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Las mujeres y la libertad

En 1869 John Stuart Mill publicó The Subjection of Women, donde argumentada a favor de la total igualdad entre los sexos. En esos tiempos, tal propuesta era revolucionaria y muy contraria a las normas y costumbres en todo el mundo. Hoy la cultura occidental reconoce, aunque sea en teoría, que las mujeres tienen los mismos derechos que el hombre. Hoy, en el siglo XXI, tal proposición debería ser una verdad de Perogrullo. Sin embargo en muchos países, incluso de tradición occidental, muchas mujeres siguen sometidas a los designios del hombre, ya sea del padre o del esposo y tanto las normas sociales, como la legislación, hacen que las mujeres no gocen de todos los derechos que les corresponden.

Más triste aun es la situación del género femenino en culturas diferentes a la occidental, donde la mujer es privada de libertades civiles y políticas elementales. El islamismo por ejemplo, de la manera en que se practica en buena parte del mundo implica una negación de tales libertades. Aunque para ser justos, el catolicismo actual mantiene una discriminación odiosa entre el hombre y la mujer, tal discriminación no pasa de lo eclesiástico, mientras que en el islam traspasa a lo civil y político. Felizmente hay avances en el mundo y en Arabia Saudita las mujeres pudieron votar y postularse a cargos públicos por primera vez en la historia. Aunque todavía queda mucho por recorrer (en este país las mujeres no pueden manejar vehículos y deben pedir el permiso de sus maridos para todo), el voto universal es un gran avance.

En nuestra Latinoamérica, también hay razones para alegrarnos del rol del género femenino en la lucha por la libertad. En Venezuela, dos mujeres, Lilian Tintori y María Corina Machado, han jugado un rol fundamental en la defensa de los valores liberales y han contribuido a frenar seriamente las aspiraciones totalitarias del liberticida régimen chavista.

Finalmente, si una persona es inepta, impostora y fascista, uno no tiene por qué hacer miramientos en defender las ideas liberales contra tal persona, aunque sea mujer. Por tal motivo también me alegro por la señora Cristina Fernández de Kirchner que terminó su paupérrima gestión como presidente de Argentina. Espero que vaya a disfrutar los millones de dólares de patrimonio que acumuló durante las presidencias de ella y su esposo y le haga el favor a los argentinos de no volver a postularse.

Santa Cruz de la Sierra, 14/12/15

De monarcas y presidentes

“El Estado soy yo”. Estas palabras fueron pronunciadas por Luis XIV, también conocido como El Rey Sol, ante el parlamento de París en el siglo XVIII. En dicha ocasión el rey se presento en las sesiones con el fin de prohibir las discusiones que se desarrollaban y en las que se criticaba ciertas ordenanzas reales. Tal actitud se entiende mejor si consideramos que en aquella época se veía a los reyes como sustitutos de Dios en la Tierra, principio que aprovecharon años antes los Estuardo en Inglaterra para concentrar el poder en sus manos, y cuyas consecuencias sumieron a los ingleses en una guerra civil.

Luis XIV, imitando a los Estuardo, se designó como la imagen visible de Dios, por lo que su voluntad era incuestionable, y se valió de dicho ardid para concentrar cada vez mas poder alrededor suyo. Un rey para tal fin requería de ministros cuya obediencia fuese ciega; Juan Bautista Colbert fue el mas efectivo de ellos. Para Colbert era intolerable hasta la menor oposición al rey, y no dudó en entorpecer el accionar de parlamentos y asambleas provinciales cuando no coincidieron con la voluntad real. Pero si por algo fue elemental Colbert durante el reinado de Luis XIV, fue por ser quien se encargara de recaudar los fondos necesarios para solventar los gastos (cada vez mayores) del Rey Sol, los cuales produjeron un déficit económico que perduraría hasta la revolución durante el reinado de Luis XVI.

