“La dictadura del corazón” en Ecuador

Esto parece sacado del libreto de otra película basada en la novela de George Orwell 1984 pero no, lamentablemente es la nueva propaganda de la Secretaría de Comunicación de la presidencia del Ecuador (SECOM). Aquí abajo les pongo el video de la misma y la espeluznante letra del jingle.

Este spot viene a ser la última de las múltiples propagandas en “neolengua” o “nuevahabla” que suele producir la poderosa SECOM. En un año en que el modelo estatista de la llamada “Revolución Ciudadana” hace agua (dependía de condiciones externas inusualmente positivas) y el gobierno se ha visto en la obligación de reducir el gasto público, a la SECOM le han aumentado su presupuesto de $39,8 millones a $42,9 millones.

Si esto es una dictadura, nos estuvieron engañando
Hasta hace poco yo creía, que un dictador era un tirano
Yo lo que veo en las calles, es un país que está cambiando

Si esto es una dictadura
Es porque les está dictando el corazón

Recuperamos la esperanza, que nos estaban robando
Recuperamos la auto estima, palmo a palmo trabajando
Redescubrimos la riqueza, del suelo que cultivamos

Si esto es una dictadura
Es porque les está dictando el corazón

Si esto fuera una dictadura, sería la dictadura del amor
La dictadura del Pueblo, Patria y Revolución
La dictadura del progreso y la educación

Si eso es una dictadura
Es porque les está dictando el corazón

Por todas partes se respira, aire revolucionario
Avanzamos somos Patria, somos el sueño de Alfaro
Recuperamos el orgullo, de sentirse ecuatoriano

Si esto es una dictadura
Un aplauso para el corazón que con amor está dictando

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Bolivia: ¿Y si el Estado es el gánster?

Muchas teorías políticas asumen que el Estado es un ente benevolente, altruista y casi omnisciente, cuya función es velar por el bienestar del ciudadano. Una notable excepción es la línea teórica de la opción pública (public choice) desarrollada sobre los trabajos pioneros de Gordon Tullock y el premio Nobel de economía James Buchanan.

Los seres humanos a lo largo de la historia hemos desarrollado instituciones para facilitar y mejorar la vida en sociedad; una de esas instituciones es el Estado y la mayoría de las personas creemos que el Estado es necesario (los anarquistas no comparten esta opinión). También la mayoría de las personas consideran que entre los principales roles del Estado está el velar por la justicia y evitar los abusos que unos puedan cometer contra otros. ¿Pero qué pasa cuando el Estado no solo no cumple el rol de velar por la justicia, sino que se transforma en una institución promotora de injusticias y abusos? ¿Qué pasa cuando el Estado es capturado por un grupo gansteril dispuesto a todo por conservar y acrecentar su poder?

Las revelaciones de que las armas supuestamente halladas por el Estado boliviano contra los supuestos terroristas eran en realidad armas que estaban bajo custodia del Ejército y que fueron confiscadas de varios procesos policiales pasados, refuerza la hipótesis de que en Bolivia vivimos bajo un Estado gansteril, donde no solo son maleantes los funcionarios masistas, sino también las Fuerzas Armadas, la Policía y el Órgano Judicial. Esas armas no pudieron haber salido de la 8va División del Ejército sin el conocimiento de varias personas, por lo que la responsabilidad no es de uno o dos militares negligentes o esquizofrénicos, sino de la institución.

En Bolivia el gobierno hace cosas que solo pueden venir de gente sin escrúpulos ni ética: la farsa del caso terrorismo, la matanza de Porvenir, la quema de la prefectura de Cochabamba, la ilegalidad del proceso constituyente, los muertos de la Calancha, la aplicación selectiva de la Constitución Política del Estado (la nueva y la vieja), la persecución política y judicial, la sumisión del órgano judicial al ejecutivo, la mañosa aprobación de la reelección del presidente (y su poca vergüenza postularse luego de decir públicamente años atrás que no lo haría), los proverbiales negocios del vicepresidente y su familia y muchas cosas más hacen pertinente que nos preguntemos: ¿qué hacer ante un Estado gansteril?

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Democracia, ¿un sistema justo?

“Democracia: dos zorros y una gallina decidiendo qué desayunar a la mañana siguiente”.

