Humala frente a la ocurrido en Venezuela

Nuestro gobierno ha sido frío y timorato en condenar la represión brutal que ha emprendido el autoritarismo de Nicolás Maduro contra la protesta de ciudadanos pacíficos en Venezuela.

Cuesta creer que el presidente peruano, Ollanta Humala, quien emite el frágil pronunciamiento del 18 de febrero sobre Venezuela, sea el mismo que cuando le caía la noche por el caso López Meneses no dudara en mostrar su deslinde con palabras que expresaban su más profunda indignación, por lo que dijo: “Deslindamos totalmente con esa basura, con ese delincuente, no podemos aceptar que se quiera vincular a un gobierno que está haciendo el esfuerzo de consolidar la democracia, de ser transparente, con ese tipo de basuras”.

No es que pidamos que nuestro presidente se exprese con la misma brusquedad de palabras sobre Venezuela, pero sí esperábamos que hable con la misma indignación, fuerza y distancia que se debe guardar de los violadores de los derechos del pueblo como Maduro.

Nuestro presidente es bravo, recio y no duda en marcar distancias cuando de rufianes se trata, ¿por qué entonces la condescendencia con Maduro que ha disparado contra estudiantes que ejercían su derecho de protesta?

Nuestro presidente, lejos de mostrarse categórico y consternado con estos actos antidemocráticos y sangrientos, ha escogido bien cómo cuidar sus palabras. Hace un llamado “a la calma y al diálogo” mientras se están asesinando estudiantes con saña y violencia. Pide que “autoridades y ciudadanos realicen su máximo esfuerzo para que la democracia y el respeto a los derechos de todas las personas prevalezca”, cuando es muy claro que es Maduro quien ha respondido criminalizando a la oposición. Y hace votos para que se detenga “el enfrentamiento entre venezolanos” cuando somos testigos de que las balas vienen de un solo lado, de los colectivos armados y de las fuerzas de gobierno que Maduro ha puesto en las calles. Creo yo que nuestro presidente no es que no haya condenado suficiente lo que pasa en Venezuela, simple y tristemente no lo ha condenado.

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¿Nos estamos acercando a un punto de quiebre en Venezuela?

Hoy podría ser un día muy trágico en la historia de Venezuela. Dos marchas multitudinarias, una de la oposición y la otra organizada por el gobierno, se encuentran en las calles de la capital y podrían toparse en el mismo distrito. El régimen de Nicolás Maduro prohibió la marcha de la oposición y amenazó con violencia si sus manifestantes intentan ingresar al municipio del Libertador, en el centro de Caracas. Las cosas podrían ponerse muy feas.

Las tensiones han ido aumentando desde la semana pasada cuando decenas de miles de personas, mayormente estudiantes, tomaron las calles para protestar contra del gobierno. La mano dura con la cual el régimen ha respondido casi que no tiene precedente. Al menos tres personas han muerto, muchos han sido detenidos y otros tantos permanecen desaparecidos. Los estudiantes que han sido liberados denunciaron que fueron torturados y violados mientras estuvieron en custodia. Además, el gobierno emitió una orden de arresto en contra de Leopoldo López, el ex alcalde del distrito de Chacao y uno de los líderes más emblemáticos de la oposición. Como líder de la marcha de hoy, López ya se entregó a la Guardia Nacional.

