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¿Habrá nuevo techo para la deuda?

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El debate sobre el límite al endeudamiento público empieza a encenderse en medio de la crisis de recursos que atraviesa el Gobierno. Y dado que en los últimos meses del año es cuando el déficit fiscal se presenta con fuerza, se acentuará de aquí a diciembre. Suenan dos caminos dentro del Régimen: el aumento del techo de la deuda pública (40% del PIB), y una nueva colocación de bonos de deuda externa por $1.000 millones. El primero se camuflaría con la construcción de la Refinería del Pacífico, el segundo se trataría de una reapertura de los Bonos 2020.

Por lógica financiera es común que la falta de recursos empiece a sentirse conforme se aproxima el fin del periodo fiscal. Pero este año el Presupuesto General del Estado ha empezado a sufrir esos estragos muy fuerte y con mucha anticipación. El déficit apareció en mayo, antes de la mitad del año, con un monto bastante elevado de –$772 millones, y al cierre de junio ya supera los $1.148 millones. Esto equivale a casi el triple del déficit registrado el mismo mes de 2014 y 2015 cuando recién empezaba a aparecer.

Aún más, en el presupuesto anual (codificado) el déficit ya es más de $4.609 millones, que sumado a lo que se necesita para el pago de deudas da como resultado un requerimiento financiero de $8.883 millones. Por eso se empieza a debatir sobre el límite de endeudamiento. El Gobierno necesita nuevos desembolsos de por lo menos $4.000 millones para el resto del año y el ratio deuda/PIB se encuentra en 35%.

La otra opción es ajustar el gasto público, pero para el oficialismo eso no es una opción por el severo impacto económico recesivo que ocasionaría y que le pasaría factura en las próximas elecciones presidenciales de febrero de 2017. Por esta razón, el Gobierno tratará a toda costa de mantener el nivel de gasto público. Incluso ha proyectado gastar $2.869 millones más (+10%) de lo presupuestado inicialmente ($29.835 millones). Este escenario solo deja un camino, mayor endeudamiento a como dé lugar. Eso explica la necesidad de esos $4.000 millones, ya sea con nuevos desembolsos provenientes de China y/o una nueva emisión de bonos de deuda externa. Ante esta situación es previsible que el Presupuesto del 2017 empiece con una millonaria deuda por los atrasos que queden pendientes del 2016. La nueva deuda es inminente.

Totalmente consciente de esto el Gobierno ya piensa en un plan para los próximos años. Al ser año electoral el Presupuesto del 2016 regirá hasta el 2017 hasta la llegada del nuevo régimen, justo en mayo cuando comienzan los problemas fiscales. Pero asumiendo que el oficialismo continúe en el poder, les sería imposible considerar 1 solo dólar de déficit. Pues no sería posible financiar el Presupuesto con el límite actual de endeudamiento. Peor si tomamos en cuenta que la economía se contraerá este año y el próximo, incrementando el ratio deuda/PIB muy cerca del límite (40%) y dejando prácticamente sin opciones al Gobierno. Por eso el Gobierno busca la salida fácil: subir el techo de la deuda. Reforma que busca justificar legalmente asociándola al financiamiento para la Refinería del Pacífico. Es un hecho que 2017 tendrá un nuevo techo de deuda pública de por lo menos 50% del PIB.

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Publicado originalmente en el blog Panchonomics el 1 de julio de 2016.

Eruditos

Un periodista británico escribía hace días que existen pocas cosas más ineptas que un comité de expertos. Individualmente, argumentaba el columnista de The Telegraph, Fraser Nelson, se puede encontrar brillantes científicos, escritores y abogados, pero ponerlos juntos hace que su experticia descienda a un pensamiento grupal.[1] Nelson señalaba esto en el marco de una carta abierta firmada por 150 académicos de la Universidad de Cambridge explicando las razones por las que el Reino Unido debería permanecer como miembro de la Unión Europea, decisión que tomarán los británicos en junio mediante referéndum. Nelson explicaba que esta carta es parte de la estrategia del Primer Ministro británico, quien apoya la permanencia. Este grupo de académicos seguramente busca que los votantes comunes puedan estar seguros que 150 eruditos hicieron el ejercicio de pensar por ellos y llegaron a una respuesta estudiada, y por lo tanto, correcta.