H. L. Mencken

Desde hace años mucho se ha escrito y debatido acerca de la democracia y su relación con la República y las minorías. ¿Qué es la democracia? ¿Es el mejor sistema de elección de quien administra o administrará el Estado? ¿Pueden las democracias devenir en autoritarismo y acumulación ilimitada de poder en mano de una sola persona?

Visto y considerando que la palabra democracia se ha ido degenerando a lo largo de los años, resulta imperioso antes de abordar las cuestiones planteadas en el párrafo anterior, ahondar en el estudio del término en cuestión. En El Espectador, Ortega y Gasset sostiene que “La democracia responde a esta pregunta: ¿Quién debe ejercer el control público? La respuesta es: el ejercicio del poder público corresponde a la colectividad de los ciudadanos”. Es decir, la utilización de la expresión “democracia” debería limitarse a la forma en que es elegido quien ejercerá la administración del Estado. Sin embargo, el estudio de este término no puede realizarse bajo ningún concepto de forma aislada sino que debería ir de la mano de la implicancia que la democracia tiene sobre la República.

El problema entorno a la democracia radica en que ha mutado a lo largo de los años a un sistema funcional a dirigentes cleptómanos de libertades, propiedad y sueños de vida. Pedro Schwartz lo expresa correctamente al sostener que “Las democracias, al dejar el poder en manos de minorías irresponsables, pues en ellas se toman las decisiones colectivas por mayoría de votos, a menudo no prestan suficiente atención a los derechos individuales”. Es de vital importancia en este caso mencionar a dos autores que Alberto Benegas Lynch (h) ha reflotado en su artículo sobre el tema publicado en El Diario de América(EE.UU.) en 2012. Por un lado, Giovanni Sartori en Teoría de la democracia no se cansa de hacer hincapié en que la democracia es el respeto por las minorías y que bajo ningún concepto debería aceptarse el aplastamiento de las libertades de las minorías por decisiones tomadas por la mayoría. Por otro lado, menciona Benegas Lynch (h) a Juan A. González Calderón, quien en Curso de derecho constitucional “sostiene que los demócratas de los números ni de números entienden ya que se basan en dos ecuaciones falsas: 50% más 1% = 100% y 50% menos 1% = 0%”. Ejemplo de esto mismo son casos como los de Venezuela y Argentina en donde a una mayoría legitimada por la democracia, es decir, por haber obtenido la mayor cantidad de votos, no hace más que otorgarse privilegios a costa de las voluntades de las minorías.

Sostiene Hayek en Derecho, Legislación y Libertad que los individuos nos hemos acostumbrado a considerar como democrático todo aquel proceso en el que una mayoría en el parlamento da sanciones a leyes y dirige el gobierno. Uno de los mitos más importantes acerca de la democracia radica en que se la ha concebido como la fiel salvaguarda de las libertades individuales. Esto no puede considerarse así bajo ningún punto de vista siendo que, al momento en que se acepta que la voluntad que le fue otorgada a una mayoría legitimada por la votación se imponga sobre una minoría, es muy probable que corran peligro las libertades personales cuando las mayorías puedan decidir sobre cualquier cuestión.

Otro de los mitos que trae consigo la democracia es pensar que habiendo adoptado procedimientos democráticos, se podría en alguna instancia limitar el poder de los gobernantes de turno. Hayek agrega incluso que “(…) se promovió también la creencia de que el control del gobierno por parte del cuerpo legislativo elegido democráticamente sustituiría a las limitaciones tradicionales [al poder] (…)”. Ante esta situación, las mayorías requieren cada vez de más apoyo de otros grupos políticos a fin de no perder cuotas de poder. Es por esto mismo que es imposible que un gobierno que carece de controles y es ilimitado haga prevalecer los principios con los que originalmente la mayoría estuvo de acuerdo, ya que a fin de seguir manteniendo el poder y constituirse como un gobierno sin límites, deberá renunciar a sus convicciones iniciales y entregar beneficios a demás grupos de interés a fin de contar con su apoyo.