Debemos tener en cuenta algunas cosas conforme se desarrollan estos sucesos:

Una gran porción de la población está harta: Esta no es la primera vez que decenas de miles de venezolanos se lanzan a las calles para protestar contra el gobierno. Sin embargo, conforme la aguda crisis económica recrudece, el nivel de desesperación en la población, particularmente los venezolanos de clase media, está llegando a un punto de ebullición. El índice de escasez muestra que más de uno de cada cuatro productos básicos no está disponible en los estantes. Largas filas son cosa de todos los días en los supermercados. Cuando la gente finalmente logra encontrar un producto, ve que su ingreso para comprarlo está cayendo rápidamente. La tasa de inflación oficial llegó a 56% el año pasado, pero según el Proyecto de Monedas Problemáticas de mi colega Steve Hanke, la tasa de inflación anual implícita realmente es de 305%. El crimen ha deteriorado significativamente las condiciones de vida: Venezuela es uno de los lugares más peligrosos del mundo con casi 25.000 homicidios en 2013—una tasa de homicidio de 79 asesinatos por cada 100.000 habitantes. El país se está convirtiendo rápidamente en un lugar invivible y muchos venezolanos creen que ya no tienen nada que perder.

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Argentina, ¿quién dijo que no hay certezas?

El problema de la Argentina, señalan muchos analistas nacionales e internacionales, es que es un país imprevisible.

Algunas consideraciones y hechos de los últimos tiempos nos hacen pensar que Argentina es un país que brinda certezas. ¿No era previsible que ante la falta de inversiones en materia energética y el aliento al consumo durante diez años (aires, LEDs, LCDs) cuando llegara el calor vinieran los cortes de luz? Lo raro hubiera sido que no sucediera.

¿No era obvio que el estilo cristinista no iba a cambiar mas allá de la cosmética del gabinete? Al estilo dialoguista-peronista de Capitanich se contrapone el confrontativo de la gestión K.

¿No era previsible que nadie iba a hacerse responsable de los 13 o mas muertos que dejaron los saqueos? Ni siquiera se habla ya del tema.

¿No era obvio que a los reclamos salariales de las fuerzas de seguridad iba a seguir el reclamo de otros sectores? ¿No es ya previsible que las clases no van a comenzar en tiempo y forma?

La marea mediática y comunicacional del gobierno y la propia realidad del país, nos empujan a olvidar lo que pasó ayer: los saqueos, la policía, la Fuba (Federación Universitaria de Buenos Aires), los hinchas de Boca. Todo relegado y olvidado por la ola de calor y la falta de luz y agua. Todo tiene el mismo correlato, el mismo denominador común: un gobierno que encerrado sobre sí mismo no responde ante la apremiante realidad.

Muchos gobernantes han tenido su propio diario y quien les escribiera su contenido. Fue así con el diario de Yrigoyen, el de Isabel, cuyo encierro le hizo muy mal al destino de la República.

Confío en que, afianzada la democracia y sin riesgo ya de interrupciones institucionales, el gobierno esté a la altura de las circunstancias y herede a la próxima gestión un país menos imprevisible, no tristemente previsible.

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La malvinización del Papa Francisco

El fervor mundial que despierta el nuevo pontífice no debería ocultar su preocupante acercamiento a la Teología de la Liberación y su apoyo a modelos distribucionistas que conducen a graves problemas de falta de respeto a los derechos de las personas.

No es la primera vez que ocurre. Típico argentino. Un ejemplo lo dan las Malvinas: era muy insalubre (y peligroso) oponerse a la irresponsable invasión de esas islas. La agitación era incontenible, los pocos que criticábamos tamaña aventura éramos considerados traidores a la patria. El clima era festivo, la Plaza de Mayo estaba desbordada de agitados manifestantes que gritaban a coro “el que no salta es un inglés”.

Algo parecido sucede con el insólito tratamiento del papado al que asistimos ahora. Aparentemente, el fervor religioso se multiplica. Los templos reciben nuevos fieles. Las campanas redoblan y las lágrimas también. Incluso se fabricó una “cumbia papal” en la que se burlan de los brasileros por no tener un papa. ¡Argentina! ¡Argentina! es el alarido de ocasión. Los cansados de autoritarismo, necesitados de un líder y huérfanos de conducción, se aferran al nuevo papa como símbolo de la oposición, sin percatarse de que –al igual que la llamada “oposición”– objeta las formas pero sigue en pie el “modelo” a través de la cacareada “redistribución de ingresos” y equivalentes.

