Las mil y una noches por 99 centavos

A fines de noviembre fue “black friday”, una tradición estadounidense que este año se estrenó con fuerza en Santa Cruz. El evento sucede un día después del día de acción de gracias, una importante fecha para los estadounidenses porque celebran la ayuda que los nativos americanos dieron a una población hambrienta de peregrinos ingleses (no sabían que su generosidad sería retribuida con el casi exterminio de su etnia).

Los gringos, con un espíritu comerciantes tan propio de ellos, han aprovechado para hacer de este feriado, el de mayor ventas en EE.UU., dando los mayores descuentos del año y ocasionando un frenesí entre la gente que comprando es feliz.

Como yo no soy ajeno a la influencia de la publicidad decidí que no podía quedar al margen de esta fiesta del consumismo. Sin embargo, aborrezco los atiborramientos, los empujones de la gente y las colas, además de no tener nada qué comprarme. Resolví mi falta de interés por ir de shopping entrando a la tienda de libros virtual, el Ibook Store. Compré una versión mal escrita de Las mil y una noches por 99 centavos de dólar. Los errores de redacción me llevaron a comprar otra edición similar (traducida del árabe al francés por J.C. Mardrus y posteriormente al castellano por Vicente Blasco Ibáñez) pero sin errores de redacción por US$1,99 (lamentablemente no encontré la traducción de Cansinos Assens). Finalmente compré Crimen y castigo de Fiódor Dostoyevski por US$5,99. Mi frenesí de prodigalidad me costó un total de US$8,97 para adquirir libros que ya he leído (pero Borges dijo que lo importante no es leer, sino releer).

Las mil y una noches, o más propiamente dicho, el libro de Las mil noches y una noches tiene más de 4.000 páginas y sin embargo se puede adquirir en un lector digital por 99 centavos de dólar (precio regular). Esto es un ejemplo adicional de cómo, el sistema capitalista, a través de la innovación tecnológica convierte los lujos y privilegios disponibles solo para unos cuantos, en cosas comunes y corrientes disponibles incluso para los más pobres. Hace doscientos años, la única forma de escuchar una orquesta sinfónica era asistir a un concierto, algo no disponibles para todos. Hoy un CD o un MP3 permite tener la música de nuestro gusto a disposición en cualquier momento. El teléfono celular hoy no es ningún lujo, sino incluso una herramienta de trabajo asequible a todos. Y libros que antes costaban cientos de dólares hoy cuestan algunos centavos. En un sentido muy real, todos somos cada vez más ricos.

De monarcas y presidentes

“El Estado soy yo”. Estas palabras fueron pronunciadas por Luis XIV, también conocido como El Rey Sol, ante el parlamento de París en el siglo XVIII. En dicha ocasión el rey se presento en las sesiones con el fin de prohibir las discusiones que se desarrollaban y en las que se criticaba ciertas ordenanzas reales. Tal actitud se entiende mejor si consideramos que en aquella época se veía a los reyes como sustitutos de Dios en la Tierra, principio que aprovecharon años antes los Estuardo en Inglaterra para concentrar el poder en sus manos, y cuyas consecuencias sumieron a los ingleses en una guerra civil.

Luis XIV, imitando a los Estuardo, se designó como la imagen visible de Dios, por lo que su voluntad era incuestionable, y se valió de dicho ardid para concentrar cada vez mas poder alrededor suyo. Un rey para tal fin requería de ministros cuya obediencia fuese ciega; Juan Bautista Colbert fue el mas efectivo de ellos. Para Colbert era intolerable hasta la menor oposición al rey, y no dudó en entorpecer el accionar de parlamentos y asambleas provinciales cuando no coincidieron con la voluntad real. Pero si por algo fue elemental Colbert durante el reinado de Luis XIV, fue por ser quien se encargara de recaudar los fondos necesarios para solventar los gastos (cada vez mayores) del Rey Sol, los cuales produjeron un déficit económico que perduraría hasta la revolución durante el reinado de Luis XVI.

Quizás uno de los símbolos más representativos del reinado de Luis XIV fue el palacio de Versalles, donde buscaba representar una vida artificial y de servilismo, pues el único objetivo de quienes tenían el privilegio de ingresar al palacio era servir al rey.