Entonces, si la democracia ha legitimado en muchos casos que la voluntad de unos pocos se imponga sobre el resto, ¿no será que es injusta en sí misma? Semejante sistema no sólo se ha constituido a lo largo de los años como el origen de gobiernos tiranos, sino que además ha sido funcional y servido como instrumento estratégico a muchos gobiernos populistas y neodictatoriales como los que hoy en día prevalecen en América Latina. Siguiendo con esta lógica, Hayek agrega: “Parece que cuando las instituciones no estás limitadas por la tradición de la primacía del derecho –la rule of law–, conducen no sólo a la «democracia totalitaria», sino con el tiempo a la «dictadura plebiscitaria»”. Es imperioso que el análisis del sistema democrático se haga en conjunto con el Estado de Derecho y la República. Si por los puntos antes expuestos se concluye que la democracia es injusta en sí misma, entonces el papel fundamental a jugar quedará en manos no sólo de la división de poderes sino también en el respeto del Estado de Derecho para que la discrecionalidad de una mayoría no lesione las libertades de las minorías.

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Cuando todos seamos iguales

Es el año 2081 y, finalmente, todos somos iguales. Todo fue posible gracias a las enmiendas 212, 213 y 214 a la constitución americana. Nadie es más inteligente que nadie, nadie es más rápido o más fuerte que nadie y nadie es más guapo que nadie.

Así comienza uno de los grandes cuentos cortos del escritor estadounidense Kurt Vonnegut (1922-2007), titulado Harrison Bergeron.

¿Cómo se logró? Creando un gran sistema de handicaps a los que tuviesen ventajas inmerecidas. Pero no deje que yo se lo cuente, hay un maravilloso corto de 24 minutos basado en el cuento de Vonnegut.

Y mejor que el corto es el trailer del corto, que deja mucho a la imaginación y, siendo tan cortito, es extraordinariamente elocuente sobre las consecuencias de establecer la igualdad como objetivo político y principal valor éticode la sociedad.

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El modelo de repudio castrista en la Cumbre de Panamá

Hay mucho que analizar de la reciente VII Cumbre de las Américas, pero en estas líneas, llama particularmente mi atención el vergonzoso papel que han cumplido las delegaciones oficialistas de las dictaduras de Cuba y Venezuela, intentando boicotear los foros oficiales de la sociedad civil en el que participábamos activistas de todas las Américas.

Las mesas de Gobernabilidad y de Participación Ciudadana del Foro de la Sociedad Civil que debían ser espacios diálogo para que actores sociales brinden aportes a los Estados participantes, fueron constantemente interrumpidos por turbas de personas que provenían principalmente de los gobiernos de Venezuela y Cuba. Exacerbados y como si estuvieran en trance, vociferaban consignas y se negaban a dialogar con opositores de la sociedad civil que también estaban presentes.

Estos agitadores olvidaban muchas cosas, pero principalmente que estaban de invitados, que la convocatoria era para dialogar, que estábamos muchos ciudadanos de países democráticos con ese deseo, que los cubanos opositores son tan cubanos como ellos y que la sociedad civil no es gobierno. Por lo que hasta ahora los que estuvimos allí no entendemos ¿qué hacían en un foro civil, asesores, diputados, y funcionarios del gobierno cubano incitando a la violencia contra los demás asistentes?

Pienso que acostumbrados a amedrentar a su población con actos de repudio en la isla, creyeron que podían hacer lo mismo en un país libre como Panamá y que organizaciones democráticas caerían en su farsa. Pues no fue así, las mesas de los foros tenían reglas y ellos las rompieron, gritando, quitando a la fuerza los micrófonos, insultando a los moderadores, provocando a los asistentes y amenazando con llegar a violencia física si continuábamos dialogando sin aceptar sus intransigentes condiciones. Se sintió, sin duda, que llevan más de cincuenta años de falta de práctica democrática y que tienen la creencia que las Américas deben subordinarse a ese tipo de actitudes belicosas. Ellos solos se desacreditaron y un espacio democrático de diálogo les quedó muy grande. Por ello, con los moderadores autorizados para conducir la mesa tuvimos que pasar a otra sala con todos aquellos que sí queríamos dialogar, y pudimos avanzar en pocas horas y con un debate de altura lo que no se pudo avanzar en toda una mañana de interrupciones, afrentas y amenazas.

