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Corrección política ahora en los Oscares

La policía de la corrección política ahora tiene como blanco de su ira a los Oscares. Spike Lee –quien lidera junto a Jada Pinket Smith el llamado a boicotear la ceremonia de los famosos galardones que se realizará el 28 de febrero— considera que algo anda muy mal en Hollywood dado que de entre 40 actores nominados en dos años no hay ni uno solo que sea negro.

Un veretano de Hollywood con 40 años de carrera, Ben Stein, reacciona así:

“Aquí está la mejor broma que he escuchado en Hollywood: que la Motion Picture Academy es racista –racista en el sentido anti-negros– porque ninguno de los nominados para mejor actor o actriz este año son negros.

{…}

La búsqueda sin fin de todos en Hollywood es ser tan pro-negros, tan Políticamente Correctos cuando se trata de negros, como sea humanamente posible.

¿Por qué los nominados no reflejan a EE.UU.? ¿Qué significa eso? El punto es reconocer el talento, no la demografía. No hubo hispánicos o asiáticos nominados tampoco. La demanda de que la mera población sea reconocida en lugar del talento sería más apropiada para ubicar restaurantes de comida rápida que para reconocer el talento en la actuación”.

El comentario de Stein me recordó las recurrentes bromas de Larry David en su excelente serie Curb Your Enthusiasm acerca del fetiche en Hollywood con “ser tan Políticamente Correctos cuando se trata de negros, como sea humanamente posible”. Como también dice Stein, “La Academia ha reconocido a los actores negros no una sino muchas veces. Deberían hacerlo. Mi experiencia es que los hombres y mujeres negros son por lo menos igual de buenos para actuar que los actores blancos”.

Así es. Recuerdo los Oscares de años recientes y se me vienen a la mente los Oscares de de Denzel Washington, Halle Berry, Monique Angela Hicks, Jennifer Hudson, Forest Whitaker. Una muestra adicional de que la Academia no parece ser racista es que el conductor de los galardones este año es Chris Rock y sería una mala manera de promover la diversidad perjudicando el rating de un conductor que, independientemente de su raza, podría ser muy entretenido. Lo paradójico es que a quienes dicen no ser racistas parece importarles más la raza que la sustancia.

Al final del día, esto se trata de talento no de raza. Meter la raza en la decisión de quién se lleva la famosa estatua sería ser, precisamente, racista. Si le interesa este tema, no deje de leer también sobre cómo Jerry Seinfeld provocó la ira de la policía de la corrección política el año pasado.

La fascinación por Pablo Escobar

A 22 años de su muerte Pablo Escobar sigue reinventando su historia. El encargado en esta ocasión es Netflix con la serie llama “Narcos”.

La serie —producida por Netflix— es una dicotomía. En partes iguales y desde cada una de sus perspectivas, “Narcos” es narrada por los protagonistas: Pablo y su visión sobre el narcotráfico y Steve Murphy, un agente de la Agencia para el Control de las Drogas (DEA, por sus siglas en inglés) encargado de cazar a Escobar.

“Narcos”, al mejor estilo de una novela de misterio, mantiene en vilo al público con cada jugada de Pablo, cada respuesta de la DEA, cada ataque de Murphy y contraataque de Pablo.

“Narcos” y todas las novelas, series y libros inspirados en el narcotráfico, olvidan mencionar que son historias de batallas pasadas de una guerra cuya crónica anuncia un eterno fracaso. A pesar que esta serie añade mucha ficción, no falla en retratar los miles de millones de dólares gastados en una cacería que no evitó que las drogas dejen de ser traficadas, ni menos provocó que la drogadicción desaparezca.

Percibir el consumo de drogas como una actividad criminal es uno de los tantos errores de esta guerra. Portugal en 2001 cambió su estrategia y enfoque hacia la drogadicción. En vez de considerar la posesión de drogas como un acto criminal, se considera como un problema de salud pública, y hacia ese problema se enfocan los recursos: prevenir su uso y evitar muertes relacionadas a su tráfico y consumo.

Este cambio en políticas públicas ha tenido un efecto positivo. Según datos del Observatorio Europeo de las Drogas y Toxicomanía, en 2007 un 12% de los adultos en Portugal reportaban un uso prevalente de drogas. En 2012 ese porcentaje bajó al 9.5%.