Quizás uno de los símbolos más representativos del reinado de Luis XIV fue el palacio de Versalles, donde buscaba representar una vida artificial y de servilismo, pues el único objetivo de quienes tenían el privilegio de ingresar al palacio era servir al rey.

Cuatro siglos pasaron desde el reinado de Luis XIV y en Argentina la realidad no es muy distinta. A mediados de octubre, valiéndose de un abuso del ejercicio de sus deberes, y en medio de una fuerte campaña electoral, la presidente hizo uso por cuadragésima cuarta vez en lo que va del año de la cadena nacional, medio que junto a otros ha servido de maquinaria mediática y que en conjunto no constituyen más que un Versalles argentino.

En este nuevo palacio, al igual que en el francés, se busca crear una ficción paralela a la de la realidad nacional. Las pintura murales, las estatuas, y todo el lujo de aquel palacio se nos aparece aquí en forma de una nación en la que la inseguridad es tan solo una sensación, en donde la desnutrición ha sido prácticamente erradicada, la inflación no es significativa, etcétera. La nobleza francesa se reemplazó en forma de actores defensores del modelo, aplaudidores de turno, periodistas afines, y una juventud militante, todos ellos “comprometidos” con el modelo encarnado por la presidente, pero por supuesto, todos financiados con fondos públicos.

En Argentina la presidencia no proviene de Dios, pero sí del “Pueblo”, término que se ha desvirtuado y mitificado en los últimos años al nivel de deidad, y al cual se ha identificado oportunamente con la ex presidente, censurando tácitamente de esta forma cualquier crítica a la primer mandataria, como una crítica a la totalidad de los ciudadanos argentinos.

En la Francia del siglo XVII la concentración del poder implicó debilitar el principal contrapeso de la monarquía, el parlamento, a lo cual se le sumó la cada vez más terrible situación en que se sumía a los franceses mediante nuevas cargas impositivas, todo ello para sostener los gastos de un Estado cuyo gasto público solo iba en aumento. La consecuencia no fue distinta a la de los Estuardo en Inglaterra, una sangrienta revolución seguida de años de guerra civil.

Pero a diferencia de la monarquía francesa, en Argentina tenemos la posibilidad mediante elecciones de evitar semejante desenlace, decisión fundamental que deberemos tomamos en las urnas hace algunas semanas.

Bolivia: Criminalizando las opiniones

Un requisito indispensable de una sociedad democrática y de derecho es el respeto casi absoluto a la libertad de expresión. La posibilidad de emitir opiniones sin represalias por parte del Estado, incluso cuando estas opiniones no son compartidas por la gran mayoría de los ciudadanos es la base misma de la democracia. Sin libertad de expresión corren riesgo los partidos políticos de oposición; sin libertad de expresión no puede existir una prensa independiente que cuestione, investigue e incomode al poder político y económico. Sin libertad de expresión es más fácil que los gobernantes cometan y oculten más violaciones a los derechos humanos, además de perpetrarse en el poder y enriquecerse.

Por ello hay que ser muy cautos a la hora de permitir que el Estado ponga límites a la libertad de expresión, por más noble que parezca ser el objetivo de tales límites y en lo que respecta a este tema, ante la duda o el riesgo de abusos por parte del poder, siempre es mejor pecar del lado de proteger la libertad de expresión antes que limitarla.