Cuando tuvimos listo nuestro documento de recomendaciones pedimos pacíficamente con papeles blancos “democracia y respeto” y fuimos nuevamente agredidos por la turba enardecida que con arengas violentas y empujones habían tomado un espacio de expresión acreditado para que las organizaciones civiles podamos dirigirnos a los medios.

Mientras en el mismo marco de la Cumbre, el dictador Raúl Castro pretendía mostrar gestos de cambio reuniéndose con Barack Obama, miembros de la sociedad civil de las Américas estábamos abandonados a nuestra suerte en el Hotel Panamá, con poquísima seguridad intentábamos ponernos a salvo, huyendo por la cocina, pasadizos, puertas traseras y llegamos incluso a un balcón sin salida porque nadie podía retirar a los agitadores castristas –ansiosos de violencia– de las salas autorizadas para nuestras reuniones.

Mirándolo en conjunto, Cuba llevó dos mensajes a la Cumbre, por un lado el de la normalización de sus relaciones con Estados Unidos, y por el otro lado el ataque a los opositores y a ciudadanos de otros países que exigimos  democracia y la libertad en la región, y que no nos prestamos a la histeria de la delegación oficialista cubana. Ello nos alerta que el régimen no va a cambiar un ápice su aparato represivo contra opositores, no lo hizo en Panamá, y menos lo hará en Cuba.

Pese a estos disturbios, las organizaciones democráticas de más de veinte países logramos dialogar en la mesa de gobernabilidad y llegamos al acuerdo de exigir que la OEA cumpla su rol original, esto es el de garantizar la democracia y los derechos humanos en el hemisferio, que además se instaure una relatoría con mecanismos eficaces para el cumplimiento de la Carta Democrática Interamericana, y que se garantice la labor de los defensores de derechos humanos.

Con todos los sinsabores y con el riesgo de que estas reuniones terminen cayendo en la trampa de legitimar dictaduras, estos días serán memorables para las Américas, días en que se logró que numerosas organizaciones representativas de las sociedad civil expresen su solidaridad a cubanos y venezolanos víctimas de sus gobiernos. El miedo, la principal arma de las dictaduras se debilita afuera y adentro. Todos aquellos cubanos, venezolanos, nicaraguenses y demás latinoamericanos que defendimos el principio de que la democracia es respeto, quedamos unidos para siempre en la defensa de la libertad en la región. Los opositores regresan a sus países fortalecidos y más unidos a seguir luchando, y con el respaldo de que no estuvieron, ni están solos. Atrás y en marco infame, quedó el miedo, la sospecha y el repudio que las dictaduras del continente pretendieron implantar en la Cumbre de Panamá.

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La derecha chilena en busqueda de un sentido

Llama la atención que la Alianza de partidos de centro derecha en Chile continúe buscando su discurso unificador para afrontar la coyuntura. La actual situación es de la falta de un relato y defensa con convicción y pasión de principios que, en su momento, se vieron como incuestionados o se pensó que se explicarían solos y que el peso de los hechos era suficiente para la ciudadanía y el progreso del país. La verdad que no es la falta de conceptos, principios, argumentos o pensadores simplemente parece que es la falta de sinceridad y excesiva arrogancia lo que tiene destruido al sector.

Quizás es momento que de una vez por todas se decida entre defender la libertad o mantener sólo las ventajas económicas de ésta. En efecto la derecha chilena, (o centro derecha como se suelen autodenominar hoy en día buscando los votos del centro político), por un lado se ha aferrado a los resultados económicos, a través de gráficos y cifras. Aunque impresionantes pero que de una u otra forma suelen ser, bajo el pretexto de “la eficiencia”, el único argumento para justificar su acceso a la administración del poder. No hay una vinculación comprometida a una defensa integral de la libertad, sobran el temor a la competencia y la falta de conexión con los electores, como señalarían algunos “demasiada cabeza y poco corazón”.

Por otro lado están quienes, en el mismo sector, asumiendo el discurso y conceptos impuestos por la izquierda, replican un relato ambiguo en donde el relativismo y la confusión, generalmente alimentados por la necesidad de figuración pública, nos hace pensar que muy poco realmente tienen que aportar al debate público.

