La derecha chilena en busqueda de un sentido

Llama la atención que la Alianza de partidos de centro derecha en Chile continúe buscando su discurso unificador para afrontar la coyuntura. La actual situación es de la falta de un relato y defensa con convicción y pasión de principios que, en su momento, se vieron como incuestionados o se pensó que se explicarían solos y que el peso de los hechos era suficiente para la ciudadanía y el progreso del país. La verdad que no es la falta de conceptos, principios, argumentos o pensadores simplemente parece que es la falta de sinceridad y excesiva arrogancia lo que tiene destruido al sector.

Quizás es momento que de una vez por todas se decida entre defender la libertad o mantener sólo las ventajas económicas de ésta. En efecto la derecha chilena, (o centro derecha como se suelen autodenominar hoy en día buscando los votos del centro político), por un lado se ha aferrado a los resultados económicos, a través de gráficos y cifras. Aunque impresionantes pero que de una u otra forma suelen ser, bajo el pretexto de “la eficiencia”, el único argumento para justificar su acceso a la administración del poder. No hay una vinculación comprometida a una defensa integral de la libertad, sobran el temor a la competencia y la falta de conexión con los electores, como señalarían algunos “demasiada cabeza y poco corazón”.

Por otro lado están quienes, en el mismo sector, asumiendo el discurso y conceptos impuestos por la izquierda, replican un relato ambiguo en donde el relativismo y la confusión, generalmente alimentados por la necesidad de figuración pública, nos hace pensar que muy poco realmente tienen que aportar al debate público.

¿Cuál es el rol entonces de la actual derecha chilena en la defensa de la libertad? Es una pregunta que muchos nos hacemos con bastante frecuencia. Por un lado no hay una clara convicción entre los líderes de los principales movimientos y partidos políticos existentes en la actualidad. Tampoco hay un esfuerzo por establecer un relato de consenso en torno a principios. Mucho de esto se ve alimentado por la dificultad de explicar coyunturas circunstanciales como la relación entre grupos económicos y el financiamiento de campañas políticas, que ya costó la renuncia del presidente de la Unión Demócrata independiente.

Sin embargo la discusión aún está centralizada a cúpulas de poder, por señalarlo en forma coloquial “sin entender la crisis, buscan salir de esta con las mismas respuestas de siempre”. Son los mismos personeros que buscan “salvar la situación actual” de cualquier forma, demostrando una desconexión con la realidad y la falta de una carta de navegación.

¿Ausencia absoluta de solución? Sin duda quienes tienen mucho que decir al respecto son las autoridades comunales de los distintos municipios con presencia de la centro derecha, por cierto eternas postergadas en el debate, pero que son las que tienen contacto directo y en terreno con los habitantes de nuestro país. En lo personal he conocido más defensores de la libertad, públicamente y no en reuniones de salón cerradas, entre estos personeros que en el parlamento. Su experiencia es fundamental, no tan solo por su conexión con la realidad  con el territorio, sino por la transmisión de las ideas, fundamentos y valores en defensa de la sociedad libre. Acá no hay gráficos que valgan, ni cifras que convenzan, hay un real convencimiento en las ideas y se ejerce con trabajo.

¿Seguir construyendo “castillos en el aire” con los mismos de siempre? Quizás es hora de que pase la otra “retroexcavadora”, muchos tienen que dar un paso al costado y favorecer un ideario, sin embargo esto significa evidentemente dejar el puesto a otros. ¿Estarán realmente dispuesto a comprometerse con la libertad?

Esto no tiene que ver con generaciones “exclusivas”, como los “sub 40” que participaron en la administración pasada. Tiene que ver con quienes realmente se puede armar un debate interno que permita generar contenidos, discusión y establecer un compromiso con el progreso del país. Es dejar de despreciar a los intelectuales, con canas más o canas menos, generando una discusión descentralizada que permita  sincerarse y asumir una defensa, no tan solo del sistema económico, sino de una sociedad libre donde personas puedan forjar el progreso de Chile y no perder el camino recorrido en los últimos 40 años.