Un ejemplo de ello es el racismo y la discriminación. Sin duda es noble la idea de acabar con estos prejuicios. Sin embargo la criminalización difícilmente elimina los prejuicios subyacentes y por otro lado puede ocasionar abusos de poder y limitaciones a la libertad de opinión y prensa. Un ejemplo concreto es Bolivia, donde una ley “contra el racismo y toda forma de discriminación” (no puedo dejar de mencionar la pomposidad del título en conjunción con la idiotez de procurar prohibir “toda forma de discriminación”) ha servido para iniciar acciones legales a dos personalidades de la televisión, una por decir que Oruro es feo y el otro por decir que las modelos cruceñas son tontas. Quienes están en desacuerdo o se sienten ofendidos por tales opiniones tienen el derecho de expresar su molestia en las redes sociales o en la prensa, tienen el derecho de dejar de mirar el programa del conductor cuya opinión les indignó, si la indignación general es tal, los dueños del canal pueden evaluar despedir a la persona. ¡Pero ser enjuiciado y tener la posibilidad de ir a presión por opinar que una ciudad es fea o porque ciertas mujeres son tontas es un exceso y un abuso mayúsculo! Si por tal cosa una persona puede ir a prisión, surge la interrogante de cuáles son los límites de esta ley y qué opinión está a salvo de la mirada inquisidora de los legisladores. Este tipo de leyes, como es el caso boliviano, pueden servir para desatar una injusta cacería de brujas, limitar la libertad de expresión y provocar autocensura.

La sociedad que queremos

Esta es una idea problemática. ¿Cuál es esa sociedad que queremos? Tácita está la idea que la sociedad que queremos es una mejor. ¿Quién no quiere una mejor sociedad? Acaso usted, estimado lector, desea una sociedad peor? Por supuesto que no. El problema es que no todos estamos de acuerdo en qué exactamente sería esa sociedad mejorada.

En las columnas de opinión de todos los diarios, sin embargo, es un concepto que se lee con frecuencia. Es una forma de llegarle a la emoción del lector, captarlo, y decirle: si no estás de acuerdo conmigo, entonces no quieres una mejor sociedad.

Este es el principal problema de nuestras sociedades, a saber, que todos les queremos imponer a otros nuestra visión de una mejor sociedad. Este proceso de imposición crea conflictos entre los que les gusta esa sociedad y a los que no.

No hay una salida fácil a este dilema. Por eso vemos las debates  entre socialistas y liberales, estatistas y libertarios, ateos y religiosos, los que favorecen la libertad sexual y de matrimonio y los que se oponen a ello. Es de nunca acabar. Y nunca acabará.

Entonces, ¿qué hacemos? Creo que el primer paso es sencillo, es un acto de humildad: somos humanos y, por tanto, nos podemos equivocar. No se trata de una opinión sobre lo que debe ser, sino una descripción de lo que es. No es discutible que las personas puedan tener una opinión distinta sobre lo que sería o no una mejor sociedad, es un simple reconocimiento de la realidad. La experiencia en la vida también nos debe haber demostrado que nos podemos equivocar en nuestras opiniones y afirmaciones. Nunca jamás ha habido un ser humano infalible. De haberlo, no sería humano.

El segundo paso es reconocer que las sociedades están compuestas de individuos diferentes y que no todos queremos lo mismo. Cada uno de nosotros, debe reconocer que lo que yo creo que es mejor para todos, no es necesariamente lo que otros creen que los mejor. Uniendo estas dos ideas, debemos estar dispuestos a aceptar que nuestra visión particular de qué es una mejor sociedad y cómo alcanzarla de hecho puede estar equivocada o puede causar un daño en largo plazo que no estamos viendo por nuestras limitaciones.

Llegamos otra vez al mismo punto. Si todos estamos de acuerdo que no tenemos que estar de acuerdo y que, además, podemos equivocarnos, cómo ha de organizarse una sociedad con miles o millones de individuos. La solución única está en establecer los valores y principios que permitirían la cohabitación pacífica de individuos con intereses distintos. El filosofo escosés David Hume, lo respondió claramente al señalar que las tres leyes fundamentales «son la de estabilidad en la posesión, la de transferencia mediante consentimiento, la de cumplimiento de las promesas hechas».

De no cumplirse estas tres leyes fundamentales, entonces no se podría vivir pacíficamente en sociedad. Preponderaría la violencia, la razón del más fuerte, el estancamiento material, cultural y espiritual.

