¡No más venas abiertas en América Latina!

En la cumbre de las Américas del 2009, Hugo Chávez regaló al presidente Obama el libro de Eduardo Galeano, Las venas abiertas de América Latina. En la oportunidad, y a raíz del reciente fallecimiento del escritor Uruguayo (QEPD), me pareció oportuno reproducir la columna que por entonces publiqué. Especialmente teniendo a la vista que hace poco, el propio Galeano se “autocuestionó su trabajo.

¡No más venas abiertas en América Latina!

(Publicado en 2009)

En la reciente Cumbre de las Américas el presidente venezolano, Hugo Chávez, entregó al mandatario norteamericano, Barack Obama, un ejemplar del libro Las venas abiertas de América Latina, escrito por Eduardo Galeano en 1971.

Obama, como es su costumbre, lo recibió con una amplia sonrisa, que más bien habla de su educación, cordialidad y espíritu de recomponer las relaciones con el subcontinente, pero también de su desconocimiento de lo que estaba recibiendo, un producto altamente tóxico.

El libro de Galeano es uno de los que más daño han hecho a nuestro continente. Su argumentación elemental sostiene que somos pobres porque los otros son ricos. El clásico discurso del imperio que succiona la sangre de las venas de su víctima hasta acabar con ella. Un decálogo revolucionario antiimperialista que culpa de nuestro atraso primero a los españoles, luego a los ingleses y, desde el siglo pasado, a Estados Unidos. De haber sido escrito en el siglo XXI, seguramente culparía a Coca-Cola, Google, Amazon, Starbucks, McDonald’s y alguna otra transnacional de las que nos roban.

Galeano resume los agravios sufridos por los latinoamericanos y los victimiza; además, transmite su odio visceral a cualquier cosa que huela a democracia y mercado: en definitiva, a la libertad, para retorcerse en el igualitarismo estrecho de mente que impide el desarrollo.

En lo sucesivo, Obama tendrá que andar con más cuidado a la hora de recibir panfletos de esta guisa. Hay muchísimos: desde La historia me absolverá, de Fidel Castro, y La guerra de guerrillas, de Ernesto Che Guevara, a ¿Revolución dentro de la revolución?, de Regis Debray, pasando por Dependencia y desarrollo en América Latina, de Fernando Cardoso y Enzo Faletto; Hacia una teología de la liberación, de Gustavo Gutiérrez, o Para leer al Pato Donald, de Ariel Dorfman y Armand Mattelart, incubado en universidades norteamericanas.

Por el bien de nuestro continente, y del efectivo espíritu de relanzamiento de las relaciones entre nuestros países, es de esperar que el librito de Galeano se lo dejara Obama olvidado en el hotel.

Ojalá que el presidente norteamericano devuelva en una próxima oportunidad la mano a Chávez regalándole Camino de servidumbre, de Friedrich Hayek, o La acción humana, de Ludwig von Mises. Mientras tanto, si alguien me dice cómo puedo enviarle un libro al inquilino de la Casa Blanca, feliz le mando Del buen salvaje al buen revolucionario, de Carlos Rangel, que, como escribió el célebre Jean-François Revel, es el primer ensayo sobre la civilización latinoamericana que disipa las interpretaciones falsas, las descripciones mentirosas y las excusas complacientes.

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¡Cuándo acabará el carnaval!

El 17 de febrero finalizó el carnaval, sin embargo hasta el 31 de marzo la ciudad está mucho mas sucia que el mes pasado. Si los carnavaleros tuvieron 3 días y unos miles de dólares para pintarrajear unas cuantas calles del centro, los políticos se dieron más de un mes y sus buenos millones para ensuciar la ciudad en toda su extensión. Banderines en los postes de luz, pinturas en los canales, panfletos en las paredes, ¡ni siquiera los inocentes árboles se han librado de las tonterías de los políticos!

Una de las ventajas de conocer otros países es que uno puede comparar diferentes realidades. Durante mis estudios universitarios en los Estados Unidos fui testigo de varios procesos eleccionarios, tanto a nivel nacional como local. Lo que pude observar es que las campañas políticas allá son mucho más tolerantes, civilizadas y respetuosas de la ciudad y el ciudadano. Es inimaginable que un candidato se rehúse a debatir o que pintarrajee la ciudad. Era muy común ver banderines clavados en los jardines de casas particulares, colocados con la anuencia de los propietarios, pero nunca vi canales de drenaje pintados o postes de luz repletos de panfletos políticos como lo vemos acá. Y al día siguiente a las elecciones, la ciudad quedaba limpia como si nada hubiera pasado.