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Las recomendaciones de Milton Friedman para Chile

Aquí les presento el texto completo de la carta que le envió Milton Friedman al Presidente Pinochet el 21 de Abril de 1975, después de una visita de una semana a Chile. Ella aparece, por cierto en inglés, en el libro de memorias de Milton y Rose Friedman titulado Two Lucky People (The University of Chicago Press, 1998).

21 de Abril, 1975.
Personal
Excmo. Sr. Augusto Pinochet Ugarte
Presidente
Edificio Diego Portales
Santiago, Chile

Estimado señor Presidente:

Durante la visita que le hiciéramos el viernes 21 de Marzo, realizada con el objeto de discutir la situación económica de Chile, Usted me pidió que le transmitiera mi opinión acerca de la situación y políticas económicas chilenas luego de completar mi estancia en su país. Esta carta responde a tal requerimiento.

Permítame primero decirle cuán agradecidos estamos mi esposa y yo de la cálida hospitalidad que nos brindaran tantos chilenos durante nuestra breve visita; nos hicieron sentir como si realmente estuviéramos en casa. Todos los chilenos que conocimos estaban muy conscientes de la seriedad de los problemas que su país enfrenta, dándose cuenta de que el futuro inmediato iba a ser muy difícil. Sin embargo, todos mostraban una firme determinación en aras de superar dichas dificultades y una especial dedicación en el trabajo por un futuro más próspero.

El problema económico fundamental de Chile tiene claramente dos aristas: la inflación y la promoción de una saludable economía social de mercado. Ambos problemas están relacionados: cuánto más efectivamente se fortalezca el sistema de libre mercado, menores serán los costos transicionales de terminar con la inflación. Sin embargo, y pese a estar relacionados, se trata de dos problemas diferentes: el fortalecimiento del libre mercado no culminará con la inflación per se, como tampoco terminar con la inflación derivará automáticamente en un vigoroso e innovador sistema de libre mercado.

La causa de la inflación en Chile es muy clara: el gasto público corresponde, aproximadamente, a un 40% del ingreso nacional. Cerca de un cuarto de este gasto no deriva de impuestos explícitos y, por lo tanto, debe ser financiado emitiendo una mayor cantidad de dinero; en otras palabras, a través del impuesto oculto de la inflación. El impuesto inflación, utilizado para levantar una cantidad de dinero equivalente al 10% del ingreso nacional es, por ende, extremadamente gravoso – una tasa impositiva de 300% a 400% (es decir, la tasa de inflación)- impuesta sobre una estrecha base de cálculo- 3% a 4% del ingreso nacional (es decir, el valor de la cantidad de dinero que circula en Chile como efectivo y depósitos en cuentas corrientes).

Este impuesto inflación genera un enorme daño al inducir a las personas a dedicar un gran esfuerzo por limitar su posesión de dinero en efectivo. Esa es la razón por la cual la base es tan estrecha. En la mayoría de los países, desarrollados y subdesarrollados, la cantidad de dinero es más cercana al 30% del ingreso nacional que al 3% o 4% de éste. Desde la perspectiva del gasto total, que es un múltiplo del ingreso, el dinero en Chile alcanza sólo a algo así como 3 días de gasto, lo que fuerza a realizar nada más que operaciones de subsistencia en el rubro comercio, además de estrangular al mercado de capitales.

Existe solo una manera de terminar con la inflación: reducir drásticamente la tasa de incremento en la cantidad de dinero. En la situación de Chile, el único modo para lograr la disminución de la tasa de incremento en la cantidad de dinero es reducir el déficit fiscal. Por principio, el déficit fiscal puede ser reducido disminuyendo el gasto público, aumentando los impuestos o endeudándose dentro o fuera del país. Exceptuando el endeudamiento externo, los otros tres métodos tendrían los mismos efectos transitorios en el empleo, aunque afectando a diferentes personas -disminuir el gasto público afectaría inicialmente a los empleados públicos, aumentar los impuestos afectaría inicialmente a las personas empleadas por quienes pagan impuestos, y endeudarse afectaría inicialmente a las personas empleadas por los titulares de los créditos o por la las personas que, de otro modo, hubieran conseguido esos fondos prestados.