Se glorifican los gestos del papa que “lo dicen todo”: viajó en bus, pagó la cuenta de su hotel, se bajó del papamóvil que cambió por uno de menor tamaño, vive en Santa Marta en lugar de disfrutar de los 300 metros cuadrados de los aposentos papales y declaró que quiere “una Iglesia pobre para los pobres”. Por momentos parecería que al grueso de los fieles les agradaría que el Papa celebrara misa en guayabera en medio de un galpón con piso de tierra y vendiera los palacios, pinturas, oro, inversiones en títulos y demás valores. En verdad, el gesto magnífico del Papa –no suficientemente ponderado– ha sido su consejo sobre la necesidad de acercarse al islam.

El nuevo papa sin duda está imbuido de las mejores intenciones y compenetrado de aspectos cruciales como la condena al aborto, puesto que se trata de un ser humano en acto (en potencia de muchas cosas, igual que el resto de los humanos) con toda la carga genética completa a partir de la fecundación del óvulo (sólo la magia más rudimentaria puede suponer que hay una mutación de la especie desde un mineral, vegetal o animal a la condición humana en el instante del alumbramiento). Sostiene con razón que debe preservarse la expresión “matrimonio”, que proviene de una larga tradición con significado preciso y, por tanto, la extrapolación a la unión de homosexuales conduce a confundir conceptos. Suscribe el extraordinariamente fértil ecumenismo iniciado por Juan Pablo II y su pedido de perdones por las bellaquerías contra los judíos, la salvaje “guerra santa” en sus conquistas, por la Inquisición y las Cruzadas.

Desafortunadamente, sus propuestas en materia social conducen a graves problemas de falta de respeto a los derechos de las personas, lo cual afecta aspectos morales clave. Puntualicé esto en una de mis columnas, en noviembre de 2011, con el título “Mensaje del arzobispo de Buenos Aires”, artículo que fue muy difundido a raíz de su proclamación en Roma. Dos días después de su designación me hicieron un reportaje en CNN donde expresé mis disidencias. Ahora se ponen en evidencia nuevas actitudes de quien es hoy Francisco, quien, afortunadamente, se opone a los truculentos sucesos en la banca vaticana y los desvíos inaceptables respecto a conductas de algunos “pastores”.

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Sobre la ayuda militar de EE.UU. a Egipto

El senador John McCain (Republicado de Arizona) tiene toda la razón en su llamado (en inglés) a que se suspenda toda la ayuda militar para Egipto. El único problema es que su llamado llega un poco tarde. Desde 1948, la ayuda provista por EE.UU. a Egipto —que en gran medida estuvo destinada a las fuerzas armadas— sumó un total de alrededor de $70.000 millones (en inglés). Tan solo unas semanas antes del golpe, en una exhibición notable de falta de premonición, la administración Obama aprobó $1.300 millones en ayuda militar, obviando las condiciones relacionadas a la democracia y a los derechos humanos que antes habían sido impuestas por el congreso al paquete de ayuda.

Los efectos de fortalecer a las fuerzas armadas de Egipto son inmediatamente visibles. Las fuerzas armadas son las más grandes en el continente africano y controlan un gran fracción de la economía, entre el 15 y el 40 por ciento del PIB (en inglés), de acuerdo a algunos cálculos. Las fuerzas armadas tienen hoteles y centros turísticos, así como también negocios de manufacturas que producen cualquier cosa desde electrodomésticos hasta aceite de oliva y agua embotellada.

Los incidentes actuales en el país dificultan argumentar que la ayuda militar a Egipto ha favorecido a los intereses estadounidenses de alguna medida discernible. Si es que algo ha logrado, la ayuda ha contribuido a la creación de una abultada organización que es opaca y extremadamente poderosa y que ahora parece ser el principal obstáculo de Egipto en su transición hacia un gobierno representativo que podría ser un aliado confiable de EE.UU.