Uno tiene cierto derecho a molestarse por la cantidad de vallas publicitarias. Por ejemplo el cruce por el puente del Urubó es insoportable, y si pudieran privarnos de la vista panorámica del río con las carotas de los candidatos, lo hicieran. Pero al fin, uno puede justificar tal situación porque pagan por ese espacio y si no lo ocuparan las candidaturas, alguna empresa privada lo usaría. Lo que corresponde en esta situación es modificar las normas de uso de vallas publicitarias en espacios públicos.

Lo que sí es imperdonable y de hecho es delictivo es el pintarrajeo de paredes, canales de drenaje, postes de luz con pinturas y panfletos propagandísticos. ¡Incluso pintan las piedras y los árboles, estropeando el paisaje y la estética de la ciudad, del campo y del país entero para toda la vida! La suciedad del carnaval de febrero dura un par de semanas, el daño estético del carnaval de los políticos dura para siempre.

Nuestros políticos son irrespetuosos y abusivos con nuestras ciudades y con el país entero.

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La derecha chilena en busqueda de un sentido

Llama la atención que la Alianza de partidos de centro derecha en Chile continúe buscando su discurso unificador para afrontar la coyuntura. La actual situación es de la falta de un relato y defensa con convicción y pasión de principios que, en su momento, se vieron como incuestionados o se pensó que se explicarían solos y que el peso de los hechos era suficiente para la ciudadanía y el progreso del país. La verdad que no es la falta de conceptos, principios, argumentos o pensadores simplemente parece que es la falta de sinceridad y excesiva arrogancia lo que tiene destruido al sector.

Quizás es momento que de una vez por todas se decida entre defender la libertad o mantener sólo las ventajas económicas de ésta. En efecto la derecha chilena, (o centro derecha como se suelen autodenominar hoy en día buscando los votos del centro político), por un lado se ha aferrado a los resultados económicos, a través de gráficos y cifras. Aunque impresionantes pero que de una u otra forma suelen ser, bajo el pretexto de “la eficiencia”, el único argumento para justificar su acceso a la administración del poder. No hay una vinculación comprometida a una defensa integral de la libertad, sobran el temor a la competencia y la falta de conexión con los electores, como señalarían algunos “demasiada cabeza y poco corazón”.

Por otro lado están quienes, en el mismo sector, asumiendo el discurso y conceptos impuestos por la izquierda, replican un relato ambiguo en donde el relativismo y la confusión, generalmente alimentados por la necesidad de figuración pública, nos hace pensar que muy poco realmente tienen que aportar al debate público.

¿Cuál es el rol entonces de la actual derecha chilena en la defensa de la libertad? Es una pregunta que muchos nos hacemos con bastante frecuencia. Por un lado no hay una clara convicción entre los líderes de los principales movimientos y partidos políticos existentes en la actualidad. Tampoco hay un esfuerzo por establecer un relato de consenso en torno a principios. Mucho de esto se ve alimentado por la dificultad de explicar coyunturas circunstanciales como la relación entre grupos económicos y el financiamiento de campañas políticas, que ya costó la renuncia del presidente de la Unión Demócrata independiente.

Sin embargo la discusión aún está centralizada a cúpulas de poder, por señalarlo en forma coloquial “sin entender la crisis, buscan salir de esta con las mismas respuestas de siempre”. Son los mismos personeros que buscan “salvar la situación actual” de cualquier forma, demostrando una desconexión con la realidad y la falta de una carta de navegación.

¿Ausencia absoluta de solución? Sin duda quienes tienen mucho que decir al respecto son las autoridades comunales de los distintos municipios con presencia de la centro derecha, por cierto eternas postergadas en el debate, pero que son las que tienen contacto directo y en terreno con los habitantes de nuestro país. En lo personal he conocido más defensores de la libertad, públicamente y no en reuniones de salón cerradas, entre estos personeros que en el parlamento. Su experiencia es fundamental, no tan solo por su conexión con la realidad  con el territorio, sino por la transmisión de las ideas, fundamentos y valores en defensa de la sociedad libre. Acá no hay gráficos que valgan, ni cifras que convenzan, hay un real convencimiento en las ideas y se ejerce con trabajo.