Esto mismo pasa con la Asamblea Nacional en Ecuador. Me refiero al grupo de eruditos que jamás se ha opuesto a un proyecto orquestado por el Ejecutivo. No hay duda que su erudición ha descendido a un pensamiento grupal y esto no fuera un problema si ese pensamiento no hubiera tenido a nuestra economía pre-terremoto en recesión. Las cosas por su nombre: los shocks externos sólo agravaron una crisis que ya tenía al sector privado paralizado, convirtiendo a estos shocks en convenientes excusas. Las medidas que se votaban en la Asamblea previo al terremoto, ya buscaban enmendar una crisis o, en palabras de los expertos, “equilibrar las finanzas públicas”.

Un mes después de un terremoto que sacudió aún más la economía, es imperativo dinamizarla, pues es evidente que el gobierno no puede solo. Lo correcto entonces sería darle los incentivos a las empresas para que creen riqueza y empleos. Necesitamos que inversionistas y aquellos con altos patrimonios, inviertan a nivel local. Para ello debe captarse capital extranjero nuevo y permitir repatriar capitales que huyeron por medidas tributarias no competitivas. Esto es categórico porque hoy el gobierno ni siquiera es capaz de pagar a sus proveedores, por lo tanto, que asuma todo el peso de la reconstrucción, por muy “solidario” que suene, es una mezcla nociva entre necedad y soberbia.

Una vez planteado el problema, ¿cómo las medidas post-terremoto de nuestro comité de expertos son gravar más el consumo y el patrimonio? La economía básica dice que un incremento del impuesto sobre el consumo (IVA) puede reducir el consumo e incluso llevará a consumir en otros países con menor tributación. Una baja tributación puede aumentar la recaudación porque incentivará la actividad, incluso atrayendo empresas extranjeras, incrementará el consumo y disminuirá la evasión. Respecto a los impuestos al patrimonio, estos trasladan a los inversionistas a otros países con menor tributación. Podría pensarse que si van a evadir, pues qué más da que se vayan, pero la realidad es que al tener un ritmo de vida alto, son las que más consumen en proporción y generan una recaudación por IVA elevada. Así, países con bajos impuestos sobre el patrimonio consiguen una alta recaudación ya que compensan menores ingresos de las rentas del capital con altas recaudaciones de IVA.

Esos son los hechos y la teoría económica. Juzgue usted mismo a nuestros asambleístas eruditos.

Este artículo fue publicado originalmente en El Universo (Ecuador) el 23 de mayo de 2016

Nota:

[1] The endorsement of celebrities, scientists – even the Queen – will make no real difference to the EU debate. The Telegraph. 10 Marzo, 2016.

Impresiones sobre los Papeles de Panamá

La prudencia es uno de los cuatro valores cardinales. Algunos la definen como “la capacidad de analizar y comprobar información antes de tomar una decisión, evaluando sus consecuencias”. Ciertamente todos en la vida hemos pecado de imprudentes, saltando a conclusiones, señalando culpables y exigiendo cuentas de manera precipitada. Pero se supone que con los años –y las lecciones que nos da la vida– aprendemos la virtud de ser prudentes y de meditar bien nuestras acciones. Esta semana, con las revelaciones de los Papeles Panamá, es un buen momento para ejercer la prudencia.

Me referiré aquí exclusivamente a las revelaciones que tienen que ver con nuestro país, ya que el espacio no da para comentar el alcance mundial de la filtración de todos los documentos de la firma panameña Mossack Fonseca. Pero incluso si nos limitamos a Tiquicia, hay mucho que comentar.

Imprudencia de medios de comunicación: A dos medios de comunicación nacionales se les confió la publicación en Costa Rica de los documentos filtrados: Semanario Universidad y AmeliaRueda.com. Según el primero, desde hace 5 meses vienen trabajando en la información (74.958 documentos), por lo que cualquier impertinencia cometida a la hora de publicar la noticia no se le puede achacar a la premura. Lamentablemente el Semanario Universidad, ya sea por torpeza o por agenda política, desde un inicio incurrió en publicaciones tendenciosas cuyo resultado ha sido atizar una cacería de brujas.