Las drogas siempre entraran al mercado que las demande, dejando una estela de violencia a su paso. Legalizar las drogas no es aprobar su consumo, es disminuir el costo con las que estas se trafican.

Combatir fuego con fuego, en este caso, es una pésima política pública, pero es excelente material para series y novelas. El fenómeno de Pablo Escobar también es retratado en en excelentes libros como Killing Pablo de Mark Bowden, que se enfoca en narrar el motor político, militar y económico de la cacería en contra de Pablo y cómo un país entero sufrió a consecuencia de ello.

El Nobel de literatura, Gabriel García Márquez no se quedó fuera de la vorágine de Escobar. En Noticia de un Secuestro García Márquez cuenta los meses en que Pablo secuestró a miembros de familias influyentes en Colombia, con el fin de que estos usaran su poder político a favor de Pablo y evitaran la luz verde a la extradición.

Los últimos capítulos de la cacería por Pablo están escritos en En la boca del lobo de William Rempel. El autor narra la historia de Jorge Salcedo, un colombiano contratado por el Cartel de Cali —enemigos de Pablo— como su jefe de seguridad, ya que temían ser asesinados por Escobar.

Luego de la muerte de Escobar, Salcedo permaneció dentro del Cartel de Cali, pero al intentar renunciar vio que salir de allí con vida era imposible. Así que para poder irse ofreció su conocimiento a la CIA para ayudar a derrotar al cartel. El ajedrez jugado por Salcedo en manos de sus nervios de acero es la trama del libro, el cual es imposible soltar.

Es cautivador escuchar historias de personas que para bien o para mal desafían las reglas. Tal vez por eso Pablo Escobar, uno de los mayores criminales de todos los tiempos, provoca tanta fascinación.

Lamentablemente estas historias, hoy convertidas en entretenimiento, son verídicas y a falta de adecuadas políticas públicas han desangrado y siguen desangrando a América Latina.

Los consejos de Marcel Granier a los uruguayos

El jueves 22 de octubre Marcel Granier –-presidente de la emisora Radio Caracas Televisión (RCTV)– estuvo en Montevideo invitado por el semanario Búsqueda. El objetivo era que diera a conocer en nuestro país la realidad venezolana.

Granier describió en forma elocuente la atmósfera reinante en Venezuela. Señaló que “la gente está harta de la inseguridad, de la escasez, de la inflación y de la corrupción” pero ya no protesta en la calle ni en las largas colas que debe hacer para aprovisionarse de lo más básico, “porque reina la desconfianza y el miedo”. Expresar en voz alta fastidio podría significar que a esa persona la saquen por la fuerza de allí, y ese día se quede sin poder adquirir absolutamente nada. Lo cual, en las condiciones actuales en esa nación, constituye una verdadera tragedia.

El empresario venezolano tildó a la forma de gobierno chavista de cuasi totalitaria. Explicó que hay una abismal diferencia ente una dictadura tradicional y un totalitarismo. En este último, los gobernantes aspiran a controlar y modificar por completo las mentes y los espíritus de la gente, tal como lo demuestran los conocidos casos del nazismo y el comunismo soviético. También Cuba –-que adiestró a Hugo Chávez en esas prácticas– fue situada dentro de esa categoría.

La conferencia que dio a estudiantes de periodismo de la Universidad Ort fue especialmente emotiva. La razón es que entre el público se encontraba una joven venezolana, quien pidió la palabra. Explicó que junto a su familia se vio forzada a emigrar –dadas las condiciones imperantes en su tierra natal– que añora regresar, pero le consta que es imposible por el momento. Expuso que su deseo era estudiar abogacía pero que en su entorno le decían: “¿Para qué vas a estudiar eso si en Venezuela ya no existen más ni el Derecho ni la Justicia independiente?”

Varias veces tuvo que interrumpir su alocución porque las lágrimas le impedían seguir hablando.

A nuestro juicio, esta chica personifica en forma vívida lo que significa existencial y espiritualmente los regímenes como el chavismo: la aniquilación de los sueños, el desarraigo, la frustración y el dolor.