Cuatro siglos pasaron desde el reinado de Luis XIV y en Argentina la realidad no es muy distinta. A mediados de octubre, valiéndose de un abuso del ejercicio de sus deberes, y en medio de una fuerte campaña electoral, la presidente hizo uso por cuadragésima cuarta vez en lo que va del año de la cadena nacional, medio que junto a otros ha servido de maquinaria mediática y que en conjunto no constituyen más que un Versalles argentino.

En este nuevo palacio, al igual que en el francés, se busca crear una ficción paralela a la de la realidad nacional. Las pintura murales, las estatuas, y todo el lujo de aquel palacio se nos aparece aquí en forma de una nación en la que la inseguridad es tan solo una sensación, en donde la desnutrición ha sido prácticamente erradicada, la inflación no es significativa, etcétera. La nobleza francesa se reemplazó en forma de actores defensores del modelo, aplaudidores de turno, periodistas afines, y una juventud militante, todos ellos “comprometidos” con el modelo encarnado por la presidente, pero por supuesto, todos financiados con fondos públicos.

En Argentina la presidencia no proviene de Dios, pero sí del “Pueblo”, término que se ha desvirtuado y mitificado en los últimos años al nivel de deidad, y al cual se ha identificado oportunamente con la ex presidente, censurando tácitamente de esta forma cualquier crítica a la primer mandataria, como una crítica a la totalidad de los ciudadanos argentinos.

En la Francia del siglo XVII la concentración del poder implicó debilitar el principal contrapeso de la monarquía, el parlamento, a lo cual se le sumó la cada vez más terrible situación en que se sumía a los franceses mediante nuevas cargas impositivas, todo ello para sostener los gastos de un Estado cuyo gasto público solo iba en aumento. La consecuencia no fue distinta a la de los Estuardo en Inglaterra, una sangrienta revolución seguida de años de guerra civil.

Pero a diferencia de la monarquía francesa, en Argentina tenemos la posibilidad mediante elecciones de evitar semejante desenlace, decisión fundamental que deberemos tomamos en las urnas hace algunas semanas.

El fin del principio del chavismo en Venezuela

De todos los escenarios posibles para las elecciones parlamentarias de ayer en Venezuela, el resultado acaecido es el más positivo y, para mí, el menos esperado.

Pasada la media noche en Caracas, y más de cinco horas después de que se cerraran las urnas, la titular del Consejo Nacional Electoral anunció que la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) había obtenido 99 escaños en la Asamblea Nacional, contra los 46 escaños alcanzados por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Los otros 22 escaños supuestamente permanecen demasiado reñidos como para ser determinados. Pocos minutos después, el presidente Nicolás Maduro salió al aire para admitir la derrota, al tiempo que culpó a la “guerra económica” por los resultados.

Este no era el escenario que esperaba seis horas antes, cuando el CNE ilegalmente ordenó que las urnas se mantuvieran abiertas una hora más, al tiempo que la televisión estatal sin reparos hacía un llamado a la gente a que votara por el PSUV y había reportes de hordas de partidarios del gobierno siendo conducidos a las urnas. Todavía más preocupante, una vez que se cerraron los puestos de votación, y a pesar de tener un sistema electrónico que debería producir resultados en cuestión de minutos, las autoridades electorales guardaron silencio durante cinco horas.

Parecía un déjà vu otra vez. En abril del 2013 algo similar ocurrió durante la elección presidencial entre Nicolás Maduro y el candidato de la oposición, Henrique Capriles. La MUD estaba confiada de que había ganado la elección, pero horas más tarde el CNE anunció que Maduro ganó por 1,5 puntos porcentuales. Un testimonio reciente en el Congreso de EE.UU. de Russ Dallen, editor titular del Latin American Herald Tribune, explicó en detalle cómo se cometió el fraude esa noche. ¿Se estaba repitiendo la historia?

En privado, la MUD dijo que ganó 113 escaños, lo cual le daría una mayoría de dos tercios con el poder de nombrar nuevos directores para el CNE y proponer reformas constitucionales para ser aprobadas vía referéndum. Incluso podría convocar un referéndum para revocarle el mandato a Nicolás Maduro. Una mayoría de 101 escaños le daría el poder a la oposición de destituir a ministros del gobierno. Así que la diferencia de 14 escaños entre lo que el CNE anunció y lo que la MUD dijo que ganó está lejos de ser insignificante. Es crítica para determinar lo que sucederá en Venezuela.