Su nota principal “Empresarios y banqueros de Costa Rica refugian fortunas en paraísos fiscales“, cita a un gran número de personas (encabezados por Otto Guevara, obvio) que “aparecen” en los documentos. Pero de primera entrada el periódico no aclara en qué calidad es que estos individuos son mencionados. A partir de la publicación el domingo en la tarde, los descendientes criollos de Robespierre salieron a las redes sociales a demandar la cabeza de los implicados. Conforme han pasado las horas, y más por iniciativa de las personas aludidas que por los oficios del Semanario, hemos descubierto que muchos de estos individuos no participaron en ningún negocio turbio ni mucho menos ilícito. En algunos casos son mencionados simplemente porque iban copiados en alguna comunicación, o porque sus nombres aparecían en un papel membretado.

Lo que pudo ser una investigación interesante sobre evasión fiscal en Costa Rica, degeneró en una operación de embarre con ribetes ideológicos y políticos. Está muy claro.

Hacer negocios en Panamá no es un crimen: Para poner en perspectiva, la filtración revela el modus operandi de un bufete en Panamá dedicado a crear sociedades anónimas en el extranjero. Por lo que nos estamos enterando, en algunos casos se trataba de negocios perfectamente legítimos, en otros casos había un interés claro por eludir impuestos y en otros la intención sí era abiertamente evadirlos.

Sin embargo, la reacción ha sido ver con ojos de criminal a cualquier persona que tenga cuentas, sociedades y negocios en Panamá. Para ello debemos tener presente que dicho país no solo es nuestro vecino geográfico, sino que es un importante socio comercial con el que intercambiamos aproximadamente $800 millones en bienes y servicios cada año. Es imposible mantener una relación comercial de esta envergadura sin que coterráneos nuestros utilicen el sistema financiero y legal panameño.

Por eso, mantengamos la perspectiva (y la cordura).

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Argentina: quiero ver el plan económico

Desde la asunción el 10 de Diciembre de 2015 el gobierno se dedicó con absoluta razón y sin ninguna otra alternativa a sacar la basura debajo de la alfombra y ponerla sobre la mesa. Situación desagradable si las habrá. Inevitable y mal explicada. La proliferación de tarifazos, aumentos en naftas, transportes, energía, tipo de cambio, y las consecuentes remarcaciones de precios no es un plan económico. Es un intento desesperado de ordenar la casa.

La actual administración encontró una casa desordenada, inconsistente, con riesgo de venirse definitivamente a pique y con sendos rastros de haber sido saqueada. Una casa derrumbada por décadas, con las mismas miserias de la década anterior, que a su vez venían de otras décadas. Una casa en decadencia.

La primera función ante semejante desastre es poner las cosas en orden. Limpiar alguna que otra mugre (corrupción) y poner las cosas en su lugar. A eso se lo llama recomposición de precios relativos. Poner las cosas en orden o lo que es lo mismo recomponer los precios relativos en modo alguno no es agradable ni placentero. Tampoco constituye un plan económico en sí mismo sino el reconocimiento de un desastre anterior. Los tarifazos son claramente hijos de la herencia. Una herencia delirante donde el principal default fue conceptual.

Durante doce años un grupo de funcionarios y políticos nos hizo creer (y lucró con ello) que la gratuidad era una opción posible. Que no pagar los servicios, ni los transportes, ni la energía era una panacea nacional y popular. Y que para financiarlo era posible extraer recursos de algún sector castigado, de la emisión, de la deuda oculta o de alguna confiscación socialmente aceptada.

Este delirio alguna vez iba a terminar. Necesariamente iba a venir alguien a poner las cosas en su lugar, con todo el costo que ello significa. El ajuste es por demás doloroso. Obliga a cada familia a revisar sus presupuestos, ajustar los gastos, posponer decisiones de consumo y ahorro, etc. Las familias están pagando plenamente el precio de la fiesta. Una fiesta que en parte disfrutaron (la gratuidad de los servicios, en especial en Ciudad Autónoma de Buenos Aires y en el Área Metropolitana de Buenos Aires) y en parte no. Algunos se beneficiaron más que otros. Algunos llegaron a pesar el dinero.

Ahora viene el plan. Con los precios relativos puestos en realidad y toda la basura sobre la mesa y la decisión política de arreglar la casa lo que necesitamos ver es el plan económico de la nueva administración. ¿Cómo pensamos disminuir la pobreza? ¿Con más asignaciones y distribución del ingreso o con mejores oportunidades laborales y creación de riqueza? ¿Cómo vamos a solucionar los problemas habitacionales? ¿Con planes de gobierno tipo Procrear o con millones de créditos hipotecarios ofrecidos por bancos privados a tasas internacionales y largo plazo? ¿Qué tipo de estado queremos? ¿Un estado proveedor de funciones básicas o un paternalismo chamuyero que miente más de lo que soluciona?