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Rocky Balboa y la búsqueda de la felicidad

En Rocky VI encontramos una gran lección. En una escena de apenas 2,5 minutos se debaten las dos grandes ideas que han moldeado el curso de los debates de política económica en las sociedades modernas. ¿Han de intervenir los funcionarios en la vida de individuos cuando consideran que es por su propio bien o se le debe permitir a la persona perseguir sus objetivos aunque conlleve grandes riesgos para su salud, vida o economía?

El episodio es muy emotivo porque conocemos el personaje, sabemos de donde vino, los errores de su vida y en este momento de su vida solo le quedan sus habilidades boxísticas.

¿Hasta dónde llega el límite en que un tercero puede intervenir en la vida de otro? ¿Está el límite en la recomendación o sugerencia? ¿Ni siquiera debe llegar a la recomendación? ¿Con quién te identificas? ¿Si fueses miembro del comité habrías votado de manera diferente? Si estuvieses en la situación de Rocky, ¿te sentirías indignado?

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La semana de la intolerancia

Bandera arcoiris

El debate del dictamen del proyecto de la ley de unión civil de personas del mismo sexo nos ha mostrado el deplorable nivel democrático de nuestros parlamentarios. Una libertad tan importante como la de decidir con quién queremos unirnos y vivir en pareja ha sido vapuleada por nuestros legisladores, escudados en pretextos oscurantistas e intolerantes. Es trágico para el país que los proyectos de vida dependan de parlamentarios tan homofóbicos y tan ignorantes de los valores democráticos. Llama la atención el desparpajo con el que decían no a la unión civil porque, según ellos, están para representar a la mayoría.

La principal lección que debe aprender un padre de la Patria es que nos representa a todos, desconocer esto es ignorancia. No pueden seguir escudándose en las mayorías para limitar la libertad. Como decía Ayn Rand, “los derechos no están sujetos al voto público; una mayoría no tiene derecho a eliminar los derechos de una minoría”.

Esta semana, desafortunadamente el conservadurismo ha predominado. Felizmente, no será la única lucha. Habrá que recordarles en la próxima que los homosexuales también tienen una familia, son hijos, hermanos, madres, parejas, y que ninguna razón conservadora puede ser más importante que el amor y la voluntad de dos adultos. Habrá que ser contundentes en que se está luchando hoy para que el hijo de nadie, ni siquiera de los congresistas, tenga que enfrentar en el futuro ese rancio e intolerante conservadurismo cuando decidan sus proyectos de vida.

Publicado originalmente el 15 de marzo de 2015 en el Diario Peru 21 (Perú).

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Colombia no es Venezuela, pero tampoco es libre

Es cierto que, a diferencia de Venezuela, nuestro país vecino al oriente, Colombia no se destaca en las noticias internacionales por las expropiaciones arbitrarias, por la inflación ni por la escasez de productos básicos causada por los controles de precios.

El gobierno colombiano tampoco ha cerrado despóticamente medios de comunicación simplemente porque emiten noticias u opiniones que desagradan al régimen, ni ha legalizado el uso de armas letales en contra de los estudiantes que se manifiestan en las calles.

Pero nada de esto debería enorgullecer mucho a los colombianos que defienden la libertad. Raramente es buena idea compararse con el peor alumno del salón de clase para ufanarse de unas notas mediocres, y el desempeño de Colombia en cuanto a las libertades económicas y civiles es poco brillante en el mejor de los casos.

En cuanto a la economía, los políticos colombianos de todas las vertientes establecidas suelen culpar al “neoliberalismo”- aquella “tremebunda entelequia destructora” según Mario Vargas Llosa- de todo mal real o imaginario. La realidad, sin embargo, es que la libertad de mercado es bastante precaria en Colombia.

Usualmente se requiere a un extranjero para que señale el carácter poco libre y mas bien corporativista de la economía nacional. En el 2012, Juan Carlos Hidalgo, analista costarricense del Instituto Cato y autor de Libremente, me dijo en una entrevista que Colombia es un país “bastante mercantilista, con un sector privado fuerte, pero con empresas fuertes porque han sido protegidas durante muchos años por el Estado, principalmente por medio del proteccionismo comercial y de regulaciones”.

Agregó que los Tratados de Libre Comercio colombianos, denigrados tanto por la izquierda como por la derecha, “abren mucho menos el mercado local a la competencia foránea” que aquellos que firman países vecinos como Perú.