Su madre –-quien también estaba presente– intervino para clarificar varias desinformaciones propagadas por las autoridades venezolanas y sus acólitos. Afirmó que las manifestaciones callejeras son llevadas adelante por estudiantes por iniciativa propia. En ese contexto, han habido muchas muertes y está comprobado que fueron causadas por francotiradores situados en los altos de los edificios. Señaló que por lógica, esos asesinos solo pueden responder a fuerzas del gobierno, dado que cada vez que se va a realizar una protesta se prohíbe a la ciudadanía subir a las azoteas.

De esto está perfectamente consciente la gente común, a pesar de que nadie informa nada porque la casi totalidad de la prensa le pertenece o es controlada por el gobierno. Por eso la reacción popular de indignación cuando la “jueza” Susana Barreiros condena al líder opositor Leopoldo López a “13 años, 9 meses, 7 días y 12 horas” de prisión, acusándolo de ser el culpable de los desmanes producidos durante las protestas callejeras. Por algo López antes de conocer el veredicto, le dijo a la magistrada: “Y si la sentencia no es así (absolutoria), usted va a tener más miedo de leerla que yo de escucharla”.

Uno de los estudiantes le preguntó a Granier, cómo es que se llega tan bajo y se pierden todas las libertades. Él le respondió que es un proceso paulatino y les aconsejó a los uruguayos que cuidaran a la forma republicana de gobierno, especialmente a su prensa libre y a la separación de poderes. Enfatizó que una República exige la permanente vigilancia de los ciudadanos sobre el accionar de sus gobernantes. En tal sentido, explicó que el primer paso de Chávez fue modificar la Constitución con el objetivo de poder “legalmente” someter tanto a la prensa como al Poder Judicial.

La advertencia de Granier viene como anillo al dedo en estos momentos en Uruguay. Decimos esto porque durante la pasada presidencia de José Mujica, éste tuvo varios enfrentamientos con la Suprema Corte de Justicia (SCJ), debido a que declaró inconstitucional varias leyes por él promovidas. El expresidente nunca ocultó su malestar ante esa situación, lo cual provocó que la relación entre ambos poderes fuera tirante.

Actualmente están a estudio de la Corte 19 recursos de inconstitucionalidad contra unos 60 artículos de la llamada “ley de prensa”. Asimismo, el Parlamento está discutiendo el proyecto de ley de Presupuesto enviado por el Ejecutivo, encabezado por Tabaré Vázquez (que pertenece al mismo partido que Mujica).

El referido texto causó asombro y preocupación entre los ministros de la Suprema Corte porque “no solo no recoge ninguna de las propuestas del Poder Judicial, sino que directamente no lo menciona”. Jorge Chediak –-presidente de la SCJ– declaró que es una “señal fuerte” por parte del Ejecutivo. Recalcó que la decisión de la administración Vázquez de ignorar todas las iniciativas enviadas por ellos, es “atípica”.

Chediak afirmó, que el funcionamiento de uno de los tres poderes del Estado está en problemas por falta de presupuesto –-situación que se arrastra desde el período de Mujica– y que eso “no es bueno” para la salud democrática del país. Indicó que “no hay entre las previsiones de Diputados una asignación por los menos para los rubros prioritarios que marcó la Corte en su comparecencia ante la Comisión de Presupuesto de la Cámara”. Y enfatizó, que esas prioridades estaban directamente relacionadas con la mejora del servicio a los ciudadanos.

Relacionando esta situación con la vigilancia constitucional que debe realizar la SCJ, Chediak expresó que el controlador ejercido por la Corte, “conlleva la posibilidad de que al Poder controlado no le gusten las decisiones”. Pero, “las democracias han aprendido” que ése “es el funcionamiento normal del sistema”. Imbuido de la conciencia de las mejores prácticas de gobierno, remarcó que “hay poderes que son un motor y hay un Poder, guardián de la Constitución, cuya función es frenar”.

En sintonía con los consejos de Granier, el magistrado afirmó que “todos debemos defender todas las ramas de gobierno. La democracia uruguaya es una y depende del adecuado funcionamiento de los tres poderes”.

Gracias a que en Uruguay por ahora existe una prensa libre, es que los habitantes pueden enterarse de este tipo de medidas que simultáneamente desnudan dos amenazas: una, sobre la permanencia de un Poder Judicial independiente (con todo lo que eso conlleva); la segunda –-estrechamente relacionada con la primera– sobre la sobrevivencia de las libertades de prensa, expresión y opinión.