¿Qué impuestos vamos a cobrarle a la sociedad? ¿Vamos a insistir con los tributos actuales esquilmando a la población? ¿O vamos a un esquema tributario más bajo respetando el esfuerzo de los contribuyentes? Y por último, ¿quién va a seguir pagando la fiesta (pasada y presente)? ¿Seguirá siendo la sociedad o alguna vez pagarán los que hicieron del estado un auténtico botín?

De estas definiciones, del verdadero plan que pronto debería conocerse, depende que los actuales aumentos de precios, tarifas y tipo de cambio sean “de una vez y para siempre” y no el inicio de una carrera con final conocido.

Los Panamá Papers y los paraísos e infiernos tributarios

Como en una película de suspenso en el momento menos pensado la bomba explotó por la investigación llamada los Papeles de Panamá.

El periódico alemán Süddeutsche Zeitung en asociación con el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación —más de 100 medios de comunicacion— efectúo la investigación que ha sacado a luz las actividades de la empresa Mossack Fonseca, firma panameña especialista en crear compañías offshore para sus clientes.

El suceso al igual que una película tiene villanos y héroes. En esta los buenos son los periodistas que han destapado lo oculto. Entre los malos usuales está Vladimir Putin y sus amigos. 

Pero también han aparecido villanos inesperados. Nombres como Lionel Messi, futbolista del Barcelona FC y Sigmundur Gunnlaugsson, Primer Ministro de Islandia. Gunnlaugsson recientemente dimitió a su cargo después que 10.000 personas se manifestaran en su contra ante los señalamientos de finanzas fraudulentas.

Con esa protesta pública se manifiestan los verdaderos protagonistas de la historia: la población. 

La opinión pública parece condenar a cada persona cuyo nombre figure dentro del escándalo de los Papeles de Panamá, sin importar si su dinero ha sido bien habido o no. La población olvida que si una persona ha ganado honradamente su dinero, puede hacer con éste lo que desee. Eso incluye enviarlo al territorio que considere mejor para sus intereses.

Aquí es donde el guíon de esta película empieza a ser confuso y queda a discreción de los protagonistas juzgar a los héroes y villanos sobre el uso de los paraísos e infiernos tributarios. 

Usar un llamado “paraíso tributario” para crear una empresa es una acción totalmente legal.

El incentivo para crear una empresa es que esta rinda ganancias. En algunos países corre el riesgo que caiga en manos de presidentes arbitrarios quienes de un día para otro pueden notificar su expropiación. Tal vez no pase algo tan drástico, pero una empresa puede estar inscrita en un país donde los gobernantes cambian las reglas de juego. De poder hacerlo, ¿no quisiera cualquier persona inscribir su empresa en un lugar más estable?

¿Será que son ilegales estas acciones? ¿Se puede condenar moralmente a una persona que ha decidido legalmente usar su dinero de la manera que mejor le plazca?

Estas son las preguntas que el guion de esta película no contesta a simple vista. La investigación estima que más de 214.000 compañías en aproximadamente 200 países han utilizado los servicios de Mossack Fonseca. Nadie niega que muchas de ellas lo hayan hecho para ocultar dinero obtenido fraudulentamente. Pero, ¿se puede asegurar que el 100% de estas compañías han creado empresas offshore para ocultar movimientos ilícitos?

Como todo en la vida, dependiendo el uso que se le dé a una herramienta esta puede ser buena o mala. Las sociedades offshore en sí mismas no son poco éticas o ilegales. Esto parece ser olvidado por la opinión pública y por muchos de los reportajes periodísticos que inundan la red. Usar una sociedad offshore para lavar dinero u ocultar transacciones con criminales sí es incorrecto.

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Petrolandia

Empezó el año 2015 y sonaron las alarmas: el precio del petróleo se desplomaba[1] y Petrolandia, cuyos ingresos del Gobierno dependían de este commodity, se empezó a inquietar.

