglas. Tal vez por eso Pablo Escobar, uno de los mayores criminales de todos los tiempos, provoca tanta fascinación.

Lamentablemente estas historias, hoy convertidas en entretenimiento, son verídicas y a falta de adecuadas políticas públicas han desangrado y siguen desangrando a América Latina.

Los consejos de Marcel Granier a los uruguayos

El jueves 22 de octubre Marcel Granier –-presidente de la emisora Radio Caracas Televisión (RCTV)– estuvo en Montevideo invitado por el semanario Búsqueda. El objetivo era que diera a conocer en nuestro país la realidad venezolana.

Granier describió en forma elocuente la atmósfera reinante en Venezuela. Señaló que “la gente está harta de la inseguridad, de la escasez, de la inflación y de la corrupción” pero ya no protesta en la calle ni en las largas colas que debe hacer para aprovisionarse de lo más básico, “porque reina la desconfianza y el miedo”. Expresar en voz alta fastidio podría significar que a esa persona la saquen por la fuerza de allí, y ese día se quede sin poder adquirir absolutamente nada. Lo cual, en las condiciones actuales en esa nación, constituye una verdadera tragedia.

El empresario venezolano tildó a la forma de gobierno chavista de cuasi totalitaria. Explicó que hay una abismal diferencia ente una dictadura tradicional y un totalitarismo. En este último, los gobernantes aspiran a controlar y modificar por completo las mentes y los espíritus de la gente, tal como lo demuestran los conocidos casos del nazismo y el comunismo soviético. También Cuba –-que adiestró a Hugo Chávez en esas prácticas– fue situada dentro de esa categoría.

La conferencia que dio a estudiantes de periodismo de la Universidad Ort fue especialmente emotiva. La razón es que entre el público se encontraba una joven venezolana, quien pidió la palabra. Explicó que junto a su familia se vio forzada a emigrar –dadas las condiciones imperantes en su tierra natal– que añora regresar, pero le consta que es imposible por el momento. Expuso que su deseo era estudiar abogacía pero que en su entorno le decían: “¿Para qué vas a estudiar eso si en Venezuela ya no existen más ni el Derecho ni la Justicia independiente?”

Varias veces tuvo que interrumpir su alocución porque las lágrimas le impedían seguir hablando.

A nuestro juicio, esta chica personifica en forma vívida lo que significa existencial y espiritualmente los regímenes como el chavismo: la aniquilación de los sueños, el desarraigo, la frustración y el dolor.

Su madre –-quien también estaba presente– intervino para clarificar varias desinformaciones propagadas por las autoridades venezolanas y sus acólitos. Afirmó que las manifestaciones callejeras son llevadas adelante por estudiantes por iniciativa propia. En ese contexto, han habido muchas muertes y está comprobado que fueron causadas por francotiradores situados en los altos de los edificios. Señaló que por lógica, esos asesinos solo pueden responder a fuerzas del gobierno, dado que cada vez que se va a realizar una protesta se prohíbe a la ciudadanía subir a las azoteas.

De esto está perfectamente consciente la gente común, a pesar de que nadie informa nada porque la casi totalidad de la prensa le pertenece o es controlada por el gobierno. Por eso la reacción popular de indignación cuando la “jueza” Susana Barreiros condena al líder opositor Leopoldo López a “13 años, 9 meses, 7 días y 12 horas” de prisión, acusándolo de ser el culpable de los desmanes producidos durante las protestas callejeras. Por algo López antes de conocer el veredicto, le dijo a la magistrada: “Y si la sentencia no es así (absolutoria), usted va a tener más miedo de leerla que yo de escucharla”.

Uno de los estudiantes le preguntó a Granier, cómo es que se llega tan bajo y se pierden todas las libertades. Él le respondió que es un proceso paulatino y les aconsejó a los uruguayos que cuidaran a la forma republicana de gobierno, especialmente a su prensa libre y a la separación de poderes. Enfatizó que una República exige la permanente vigilancia de los ciudadanos sobre el accionar de sus gobernantes. En tal sentido, explicó que el primer paso de Chávez fue modificar la Constitución con el objetivo de poder “legalmente” someter tanto a la prensa como al Poder Judicial.