Las palabras de Juan Carlos tienen eco en lo que ha escrito acerca de Colombia el profesor de Harvard James Robinson, quien percibe un altísimo grado de cartelización o monopolio en la economía colombiana. Robinson nota que las tres mayores fortunas creadas en el país durante el siglo XX- en cerveza, bebidas gaseosas y en la banca y servicios financieros- surgieron “a partir de monopolios… protegidos y a veces blindados por el Estado”.

Aparte de esta colusión poco salubre entre grandes grupos económicos y políticos o funcionarios estatales –claramente a costa de la competencia y del consumidor– están los colosales tentáculos retardatorios de la burocracia y del fisco colombiano. Más allá yace un sistema judicial ineficiente y en muchos casos corrupto.

Según el Banco Mundial, crear una empresa legítima en Colombia requiere 8 trámites que se cumplen en 11 días. Quien intente registrar un nuevo negocio, sin embargo, rápidamente cae en cuenta de que estas cifras son bastante optimistas. Más acordes con la realidad son las cifras de 33 trámites y 1.288 días necesarios para hacer cumplir un contrato en Colombia, lo cual nos deja en el puesto número 168 entre 189 países en el escalafón Doing Business. En materia tributaria, una empresa colombiana puede perder 239 horas anuales al cumplir los requisitos para pagar 11 impuestos que suman el 75,4% de las ganancias totales, una tasa mucho mayor a la de Suiza (29%), Suecia (49%) y Dinamarca (26%).

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Las nuevas dictaduras de género

A lo largo de los últimos años han emergido innumerables movimientos feministas que dicen querer hacer universal la lucha de la mujer por participar en la sociedad en pie de igualdad con el hombre. Emancipación de las mujeres de toda opresión, sociedad igualitaria, empoderamiento desde una perspectiva anticapitalista, clasista y revolucionaria, son sólo algunas de las consignas que resaltan estos movimientos. La lucha más difundida últimamente ha sido “igual salario por igual trabajo“, haciendo alusión a que la mujer gana en promedio menos que el hombre.

Muy pocas personas han reflexionado sobre estas cuestiones y se han aventurado muy peligrosamente a apoyarlas. Incluso muchos medios de comunicación proclaman a voces lo que oyentes aceptan sin cuestionar.

Los invito a ver estos videos acerca de esta cuestión:

Lo que los burócratas, organizaciones internacionales y no gubernamentales y medios de comunicación olvidan es que la idea de igual salario por igual trabajo es injusta, sus consecuencias para la economía son nefastas y otorga privilegios en base a cuestiones aleatorias, en este caso, de género. De esta forma se ha dado un mensaje completamente tergiversado y con argumentos falaces, mensaje al que muchos han adherido. Por ejemplo, plantean desde las agrupaciones feministas que “(…) esto [sistema patriarcal] lleva a que, a lo largo de la historia, los derechos de la mujer hayan sido relegados, estableciendo una relación de opresión y dominio de los hombres sobre las mujeres, derivando indefectiblemente en la violencia de género, en cualquiera de sus variantes (física, emocional, sexual o económica)”. Esta idea no sólo presenta incongruencias a nivel económico sino también a nivel moral.

Lo que la premisa igual salario por igual trabajo no tiene en cuenta es que las comparaciones se realizan en base a valores promedio de salarios, y lo que hay que aquí tener en cuenta, antes que nada, es el tipo de trabajo que ambos sexos realizan. El trabajo de la mujer no es igual al del hombre. Las estadísticas no muestran que muchos hombres se han abocado a carreras como Ingeniería, mientras que las mujeres tienden a escoger otras profesiones en las que los sueldos son menores. Otro aspecto a tener en cuenta es que el sexo femenino tiende a reducir sus horas de trabajo, a diferencia del hombre quien está más dispuesto a trabajar horas extras. Las diferencias de inversión en materia de educación es otro factor que diferencia a hombres y mujeres. Tampoco los datos muestran que la mujer debe ausentarse durante largos períodos por el simple hecho de que son quienes tienen hijos y necesitan de tiempo para cuidar a sus hijos y familia. Además, también suelen requerir atención médica con más frecuencia. Es por todo esto que, si bien pueden existir excepciones puntuales, la mujer es menos productiva que el hombre en la vida profesional. Por ello, las diferencias de salarios entre los dos sexos no es resultado de discriminación en el mercado laboral sino de las decisiones que ambos toman a lo largo de su vida.