Petrolandia estaba dolarizada lo cual la inmunizaba de devaluaciones del Gobierno, pero mantenía su moneda fuerte. En los países vecinos se depreciaban sus monedas, lo que hacía que las exportaciones de Petrolandia fueran rechazadas por precio en el mercado internacional. Otros commodities producidos en Petrolandia empezaron a bajar de precio: bananeros, floristas y camaroneros comenzaron a verse afectados. Así, la lista de shocks externos por enfrentar era larga y alarmante, pero Petrolandia tenía todo bajo control.

Lo primero que hizo fue incrementar los créditos para importar bienes de capital, como maquinaria, aprovechando los bajos precios de los países vecinos por la depreciación de sus monedas y la apreciación del dólar. De esta manera, el sector agrícola se benefició con nuevos factores de producción y a pesar de la situación internacional, se intentó fomentar el sector exportador. Se mencionó que la situación regional hacía que las exportaciones no fueran tan competitivas en el mercado internacional, sin embargo, la idea de adquirir a bajo precio bienes de capital era prepararse hasta que se estabilicen los mercados. No quedó más que competir por calidad, negociar acuerdos comerciales y buscar nuevos clientes y socios comerciales. Fue un duro comienzo, pero valió la pena.

Petrolandia redujo la carga tributaria y eliminó el ISD, facilitó el pago de los impuestos y flexibilizó el mercado laboral, reduciendo así el costo de hacer negocios. Eliminó las salvaguardias, las cuales hasta entonces habían reducido las importaciones en el 34%[2] lo que favoreció tanto a importadores como a exportadores. Con estas medidas, bajaron de precio los materiales de construcción lo que fomentó nuevos proyectos que, además de crear riqueza, dio trabajo a muchos, con contratos flexibles. El sector privado creció y con él la industrialización y la innovación. Finalmente se comprendió que una balanza comercial positiva no era un factor determinante en el crecimiento económico como para tomar medidas que eviten un déficit no tan pernicioso.

Cuando en el 2015 Petrolandia previó que la caída del precio del petróleo era inminente y que por ende los ingresos fiscales disminuirían, el Gobierno disminuyó el presupuesto del Estado drásticamente para el 2016. Esto incrementó el desempleo puesto que muchos de los empleados públicos quedaron sin trabajo. Sin embargo, el sector privado se encargó de emplear a la gran mayoría de este personal gracias a la inversión nacional y extranjera y ocuparon puestos en nuevos sectores. Petrolandia, para los inversionistas, era de todas las opciones la más atractiva: vigorosamente dolarizada, laboralmente flexible, tributariamente manejable y comercialmente abierta.

El Gobierno, con menos gasto, logró reanudar inversiones sociales que había pausado por los shocks externos. Con el tiempo, Petrolandia logró estabilizarse y entendió que los esfuerzos debían enfocarse en la estabilidad de la nación, no del Gobierno; y que era posible dinamizar la economía independientemente del precio del petróleo. La economía se robusteció y comenzó a deberle su nombre a la fuerza de una piedra.

¿Suena familiar? Este puede ser Ecuador en el 2016. Pero el tiempo corre en contra, pues las oportunidades son como petróleo en manos equivocadas: se esfuman.

Publicado originalmente en El Universo (Ecuador) el 28 de marzo de 2016.

Fuentes:

[1] El petróleo cae y complica la economía de Ecuador este 2015. El Universo (Ecuador). Enero 4, 2015.

[2] Ecuador redujo sus importaciones un 34% a un año de vigencia de las salvaguardias. América Economía. Marzo 12, 2016.

Un segundo tiempo complicado

Se cumplieron los primeros dos años del mandato de la presidente Bachelet y se hacen alusiones a cómo será el “segundo tiempo” de este gobierno. Pero, ¿cómo va el resultado hasta el primer tiempo en términos económicos? La principal preocupación es el déficit fiscal, que cerró en alrededor del 2,2% del PIB en el 2015. Luego de una reforma tributaria polémica, son más las inversiones que se ahuyentan que los recursos que se suman. Esto queda evidenciado con los dos años consecutivos de confianza empresarial negativa según el Indicador Mensual de Confianza Empresarial (IMCE) elaborado por Icare y la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibañez. También se observa el deterioro en la Encuesta de Expectativas Económicas (EEE) elaborado por el Banco Central, revelando un escenario de debilidad por tercer año consecutivo. Hay que ser honestos, el partido va 1 a 0 abajo.