Conforme el futuro de Egipto depende de la sabiduría y benevolencia de los generales del país, uno necesita enfatizar que la ayuda militar de EE.UU. también ha hecho un gran daño al pueblo egipcio. Incluso si uno decide ignorar los excesos de principios de mes —como la matanza que ocurrió el 7 de julio y en la cual 51 partidarios de la Hermandad Musulmana murieron— el golpe ha fijado un precedente terrible para la transición del país, dado que sugiere que un gobierno electo en el futuro podría estar últimamente a las órdenes de los generales egipcios y no a las del electorado. Mientras que gran parte del daño que ha sucedido en los últimos días es irreparable, debería ser tremendamente claro que una continuación de la ayuda militar a Egipto no es nada menos que una insensatez.

Este artículo fue publicado originalmente en U.S. News and World Report Online (EE.UU.) el 10 de julio de 2013.

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Un vistazo al informe de la OEA sobre política de drogas

El viernes pasado la Organización de Estados Americanos (OEA) publicó un informe sobre el futuro de la política de drogas en las Américas. La OEA recibió el mandato para producir este documento en la Cumbre de las Américas que se realizó el año pasado en Cartagena, Colombia, donde algunos presidentes expresaron su frustración con la guerra contra las drogas e incluso sugirieron que la legalización era una alternativa con la cual se podía combatir a los carteles.

El documento está basado en premisas sólidas:

  1. La violencia relacionada a las drogas es uno de los retos más importantes al cual se enfrentan los gobiernos de la región.
  2. La estrategia actual es un fracaso no está funcionando.
  3. Se necesita discutir e implementar nuevas alternativas.
  4. El consumo de drogas seguirá siendo importante en el año 2025.

Estas premisas podrían parecer un tanto obvias, pero cuando se trata de política de drogas, afirmar lo obvio no ha sido la norma para aquellos que creen en el estatus quo. Por ejemplo, en 1988 la ONU patrocinó un evento titulado “Un mundo libre de drogas: podemos hacerlo” (el consumo de marihuana y de cocaína ha aumentado en un 50 por ciento desde entonces). O la última Estrategia Nacional de Control de Drogas de EE.UU. (en inglés), que dice que el mayor logro de la Iniciativa Mérida en México ha sido “el fomento mutuo de la seguridad, la protección y la prosperidad” (no importa que en los últimos seis años hayan muerto 60.000 personas por la narco-violencia en ese país).

El informe de la OEA evita caer en esos cuentos de fantasía. También evita hacer recomendaciones, dada la falta de consenso entre sus autores acerca de la dirección en la que debería dirigirse la política de drogas durante los próximos 12 años. En cambio, el documento presenta cuatro distintas interpretaciones del “problema de la droga” y muestra los escenarios de cómo debería ser la reacción a estas. El informe también presenta los desafíos a los que se enfrenta cada escenario (el nombre de cada uno en negrita):

Juntos: En este escenario, el problema no son las leyes de drogas sino las débiles instituciones de los países latinoamericanos. Se prevé más cooperación entre los gobiernos en las áreas de seguridad e inteligencia, más gasto en seguridad y organismos judiciales y leyes más severas para combatir la corrupción, el tráfico de armas y el lavado de dinero.

Es cierto que los países latinoamericanos sufren de instituciones débiles. El problema con este escenario es que la prohibición de las drogas de hecho exacerba dicho flagelo ya que infla los márgenes de ganancia de los carteles a niveles estratosféricos, aumentando así su poder corruptor y violento. En 2010 todos los países centroamericanos en conjunto gastaron cerca de $4.000 millones en sus aparatos de seguridad y justicia (un incremento del 60 por ciento en cinco años). Y aún así eso estuvo muy por debajo de los ingresos estimados de los carteles mexicanos y colombianos que, de acuerdo a un reporte del Departamento de Justicia de EE.UU. (en inglés), podrían llegar hasta $39.000 millones al año.  