La advertencia de Granier viene como anillo al dedo en estos momentos en Uruguay. Decimos esto porque durante la pasada presidencia de José Mujica, éste tuvo varios enfrentamientos con la Suprema Corte de Justicia (SCJ), debido a que declaró inconstitucional varias leyes por él promovidas. El expresidente nunca ocultó su malestar ante esa situación, lo cual provocó que la relación entre ambos poderes fuera tirante.

Actualmente están a estudio de la Corte 19 recursos de inconstitucionalidad contra unos 60 artículos de la llamada “ley de prensa”. Asimismo, el Parlamento está discutiendo el proyecto de ley de Presupuesto enviado por el Ejecutivo, encabezado por Tabaré Vázquez (que pertenece al mismo partido que Mujica).

El referido texto causó asombro y preocupación entre los ministros de la Suprema Corte porque “no solo no recoge ninguna de las propuestas del Poder Judicial, sino que directamente no lo menciona”. Jorge Chediak –-presidente de la SCJ– declaró que es una “señal fuerte” por parte del Ejecutivo. Recalcó que la decisión de la administración Vázquez de ignorar todas las iniciativas enviadas por ellos, es “atípica”.

Chediak afirmó, que el funcionamiento de uno de los tres poderes del Estado está en problemas por falta de presupuesto –-situación que se arrastra desde el período de Mujica– y que eso “no es bueno” para la salud democrática del país. Indicó que “no hay entre las previsiones de Diputados una asignación por los menos para los rubros prioritarios que marcó la Corte en su comparecencia ante la Comisión de Presupuesto de la Cámara”. Y enfatizó, que esas prioridades estaban directamente relacionadas con la mejora del servicio a los ciudadanos.

Relacionando esta situación con la vigilancia constitucional que debe realizar la SCJ, Chediak expresó que el controlador ejercido por la Corte, “conlleva la posibilidad de que al Poder controlado no le gusten las decisiones”. Pero, “las democracias han aprendido” que ése “es el funcionamiento normal del sistema”. Imbuido de la conciencia de las mejores prácticas de gobierno, remarcó que “hay poderes que son un motor y hay un Poder, guardián de la Constitución, cuya función es frenar”.

En sintonía con los consejos de Granier, el magistrado afirmó que “todos debemos defender todas las ramas de gobierno. La democracia uruguaya es una y depende del adecuado funcionamiento de los tres poderes”.

Gracias a que en Uruguay por ahora existe una prensa libre, es que los habitantes pueden enterarse de este tipo de medidas que simultáneamente desnudan dos amenazas: una, sobre la permanencia de un Poder Judicial independiente (con todo lo que eso conlleva); la segunda –-estrechamente relacionada con la primera– sobre la sobrevivencia de las libertades de prensa, expresión y opinión.

Si queremos saber hacia dónde conduce el cercenamiento de esos dos derechos humanos, no tenemos más que observar lo que está ocurriendo en Venezuela…

Los Croods y el miedo al progreso

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Recientemente vi la película The Croods (Dreamworks, 2013) y me pareció notablemente optimista acerca del futuro y sobre la posibilidad que tenemos los seres humanos de innovar y adaptarnos a las circunstancias cambiantes de nuestro planeta. Esto es algo que contradice tantos titulares negativos con los que solemos ser bombardeados (Para recibir una dosis diarias de buenas noticias sugiero seguir la cuenta @HumanProgress en Twitter).

La película trata de una familia de cavernícolas liderada por un padre que todos los días les recuerda a todos que todo lo nuevo es malo. Le repite constantemente a su familia que han sobrevivido precisamente porque han hecho exactamente lo mismo todos los días. En nuestra época algo similar sucede con el “principio de la precaución”.

Una definición popular de este principio es aquella contenida en la Declaración de Wingspread (1998):

Cuando una actividad presenta amenazas de peligro a la salud humana o al medio ambiente, medidas preventivas deberían ser tomadas incluso si algunas relaciones de causa y efecto no han sido completamente establecidas por la ciencia.