Ante una evidente situación de déficit complicada, Bachelet decide realizar cambios en el equipo. Así en el primer tiempo se realizan varias modificaciones. Una de los cambios más prometedores fue el del Ministro de Hacienda. Sale Alberto Arenas y entra Rodrigo Valdés. Sin lugar a dudas, el actual ministro aporta su cuota de realismo al partido. Es plenamente consciente que el gasto público debe moderarse. El problema es que un ajuste de US$540 millones no parecen ser suficientes para revertir la situación. Que quede claro, la culpa no puede caer exclusivamente sobre Valdes. Esto es un equipo y por más consciencia que tenga el ministro de Hacienda, necesitará el apoyo del gobierno el cual no siempre es fácil de consensuar.

No sólo se va perdiendo el partido, sino que además se debe jugar en una cancha complicada. El escenario internacional no ayuda y esto hace que sea aún más difícil dar vuelta el resultado. Sin embargo, lo más inexplicable de todo es que la Nueva Mayoría decida dejar a los mejores jugadores en el banco: los emprendedores. Si hay algo que logró mostrar Chile en las últimas décadas, es que con reglas de juego claras y libre comercio se puede ir disminuyendo la pobreza. Con un escenario como ese, los emprendedores salen a la cancha con inversiones y generan puestos de trabajo impulsando la economía. Con este gobierno, sucede exactamente lo contrario. Las polémicas reformas no hacen más que ahuyentar a los emprendedores. En resumidas cuentas, se va perdiendo el partido y en una cancha difícil. Esperemos que en el segundo tiempo, este resultando no acabe en goleada.

El problema es la causalidad

El reciente discurso de Mauricio Macri para abrir las sesiones ordinarias del Congreso dejó algo de esperanza respecto de la normalización de la economía y el sinceramiento de las variables macroeconómicas. Entre otros puntos, el Presidente de la Nación prometió déficit fiscal cero para su cuarto año de mandato, lo que está directamente relacionado con la baja de la inflación.

Macri pretende alcanzar el equilibrio fiscal corrigiendo parcialmente el sobre-empleo público y el exceso de subsidios, pero también con una mejora de la recaudación tributaria, que aumentaría una vez que la economía argentina retorne al crecimiento económico.

Aquí es donde aparece el problema de causalidad. El crecimiento económico depende de la inversión, pero es ilusorio pensar que ésta aumentará en un país con 7 % de déficit fiscal e inflación por encima del 30%. El equipo económico se propone reducir el déficit y con ello la inflación a partir de la mayor inversión, cuando en realidad la inversión será consecuencia –y no causa– de resolver los problemas macroeconómicos.

En el debate sobre shock o gradualidad de las políticas públicas, la causalidad es un argumento fundamental. El gradualismo promete equilibrios fiscal, monetario y cambiario para 2019, pero si es así, sólo el próximo gobierno podrá observar un retorno al crecimiento y a la generación genuina de empleo.

El diagnóstico que Macri ofreció en su discurso muestra a un paciente realmente enfermo. Me parece que las medidas para atacar estos males deben acelerarse.

Publicado originalmente en el blog Punto de Vista Económico (Argentina) el 14 de marzo de 2016.

Presentando la Biblioteca de la Libertad

Nos satisface presentarles hoy la Biblioteca de la Libertad, un proyecto realizado por el Instituto Cato y Liberty Fund. Esta biblioteca permitirá a nuestros visitantes conocer clásicos de la libertad en español que abarcan una amplia gama de disciplinas, incluyendo economía, derecho, historia, filosofía y teoría política, y se encuentran disponibles en distintos formatos de descarga.

La Biblioteca incluye estos primeros diez libros de gran envergadura:

  • Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina  de Juan Bautista Alberdi
  • Camino de servidumbre de Friedrich A. Hayek
  • Ensayo sobre la naturaleza del comercio en general de Richard Cantillon
  • Ensayos sobre la libertad y el poder de John Emerich Edward Dalberg-Acton
  • La Declaración de Independencia y la Constitución de los Estados Unidos de América Thomas Jefferson, James Madison y otros
  • La libertad y la ley de Bruno Leoni
  • Obras escogidas de Frédéric Bastiat
  • Planificación para la libertad de Ludwig von Mises
  • Sobre el poder de Bertrand de Jouvenel
  • Teoría de las cortes ó grandes juntas nacionales de los Reinos de León y Castilla de Francisco Martínez Marina

En el mundo hispano-parlante este proyecto es de particular importancia, considerando la casi hegemonía de textos que promueven ideas e interpretaciones históricas contrarias a la existencia de sociedades de individuos libres. Es un mundo donde muchos estudiantes de economía y ciencias sociales nunca han sido expuestos a clásicos como Camino de servidumbre, o incluso ni siquiera han escuchado de su autor, galardonado con el Premio Nobel de Economía, F.A. Hayek. Aun si uno tuviera conocimiento de estos libros y el deseo de leerlos, es típicamente difícil encontrarlos en una librería en América Latina o España.