Si queremos saber hacia dónde conduce el cercenamiento de esos dos derechos humanos, no tenemos más que observar lo que está ocurriendo en Venezuela…

Los Croods y el miedo al progreso

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Recientemente vi la película The Croods (Dreamworks, 2013) y me pareció notablemente optimista acerca del futuro y sobre la posibilidad que tenemos los seres humanos de innovar y adaptarnos a las circunstancias cambiantes de nuestro planeta. Esto es algo que contradice tantos titulares negativos con los que solemos ser bombardeados (Para recibir una dosis diarias de buenas noticias sugiero seguir la cuenta @HumanProgress en Twitter).

La película trata de una familia de cavernícolas liderada por un padre que todos los días les recuerda a todos que todo lo nuevo es malo. Le repite constantemente a su familia que han sobrevivido precisamente porque han hecho exactamente lo mismo todos los días. En nuestra época algo similar sucede con el “principio de la precaución”.

Una definición popular de este principio es aquella contenida en la Declaración de Wingspread (1998):

Cuando una actividad presenta amenazas de peligro a la salud humana o al medio ambiente, medidas preventivas deberían ser tomadas incluso si algunas relaciones de causa y efecto no han sido completamente establecidas por la ciencia.

En este contexto, quienes proponen una actividad, en lugar del público, deben cargar con el peso de la prueba.

Esto suena muy parecido a lo que decía Grug Croods, el padre de la familia cavernícola de la película. Grug se oponía a todo lo nuevo que proponía Guy, el amigo de su hija Eep. Grug también se oponía a la curiosidad de Eep. No había nada que le “demuestre” que no habría peligros al alterar en modo alguna su forma de vivir.

Es cierto que el progreso trae consigo nuevos retos y peligros, todos siendo algo a lo que nunca antes nos habíamos tenido que enfrentar. Por ejemplo, no habían muertes por accidentes de tránsito, ni emitíamos tanta emisión de dióxido de carbono antes de que se inventaran los autos. No obstante, nadie en su sano juicio abogaría por volver a un mundo sin autos, dados los múltiples beneficios que estos han aportado al progreso de los seres humanos.

Guy, en cambio cree que la filosofía de Grug los paraliza en un mundo que está llegando a su fin y no les servirá en el mundo nuevo que está por surgir. Guy los convence con su optimismo acerca del futuro de lanzarse en esa aventura que es el progreso: un camino con sus avances y retrocesos, pero que siempre será mejor debido la alta probabilidad que tienen los seres humanos de innovar y de adaptarse a las siempre cambiantes circunstancias.

Como dice Sherzod Abdukadirov (en inglés): “Los autos, la electricidad, las vacunas y muchas otras innovaciones trajeron consigo riesgos significativos. Pero solo imagínense qué tanto más riesgoso y pobre sería el mundo si hubiésemos utilizado el principio de la precaución para obstaculizar la innovación en esas tecnologías. . . Así que escuche a los Croods, si no asumiéramos riesgos e innováramos todavía estaríamos viviendo en cuevas”.

Seinfeld y la corrección política

Mi show favorito de comedia de todos los tiempos es “Seinfeld”. Desde hace poco más de un año Jerry Seinfeld, quien protagonizaba ese show, ha venido realizando unas declaraciones públicas y controversiales acerca de una restricción sutil y moderna a la libertad de expresión, restricción que es ubicua en los países desarrollados y que se está empezando a copiar en muchos en vías de desarrollo: la corrección política. Seinfeld considera a esto algo “escalofriante” pues atenta contra la comedia, contra lo chistoso. Veamos lo que dice Seinfeld al respecto de esto.

En febrero de 2014, cuando el conductor del programa BuzzFeed Brews, Peter Lauria, le preguntó que por qué siempre presentaba tantos hombres blancos en el show, Seinfeld se molestó y contestó de manera sarcástica: “Si, hablemos de eso. Mira a tu alrededor Peter [señalando la audiencia presente] ¿Qué ves? Muchos blanquitos. ¿¡Qué pasa aquí!? Uy, esto de verdad me calienta”. Luego Laria le dijo que algunas personas le habían pedido que le pregunte a él acerca de esta cuestión a lo que Seinfeld respondió:

“La gente piensa que es el censo o algo…Quiero decir, ¿acaso esto tiene que representar el verdadero gráfico de torta de EE.UU., ¿a quién le importa? Simplemente es algo chistoso. Tu sabes, lo chistoso es el mundo en el que vivo. Si eres chistoso, estoy interesado. Si no eres chistoso, no lo estoy. Y no tengo interés alguno en el género o la raza, o cualquier cosa parecida, pero todos los demás parecen estar calculando…¿será esta la mezcla precisa y adecuada? Tu sabes…y , para mi, eso es anti-comedia. Tiene más que ver con el sin sentido de la corrección política, que con el hecho de si nos estás haciendo reír o no”.