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Ayuda estadounidense empodera al crimen organizado de México

Hace dos semanas escribí un artículo en El País donde presenté el caso contra la propuesta de la administración Obama de entregar cientos de millones de dólares en ayuda externa a gobiernos de Centroamérica con el objetivo de luchar contra el crimen organizado, promover la seguridad y fomentar el desarrollo económico. En mi nota escribí que “…dar mil millones a gobiernos con lúgubres historiales de transparencia y derechos humanos empoderará a políticos corruptos en detrimento de los centroamericanos a los que se pretende ayudar”.

La semana pasada, Jesse Franzblau publicó un artículo bastante revelador en The National en el cual demostró cuán contraproducente esta ayuda puede ser. En su ensayo, Franzblau publicó documentos clasificados que muestran cómo las autoridades estadounidenses han continuado enviando millones de dólares a las agencias de seguridad mexicanas a pesar de saber que esas mismas fuerzas se encuentran infiltradas por los carteles de las drogas. Este dinero era parte del Plan Mérida, un programa de $2.600 millones destinado a ayudar a México en su lucha contra los cárteles de la droga.

En algunos casos, los documentos parecen demostrar los esfuerzos de los funcionarios de EE.UU. para encubrir o minimizar graves abusos contra los derechos humanos cometidos por las fuerzas de seguridad mexicanas de tal forma que no se viera afectada la continuidad del Plan Mérida.

Como Franzblau señala:

Si bien las leyes de EE.UU. explícitamente prohíben la entrega de ayuda tanto a extranjeros como a unidades implicadas en la violación sistemática de derechos humanos, la información interna sobre la implementación de los programas de Mérida revela que las conexiones institucionales con el crimen organizado se pasan por alto constantemente, son ignoradas u ocultadas del escrutinio público; al mismo tiempo que el dinero sigue fluyendo para la lucha contra las drogas.

Esto es sumamente serio. En lugar de ayudar en la lucha contra los cárteles de la droga, la asistencia de EE.UU. podría estar otorgándoles más poder. Como mencioné en mi artículo, hay evidencia bien documentada acerca de cómo los organismos de seguridad y los sistemas judiciales de los países centroamericanos han sido infiltrados por poderosas organizaciones criminales, desde los cárteles de droga hasta maras.

El artículo de Franzblau también muestra un fenómeno bien documentado acerca de la ayuda externa: una vez que comienza a ser distribuida, la burocracia encargada de administrarla tiene un incentivo para ignorar la evidencia respecto si se está cumpliendo sus objetivos o si más bien resulta contraproducente, ya que cancelar la ayuda pondría en peligro la existencia de la misma burocracia. En este caso particular, Franzblau menciona que “los funcionarios estadounidenses eran muy conscientes del efecto que los informes de abusos podrían tener en el Plan Mérida”.

No hay razón alguna para creer que el oneroso plan de ayuda de la administración Obama para los gobiernos centroamericanos no sufrirá los mismos defectos que Jesse Franzblau expone en su artículo.

Este post fue publicado originalmente en Cato @ Liberty el 2 de marzo de 2015.

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La palabra “extranjero” en Panamá

Justo Arosemena en el retiro de MadridCualquier visitante de Madrid no debe perderse la oportunidad de echar un buen paseo por el parque de El Retiro. Discretamente situado entre sus arbolados caminos se encuentra un monumento dedicado a Justo Arosemena, “padre de la nacionalidad panameña”. Está ubicado en la pequeña plaza Panamá, que aunque ocupa una fracción de las 118 hectáreas del parque, no deja de ser elegante. ¡Y qué cita la que adorna el monolito!: “La Patria del Hombre es el mundo y si en mi consistiera borraría de todos los diccionarios la palabra ‘extranjero'”.

Don Justo querría para este Istmo una sociedad abierta, que buscara el imperio de la igualdad ante la ley sin discriminación por raza, sexo, religión, clase social, ideología o lugar de nacimiento. Es la visión de un pueblo que prosperaría sin distinguir entre nosotros y los otros: “Pro mundi beneficio”, como se lee en nuestro escudo de armas.