¿Seguir construyendo “castillos en el aire” con los mismos de siempre? Quizás es hora de que pase la otra “retroexcavadora”, muchos tienen que dar un paso al costado y favorecer un ideario, sin embargo esto significa evidentemente dejar el puesto a otros. ¿Estarán realmente dispuesto a comprometerse con la libertad?

Esto no tiene que ver con generaciones “exclusivas”, como los “sub 40” que participaron en la administración pasada. Tiene que ver con quienes realmente se puede armar un debate interno que permita generar contenidos, discusión y establecer un compromiso con el progreso del país. Es dejar de despreciar a los intelectuales, con canas más o canas menos, generando una discusión descentralizada que permita  sincerarse y asumir una defensa, no tan solo del sistema económico, sino de una sociedad libre donde personas puedan forjar el progreso de Chile y no perder el camino recorrido en los últimos 40 años.

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¿Quién fue Alexander Cummings?

Excusado de A. CummingsFue un relojero y mecánico escocés, a quien le debemos la versión moderna del servicio higiénico que ha salvado muchas más vidas de las que cualquiera de nosotros se puede imaginar. Su patente data de 1775, y desde entonces el modelo básico de Cummings es el que rige el diseño de estos artefactos. Esta era la época en que la Revolución Industrial apenas y empezaba. Tomaría otros cien años para que este invento se añada en las construcciones de casas y edificios por Europa Occidental, y luego de manera más lenta a todo el mundo.

Alexander CummingsAntes de la propagación del servicio higiénico, enfermedades como la cólera, la tifoidea, la disentería, entres otras enfermedades se contagiaban fácilmente. Por supuesto, que no era el único artefacto que contribuía a la reducción de la transmisión de éstas enfermedades pero sin duda contribuyó a que ya nos seamos sólo mil millones de personas, como en 1800, en el mundo sino siete mil millones actualmente.

Historiadores económicos como Angus Deaton y Robert Fogel (Premio Nobel de Economía en 1993) han determinado que los mejoramientos tecnológicos en sanidad y salubridad a lo largo de la historia de la humanidad, pero especialmente en los últimos 300 años, explican que hoy en día podamos asimilar mejor las proteínas en nuestra dieta. Esto a su vez ha generado incrementos tanto en nuestra talla como en el peso, con lo cual somos más resistentes a enfermedades, y así hemos alcanzado una mayor expectativa de vida. Por supuesto, que el desarrollo no es uniforme y todavía existen enclaves de pobreza alrededor del mundo. Pero imagínese su vida sin el servicio higiénico, ¿cómo sería?

No es casualidad que trate de este tema, es simplemente que me parece desafortunado el sesgo observado en nuestras sociedades para registrar, conmemorar y hasta repetir una y otra vez sólo la historia o los actos de políticos como los únicos hacedores de nuestro bienestar para bien y para mal. A pesar de que la historia está llena de los ejemplos de héroes no recordados que han contribuido mucho más que nuestros líderes políticos, ya sean los buenos y por supuesto los malos, a que vivamos en un mundo con menos enfermedades, más limpio y en mejores ambientes.

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Los Hepburns, Juan Trippe y el dinero

En la película El aviador (2004), el actor Leonardo DiCarpio representa al millonario excéntrico Howard Hughes. Lo interesante de esta película es que el héroe de la misma es alguien que tiene una apreciación por algo normalmente repudiado en Hollywood: “el dinero”.

En una escena Hughes va a cenar con la familia de su pareja del momento, la famosa actriz Katherine Hepburn. Los Hepburns aparentan ser una acaudalada familia con diversos intereses: “nosotros leemos libros”, le dice la mamá de Katherine a Howard. Cuando él comete el error de pensar que están interesados en escuchar acerca de sus aviones, empieza a hablar de estos y los Hepburns proceden a ignorarlo e interrumpirlo. Luego la mamá le dice: “A nosotros no nos importa el dinero Sr. Hughes”. A lo que Howard responde de manera enfática: “No les importa el dinero porque siempre lo han tenido. . . Algunos de nosotros elegimos trabajar para vivir”.