El informe prevé otra desventaja de esta estrategia: una disparidad entre los países en sus esfuerzos por fortalecer sus instituciones, lo que podría derivar en el efecto globo de actividades criminales. Esta es tal vez la principal característica del negocio de la droga en las Américas: su alta capacidad de adaptarse a circunstancias cambiantes. Por ejemplo, a principios de los noventa, conforme la presión sobre los productores de coca aumentó en Perú, estos se trasladaron a Colombia. Actualmente, luego de una década de programas de erradicación en ese país, están regresando a Perú. En general, la región andina continúa produciendo la misma cantidad de cocaína que producía hace 20 años.

A lo largo de los años el denominador común de la guerra contra las drogas en América Latina ha sido el intento por exportar el problema a los vecinos. Una mayor cooperación, una coordinación de los esfuerzos y un fortalecimiento de las instituciones a una misma velocidad parecen todos objetivos poco realistas.

Caminos: En este escenario el problema no son las drogas sino su prohibición. Se presagia un creciente número de presidentes en la región haciendo un llamado a adoptar un mercado legal para ciertas drogas, empezando con la marihuana.

De hecho, el futuro ya está aquí. El presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina, ya hizo un llamado por la legalización de las drogas. Uruguay está considerando una ley que legalizaría el cannabis. Incluso en EE.UU., los estados de Colorado y Washington han legalizado el consumo recreacional de la marihuana.

Dos retos se vienen a la mente al considerar este escenario. Primero, el debate sobre la legalización (o regulación, como prefieren llamarla algunos) se ha enfocado casi exclusivamente en la marihuana. En realidad, el ímpetu hacia un mercado legal de la marihuana parece irreversible: una encuesta reciente muestra que el 52 por ciento de los estadounidenses favorece legalizar dicha droga. Además, en una reciente entrevista publicada en el periódico colombiano El Tiempo, William Brownfield, Subsecretario de Estado para Asuntos Internacionales de Narcóticos, dijo que legalizar la cocaína, la heroína, la metanfetamina, y las drogas sintéticas constituiría cruzar una “línea roja” para Washington. Curiosamente, Brownfield dejó por fuera a la marihuana. Como indica (en inglés) Mark Kleinman de UCLA, parece que los prohibicionistas en la administración Obama podrían haber decidido que “la Batalla del Cannabis está perdida, y están intentando retroceder hacia una posición más defendible”. Sin embargo, el problema en la región andina, en Centroamérica, y en gran medida México, no es la marihuana, sino la prohibición de la cocaína. Y el informe, de manera realista, prevé una resistencia muy fuerte por parte de la opinión pública en la mayoría de los países a un mercado legalizado de cocaína.

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El lobby de Lula en Costa Rica

Lula y Laura

El tema caliente del momento es la cesión del contrato de concesión de la carretera a San Ramón a la constructora brasileña OAS Ltda. Diversos medios de comunicación, liderados por CRHoy, han venido exponiento las múltiples irregularidades y abusos detrás del contrato: informes técnicos del CONAVI sobre cómo ampliar la carretera con un aumento pequeño del peaje fueron ignorados, el contrato de concesión de hecho no involucra mayores obras de ampliación de la carretera, etc.

Sin duda alguna esto huele feo. Lo que no ha sido mayormente reportado en la prensa es el lobby político que vino a hacer el ex presidente brasileño Luis Inácio “Lula” da Silva a favor de la constructora OAS. En agosto del 2011, da Silva vino a Costa Rica a “dar una conferencia sobre desarrollo económico y social de los países latinoamericanos”. El viaje fue patrocinado por la constructora brasileña OAS, como informara en ese momento La Nación.