Tal vez no podamos estar de acuerdo en qué sería una sociedad ideal, pero al menos pudieramos estar de acuerdo en que los dos podamos trabajar en nuestros círculos en los asuntos que nos interesan, sean estos religiosos, culturales, deportivos, artísticos o netamente materiales, siempre y cuando no violemos el derecho de otro a hacerlo.

En defensa de las ONGs de izquierda

Tener valores y convicciones implica defender ideales y no personas o instituciones. Un valor fundamental de todo liberal es el derecho casi irrestricto a la libertad de expresión. Un anhelo fundamental del ser humano es el de la libertad y no existe mayor violación a ésta que cuando el Estado intenta controlar las ideas, los pensamientos y las conciencias.

Por ello ante la amenaza del inefable vicepresidente boliviano de expulsar a las ONGs extranjeras que no apoyen su visión política (amenaza absolutamente creíble) debemos alzar nuestras voces y expresar nuestro total rechazo. Es irrelevante que esas ONGs promuevan ideas contrarias a las nuestras o que hayan sido parcialmente culpables de catapultar a la palestra y encumbrar en el poder a los autoritarios que ahora son sus verdugos. El derecho a expresarnos libremente, a debatir ideas, a lanzar propuestas aunque sean descabelladas y estúpidas sin sufrir represalias por parte del Estado debe ser defendido de manera intransigente. Y este derecho debemos defenderlo para nacionales y extranjeros, para hombres y mujeres, para pobres y ricos, para creyentes y ateos, para blancos y negros, para todos.

Una sociedad libre y abierta requiere la práctica de la tolerancia. Álvaro García Linera, como buen marxista, es intolerante y autoritario; como buen marxista quiere eliminar la disidencia, acabar con los “librepensantes” y acallar amenazando, comprando o reprimiendo a quienes no comulguen con su visión política; como buen marxista, también quiere eliminar a los otros marxistas que tienen una visión similar a la suya, pero no pertenecen a su facción ni siguen su liderazgo.

Como liberal clásico, me adhiero a la carta que han firmado varios intelectuales de izquierda y expreso mi condena y rechazo a las declaraciones del vicepresidente y a la actitud represiva, totalitaria y abusiva que ha tenido este gobierno desde su primer día en funciones. Porque en realidad, esto no se trata de alinearse con ONGs de izquierda o de derecha, sino de defender la libertad de expresión.

Santa Cruz de la Sierra, 16/08/15

Alberdi sobre las tiranías sudamericanas

Con el título “La omnipotencia del estado es la negación de la libertad individual“, presentó una conferencia el Dr. Juan Bautista Alberdi, el 24 de Mayo de 1880, en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, en oportunidad de la Colación de Grados realizada para otorgarle el Título de Miembro Honorario. En el siguiente texto, comentan a Alberdi el Alm. Carlos A. Sánchez Sañudo y el Dr. Edgardo Manara en el Colegio de Escribanos de la Ciudad de Buenos Aires el 26 de Agosto de 2003:

El análisis de la patología política

Comienza Alberdi su discurso destacando que una de “las más profundas raíces de nuestras tiranías en Sudamérica es la noción grecoromana del Estado y de la Patria, que debemos a la educación semiclásica que nuestras universidades han copiado a la Francia.

En este estudio sobre la evolución de la libertad a lo largo de los tiempos, comenzó diferenciando los dos períodos de las sociedades griegas. “En la ciudad antigua –decía– el sentimiento personal formaba parte de la religión. Se amaba a la patria, porque se amaba a sus dioses protectores; las leyes eran fórmulas sagradas. Cada comuna tenía, no sólo independencia, sino también su culto y su código. Para los antiguos, Dios no estaba en todas partes. Los dioses de cada hombre eran aquellos que habitaban su casa, su comuna, su cantón. Por el contrario, el desterrado, al dejar su patria tras sí, dejaba también sus dioses y su propiedad –-no teniendo culto, no tenía ya familia: dejaba de ser marido y padre. Por ello, el destierro de su ciudad no parecía un suplicio más tolerable que la muerte. Los jurisconsultos romanos le llamaban pena capital. La religión, el derecho, el gobierno dependían del municipio. La ciudad era la única fuerza viva; nada mas arriba de ella, nada mas abajo, es decir: ni unidad nacional, ni libertad individual. El Estado así entendido era y tenía que ser la negación de la libertad individual, en la que cifran la libertad todas las sociedades modernas que son realmente libres.