¿Podemos decir que este es el principio del fin del chavismo? Yo parafrasearía más bien a Winston Churchill y diría que estamos ante el fin del principio de ese movimiento político que llegó al poder hace casi 17 años. No será una transición expedita de la autocracia hacia la democracia, y el gobierno todavía puede infligir serios retrocesos. Estamos ingresando en aguas desconocidas en la relación entre el chavismo y la oposición. ¿Descubrirá Nicolás Maduro a su Montesquieu interno y empezará a trabajar de manera constructiva con una Asamblea Nacional controlada por la oposición? Lo dudo. ¿Buscará socavar los poderes del Legislativo? Eso es más probable si los precedentes nos sirven como guía.

Hoy es un gran día para los demócratas en Venezuela y alrededor del mundo. Pero queda muchísimo trabajo adelante para reconstruir las destruidas instituciones democráticas venezolanas.

El Misterio de la Banca

Uno de los aspectos más difíciles de entender sobre economía es la parte monetaria. ¿Cómo se origina el dinero? ¿Por qué un pedazo de papel intrínsecamente inservible es aceptado como medio de pago? ¿Qué es la inflación y cuáles son sus causas? ¿Cómo funciona la banca? ¿Qué rol desempeña un banco central? ¿Qué es el patrón oro? ¿Qué características tiene el sistema de banca de reserva fraccionaria? Estas son preguntas que incluso un economista o un banquero puede no comprender del todo.

The Mystery of Banking (1983) de Murray N. Rothbard (1926-1995) expone de manera didáctica el origen y el rol del dinero junto con el papel que juegan el banco central y los bancos comerciales en la economía moderna. Luego de explicar los factores de oferta y demanda que determinan el nivel de precios, el autor muestra como funciona la banca principalmente bajo dos sistemas bancarios: la banca libre y competitiva con 100% de reservas respaldadas en oro y el sistema de banca fraccionaria con un Banco Central con el monopolio de la emisión de moneda y que actúa como prestamista de última instancia.

Rothbard expone claramente los incentivos inflacionarios del sistema de banca con reserva fraccionaria. Por un lado, el Banco Central, al no tener la obligación de respaldar su emisión de papel moneda con reservas de oro, puede imprimir libremente para por ejemplo financiar los déficit fiscales. Por otro lado, los bancos comerciales al poder crear dinero de la nada en base al multiplicador monetario, también generan periodos de inflación seguidos por periodos de contracción, creando y exacerbando los ciclos económicos de auge y depresión. Aunque la tesis no es original (el mismo Rothbard la atribuye a Ludwig von Mises) su exposición es más didáctica para el no economista que la exposición de Mises en su tratado de economía La Acción Humana.

El autor repasa el desarrollo de la banca en Inglaterra y Estados Unidos poniendo énfasis en la motivación y los intereses políticos y económicos para la creación de los bancos centrales en ambos países: El Banco de Inglaterra y El Sistema de la Reserva Federal de los Estados Unidos. Rothbard muestra cómo estas entidades, no solo no contribuyeron a solucionar el problema para el cual fueron creadas (la recurrencia de crisis bancarias y económicas) sino que contribuyeron a agravarlas y generaron inflación.

El libro no solo es didáctico, sino también entretenido y lleno de datos históricos interesantes.

Santa Cruz de la Sierra, 08/11/15

Rangel sobre Francisco de Miranda

Carlos Rangel (1929-1988), destacado intelectual venezolano, le dedica unas cuantas páginas a Francisco de Miranda al inicio de su destacada obra Del buen salvaje al buen revolucionario. Rangel presenta algunas citas de los Diarios de viaje a Estados Unidos: 1783-1784 de Miranda porque “Con tranquilo sentido común, Miranda atribuye las virtudes y prosperidad que observa en la sociedad norteamericana no a ningún todavía imposible e impensable abuso de poder en relación a otras naciones, sino sencillamente a ‘las ventajas de un gobierno libre (sobre) cualquier despotismo’, cosa que ‘poquísimos franceses’ o españoles familiarizados con los EE.UU. son ‘capaces de discernir’, por no haber ‘penetrado el arcano maravilloso de la constitución británica”.

Rangel señala la admiración que Miranda manifestó del respeto por la ley que imperaba en ese país, de “una sociedad que permite todo lo que no está prohibido expresamente, y presume la buena fe de cada cual mientras no haya motivo de sospechar lo contrario”.