En otras escenas hacia el final de la película Hughes le da una lección a un Senador con algunas frases memorables. Entre ellas: “Yo solo soy un ciudadano privado, mientras que usted es un senador, con todo tipo de poderes”, que como dice Hughes en una de sus intervenciones, implica favorecer a determinados empresarios con monopolios creados por el Estado. Y volviendo al tema del dinero, el senador dice de Juan Trippe, el ejecutivo de PanAm (la aerolínea que gozaba de un virtual monopolio sobre los viajes internacionales), “Juan Trippe es un patriota, Juan Trippe no es un hombre que está interesado en hacer dinero”, a lo que Hughes responde con sarcasmo: “Hmm…bueno, estoy seguro que sus accionistas estarán contentos de escuchar esto”.

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Chile se incendia, se seca, se inunda, se lo están robando

Transcurridos apenas tres meses de este 2015, el año se está tornando cuesta arriba. A las catástrofes naturales, no sólo se suma la catástrofe de la corrupción, los coludidos y el amiguismo de siempre, sino que las cifras económicas muestran una caída en el crecimiento, aumento del desempleo, encarecimiento del costo de la vida, que van mostrando un Chile que pasó de ser la economía más dinámica de la OCDE  a caer durante el año 2014 al puesto número 20. Recordemos que desde el ingreso de Chile al bloque, en el 2010 hasta el 2013, siempre ocupamos entre el tercero y el segundo lugar.

¿Dónde quedó el “modelo” chileno del que hasta hace apenas unos meses nos enorgullecíamos?

Hoy, no solo nos sorprendemos –y sufrimos-, sino que desde afuera nos observan atónicos contemplando como, en cuestión de meses, rápidos y furiosos nos acercamos al despeñadero.

¿Qué te pasa Chile?, o en un lenguaje menos docto, “¿qué te fumaste?”.  Reiteradamente escucho la afirmación: “uds., sencillamente, se volvieron locos”.

No dejo de pensar en que, tal vez nos compramos el “cuento” que seríamos el primer país latinoamericano en salir del subdesarrollo, que éramos diferentes al resto del continente, y en un intento de olvidar nuestro origen, pecamos de soberbia y nos creímos superiores, olvidando de paso que nos faltaba mucho por avanzar. La realidad se impuso, y finalmente les mostro a los tecnócratas que el progreso no solo es para una elite y que el “chorreo” sencillamente no funciona.

“Como pecas, pagas”, dirá el refrán popular, pero el problema es que aquí no se trata de eso. Hace unos años, un grupo de escritores latinoamericanos publicó un libro denominado, El Manual del Perfecto Idiota Latinoamericano, en donde habló de las claves del atraso regional. Años después, y tras un período de optimismo, el populismo y el intervencionismo nos trajo de regreso al “realismo mágico” provocando El regreso del idiota, aunque más bien evidenció que éste nunca se fue.

Hoy, en Chile, al igual que en el resto de los países, pensar que las razones de nuestro atraso las habíamos erradicado, resultó tan erróneo como creer que nos habíamos ido del  vecindario, o como pensar que en nuestra región todo es idiotez.

Hoy Chile, “te desconozco”, ¿o es que acaso todo este tiempo no fuiste más que una máscara ?

El país se incendia, el país se ahoga, el país se inunda, el país se lo están robando, el país se seca… ¿qué haremos por nuestro país?

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El rugido del ratón

Little mouse roaredLas relaciones entre los gobiernos de Venezuela y EE.UU. nunca han estado más tensas. Ni en aquella ocasión cuando Hugo Chávez, en plena Asamblea General de las Naciones Unidas, se refirió a George W. Bush como el diablo y en su habitual tono irónico/jocoso dijo que el podio todavía destilaba el olor a azufre.

La evidencia de lavado de dinero, los vínculos con el narcotráfico y el terrorismo islámico, la violación de derechos humanos, y la presión ejercida por representantes como Marco Rubio, han hecho que el gobierno de Obama haya emitido una orden ejecutiva en donde señala a Venezuela como una amenaza extraordinaria a su seguridad (no la sanciona, sólo la señala como tal).

La respuesta de esperarse del régimen dirigido por Nicolás Maduro, y acorde al pensamiento tercermundista/socialista con que este se identifica, fue señalar que el gobierno de EE.UU. planificaba una invasión militar a Venezuela (porque quiere adueñarse de su petróleo). Para contrarrestar esto, Maduro solicitó una ley habilitante “antiimperialista”, que le da incluso el poder de declarar como traidor (y quien sabe el castigo que les tocará) a aquellos venezolanos que no estén en contra de la medida de la administración Obama (Diosdado Cabello ha dicho que “Venezolano que no defienda la patria es un traidor“).