En este contexto, quienes proponen una actividad, en lugar del público, deben cargar con el peso de la prueba.

Esto suena muy parecido a lo que decía Grug Croods, el padre de la familia cavernícola de la película. Grug se oponía a todo lo nuevo que proponía Guy, el amigo de su hija Eep. Grug también se oponía a la curiosidad de Eep. No había nada que le “demuestre” que no habría peligros al alterar en modo alguna su forma de vivir.

Es cierto que el progreso trae consigo nuevos retos y peligros, todos siendo algo a lo que nunca antes nos habíamos tenido que enfrentar. Por ejemplo, no habían muertes por accidentes de tránsito, ni emitíamos tanta emisión de dióxido de carbono antes de que se inventaran los autos. No obstante, nadie en su sano juicio abogaría por volver a un mundo sin autos, dados los múltiples beneficios que estos han aportado al progreso de los seres humanos.

Guy, en cambio cree que la filosofía de Grug los paraliza en un mundo que está llegando a su fin y no les servirá en el mundo nuevo que está por surgir. Guy los convence con su optimismo acerca del futuro de lanzarse en esa aventura que es el progreso: un camino con sus avances y retrocesos, pero que siempre será mejor debido la alta probabilidad que tienen los seres humanos de innovar y de adaptarse a las siempre cambiantes circunstancias.

Como dice Sherzod Abdukadirov (en inglés): “Los autos, la electricidad, las vacunas y muchas otras innovaciones trajeron consigo riesgos significativos. Pero solo imagínense qué tanto más riesgoso y pobre sería el mundo si hubiésemos utilizado el principio de la precaución para obstaculizar la innovación en esas tecnologías. . . Así que escuche a los Croods, si no asumiéramos riesgos e innováramos todavía estaríamos viviendo en cuevas”.

Seinfeld y la corrección política

Mi show favorito de comedia de todos los tiempos es “Seinfeld”. Desde hace poco más de un año Jerry Seinfeld, quien protagonizaba ese show, ha venido realizando unas declaraciones públicas y controversiales acerca de una restricción sutil y moderna a la libertad de expresión, restricción que es ubicua en los países desarrollados y que se está empezando a copiar en muchos en vías de desarrollo: la corrección política. Seinfeld considera a esto algo “escalofriante” pues atenta contra la comedia, contra lo chistoso. Veamos lo que dice Seinfeld al respecto de esto.

En febrero de 2014, cuando el conductor del programa BuzzFeed Brews, Peter Lauria, le preguntó que por qué siempre presentaba tantos hombres blancos en el show, Seinfeld se molestó y contestó de manera sarcástica: “Si, hablemos de eso. Mira a tu alrededor Peter [señalando la audiencia presente] ¿Qué ves? Muchos blanquitos. ¿¡Qué pasa aquí!? Uy, esto de verdad me calienta”. Luego Laria le dijo que algunas personas le habían pedido que le pregunte a él acerca de esta cuestión a lo que Seinfeld respondió:

“La gente piensa que es el censo o algo…Quiero decir, ¿acaso esto tiene que representar el verdadero gráfico de torta de EE.UU., ¿a quién le importa? Simplemente es algo chistoso. Tu sabes, lo chistoso es el mundo en el que vivo. Si eres chistoso, estoy interesado. Si no eres chistoso, no lo estoy. Y no tengo interés alguno en el género o la raza, o cualquier cosa parecida, pero todos los demás parecen estar calculando…¿será esta la mezcla precisa y adecuada? Tu sabes…y , para mi, eso es anti-comedia. Tiene más que ver con el sin sentido de la corrección política, que con el hecho de si nos estás haciendo reír o no”.

Aquí puedes ver el clip de esta porción de la entrevista con Peter Lauria.

A principios de junio de este año en una entrevista de radio Seinfeld dice que el no hace presentaciones en las universidades porque allí reina la “corrección política”. Seinfeld contó que cuando su esposa le dijo a su hija, de 14 años, que en algunos años le gustará pasar más tiempo en la ciudad para que “pueda ver a los chicos”, su hija le contestó a su esposa “eso es sexista”. Seinfeld mencionaba esto como un ejemplo de la “corrección política”: “Solo quieren utilizar estas palabras: ‘Eso es racista’. ‘Eso es sexista’. ‘Eso es prejuiciado’. Ni siquiera saben de lo que están hablando”.