Me llamó la atención particularmente esta cita de Miranda:

Las tierras parecen…y son efectivamente pobres. El producto general es pastos, maíz y centeno. Sin embargo tal es la industria y el espíritu que la libertad inspira a estos pueblos, que de una pequeña proporción (de tierra) sacan (los hombres) con qué mantener sus crecidas familias, pagar fuertes tasas y vivir con comodidad y gusto, mil veces más felices que los propietarios (dueños de esclavos) de las ricas minas y feraces tierras de México, Perú, Buenos Aires, Caracas y todo el continente américo-español.

Esta y otras citas similares de Miranda, desde ya muestran indicios de la importancia para el desarrollo de la cultura y las instituciones, cosas que poco tienen que ver con la dotación de recursos naturales y/o la geografía. Leyendo estas impresiones de Miranda se me vinieron a la cabeza las lecturas del recientemente fallecido Douglass North acerca de la historia de la prosperidad en Occidente y aquellas del experto en economía en desarrollo, Peter T. Bauer.

Para concluir sus comentarios sobre los relatos de Miranda durante su paso por EE.UU. Rangel dice lo siguiente:

Estas sencillas verdades sobre el origen de la prosperidad y el poder de los EE.UU. antes de toda relación con América Latina, han sido hoy sustituidas por entorchadas explicaciones sobre cómo el auge norteamericano estaría en relación directa con el atraso del resto del Hemisferio, cuya explotación por los yanquis sería la causa principal, y hasta única, del éxito de ellos y de nuestro fracaso. Y si alguien lee esa parte del Diario de Miranda debe ser en secreto, porque nadie lo cita, nadie lo cuenta. Es incómodo, cuando se vive de mitos, toparse con la verdad, dicha de forma tan simple, tan clara, tan irrefutable. Y para colmo por uno de los auténticos héroes y uno de los más grandes hombres de Hispanoamérica.

Identidad, seguridad y libertad

Europa está en una encrucijada. El viejo continente se encuentra en la vanguardia de los principios liberales como la tolerancia, gobiernos limitados, libertad de expresión, libertad de credo. Las olas migratorias predominantemente musulmanas y la erupción del terrorismo fundamentalista islámico plantean dilemas complicados con relación a estos principios de convivencia. Los migrantes musulmanes traen su cultura, tradiciones e idioma y despiertan entre ciertos sectores de la población europea sentimientos de nacionalismo y xenofobia. Por otro lado, el legítimo derecho de defenderse contra el terrorismo fundamentalista, puede tener un alto costo en cuanto a la protección de la libertad individual.

La inmigración aviva lo más perverso y condenable de los nacionalismos: el rechazo y el odio hacia el foráneo. Pero también existe otro aspecto más difícil de prejuzgar. ¿Qué pasa cuando la cultura de los inmigrantes es contraria a los valores de tolerancia de la sociedad a la que emigran? ¿Qué pasa cuando, por ejemplo, los inmigrantes practican la sumisión de la mujer en un nuevo país donde tal posición es considerada inmoral? ¿Se debe respetar la cultura foránea cuando ésta entra en conflicto con la cultura local o con las leyes mismas? En una cultura que practica la tolerancia y la multiculturalidad, ¿qué se debe considerar intolerable?

Un derecho natural de todo ser humano es el de defenderse y la razón de existir del Estado es la defensa de la sociedad. El terrorismo islámico es un peligro contra las sociedades y la cultura occidental. Sin embargo la búsqueda de mayor seguridad puede ser a costa de libertades civiles fundamentales y presenta serios dilemas. Por ejemplo, ¿es válido prohibir una religión por considerarla peligrosa? ¿Debe el Estado tener acceso a todas las conversaciones telefónicas? ¿Es moralmente justificable discriminar o hacer seguimiento a toda persona proveniente de cierto país o que profese cierta religión? La lucha contra la intolerancia fundamentalista puede paradójicamente producir intolerancia entre quienes la combaten.

Europa ve amenazada su identidad y su integridad por la inmigración musulmana y el fundamentalismo islámico. Yo tengo más preguntas que respuestas a estos temas. Solo espero que en la búsqueda de soluciones no terminen como bajas valores tan europeos como la tolerancia, la solidaridad y la libertad.

La bendición de la informalidad

A menudo se habla de la informalidad como un problema serio, como una plaga que hay que eliminar. Por supuesto, tal planteamiento evidencia el desconocimiento del verdadero problema. Y es que la informalidad es en realidad una solución, una forma de escapar a trabas que genera el Estado.