El fin de semana del 28 de marzo se hicieron ejercicios militares para “demostrar” la capacidad armamentista de Venezuela. Inició una campaña de recolección de firmas en contra de Obama (que dado los antecedentes, pueda usarse como un nuevo apartheid en contra de los venezolanos que no firmen, tal como se hizo con la recordada lista Tascón). El último episodio de este espectáculo “antiimperialista” fue la declaración de Nicolás Maduro: “Si nos obligan a tomar las armas acabaríamos con los EEUU“.

Esta declaración me hizo recordar un artículo que leí en el 2007, publicado en la revista Respekt, escrito por Phillip Dimitrov. En esa época me encontraba estudiando en República Checa y Dimitrov había participado en un evento organizado por Vaclav Havel en Praga, pero el artículo me lo hizo llegar una querida amiga. Dimitrov recordaba la película “El Rugido del Ratón” de Peter Sellers. En dicha película, ambientada en la época de la postguerra, los gobernantes y burócratas (todos interpretados por Peter Sellers) de un pequeño y medieval principado le declara la guerra a EE.UU., con el fin de que cuando fueran derrotados, ellos pudieran disfrutar del Plan Marshall y así lograr la reconstrucción del país por parte del magnánimo Tío Sam.

Pero lamentablemente esto no es lo que busca el régimen de Nicolás Maduro. Primero, el régimen venezolano es “en todas las circunstancias, de oficio, pase lo que pase y se trate de lo que se trate, antiamericano” (parafraseando a Jean François Revel). Y aunque Cuba ha iniciado un acercamiento con su ancestral enemigo capitalista, quienes dirigen el régimen venezolano están anclados la idea de revivir el bipolarismo de la guerra fría. Ya el gobierno de Chávez había buscado alianzas con China, Rusia, Iran e incluso Corea del Norte, bajo el discurso de “buscar un mundo multipolar” pero con la idea fija de intentar establecer un polo de poder, socialista por supuesto, a la hegemonía del capitalismo representada por EE.UU. El propio Dimitrov denunciaba en su artículo (para mi asombro, en esa época) que los tentáculos del régimen chavista habían llegado incluso a financiar a movimientos comunistas en los países de la antigua órbita soviética.

Las declaraciones y acciones de Maduro deberían ser motivo de risa (tal como pasaba en la película de Sellers con la declaratoria de guerra del principado), pero más bien son preocupantes. La influencia que el régimen de Maduro tiene en UNASUR ha logrado que este foro regional pida el “levantamiento de sanciones contra Venezuela” (cuando no ha habido sanciones contra el país, sino una declaración de peligro y congelamiento de bienes a funcionarios corruptos del régimen venezolano). Y de cara a la Cumbre de las Américas a celebrarse próximamente en Panamá, el régimen venezolano buscará presionar más al gobierno de Obama para retirar esta declaratoria de peligro y mostrarse como un gobierno legítimo que está siendo atacado y desestabilizado por EE.UU., moviendo el eje del debate fuera de las violaciones a los derechos humanos y la vinculación con el narcotráfico del régimen venezolano.

En la película de Peter Sellers, al final, el pequeño país inesperadamente ganó su “guerra” emprendida en contra de EE.UU. (o fueron los burócratas del Departamento de Estado quienes “aceptaron la derrota”). Quién sabe si el régimen de Maduro termina ganando esa guerra.

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Sobre la financiación del BCRA al Tesoro

En esta nota comento sobre la aceleración en la emisión monetaria por parte del Banco Central de la República Argentina (BCRA) para financiar al Tesoro y por qué (al menos por el momento) esto no se ha traducido en mayor oferta monetaria e inflación.

En esa nota también afirmo que: “El BCRA se enfrenta con un dilema al momento de decidir financiar al sector público. Si no se quitan los pesos emitidos de circulación, entonces los pesos que se utilizan para comprar bienes y servicios aceleran la inflación y los pesos que se utilizan para comprar USD afectan a la cotización del dólar blue; es decir, lo que no va a inflación va a tipo de cambio blue. Si el BCRA quiere evitar (o minimizar) el impacto sobre la inflación, entonces debe emitir LEBACS y quitar pesos del mercado financiero. Esto disminuye los ahorros (locales) disponibles al sector privado a la vez que eleva las tasas de interés”.