¿Cuál es el rol entonces de la actual derecha chilena en la defensa de la libertad? Es una pregunta que muchos nos hacemos con bastante frecuencia. Por un lado no hay una clara convicción entre los líderes de los principales movimientos y partidos políticos existentes en la actualidad. Tampoco hay un esfuerzo por establecer un relato de consenso en torno a principios. Mucho de esto se ve alimentado por la dificultad de explicar coyunturas circunstanciales como la relación entre grupos económicos y el financiamiento de campañas políticas, que ya costó la renuncia del presidente de la Unión Demócrata independiente.

Sin embargo la discusión aún está centralizada a cúpulas de poder, por señalarlo en forma coloquial “sin entender la crisis, buscan salir de esta con las mismas respuestas de siempre”. Son los mismos personeros que buscan “salvar la situación actual” de cualquier forma, demostrando una desconexión con la realidad y la falta de una carta de navegación.

¿Ausencia absoluta de solución? Sin duda quienes tienen mucho que decir al respecto son las autoridades comunales de los distintos municipios con presencia de la centro derecha, por cierto eternas postergadas en el debate, pero que son las que tienen contacto directo y en terreno con los habitantes de nuestro país. En lo personal he conocido más defensores de la libertad, públicamente y no en reuniones de salón cerradas, entre estos personeros que en el parlamento. Su experiencia es fundamental, no tan solo por su conexión con la realidad  con el territorio, sino por la transmisión de las ideas, fundamentos y valores en defensa de la sociedad libre. Acá no hay gráficos que valgan, ni cifras que convenzan, hay un real convencimiento en las ideas y se ejerce con trabajo.

¿Seguir construyendo “castillos en el aire” con los mismos de siempre? Quizás es hora de que pase la otra “retroexcavadora”, muchos tienen que dar un paso al costado y favorecer un ideario, sin embargo esto significa evidentemente dejar el puesto a otros. ¿Estarán realmente dispuesto a comprometerse con la libertad?

Esto no tiene que ver con generaciones “exclusivas”, como los “sub 40” que participaron en la administración pasada. Tiene que ver con quienes realmente se puede armar un debate interno que permita generar contenidos, discusión y establecer un compromiso con el progreso del país. Es dejar de despreciar a los intelectuales, con canas más o canas menos, generando una discusión descentralizada que permita  sincerarse y asumir una defensa, no tan solo del sistema económico, sino de una sociedad libre donde personas puedan forjar el progreso de Chile y no perder el camino recorrido en los últimos 40 años.

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Las recomendaciones de Milton Friedman para Chile

Aquí les presento el texto completo de la carta que le envió Milton Friedman al Presidente Pinochet el 21 de Abril de 1975, después de una visita de una semana a Chile. Ella aparece, por cierto en inglés, en el libro de memorias de Milton y Rose Friedman titulado Two Lucky People (The University of Chicago Press, 1998).

21 de Abril, 1975.
Personal
Excmo. Sr. Augusto Pinochet Ugarte
Presidente
Edificio Diego Portales
Santiago, Chile

Estimado señor Presidente:

Durante la visita que le hiciéramos el viernes 21 de Marzo, realizada con el objeto de discutir la situación económica de Chile, Usted me pidió que le transmitiera mi opinión acerca de la situación y políticas económicas chilenas luego de completar mi estancia en su país. Esta carta responde a tal requerimiento.

Permítame primero decirle cuán agradecidos estamos mi esposa y yo de la cálida hospitalidad que nos brindaran tantos chilenos durante nuestra breve visita; nos hicieron sentir como si realmente estuviéramos en casa. Todos los chilenos que conocimos estaban muy conscientes de la seriedad de los problemas que su país enfrenta, dándose cuenta de que el futuro inmediato iba a ser muy difícil. Sin embargo, todos mostraban una firme determinación en aras de superar dichas dificultades y una especial dedicación en el trabajo por un futuro más próspero.

El problema económico fundamental de Chile tiene claramente dos aristas: la inflación y la promoción de una saludable economía social de mercado. Ambos problemas están relacionados: cuánto más efectivamente se fortalezca el sistema de libre mercado, menores serán los costos transicionales de terminar con la inflación. Sin embargo, y pese a estar relacionados, se trata de dos problemas diferentes: el fortalecimiento del libre mercado no culminará con la inflación per se, como tampoco terminar con la inflación derivará automáticamente en un vigoroso e innovador sistema de libre mercado.