En otra entrevista del mes pasado, esta en el programa “Late Night” de Seth Meyers, Meyers declaró que “Yo si creo que se supone que la comedia debe empujar los límites”. Seinfeld dijo que estaba de acuerdo, pero que por alguna razón los límites parecían seguir reduciendo la expresión sin razón alguna. Luego declaró que hay “una cosa espeluznante de la corrección política en el ambiente que realmente me fastidia”.

Todo está relacionado con el tema que viene tratando desde hace algunos años el periodista danés, Flemming Rose. Aquí pueden adquirir su libro y acá pueden leer un extracto del mismo en español, extracto que se titula “El humor es esencial para la libertad de expresión”.

Impotencia frente a la arbitrariedad

Recientemente vi la película “Relatos salvajes” (2014). La película tiene un formato un tanto inusual, constando de seis historias de venganza que no están relacionadas entre sí. Aquí les quiero comentar un poco acerca del relato que encontré de lo más ilustrador. Ilustra de manera singular la arbitrariedad con que se hace cumplir la ley en muchos de nuestros países, el abuso de poder por parte de los burócratas y la impotencia de ciudadanos comunes y corrientes que tratan de realizar su vida normal en medio de la incertidumbre resultante de este lío.

El relato trata de un ingeniero experto en explosivos, Simón Fischer (alias “Bombita”). Fischer pretendía, luego de terminar su trabajo, pasar comprando una torta para llegar puntual al cumpleaños de su hija. Mientras compraba la torta una grúa se le lleva su auto a un estacionamiento de vehículos remolcados por parquearse donde no está permitido. Acto seguido, Fischer acude al remolque a recuperar su auto, sin antes hacer notar que no había forma de saber que estaba prohibido estacionar allí. Ver en el siguiente clip el diálogo entre Fischer y el burócrata de tránsito:

La arbitrariedad, la actitud “pague primero, después reclame”, la verdad oficial por sobre la verificación con los hechos del caso, son todas lamentablemente cosas normales en países donde hay un Estado de Derecho débil. Ciertamente, muy buen material para este tipo de comedias negras. No tan agradable si lo de Bombita, que es un relato ficticio, se parece demasiado a nuestra realidad.

Hacia el final del relato Fischer le increpa a otro burócrata de la agencia de tránsito de la ciudad: “Los que trabajan para delincuentes, ¿qué son? Otros delincuentes…”. Un señor que acompañaba a Fischer en la fila para pagar multas de tránsito le comentó que hay que “relajarse” y simplemente “pagar” porque de no hacerlo uno se complica la vida. Bombita no se relajó y terminó sin trabajo, divorciado, y en la cárcel (por hacer justicia con sus propias manos, cosa que no justifico). Al menos parece que su familia, sus compañeros en la cárcel, y muchos en redes sociales parecen haber encontrado en él un héroe por atreverse a resistir ese ejercicio arbitrario del poder.

Los Hepburns, Juan Trippe y el dinero

En la película El aviador (2004), el actor Leonardo DiCarpio representa al millonario excéntrico Howard Hughes. Lo interesante de esta película es que el héroe de la misma es alguien que tiene una apreciación por algo normalmente repudiado en Hollywood: “el dinero”.

En una escena Hughes va a cenar con la familia de su pareja del momento, la famosa actriz Katherine Hepburn. Los Hepburns aparentan ser una acaudalada familia con diversos intereses: “nosotros leemos libros”, le dice la mamá de Katherine a Howard. Cuando él comete el error de pensar que están interesados en escuchar acerca de sus aviones, empieza a hablar de estos y los Hepburns proceden a ignorarlo e interrumpirlo. Luego la mamá le dice: “A nosotros no nos importa el dinero Sr. Hughes”. A lo que Howard responde de manera enfática: “No les importa el dinero porque siempre lo han tenido. . . Algunos de nosotros elegimos trabajar para vivir”.