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La nacionalización del cobre en Zaire

Existe una mitología de las nacionalizaciones, donde la metáfora dominante es la del débil y pequeño David que se enfrenta al enorme y sanguinario Goliat. Es la desigual lucha entre el pobre país subdesarrollado y la inmensa empresa transnacional, la cual durante años ha explotado algún tipo de recurso natural, quitando la vida a un pueblo sometiéndolo a la pobreza. La imagen de Drácula chupando la sangre de la bella e inocente doncella.

Sin embargo, el siglo XX vivió varias experiencias nacionalizadoras. En cierto modo la misma Asamblea General de las Naciones Unidas les dio su bendición cuando el 6 de mayo 1974 declaró que la nacionalización era “una expresión de plena soberanía permanente del Estado”. Evidentemente, en el momento de la nacionalización de una empresa, la sociedad experimenta una auténtica euforia colectiva de nacionalismo y patriotismo. Sin embargo, más allá (o más acá) de esas expresiones de sensibilidad, cabe la pregunta si los países ganan o pierden con los procesos de nacionalización, entendida como el traspaso a la propiedad estatal de las empresas privadas, generalmente de propiedad extranjera. Ya entrados en el siglo XXI es perfectamente posible realizar un balance de las experiencias históricas de las nacionalizaciones, y en tal sentido explorar las condiciones bajo las cuales una nacionalización puede derivar en ganancias para el país, o también determinar las condiciones bajo las cuales un proceso de nacionalización puede tener un balance negativo al término de varios años.

En 1960 el Congo Belga fue declarado país independiente. Luego de un período de inestabilidad política se hizo del poder el general Joseph Désiré Mobutu, quien instaló un régimen de partido único que le permitió detentar el poder hasta 1997. Tres fueron los principios en los que se sustentó la ideología del régimen: el nacionalismo, la revolución y la “autenticidad” expresadas en 1967 en el Manifiesto de N’Sele. La autenticidad se refería al rescate de los valores culturales de las etnias africanas, y el rechazo a las prácticas occidentalizantes que introdujo la colonización belga. En tal sentido, Mobutu se cambio el propio nombre a Mobutu Sese Seko, le cambio el nombre a las ciudades (por ejemplo, la capital Léopoldville pasó a llamarse Kinshasa), cambio el signo monetario (de franco a zaire), al rio Congo (río Zaire), para culminar cambiándole el nombre al país: República de Zaire (denominación que tuvo hasta 1997, cuando pasó a denominarse República Democrática del Congo).

Zaire es un país rico en recursos naturales y uno de ellos el cobre. Por ello, en 1924 la compañía belga Union Miniére empezó a operar en el país. Lo mismo ocurrió en el país vecino Zambia, donde también se comenzó a explotar cobre desde 1926. Rápidamente, ambos países entraron al club de los principales países productores de cobre del mundo. En particular la Unión Miniére producía el 6,8% del total mundial en 1925, y esa participación subió al 8,4% en 1960. En la década de los años 50, Zaire aportaba a la producción mundial de cobre con el 7,3% mientras que Zambia lo hacía con el 12,3%.

Evidentemente, la explotación del cobre se volvió fundamental para la economía de Zaire, tanto por la generación de divisas como por los ingresos fiscales que generaba. Sin embargo, que las empresas que operaban en el sector fueran extranjeras lastimaba los sentimientos nacionalistas de muchos congoleños. Por ello, y en plena sintonía con las ideas de la época, el gobierno de Mobutu decidió, a fines de 1966, expropiar los bienes de la Union Miniére y transferirlas a la estatal Société Génerale Congolaise de Minerais, Gecomin, que luego sería llamada Gécamines. En la misma época el gobierno de Zambia también nacionalizó el cobre, y unos pocos años después lo hizo Salvador Allende en Chile. Para 1980, las tres empresas estatales del cobre era las líderes mundiales: Codelco (Chile) producía el 13% del mundo, Gécamines (Zaire) el 8,9% y Zimco (Zambia) el 5,9%.