En Argentina, el escritor Jorge Luis Borges reflexionaba similarmente que: “Soy un cosmopolita que atraviesa fronteras porque no le gustan”. No le gustaban porque le encantaba la literatura y la historia anglosajona aunque escribiera en castellano, porque creció en Ginebra y porque su sangre era un potpourri de nacionalidades…

“Soy una ciudadana europea, de origen búlgaro, de nacionalidad francesa, que se considera una intelectual cosmopolita”, nos insiste también la filósofa y autora de Extranjeros para nosotros mismos, Julia Kristeva. Y es que ¿qué somos sino un conjunto de muchas cosas? La identidad de cada uno es dinámica y compleja, algunos aspectos se comparten, pero otros —quizás la mayoría— son únicos.

Una de las reglas de oro de la ética, que encontramos en el seno de la tradición abrahámica, es: No hagas a los otros lo que no quieres que te sea hecho. La sabiduría acumulada en el Talmud o la Biblia reconoce que la fuente de grandes injusticias y mucho sufrimiento proviene de violar esta regla.

En el libro del Éxodo, por ejemplo, se advierte: “Y al extranjero no engañarás ni angustiarás, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto”. La aplicación de la regla de oro es clara: recuerda que fuiste extranjero una vez y podrías volver a serlo. En el Levítico también se recalca: “No habrá para ustedes más que un derecho, válido tanto para el extranjero como para el nativo”. Se trata de una norma que nadie en particular ideó y que se desarrolló evolutivamente. Como nos explica el economista austriaco Friedrich von Hayek, es el tipo de reglas cuya adopción, a lo largo de la historia, fue determinante para que ciertas sociedades perduraran y florecieran.

Es irónico y lamentable que la cita de don Justo haya encontrado digno “retiro” en el exilio madrileño y que en su tierra a diario crezca el provincialismo. Si bien los ataques han sido verbales, mañana podrían establecerse limitantes más tangibles. Esto, gracias a personas que reclaman una patria para los suyos, queriendo excluir a otros, colocándolos como ciudadanos de segunda categoría y no en igualdad ante la ley, con el mismo derecho a ofrecer su trabajo libremente, adquirir propiedades, crear riqueza material, cultural y espiritual, formar una familia, amar y cometer errores.

“La patria es el recuerdo… Pedazos de la vida
envueltos en jirones de amor o de dolor;
la palma rumorosa, la música sabida,
el huerto ya sin flores, sin hojas, sin verdor»
.

¡Qué melodía tan distinta clama el poeta panameño Ricardo Miró! Borges le habría replicado que esa también era su patria:

“Hablan de patria.
Mi patria es un latido de guitarra, unos retratos y una vieja espada,
la oración evidente del sauzal en los atardeceres”
.

La patria es donde se forman recuerdos, donde hacemos vida. El Panamá que deseo es aquel donde cualquiera que venga voluntarioso y respetuoso del derecho ajeno, pueda hacer su patria, porque la patria la construye cada uno, indistintamente de su origen.

Una versión de este artículo fue publicado en Revista K, octubre de 2014, Panamá.

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¿La política está de moda?

Marcha contra tv basuraEn el Perú viene desarrollándose una tendencia de la juventud a organizar marchas para protestar por los problemas que ellos entienden prioritarios. A partir de ello, es recurrente escuchar entre los jóvenes que “la política está de moda”. Si tanto tiempo hemos venido reclamando la apatía juvenil, deberíamos aplaudir entonces que los jóvenes de hoy, hacen ejercicio de su libertad de expresion y además participan de los asuntos públicos, sin embargo en la esencia de este repentino interés de la juventud en política hay dos problemas que deberían preocuparnos.

El primero es la creencia de que se está haciendo política con la sola realización de las marchas, las cuales son efímeras e impersonales, en las que nadie asume responsabilidad y en las que no se logra un cambio profundo si es que no van acompañadas de líderes, ideas, propuestas de acción, instituciones y coherencia, que sustenten y sotengan la petición de quienes marchan.