Tener un negocio formal en Bolivia es un ejercicio en tolerancia y flagelación. Quien desea someterse a esos tormentos requiere pasar por una serie de trámites y obtener un sinnúmero de permisos como ser la ficha ambiental, la licencia de funcionamiento, el número de identificación tributaria, registro de comercio, pasar por el Sedes, el Senasag, la alcaldía, la gobernación, el plan regulador o por algún ministerio, donde indefectiblemente tendrá que hacer interminables colas, ser mal atendido, recibirá información equivocada o incompleta, tendrá que volver nuevamente para que le informen algo diferente a lo que le dijeron la última vez, tendrá que dar alguna coima para que los funcionarios hagan lo que deberían hacer sin coimas, tendrá que dar otras coimas para agilizar los trámites u obviar algún requisito, tendrá que pagar a algún abogadillo para hacer memoriales absolutamente prescindibles, se verá sometido a una oficina de impuestos que castiga el menor error con multas draconianas y cuya función es hostigar y castigar a quienes intentan cumplir la ley, convivirá con leyes laborales elaboradas bajo la premisa de que el empleador es un mafioso y explotador mientras el empleado es un santo victimizado por este y tendrá que cumplir con caprichos políticos como los aumentos salariales determinados en base a consideraciones políticas.

Ante este panorama desolador, existen personas que deciden ignorar al Estado y a toda su burocracia y hacer algo a lo que tienen legítimo derecho: trabajar. Y conste que la informalidad no existe solo entre los emprendedores, porque también hay empleados que escapan a toda la burocracia y trabajan en empresas informales. Y si las condiciones laborales en el sector informal supuestamente son peores que en el formal es muy válido e importante preguntarnos seriamente ¿por qué no se van al sector formal?

La informalidad no es un problema, el Estado es el problema y la informalidad es una solución. Para convencernos de esto solo hace falta hacer el ejercicio mental de cómo sería el país, si el Estado pudiera eliminar la informalidad de manera punitiva. ¡Cuántas más personas sin empleos habrían! ¡Cuánto menos creceríamos! ¡Cuánto más pobres seríamos!

Si queremos reducir la informalidad, tenemos que ir a la raíz del problema: la burocracia estatal.

Santa Cruz de la Sierra, 25/10/15

La seguridad jurídica de Evo

Según Evo Morales en Bolivia hay seguridad jurídica. Sucintamente, seguridad jurídica significa que si hago un contrato, éste será respetado y en caso de controversias, el sistema judicial actuará oportuna e imparcialmente para velar por su cumplimiento o establecer reparaciones razonables; que si yo adquiero un bien inmueble y alguien lo avasalla, el Estado actuará rápidamente para sacar al avasallador; que si invierto en el país, el Estado no expropiará mis inversiones, ni amenazará con hacerlo; que si produzco papa, soya, tomate, pollo, gaseosas, plástico o lo que fuere, el Estado no me impondrá los precios, ni me limitará su exportación; que si requiero un trámite ante el Estado puedo obtenerlo de forma rápida y sin recurrir a coimas.

En Bolivia no se cumple con nada de lo anterior y al contrario el país tiene un sistema judicial que es una máquina de extorsión, donde un juez probo es una rareza, donde los juicios los gana quien más coimas ofrece, donde hay presos políticos, donde lotear y avasallar propiedad privada es un negocio rentable, donde el presidente cambia la constitución a su gusto y la aplica o la ignora a su conveniencia, donde las leyes son cambiadas continuamente e interpretadas caprichosamente.

Y si es evidente que Bolivia está lejos de ofrecer seguridad jurídica, la afirmación de Morales puede ser interpretada de dos formas: 1) el presidente miente conscientemente y 2) el presidente entiende otra cosa por seguridad jurídica. Analicemos ambas alternativas. La hipótesis de que el presidente miente de manera consciente no es descabellada, después de todo, ya ha incurrido repetidas veces en mentiras descaradas. Las más notables son las repetidas afirmaciones de que no se volvería a postular por un 3er periodo y luego de que no se volvería a postular para un 4to periodo, pero no han sido las únicas. Entonces nadie podría sorprenderse de que Evo Morales mienta para atraer inversiones. La otra alternativa es que para Evo Morales la seguridad jurídica no significa leyes estables, respeto a la propiedad privada y una justicia imparcial y eficiente, sino algo así como que si estás con el gobierno y no apoyás a la oposición te vamos a dar negocios y privilegios. En esa línea debemos interpretar las repetidas advertencias de Evo Morales y Álvaro García de no hacer política. Está “seguridad jurídica” propia de regímenes fascistas, ya se aplica en el país para beneficio de algunos empresarios y muchos funcionarios públicos.