Pero cuando la casta sacerdotal perdió su dominación, se emancipó el individuo; no se pretendió ya que la persona fuera sacrificada al Estado. “Se acabó el espíritu comunal. No se amó ya a la Patria por su religión y sus dioses; se la amó por sus leyes, –dice Alberdi– por sus instituciones, por los derechos y la seguridad que ella acordaba a sus miembros. Ya no se amó a la patria sino en tanto se amaba al régimen institucional que prevalecía en ella a la sazón. El patriotismo municipal pereció en las almas. Entonces, se comenzó a emigrar mas voluntariamente; se temió menos al destierro. Es el Siglo de Pericles”.

“Comenzaba a sentirse la necesidad de salir del sistema comunal para llegar a otra forma de gobierno por encima de las ciudades para que velase por el mantenimiento del orden y obligase a aquellas a abandonar sus turbulencias y a vivir en paz.

Esta disposición integradora de los espíritus constituyó la fortuna de Roma y lo que la puso a la cabeza del mundo. Tuvo su apogeo en la República, tanto griega como romana, declinando con la degeneración de éstas, cuando se retornó al absolutismo del Imperio Romano”.

Publicado originalmente en el blog “El foro y el bazar” de la Universidad Francisco Marroquín el 16 de agosto de 2015.

Todos los domingos con Cuba

Quienes estamos comprometidos de cerca con los esfuerzos de la disidencia cubana sabemos que los opositores viven en un estado de alerta constante frente a esa longeva dictadura y que no la pasan bien ni un solo día. Sin embargo se ha hecho particularmente visible, en Cuba, el domingo como un día de protesta y de concentración que el gobierno reprime fuertemente.

Recientemente escribí sobre los actos de repudio que el régimen castrista llevó hasta los salones del Diálogo de la Sociedad Civil de la Cumbre de las Américas de Panamá. Como los organizadores también habían invitado a miembros de la sociedad civil independiente cubana, los castristas boicotearon el evento agrediendo a sus compatriotas opositores y a todos los demás asistentes, delegados de más de 20 países de las Américas que estábamos allí y que queríamos un diálogo democrático. Cuando acabó la pesadilla, un sentimiento profundo me llevó a acercarme a todo opositor cubano que pude encontrar para expresarle mi admiración por el coraje y la fortaleza que tienen para soportar todos los días agresiones de las que fuimos testigos y víctimas un par de días. Las turbas enardecidas, afiebradas por consignas, impulsadas por títeres rabiosos intransigentes, adoctrinados y defensores de la dictadura, es algo que no queremos en nuestros países. ¿Cómo no admirar, entonces, la causa de todos aquellos opositores que día a día tienen que soportar esto en su lucha por tener un país libre y respetuoso de los derechos?

Retomo el asunto porque me he tropezado en mi país con varias personas comentando que, según lo que ven en ciertos medios internacionales, Cuba está mejorando en democracia. Cuando les pregunto por qué y en qué aspecto, me dicen que han habido elecciones en las que se han presentado dos opositores, por primera vez en mucho tiempo. Estas personas, evidentemente, no están al tanto de que esos independientes perdieron las elecciones porque el sistema electoral está inserto en un sistema más grande de represión de la libertad de pensamiento, de la libertad de expresión y de la libertad de asociación, lo cual, en conjunto, no garantizan elecciones libres. Tampoco saben que las supuestas elecciones en Cuba solo garantizan la continuidad del partido único y la dictadura, y que los candidatos independientes fueron víctimas de una campaña de manipulación de sus biografías y de mítines de repudio. Hay que ser muy poco reflexivo para creer que con dos postulantes hay un cambio y un avance hacia la democracia. Esto no significa que los dos candidatos no hayan tenido el tremendo mérito para enfrentarse al sistema, hecho que valoro porque han demostrado lo que pasa cuando un opositor postula, y que. tal como están los derechos en Cuba, no hay forma de que ellos ganen. El sistema está establecido para que pierdan, para que los ciudadanos con pensamiento diferente no tengan opción de elegir ni de ser elegidos.