El segundo problema, es que este interés político es abordado por jóvenes con alma de prohibicionistas. Sus demandas no exigen más libertad sino que piden la participación del Estado para recortar las libertades de otros. Lo acabamos de ver con las marchas contra ley del empleo juvenil, en la que su pedido afectaba la libertad de trabajo de los jóvenes que más necesitaban un empleo. Y recientemente en la marcha contra la televisión basura. No me gusta usar el término basura, pero así lo han llamado ellos mismos, cayendo en lo que supuestamente denuncian como la falta por ejemplo de lo que se considera un “lenguaje culto y apropiado”.

Si la juventud se caracterizó por reclamar mayores libertades, hoy cree que puede usar la política para controlar la libertad de otros. Pasamos de una juventud apática, a una juventud participativa pero represiva, intervencionista, y con talante totalitario. No están dispuestos a tolerar lo que no les gusta y quieren imponer sus gustos a otros. La cuestión no está en que rechacen programas que ellos consideran que no aportan nada a la “cultura” o que “no enaltece”, o que estupidiza, finalmente son libres de ello; el inconveniente está en la soberbia y el despotismo con el que actúan al creerse capaces de decidir lo que los demás deben ver en televisión.

Es alarmante cuando aparece una generación que quiere actuar en política incitando la censura, el odio a lo diferente y a lo que no le gusta. ¿Y así hablan de renovar la política? Si es así, la política no está de moda, está en riesgo. Buscar que el Estado censure los gustos y cultura de los demás es antidemocrático y una clara muestra de intolerancia. Marchar contra lo que nos disgusta es el trabajo fácil. Proponer, debatir ideas, dialogar, educar, respetar, tolerar es el trabajo difícil, y esos valores aparentemente no están en las venas, ni en la agenda de quienes viendo promoviendo las marchas.

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John Oliver entrena a Rafael Correa

Recientemente, por motivo de la triste masacre en París de gran parte de quienes hacían la revista satírica Charlie Hebdo, el debate acerca de la libertad de expresión ha recobrado actualidad alrededor del mundo. De manera más específica, se discute hasta qué punto debe la ley limitar la expresión para proteger a todos aquellos grupos y/o individuos que se sienten ofendidos. Flemming Rose, editor del diario danés Jyllands-Posten y quien autorizó en septiembre de 2005 la publicación de la notoria caricatura en la que sale el Profeta Mahoma con una bomba en su turbante, considera que el momento que debatimos esos límites hemos abierto la puerta a un sinnúmero de excusas para que los estados autoritarios e incluso totalitarios restrinjan el derecho de hablar libremente y persigan a minorías. Rose agrega que:

“Uno casi se siente tentado a pedirle a los Estados de Bienestar de Europa que gasten algo de dinero no en la ‘capacitación de sensibilidad’ —aprender qué es lo que no se debe decir— sino en la capacitación para ser menos sensible: aprender a tolerar. Es que si la libertad y la tolerancia han de tener una oportunidad de sobrevivir en el mundo nuevo, todos necesitamos desarrollar una piel más gruesa”.

Todo esto me vino a la mente cuando veía hoy el video del programa “Last Week Tonight” (HBO) del comediante inglés John Oliver, quien le proveyó al presidente ecuatoriano Rafael Correa con una capacitación gratuita para desarrollar una piel más gruesa o, como decimos en Ecuador, “una piel más curtida”. En su último programa Oliver se burló de los absurdos niveles de intolerancia que ha mostrado Correa y le envió un mensaje:

“Mire, presidente Correa, si usted es tan insensible, entonces Twitter y Facebook puede que no sean para usted. Y, para ser honesto, ser un líder mundial tal vez no sea para usted, a menos que pueda mejorar su tolerancia a las ofensas personales. Confíe en mi. Yo he pasado por esto. Solía ser muy sensible. Luego, me convertí en comediante y me han insultado tanto que ya no siento nada. . . Así que usted no necesita menos abuso, necesita más, usted necesita más abuso para caer del otro lado. Así que permítame ayudarlo ahora mismo”.

No se pierdan el video (4:23 mins). Tampoco se pierdan el libro de Rose sobre los nuevos ataques a la libertad de expresión alrededor del mundo: The Tyranny of Silence (Cato Institute, Noviembre de 2014).

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