Santa Cruz de la Sierra, 31/10/15

La fascinación por Pablo Escobar

A 22 años de su muerte Pablo Escobar sigue reinventando su historia. El encargado en esta ocasión es Netflix con la serie llama “Narcos”.

La serie —producida por Netflix— es una dicotomía. En partes iguales y desde cada una de sus perspectivas, “Narcos” es narrada por los protagonistas: Pablo y su visión sobre el narcotráfico y Steve Murphy, un agente de la Agencia para el Control de las Drogas (DEA, por sus siglas en inglés) encargado de cazar a Escobar.

“Narcos”, al mejor estilo de una novela de misterio, mantiene en vilo al público con cada jugada de Pablo, cada respuesta de la DEA, cada ataque de Murphy y contraataque de Pablo.

“Narcos” y todas las novelas, series y libros inspirados en el narcotráfico, olvidan mencionar que son historias de batallas pasadas de una guerra cuya crónica anuncia un eterno fracaso. A pesar que esta serie añade mucha ficción, no falla en retratar los miles de millones de dólares gastados en una cacería que no evitó que las drogas dejen de ser traficadas, ni menos provocó que la drogadicción desaparezca.

Percibir el consumo de drogas como una actividad criminal es uno de los tantos errores de esta guerra. Portugal en 2001 cambió su estrategia y enfoque hacia la drogadicción. En vez de considerar la posesión de drogas como un acto criminal, se considera como un problema de salud pública, y hacia ese problema se enfocan los recursos: prevenir su uso y evitar muertes relacionadas a su tráfico y consumo.

Este cambio en políticas públicas ha tenido un efecto positivo. Según datos del Observatorio Europeo de las Drogas y Toxicomanía, en 2007 un 12% de los adultos en Portugal reportaban un uso prevalente de drogas. En 2012 ese porcentaje bajó al 9.5%.

Las drogas siempre entraran al mercado que las demande, dejando una estela de violencia a su paso. Legalizar las drogas no es aprobar su consumo, es disminuir el costo con las que estas se trafican.

Combatir fuego con fuego, en este caso, es una pésima política pública, pero es excelente material para series y novelas. El fenómeno de Pablo Escobar también es retratado en en excelentes libros como Killing Pablo de Mark Bowden, que se enfoca en narrar el motor político, militar y económico de la cacería en contra de Pablo y cómo un país entero sufrió a consecuencia de ello.

El Nobel de literatura, Gabriel García Márquez no se quedó fuera de la vorágine de Escobar. En Noticia de un Secuestro García Márquez cuenta los meses en que Pablo secuestró a miembros de familias influyentes en Colombia, con el fin de que estos usaran su poder político a favor de Pablo y evitaran la luz verde a la extradición.

Los últimos capítulos de la cacería por Pablo están escritos en En la boca del lobo de William Rempel. El autor narra la historia de Jorge Salcedo, un colombiano contratado por el Cartel de Cali —enemigos de Pablo— como su jefe de seguridad, ya que temían ser asesinados por Escobar.

Luego de la muerte de Escobar, Salcedo permaneció dentro del Cartel de Cali, pero al intentar renunciar vio que salir de allí con vida era imposible. Así que para poder irse ofreció su conocimiento a la CIA para ayudar a derrotar al cartel. El ajedrez jugado por Salcedo en manos de sus nervios de acero es la trama del libro, el cual es imposible soltar.

Es cautivador escuchar historias de personas que para bien o para mal desafían las reglas. Tal vez por eso Pablo Escobar, uno de los mayores criminales de todos los tiempos, provoca tanta fascinación.

Lamentablemente estas historias, hoy convertidas en entretenimiento, son verídicas y a falta de adecuadas políticas públicas han desangrado y siguen desangrando a América Latina.

Sugerencias para lograr un buen gobierno

Gobernante, ¿quieres que el país progrese?