En otras escenas hacia el final de la película Hughes le da una lección a un Senador con algunas frases memorables. Entre ellas: “Yo solo soy un ciudadano privado, mientras que usted es un senador, con todo tipo de poderes”, que como dice Hughes en una de sus intervenciones, implica favorecer a determinados empresarios con monopolios creados por el Estado. Y volviendo al tema del dinero, el senador dice de Juan Trippe, el ejecutivo de PanAm (la aerolínea que gozaba de un virtual monopolio sobre los viajes internacionales), “Juan Trippe es un patriota, Juan Trippe no es un hombre que está interesado en hacer dinero”, a lo que Hughes responde con sarcasmo: “Hmm…bueno, estoy seguro que sus accionistas estarán contentos de escuchar esto”.

Colombia no es Venezuela, pero tampoco es libre

Es cierto que, a diferencia de Venezuela, nuestro país vecino al oriente, Colombia no se destaca en las noticias internacionales por las expropiaciones arbitrarias, por la inflación ni por la escasez de productos básicos causada por los controles de precios.

El gobierno colombiano tampoco ha cerrado despóticamente medios de comunicación simplemente porque emiten noticias u opiniones que desagradan al régimen, ni ha legalizado el uso de armas letales en contra de los estudiantes que se manifiestan en las calles.

Pero nada de esto debería enorgullecer mucho a los colombianos que defienden la libertad. Raramente es buena idea compararse con el peor alumno del salón de clase para ufanarse de unas notas mediocres, y el desempeño de Colombia en cuanto a las libertades económicas y civiles es poco brillante en el mejor de los casos.

En cuanto a la economía, los políticos colombianos de todas las vertientes establecidas suelen culpar al “neoliberalismo”- aquella “tremebunda entelequia destructora” según Mario Vargas Llosa- de todo mal real o imaginario. La realidad, sin embargo, es que la libertad de mercado es bastante precaria en Colombia.

Usualmente se requiere a un extranjero para que señale el carácter poco libre y mas bien corporativista de la economía nacional. En el 2012, Juan Carlos Hidalgo, analista costarricense del Instituto Cato y autor de Libremente, me dijo en una entrevista que Colombia es un país “bastante mercantilista, con un sector privado fuerte, pero con empresas fuertes porque han sido protegidas durante muchos años por el Estado, principalmente por medio del proteccionismo comercial y de regulaciones”.

Agregó que los Tratados de Libre Comercio colombianos, denigrados tanto por la izquierda como por la derecha, “abren mucho menos el mercado local a la competencia foránea” que aquellos que firman países vecinos como Perú.

Las palabras de Juan Carlos tienen eco en lo que ha escrito acerca de Colombia el profesor de Harvard James Robinson, quien percibe un altísimo grado de cartelización o monopolio en la economía colombiana. Robinson nota que las tres mayores fortunas creadas en el país durante el siglo XX- en cerveza, bebidas gaseosas y en la banca y servicios financieros- surgieron “a partir de monopolios… protegidos y a veces blindados por el Estado”.

Aparte de esta colusión poco salubre entre grandes grupos económicos y políticos o funcionarios estatales –claramente a costa de la competencia y del consumidor– están los colosales tentáculos retardatorios de la burocracia y del fisco colombiano. Más allá yace un sistema judicial ineficiente y en muchos casos corrupto.

Según el Banco Mundial, crear una empresa legítima en Colombia requiere 8 trámites que se cumplen en 11 días. Quien intente registrar un nuevo negocio, sin embargo, rápidamente cae en cuenta de que estas cifras son bastante optimistas. Más acordes con la realidad son las cifras de 33 trámites y 1.288 días necesarios para hacer cumplir un contrato en Colombia, lo cual nos deja en el puesto número 168 entre 189 países en el escalafón Doing Business. En materia tributaria, una empresa colombiana puede perder 239 horas anuales al cumplir los requisitos para pagar 11 impuestos que suman el 75,4% de las ganancias totales, una tasa mucho mayor a la de Suiza (29%), Suecia (49%) y Dinamarca (26%).

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