Aquí puedes ver el clip de esta porción de la entrevista con Peter Lauria.

A principios de junio de este año en una entrevista de radio Seinfeld dice que el no hace presentaciones en las universidades porque allí reina la “corrección política”. Seinfeld contó que cuando su esposa le dijo a su hija, de 14 años, que en algunos años le gustará pasar más tiempo en la ciudad para que “pueda ver a los chicos”, su hija le contestó a su esposa “eso es sexista”. Seinfeld mencionaba esto como un ejemplo de la “corrección política”: “Solo quieren utilizar estas palabras: ‘Eso es racista’. ‘Eso es sexista’. ‘Eso es prejuiciado’. Ni siquiera saben de lo que están hablando”.

En otra entrevista del mes pasado, esta en el programa “Late Night” de Seth Meyers, Meyers declaró que “Yo si creo que se supone que la comedia debe empujar los límites”. Seinfeld dijo que estaba de acuerdo, pero que por alguna razón los límites parecían seguir reduciendo la expresión sin razón alguna. Luego declaró que hay “una cosa espeluznante de la corrección política en el ambiente que realmente me fastidia”.

Todo está relacionado con el tema que viene tratando desde hace algunos años el periodista danés, Flemming Rose. Aquí pueden adquirir su libro y acá pueden leer un extracto del mismo en español, extracto que se titula “El humor es esencial para la libertad de expresión”.

Impotencia frente a la arbitrariedad

Recientemente vi la película “Relatos salvajes” (2014). La película tiene un formato un tanto inusual, constando de seis historias de venganza que no están relacionadas entre sí. Aquí les quiero comentar un poco acerca del relato que encontré de lo más ilustrador. Ilustra de manera singular la arbitrariedad con que se hace cumplir la ley en muchos de nuestros países, el abuso de poder por parte de los burócratas y la impotencia de ciudadanos comunes y corrientes que tratan de realizar su vida normal en medio de la incertidumbre resultante de este lío.

El relato trata de un ingeniero experto en explosivos, Simón Fischer (alias “Bombita”). Fischer pretendía, luego de terminar su trabajo, pasar comprando una torta para llegar puntual al cumpleaños de su hija. Mientras compraba la torta una grúa se le lleva su auto a un estacionamiento de vehículos remolcados por parquearse donde no está permitido. Acto seguido, Fischer acude al remolque a recuperar su auto, sin antes hacer notar que no había forma de saber que estaba prohibido estacionar allí. Ver en el siguiente clip el diálogo entre Fischer y el burócrata de tránsito:

La arbitrariedad, la actitud “pague primero, después reclame”, la verdad oficial por sobre la verificación con los hechos del caso, son todas lamentablemente cosas normales en países donde hay un Estado de Derecho débil. Ciertamente, muy buen material para este tipo de comedias negras. No tan agradable si lo de Bombita, que es un relato ficticio, se parece demasiado a nuestra realidad.

Hacia el final del relato Fischer le increpa a otro burócrata de la agencia de tránsito de la ciudad: “Los que trabajan para delincuentes, ¿qué son? Otros delincuentes…”. Un señor que acompañaba a Fischer en la fila para pagar multas de tránsito le comentó que hay que “relajarse” y simplemente “pagar” porque de no hacerlo uno se complica la vida. Bombita no se relajó y terminó sin trabajo, divorciado, y en la cárcel (por hacer justicia con sus propias manos, cosa que no justifico). Al menos parece que su familia, sus compañeros en la cárcel, y muchos en redes sociales parecen haber encontrado en él un héroe por atreverse a resistir ese ejercicio arbitrario del poder.

Los Hepburns, Juan Trippe y el dinero

En la película El aviador (2004), el actor Leonardo DiCarpio representa al millonario excéntrico Howard Hughes. Lo interesante de esta película es que el héroe de la misma es alguien que tiene una apreciación por algo normalmente repudiado en Hollywood: “el dinero”.