La causa de la inflación en Chile es muy clara: el gasto público corresponde, aproximadamente, a un 40% del ingreso nacional. Cerca de un cuarto de este gasto no deriva de impuestos explícitos y, por lo tanto, debe ser financiado emitiendo una mayor cantidad de dinero; en otras palabras, a través del impuesto oculto de la inflación. El impuesto inflación, utilizado para levantar una cantidad de dinero equivalente al 10% del ingreso nacional es, por ende, extremadamente gravoso – una tasa impositiva de 300% a 400% (es decir, la tasa de inflación)- impuesta sobre una estrecha base de cálculo- 3% a 4% del ingreso nacional (es decir, el valor de la cantidad de dinero que circula en Chile como efectivo y depósitos en cuentas corrientes).

Este impuesto inflación genera un enorme daño al inducir a las personas a dedicar un gran esfuerzo por limitar su posesión de dinero en efectivo. Esa es la razón por la cual la base es tan estrecha. En la mayoría de los países, desarrollados y subdesarrollados, la cantidad de dinero es más cercana al 30% del ingreso nacional que al 3% o 4% de éste. Desde la perspectiva del gasto total, que es un múltiplo del ingreso, el dinero en Chile alcanza sólo a algo así como 3 días de gasto, lo que fuerza a realizar nada más que operaciones de subsistencia en el rubro comercio, además de estrangular al mercado de capitales.

Existe solo una manera de terminar con la inflación: reducir drásticamente la tasa de incremento en la cantidad de dinero. En la situación de Chile, el único modo para lograr la disminución de la tasa de incremento en la cantidad de dinero es reducir el déficit fiscal. Por principio, el déficit fiscal puede ser reducido disminuyendo el gasto público, aumentando los impuestos o endeudándose dentro o fuera del país. Exceptuando el endeudamiento externo, los otros tres métodos tendrían los mismos efectos transitorios en el empleo, aunque afectando a diferentes personas -disminuir el gasto público afectaría inicialmente a los empleados públicos, aumentar los impuestos afectaría inicialmente a las personas empleadas por quienes pagan impuestos, y endeudarse afectaría inicialmente a las personas empleadas por los titulares de los créditos o por la las personas que, de otro modo, hubieran conseguido esos fondos prestados.

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Rocky Balboa y la búsqueda de la felicidad

En Rocky VI encontramos una gran lección. En una escena de apenas 2,5 minutos se debaten las dos grandes ideas que han moldeado el curso de los debates de política económica en las sociedades modernas. ¿Han de intervenir los funcionarios en la vida de individuos cuando consideran que es por su propio bien o se le debe permitir a la persona perseguir sus objetivos aunque conlleve grandes riesgos para su salud, vida o economía?

El episodio es muy emotivo porque conocemos el personaje, sabemos de donde vino, los errores de su vida y en este momento de su vida solo le quedan sus habilidades boxísticas.

¿Hasta dónde llega el límite en que un tercero puede intervenir en la vida de otro? ¿Está el límite en la recomendación o sugerencia? ¿Ni siquiera debe llegar a la recomendación? ¿Con quién te identificas? ¿Si fueses miembro del comité habrías votado de manera diferente? Si estuvieses en la situación de Rocky, ¿te sentirías indignado?

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La semana de la intolerancia

Bandera arcoiris

El debate del dictamen del proyecto de la ley de unión civil de personas del mismo sexo nos ha mostrado el deplorable nivel democrático de nuestros parlamentarios. Una libertad tan importante como la de decidir con quién queremos unirnos y vivir en pareja ha sido vapuleada por nuestros legisladores, escudados en pretextos oscurantistas e intolerantes. Es trágico para el país que los proyectos de vida dependan de parlamentarios tan homofóbicos y tan ignorantes de los valores democráticos. Llama la atención el desparpajo con el que decían no a la unión civil porque, según ellos, están para representar a la mayoría.