La minería del cobre de Zaire y Zambia experimentó su mayor expansión en los años 60. En tal época, el aporte a la producción mundial de estos países fue del 6,2% y 12,6%. Sin embargo, para las décadas siguientes, ya como sectores nacionalizados, empezaron a sufrir una merma en su importancia mundial. Para la década de los 90, sus aportes eran del 1,1% y 3,6%, respectivamente. Para el 2007 el aporte de Zambia se redujo al 3,39% de la producción mundial, y Zaire ya no figuraba en la lista de los doce países con mayor producción de cobre del mundo.

Lamentablemente, se hace evidente que la minería del cobre de estos dos países africanos entró en un proceso de decadencia después de sus nacionalizaciones. ¿Cómo se explica esto? En particular, el caso de Zaire es importante, pues el mismo presidente que llevó adelante la nacionalización se mantuvo en el poder muchos años después. O sea, a diferencia del caso chileno, donde hay una ruptura del enfoque de la política económica muy marcado (al nacionalismo de Allende le suceden los “neoliberales” pinochetistas), en Zaire se tiene una continuidad política que permite visualizar mejor la problemática implícita.

Hasta 1965 se tenía un reducido oligopolio en el mercado mundial del cobre. Sin embargo, la industria se enfrentaba a dos hechos estructurales: la oferta era inelástica a los precios en el corto plazo pues básicamente la producción depende de la capacidad instalada, mientras que la demanda era inelástica a la caída de los precios mientras que era elástica al aumento de los precios debido a las posibilidades de sustitución con el aluminio. Si bien hasta los precios hasta inicios de los años 60 habían mostrado cierta evolución estable, luego se entro en un período de inestabilidad. Para enfrentar la creciente volatilidad del precio del cobre, las grandes empresas aplicaron algunas acciones estratégicas: una aumentar el grado de integración vertical realizando inversiones en las empresas que usan el cobre como materia prima y establecer contratos a plazo. Pese a esto, se hacia evidente que la industria entraría en una zona de turbulencias al final de los años 60.

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La importancia de la desigualdad

Definitivamente la igualdad o desigualdad en la distribución de la riqueza no sirve como parámetro de desarrollo, bienestar o felicidad. Teóricamente uno puede imaginar un país con mucha desigualdad donde nadie es pobre y otra con la mayor igualdad donde todos son mendigos.

Tal vez el problema fundamental de la ciencia económica sea la eliminación de la pobreza; la reducción de la desigualdad, incluso para quienes la consideran un problema, tendría que estar en una categoría muy inferior. Pero aunque desde la perspectiva económica la desigualdad, en mi opinión no es muy importante, desde una perspectiva política es importantísima.

Para un joven que ha tenido que trabajar desde sus 10 años, que apenas tiene para vivir el día a día y que ve una sociedad de abundancia, de adolescentes con vehículos último modelo y camisas que valen más de lo que él gana en un mes, es poco convincente que yo o el más renombrado economista le venga con el cuento de que, a pesar de todo, él está mejor que sus antepasados. Este joven no conoce de historia, feudalismo, ni de la Revolución Industrial y poco le importa que alguien le documente y demuestre que el mundo en general es cada vez menos pobre. Él se compara con los que están aquí y ahora, con jóvenes que tienen 100 veces más que él y nunca han tenido que trabajar para ello. No menosprecio lo trágico de esta situación, pero considero que culpar a los ricos no es la respuesta ni soluciona el problema. Nada impide que el mismo proceso mental ocurra con personas de clases medias y altas que sigan mirando con envidia y frustración (a veces justificada) a quienes tienen más que ellos; nada impide que quienes tengan estos sentimientos sean adultos, profesionales o filósofos; y nada impide que los políticos, con buenas o malas intenciones, creyéndose o no el cuento de que la desigualdad es de alguna manera producto del robo y la injusticia y que una mayor igualdad equivale a menos pobreza, hagan uso del mismo y muevan muchedumbres para encumbrarse en el poder. La desigualdad sí importa… prueba de ello son los totalitarismos comunistas del siglo XX, el entristecedor pueblo cubano todavía víctima de una dictadura decrépita, la vorágine venezolana, la asombrosamente constante decadencia argentina que luego de ser una tierra de desarrollo y esperanza bajo la constitución liberal de Juan Bautista Alberdi, retrocedió y lo seguirá haciendo bajo el embrujo igualitarista del peronismo. La desigualdad es, lamentablemente, muy importante en el paradigma de las personas y las consecuencias políticas y económicas de las políticas de la igualdad son reales, importantes y en general negativas para el desarrollo y la reducción de la pobreza a largo plazo.

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