Aprovechando el viajecito, Lula da Silva se reunió en Casa Presidencial con la presidenta Laura Chinchilla, probablemente para discutir también sobre el “desarrollo económico y social de los países latinoamericanos”. Año y medio después se anuncia, en medio de múltiples interrogantes, que OAS asumirá la concesión de la carretera a San Ramón.

¿Lobby político por parte del ex presidente brasileño? Pues durante su gobierno, Lula adjudicó a OAS millonarios contratos de infraestructura en Brasil. También, tras reuniones con su par boliviano Evo Morales, OAS también recibió jugosos contratos en Bolivia a pesar de diversos cuestionamientos de órganos fiscalizadores. Desde que salió del poder en el 2010, Lula ha viajado a diferentes países representando los intereses de la constructora brasileña (o a dar charlas sobre desarrollo económico pagados por la empresa, al menos). Casualmente, OAS es la patrocinadora de la película “Lula, O Filho do Brasil” (Lula, el hijo de Brasil).

Saquen Uds las conclusiones…

ACTUALIZACIÓN: En un tuit reciente, el ministro de Planificación, Roberto Gallardo, afirma que si Lula vino a hacer lobby al país, no le funcionó puesto que el contrato para la ruta a Chilamate (en la que OAS era oferente en ese momento) se le adjudicó a otra empresa. Bueno sí, la obra por $52 millones a Chilamate no la ganó, pero luego se haría del contrato por $552 millones para la carretera a San Ramón. No hay que ser muy muy ágil para ver cómo perder un contrato vale la pena si luego vale para hacerse de uno 10 veces más grande. Más cuando el primero involucraba de hecho construir una carretera y el segundo ni siquiera exige construir nuevos carriles.

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La “democracia” autoritaria

Si en un grupo de tres personas integrado por dos hombres y una mujer, uno de ellos decide hacer una votación para violar sexualmente a la dama y en dicha votación gana el sí con el voto de los dos hombres, a nadie se le ocurriría justificar semejante acto bajo el argumento de que la decisión fue democrática. Sin embargo muchos están dispuestos a justificar los atropellos que cometen gobernantes populistas y autoritarios bajo el pretexto de que la mayoría los apoya. Y de esa manera los caudillos roban, confiscan lo que ha sido fruto del trabajo ajeno, persiguen y encarcelan a quienes no han cometido otro delito que discrepar con el jefazo, mienten y reniegan de su palabra empeñada, tuercen las leyes a su favor, compran o intimidan a jueces y fiscales para que prevariquen, violan la constitución y las leyes que han jurado cumplir.

También hay quienes, reconociendo los abusos cometidos, los justifican diciendo que el caudillo ha ayudado a los pobres. Semejante argumento es análogo a decir que si un cura es pederasta, pero hace un buen trabajo ayudando a los niños indigentes, entonces no merece castigo alguno y hay que dejarlo que continúe con su labor. Como que una acción buena borra una mala. Pues en los ejemplos precedentes ni los dos caballeros violadores son demócratas ni el cura está libre de pecado y los tres deberían pagar sus culpas en la justicia terrenal.

La mayoría de los países democráticos reconocen que existen ciertos derechos individuales que son inalienables como ser la vida y la libertad y que hay ciertas acciones que un Estado republicano no debe permitir incluso si la mayoría lo consiente. También reconocen que la justicia debe aplicarse por igual para todos y que si alguien comete un delito, pues debe ser juzgado y cumplir su condena sin importar quién es y qué cosas buenas ha hecho en el pasado. Donde hay justicia un violador va a la cárcel, sin importar si es presidente de la república, si ganó la copa mundial de fútbol o si sacó de la pobreza a un millón de personas.

Los nuevos caudillos “democráticos” en cambio ignoran estos principios y sostienen por un lado que el apoyo de la mayoría los habilita para cometer todo tipo de atropellos contra la vida, la libertad y la propiedad de otras personas y por otro lado que sus actos de corrupción, abusos y violaciones a las leyes, están justificados y redimidos por unos cuantos programas de ayuda a los más pobres. Tristemente esa es la situación de varios países de Latinoamérica.