En una escena Hughes va a cenar con la familia de su pareja del momento, la famosa actriz Katherine Hepburn. Los Hepburns aparentan ser una acaudalada familia con diversos intereses: “nosotros leemos libros”, le dice la mamá de Katherine a Howard. Cuando él comete el error de pensar que están interesados en escuchar acerca de sus aviones, empieza a hablar de estos y los Hepburns proceden a ignorarlo e interrumpirlo. Luego la mamá le dice: “A nosotros no nos importa el dinero Sr. Hughes”. A lo que Howard responde de manera enfática: “No les importa el dinero porque siempre lo han tenido. . . Algunos de nosotros elegimos trabajar para vivir”.

En otras escenas hacia el final de la película Hughes le da una lección a un Senador con algunas frases memorables. Entre ellas: “Yo solo soy un ciudadano privado, mientras que usted es un senador, con todo tipo de poderes”, que como dice Hughes en una de sus intervenciones, implica favorecer a determinados empresarios con monopolios creados por el Estado. Y volviendo al tema del dinero, el senador dice de Juan Trippe, el ejecutivo de PanAm (la aerolínea que gozaba de un virtual monopolio sobre los viajes internacionales), “Juan Trippe es un patriota, Juan Trippe no es un hombre que está interesado en hacer dinero”, a lo que Hughes responde con sarcasmo: “Hmm…bueno, estoy seguro que sus accionistas estarán contentos de escuchar esto”.

Colombia no es Venezuela, pero tampoco es libre

Es cierto que, a diferencia de Venezuela, nuestro país vecino al oriente, Colombia no se destaca en las noticias internacionales por las expropiaciones arbitrarias, por la inflación ni por la escasez de productos básicos causada por los controles de precios.

El gobierno colombiano tampoco ha cerrado despóticamente medios de comunicación simplemente porque emiten noticias u opiniones que desagradan al régimen, ni ha legalizado el uso de armas letales en contra de los estudiantes que se manifiestan en las calles.

Pero nada de esto debería enorgullecer mucho a los colombianos que defienden la libertad. Raramente es buena idea compararse con el peor alumno del salón de clase para ufanarse de unas notas mediocres, y el desempeño de Colombia en cuanto a las libertades económicas y civiles es poco brillante en el mejor de los casos.

En cuanto a la economía, los políticos colombianos de todas las vertientes establecidas suelen culpar al “neoliberalismo”- aquella “tremebunda entelequia destructora” según Mario Vargas Llosa- de todo mal real o imaginario. La realidad, sin embargo, es que la libertad de mercado es bastante precaria en Colombia.

Usualmente se requiere a un extranjero para que señale el carácter poco libre y mas bien corporativista de la economía nacional. En el 2012, Juan Carlos Hidalgo, analista costarricense del Instituto Cato y autor de Libremente, me dijo en una entrevista que Colombia es un país “bastante mercantilista, con un sector privado fuerte, pero con empresas fuertes porque han sido protegidas durante muchos años por el Estado, principalmente por medio del proteccionismo comercial y de regulaciones”.

Agregó que los Tratados de Libre Comercio colombianos, denigrados tanto por la izquierda como por la derecha, “abren mucho menos el mercado local a la competencia foránea” que aquellos que firman países vecinos como Perú.

Las palabras de Juan Carlos tienen eco en lo que ha escrito acerca de Colombia el profesor de Harvard James Robinson, quien percibe un altísimo grado de cartelización o monopolio en la economía colombiana. Robinson nota que las tres mayores fortunas creadas en el país durante el siglo XX- en cerveza, bebidas gaseosas y en la banca y servicios financieros- surgieron “a partir de monopolios… protegidos y a veces blindados por el Estado”.

Aparte de esta colusión poco salubre entre grandes grupos económicos y políticos o funcionarios estatales –claramente a costa de la competencia y del consumidor– están los colosales tentáculos retardatorios de la burocracia y del fisco colombiano. Más allá yace un sistema judicial ineficiente y en muchos casos corrupto.