El pueblo cubano tiene la mala suerte de que fuera de sus fronteras algunos entiendan que se está dando pasos hacia una democracia, mientras que la represión continua a todo nivel, y decenas de activistas son detenidos y golpeados, especialmente los domingos, cuando se concentran en las calles tratando de protestar pacíficamente contra el régimen. Todos los domingos siguen arrestando y agrediendo a las Damas de Blanco en sus caminatas a misa. La artista cubana Tania Bruguera, por querer instalar un micrófono en una plaza, como parte de su performance “Yo también exijo”, está impedida de salir del país desde diciembre. El artista El Sexto, detenido a fines de diciembre del 2014, sigue en prisión por su performance de dos puercos llamados Fidel y Raúl. Hace poco, el 24 de mayo, Yusmila Reyna de UNPACU, reportó cómo se detuvo y agredió a cerca de 90 activistas de su organización en Santiago de Cuba, cuando un grupo de ellos intentaba asistir a misa en el Santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre y otro realizaba acciones pacíficas demandando la liberación de los presos políticos y el cese de la represión.

La propaganda comunista quiere solapar lo que realmente está pasando. En Cuba hay represión sistemática todos los días desde hace más de 50 años y sin embargo hoy más opositores se van uniendo para hacer del domingo un día de protesta visible no solo afuera, sino también dentro de la isla. Antonio Rodiles, uno de los principales impulsores de las protestas de los domingos, invita a sumarse a la estrategia #TodosMarchamos para acompañar en dicho día, desde las redes sociales, la protesta pacífica de los cubanos en la isla, para que cese a la represión del régimen y la violación de los derechos humanos.

Un domingo en La Habana conocí a las Damas de Blanco, un domingo conocí a la entrañable y recordada Laura Pollán. Y un domingo la dictadura me persiguió junto a 15 activistas más por acompañar a las Damas de Blanco en su caminata después de misa. Desde aquella vez no puedo volver. Ese domingo me comprometí perdurablemente con la libertad de Cuba.

Yo estoy con Cuba y con los cubanos amantes de la libertad, todos los días, todos los domingos.

Publicado originalmente en El Montonero el 5 de junio del 2015.

El leviatán ruso

Los políticos utilizando su poder para aprovecharse económicamente, violando los derechos de terceros y aplastando a los pequeños. ¿Te suena esa historia? Leviatán es una película rusa del 2014 del director Andrey Zvyagintsev que trata de esto. Es una tragedia contada hermosamente.

No soy crítico de cine, pero es una película que vale la pena ver. Excelente actuación, personajes complejos y profundos, fotografía y escenografía espectácular y a la vez mundana, y un excelente guión que en ningún momento se siente forzado o artificial.

Es la historia de un mecánico independiente, Kolya, y su lucha contra el alcalde que quiere expropiarle el terreno donde está ubicada su casa, una residencia antigua de madera donde vivieron su abuelo y su padre antes que él, pero ubicada en una posición privilegiada respecto al pueblo. Kolya no es perfecto. Toma en exceso, no es el más respetuoso de su mujer y no tiene mucha paciencia. Siento decir que no hay un final felíz, lo que se siente, es el poder del Leviatán, que termina, en este caso, avasallando a Kolya. Pero la historia no es solo del individuo contra el Estado, sino de sus relaciones, con la policía, su amigo Dimitri, la mujer… En el fondo, Kolya es una buena persona que trata de navegar una vida que de repente se le ha desmoronado, no por causas atribuibles a sus faltas pesonales, si no a la embestida del Leviatán.