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La libertad de disentir

¡Qué fuerza más poderosa es la del disenso! Despierta argumentos, abre mentalidades o refuerza las opiniones propias y lo más importante: sirve en innumerables casos para mantenerle cortas las riendas del poder a los gobernantes de turno.

La libertad para disentir y contra-argumentar, tan saludable para las democracias y tan habitual para muchas sociedades, es en Cuba un pájaro tan exótico y tan extinto como el legendario dodo. Por décadas, quienes para llegar al poder usaron un formato tan poderoso del disenso como es la revolución, ahora lo coartan y lo impiden a toda costa, pues le temen por su capacidad para erosionar la concentración de poder.

En Cuba se ha intentado impedir las voces opositoras (no necesariamente orquestadas o armoniosas entre sí) a base de mantener un dominio monopólico de la información. Navegar la web en Cuba ha implicado acostumbrarse al odioso mensaje de “Lo sentimos, está página no está disponible en su país”. De lo anterior son también cómplices gobiernos internacionales y páginas extranjeras, que por la etiqueta de lo políticamente correcto aceptan estas condiciones de censura sin pensar en las implicaciones de dejar sedientos a miles que se encuentran deshidratados de información. Pero la necesidad, madre de toda inventiva, ha llevado a que los cubanos se ingenien para que sus mensajes pasen todo filtro informativo y es así como tirando botellas con mensajes al mar cibernético, han logrado levantar conciencia en el extranjero sobre la censura digital. Es por el optimismo y la esperanza de que alguien haría eco de estos mensajes, que diferentes voces cubanas como la de Orlando Luis Pardo o Yoani Sánchez han encontrado micrófonos abiertos y una audiencia global dispuesta a escucharlos, independientemente de si se concuerda o no con ellos.

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El récord de Chavez

Hugo Chávez está muerto. Deja un país arruinado por políticas populistas a las que él se refería como “Socialismo del Siglo XXI”. Venezuela, durante los 14 años de liderazgo de Chávez, se benefició de alrededor de $1 billón en ingresos debido a la bonanza petrolera pero tiene poco que mostrar como resultado. En cambio, el país ha seguido en gran medida el camino descrito por Rudi Dornbusch y Sebastian Edwards en su clásico de 1991, La macroeconomía del populismo en América Latina.

Una y otra vez, en distintos países, los políticos han adoptado programas económicos que dependen altamente de políticas fiscales y crediticias expansivas y de una moneda sobrevaluada para acelerar el crecimiento y redistribuir el ingreso. Al implementar estas políticas, usualmente no ha habido preocupación por los límites fiscales y de tipo de cambio. Luego de un periodo breve de crecimiento económico y recuperación, los cuellos de botella se desarrollan provocando presiones macroeconómicas insostenibles que, al final, resultan en un colapso de los salarios reales y severas dificultades en la balanza de pagos. El resultado final de estos experimentos generalmente ha sido una inflación galopante, crisis, y el colapso del sistema económico.

La economía venezolana, mantenida a flote durante la larga bonanza de productos primarios, todavía no ha colapsado. Pero se encamina hacia una crisis. Una devaluación de más de 30% este año ha llevado al tipo de cambio oficial a 6,3 bolívares por dólar. El tipo de cambio en el mercado negro —alrededor de 26 bolívares por dólar— muestra qué tan lejos le falta caer. La inflación en 2012 llegó a 20%. El gasto descontrolado, las expropiaciones, los controles de precios, la expansión monetaria, los controles de capitales y otras políticas mal concebidas también han derivado en la escasez de productos básicos, recurrentes cortes de luz, racionamiento de agua, dependencia creciente de las importaciones y de las exportaciones de petróleo, y una creciente deuda pública y déficit fiscal.

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