Según el Banco Mundial, crear una empresa legítima en Colombia requiere 8 trámites que se cumplen en 11 días. Quien intente registrar un nuevo negocio, sin embargo, rápidamente cae en cuenta de que estas cifras son bastante optimistas. Más acordes con la realidad son las cifras de 33 trámites y 1.288 días necesarios para hacer cumplir un contrato en Colombia, lo cual nos deja en el puesto número 168 entre 189 países en el escalafón Doing Business. En materia tributaria, una empresa colombiana puede perder 239 horas anuales al cumplir los requisitos para pagar 11 impuestos que suman el 75,4% de las ganancias totales, una tasa mucho mayor a la de Suiza (29%), Suecia (49%) y Dinamarca (26%).

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¿La política está de moda?

Marcha contra tv basuraEn el Perú viene desarrollándose una tendencia de la juventud a organizar marchas para protestar por los problemas que ellos entienden prioritarios. A partir de ello, es recurrente escuchar entre los jóvenes que “la política está de moda”. Si tanto tiempo hemos venido reclamando la apatía juvenil, deberíamos aplaudir entonces que los jóvenes de hoy, hacen ejercicio de su libertad de expresion y además participan de los asuntos públicos, sin embargo en la esencia de este repentino interés de la juventud en política hay dos problemas que deberían preocuparnos.

El primero es la creencia de que se está haciendo política con la sola realización de las marchas, las cuales son efímeras e impersonales, en las que nadie asume responsabilidad y en las que no se logra un cambio profundo si es que no van acompañadas de líderes, ideas, propuestas de acción, instituciones y coherencia, que sustenten y sotengan la petición de quienes marchan.

El segundo problema, es que este interés político es abordado por jóvenes con alma de prohibicionistas. Sus demandas no exigen más libertad sino que piden la participación del Estado para recortar las libertades de otros. Lo acabamos de ver con las marchas contra ley del empleo juvenil, en la que su pedido afectaba la libertad de trabajo de los jóvenes que más necesitaban un empleo. Y recientemente en la marcha contra la televisión basura. No me gusta usar el término basura, pero así lo han llamado ellos mismos, cayendo en lo que supuestamente denuncian como la falta por ejemplo de lo que se considera un “lenguaje culto y apropiado”.

Si la juventud se caracterizó por reclamar mayores libertades, hoy cree que puede usar la política para controlar la libertad de otros. Pasamos de una juventud apática, a una juventud participativa pero represiva, intervencionista, y con talante totalitario. No están dispuestos a tolerar lo que no les gusta y quieren imponer sus gustos a otros. La cuestión no está en que rechacen programas que ellos consideran que no aportan nada a la “cultura” o que “no enaltece”, o que estupidiza, finalmente son libres de ello; el inconveniente está en la soberbia y el despotismo con el que actúan al creerse capaces de decidir lo que los demás deben ver en televisión.

Es alarmante cuando aparece una generación que quiere actuar en política incitando la censura, el odio a lo diferente y a lo que no le gusta. ¿Y así hablan de renovar la política? Si es así, la política no está de moda, está en riesgo. Buscar que el Estado censure los gustos y cultura de los demás es antidemocrático y una clara muestra de intolerancia. Marchar contra lo que nos disgusta es el trabajo fácil. Proponer, debatir ideas, dialogar, educar, respetar, tolerar es el trabajo difícil, y esos valores aparentemente no están en las venas, ni en la agenda de quienes viendo promoviendo las marchas.

Una nueva etapa para LibreMente

El liberalismo clásico comprende una serie de principios filosóficos a través de los cuales interpretar no solo cuestiones de la coyuntura política y económica, sino también el arte y la cultura popular en general. Considerando que los nuevos medios como los blogs son el canal adecuado para presentar información de manera más escueta e informal, LibreMente pretende ser un foro que complemente la pedagogía más formal del sitio Web Elcato.org.

ElCato.org es el portal a través del cual el Cato Institute contribuye al debate de ideas en el mundo hispano-parlante presentando material original de sus académicos y, en mayor medida, el de aquellos académicos y pensadores liberales de la región que de otra forma no tendrían llegada a nuestros visitantes.

Dicho esto, nos hemos propuesto que el blog LibreMente provea un espacio más informal a una nueva generación de escritores, académicos y pensadores liberales e hispano-parlantes.

Empezamos con 31 colaboradores permanentes de 14 países de América Latina y el Caribe. Esperamos que disfruten de la perspectiva que cada uno de ellos puede aportar acerca de la realidad que viven en cada uno de sus países.