Honduras: Una derrota para el Estado de Derecho

El reciente fallo de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), relativo a la reelección presidencial, despertó jubilo dentro del partido de Gobierno y sus seguidores; la indignación de los partidos de oposición y la de muchos ciudadanos, pero por sobre todo, el fallo fue recibido con una imperturbable apatía por la gran mayoría de los hondureños, cuyo único interés es mejorar su situación económica y la de sus hijos.

Sin lugar a dudas, con una breve lectura se puede apreciar que gran parte de la normativa relativa a la reelección presidencial violenta el derecho a la libre expresión y difusión de ideas, en contravención a otros artículos constitucionales y a los instrumentos internacionales de derechos humanos, como bien argumentaron los 15 diputados que interpusieron el recurso de inconstitucionalidad.

Sin embargo, la argumentación del recurso de inaplicabilidad presentado por el expresidente Callejas, quien visualiza la prohibición de la reelección como una violación al derecho de elegir y ser electo, resulta menos convincente.

La Sala de lo Constitucional no reformó la Constitución de la República, ni tiene la potestad para hacerlo. Sin embargo, como máxima intérprete de la Constitución y en pleno ejercicio de sus atribuciones legales[1] declaró la inconstitucionalidad del artículo 330 del Código Penal, la inaplicabilidad total del artículo 239 y parcial de los artículos 4, 42 y 374 de la Constitución, permitiendo así la reelección presidencial indefinida hasta no ser limitada por voto favorable de las dos terceras partes del Congreso Nacional.

En su libro Límites de Derecho Internacional para la Asamblea Constituyente, el director legal de la Human Rights Foundation, Javier El-Hage, argumenta que el poder de una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) se encuentra limitado por las obligaciones contraídas previamente a través de tratados internacionales. Criterio que es compartido por la Sala de lo Constitucional al afirmar en su fallo que el constituyente hondureño abusó de su poder al coartar el derecho a la libre expresión cuando penalizó con la perdida de la ciudadanía y la inhabilitación por diez años para ejercer cargos públicos a quienes promoviesen, apoyasen o propusieren reforma alguna para permitir la reelección presidencial.

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“La dictadura del corazón” en Ecuador

Esto parece sacado del libreto de otra película basada en la novela de George Orwell 1984 pero no, lamentablemente es la nueva propaganda de la Secretaría de Comunicación de la presidencia del Ecuador (SECOM). Aquí abajo les pongo el video de la misma y la espeluznante letra del jingle.

Este spot viene a ser la última de las múltiples propagandas en “neolengua” o “nuevahabla” que suele producir la poderosa SECOM. En un año en que el modelo estatista de la llamada “Revolución Ciudadana” hace agua (dependía de condiciones externas inusualmente positivas) y el gobierno se ha visto en la obligación de reducir el gasto público, a la SECOM le han aumentado su presupuesto de $39,8 millones a $42,9 millones.

Si esto es una dictadura, nos estuvieron engañando
Hasta hace poco yo creía, que un dictador era un tirano
Yo lo que veo en las calles, es un país que está cambiando

Si esto es una dictadura
Es porque les está dictando el corazón

Recuperamos la esperanza, que nos estaban robando
Recuperamos la auto estima, palmo a palmo trabajando
Redescubrimos la riqueza, del suelo que cultivamos

Si esto es una dictadura
Es porque les está dictando el corazón

Si esto fuera una dictadura, sería la dictadura del amor
La dictadura del Pueblo, Patria y Revolución
La dictadura del progreso y la educación

Si eso es una dictadura
Es porque les está dictando el corazón

Por todas partes se respira, aire revolucionario
Avanzamos somos Patria, somos el sueño de Alfaro
Recuperamos el orgullo, de sentirse ecuatoriano

Si esto es una dictadura
Un aplauso para el corazón que con amor está dictando