España y sus ex colonias cargan con el pesado legado de siglos de un imperio mercantilista y absolutista. No debería sorprender, entonces, que gocen de escasa difusión obras clásicas que demolieron ese sistema económico, como por ejemplo, el Ensayo sobre la naturaleza del comercio en generalde Richard Cantillon. Asimismo, gozan de poca difusión trabajos clásicos donde se destruyó la justificación del absolutismo. Son desconocidas en el mundo hispano-parlante incluso aquellas obras cuyos autores fueron influyentes próceres de las repúblicas latinoamericanas, como por ejemplo aquellas del argentino Juan Bautista Alberdi. En su obra Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina Alberdi explica que:

“Las colonias españolas eran formadas para el fisco, no el fisco para las colonias. Su legislación era conforme a su destino: eran máquinas para crear rentas fiscales. Ante el interés fiscal era nulo el interés del individuo. Al entrar en la revolución, hemos escrito en nuestras constituciones la inviolabilidad del derecho privado; pero hemos dejado en presencia subsistente el antiguo culto del interés fiscal. De modo que, a pesar de la revolución y de la independencia, hemos continuado siendo Repúblicas hechas para el fisco”.

En la Biblioteca de la Libertad tendrán la oportunidad de acceder a obras clásicas que retan a la concentración del poder, como Sobre el poder de Bertrand de Jouvenel o Ensayos sobre la libertad y el poder de John Emerich Edward Dalberg-Acton.

Como dice David Boaz en su introducción a Liberalismo, una aproximación:

“En cierto sentido, a lo largo de la historia no han existido más que dos filosofías políticas: libertad y poder. O bien se debería disponer de libertad para vivir la vida como se desee, siempre y cuando se respeten los derechos iguales de los otros, o bien se debería otorgar a algunos la facultad de utilizar la fuerza y obligar a otros a actuar de una forma distinta a la que elegirían por voluntad propia”.  

Esperamos que la Biblioteca de la Libertad, que continuará expandiéndose, contribuya a la difusión de las ideas de la libertad en español a fin de que las sociedades persigan, en palabras de Acton, la libertad como “el más alto de los fines políticos. No se persigue en vistas a obtener una buena administración pública, sino para permitir que puedan perseguirse los fines más altos de la sociedad civil y de la vida privada”.

A Ecuador no le conviene ir al FMI

Los acuerdos con el FMI suelen posponer la implementación de reformas estructurales, y en este caso un acuerdo con este organismo le daría alivio a un gobierno que ha demostrado gastar de manera irresponsable la bonanza petrolera. Los ecuatorianos no necesitan que su gobierno sea rescatado, más bien necesitamos protegernos nosotros mismos de nuestro gobierno exigiéndole que corrija sus errores. El riesgo moral ha viciado la relación entre los gobiernos clientes y el FMI. Siempre ha sido así. Como ejemplo considere la historia del FMI en Argentina o incluso más recientemente en Grecia.

Antes de cualquier discusión acerca de una reestructuración de la deuda con el FMI y otro organismo multilateral, es necesario que el gobierno demuestre en los hechos un genuino esfuerzo por reducir el gasto público, la verdadera raíz de nuestros problemas actuales. Esto no derivaría como muchos dicen en una mayor recesión, de hecho hay varios ejemplos de países dolarizados o euroizados que realizaron drásticas reducciones del gasto público y experimentaron como resultado una saludable recuperación. Si es cierto que la distorsión acumulada por este gobierno en una fiesta de gasto público no hay forma de resolverla sin que exista costos de por medio. La cuestión está en reducir a un mínimo el costo del ajuste y la duración de la recesión. Eso no se logra consiguiéndole un salvavidas a alguien que no da señal alguna de querer rectificar.

Acá está un artículo con este argumento más desarrollado y con más fuentes.

Publicado originalmente en 4pelagatos.com el 4 de febrero de 2016.