La principal lección que debe aprender un padre de la Patria es que nos representa a todos, desconocer esto es ignorancia. No pueden seguir escudándose en las mayorías para limitar la libertad. Como decía Ayn Rand, “los derechos no están sujetos al voto público; una mayoría no tiene derecho a eliminar los derechos de una minoría”.

Esta semana, desafortunadamente el conservadurismo ha predominado. Felizmente, no será la única lucha. Habrá que recordarles en la próxima que los homosexuales también tienen una familia, son hijos, hermanos, madres, parejas, y que ninguna razón conservadora puede ser más importante que el amor y la voluntad de dos adultos. Habrá que ser contundentes en que se está luchando hoy para que el hijo de nadie, ni siquiera de los congresistas, tenga que enfrentar en el futuro ese rancio e intolerante conservadurismo cuando decidan sus proyectos de vida.

Publicado originalmente el 15 de marzo de 2015 en el Diario Peru 21 (Perú).

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Colombia no es Venezuela, pero tampoco es libre

Es cierto que, a diferencia de Venezuela, nuestro país vecino al oriente, Colombia no se destaca en las noticias internacionales por las expropiaciones arbitrarias, por la inflación ni por la escasez de productos básicos causada por los controles de precios.

El gobierno colombiano tampoco ha cerrado despóticamente medios de comunicación simplemente porque emiten noticias u opiniones que desagradan al régimen, ni ha legalizado el uso de armas letales en contra de los estudiantes que se manifiestan en las calles.

Pero nada de esto debería enorgullecer mucho a los colombianos que defienden la libertad. Raramente es buena idea compararse con el peor alumno del salón de clase para ufanarse de unas notas mediocres, y el desempeño de Colombia en cuanto a las libertades económicas y civiles es poco brillante en el mejor de los casos.

En cuanto a la economía, los políticos colombianos de todas las vertientes establecidas suelen culpar al “neoliberalismo”- aquella “tremebunda entelequia destructora” según Mario Vargas Llosa- de todo mal real o imaginario. La realidad, sin embargo, es que la libertad de mercado es bastante precaria en Colombia.

Usualmente se requiere a un extranjero para que señale el carácter poco libre y mas bien corporativista de la economía nacional. En el 2012, Juan Carlos Hidalgo, analista costarricense del Instituto Cato y autor de Libremente, me dijo en una entrevista que Colombia es un país “bastante mercantilista, con un sector privado fuerte, pero con empresas fuertes porque han sido protegidas durante muchos años por el Estado, principalmente por medio del proteccionismo comercial y de regulaciones”.

Agregó que los Tratados de Libre Comercio colombianos, denigrados tanto por la izquierda como por la derecha, “abren mucho menos el mercado local a la competencia foránea” que aquellos que firman países vecinos como Perú.

Las palabras de Juan Carlos tienen eco en lo que ha escrito acerca de Colombia el profesor de Harvard James Robinson, quien percibe un altísimo grado de cartelización o monopolio en la economía colombiana. Robinson nota que las tres mayores fortunas creadas en el país durante el siglo XX- en cerveza, bebidas gaseosas y en la banca y servicios financieros- surgieron “a partir de monopolios… protegidos y a veces blindados por el Estado”.

Aparte de esta colusión poco salubre entre grandes grupos económicos y políticos o funcionarios estatales –claramente a costa de la competencia y del consumidor– están los colosales tentáculos retardatorios de la burocracia y del fisco colombiano. Más allá yace un sistema judicial ineficiente y en muchos casos corrupto.

Según el Banco Mundial, crear una empresa legítima en Colombia requiere 8 trámites que se cumplen en 11 días. Quien intente registrar un nuevo negocio, sin embargo, rápidamente cae en cuenta de que estas cifras son bastante optimistas. Más acordes con la realidad son las cifras de 33 trámites y 1.288 días necesarios para hacer cumplir un contrato en Colombia, lo cual nos deja en el puesto número 168 entre 189 países en el escalafón Doing Business. En materia tributaria, una empresa colombiana puede perder 239 horas anuales al cumplir los requisitos para pagar 11 impuestos que suman el 75,4% de las ganancias totales, una tasa mucho mayor a la de Suiza (29%), Suecia (49%) y Dinamarca (26%).

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