  • No interfieras en la vida personal de tus ciudadanos.
  • No busques cercenar los derechos de propiedad, y no te aferres a la tendencia de las expropiaciones. No olvides los incentivos de la propiedad privada, y tampoco olvides que lo que es de todos, al fin y al cabo termina siendo de nadie.
  • No quieras controlar los medios de comunicación. La libertad necesita de diversidad de medios y de información independiente que circule sin intervenciones gubernamentales.
  • No encarceles por pensar diferente. De las distintas opiniones se crece, y por ellas se enriquece la cultura.
  • No busques un enemigo o algún chivo expiatorio para culparlo de todos los males. Deja de culpar a EE.UU., al imperialismo, al capitalismo o a la globalización. Acepta los errores que han cometido los gobiernos de tu país y no fomentes las medidas populistas de empobrecimiento.
  • Reduce los puestos públicos. El empleo público es improductivo ya que fomenta la pobreza y estanca a la sociedad.
  • Recuerda que si la pobreza disminuyera con planes sociales, los mismos deberían ser cada vez menos, y no deberían aumentar descomunalmente tal como sucede en los países donde se aplican estas medidas clientelistas y de corto plazo. En cambio, sí podrás disminuir la pobreza con educación de calidad, con apertura de la economía, con inversión privada, lo que llevará a la creación de un buen número de empleos productivos y gente pensante.
  • No interfieras en la justicia, la misma debe ser independiente para que el Estado de Derecho pueda llevarse a cabo de modo correcto.
  • Recuerda que el Estado no cuenta con ninguna naturaleza empresaria. No pongas a los burócratas del Estado a manejar empresas, porque a la larga tendrás empresas sin empresarios y llenas de parásitos dependientes del dinero del contribuyente.
  • Levanta la voz ante los atropellos a las libertades civiles, económicas y políticas en el mundo. No te quedes callado y no seas cómplice del populismo del siglo XXI.
  • No le quites a algunos para darles a otros. No olvides: la riqueza no tiene un tope. Se trata de aumentar el tamaño de la torta, no de repartirla cada vez más en trozos más pequeños.
  • Fomenta el comercio, ésta es la gran clave. Abre los mercados, ningún país crece bajo el proteccionismo o encerrando a su gente. Jamás te tientes, porque una vez que caes no hay vuelta atrás.
  • No utilices los planes sociales para conseguir votos. Esta medida populista hará que los ciudadanos se hagan dependientes del gobierno, y sólo crearás una sociedad parasitaria que te demandará cada vez más necesidades.
  • Dale libertad a la educación. Pon a los colegios y a las universidades a competir. Fomenta la educación privada, la libertad de programas de estudio y la libre elección de los estudiantes y los padres sobre su educación.
  • No aumentes los impuestos, ya que estos siempre recaerán fuerte sobre los más pobres, y a la larga crearás improductividad en la sociedad. Déjalos ahorrar.
  • No aumentes el gasto público. No despilfarres el dinero de los individuos para fomentar planes que los empobrecerán cada vez más, ni utilices aquel dinero para enriquecerte junto a tu séquito.
  • Deja de lado la emisión monetaria, ya que la misma sólo generará más inflación.
  • Fomenta la inversión privada, deja que aumente la riqueza en la sociedad. Los empresarios son los que generan empleo productivo, no les pongas más trabas a sus actividades comerciales.
  • Ponle pausa a las barreras burocráticas y a los interminables trámites. El tiempo de un individuo vale mucho.
  • No utilices al Estado como fuente de trabajo para tus familiares y amigos.
  • No pongas a tu cuerpo de economistas a fijar precios en el mercado. Los precios son señales, y cuando interfieres en tal proceso distorsionas la vida diaria de la sociedad. Déjalo en manos de la oferta y la demanda.
  • No dividas a la sociedad y tampoco impongas tu manera de pensar. Sería lamentable que tus políticas dividan familias, terminen amistades o arruinen una cena de domingo.
  • Protege a tus ciudadanos del narcotráfico, no lo dejes ingresar, y jamás cedas ante el terrorismo.
  • No descuides la seguridad de los ciudadanos. Si alguien roba, mata, o viola no debe quedar impune. Las leyes están para cumplirse. Que la cárcel no se convierta en un lugar transitorio de una o dos noches para la gente que comete este tipo de crímenes.
  • Olvídate de las cadenas nacionales, quítate esa necesidad de ser visto y adorado.
  • Recuerda que el “dinero estatal” no existe. El Estado no produce nada, sólo existe el dinero de los individuos.
  • No juegues con el nacionalismo, es un camino peligroso.
  • No manipules las elecciones. Como llegaste te vas a tener que ir. El asiento presidencial no es para siempre, así que olvida tu tentación de perpetuarte en el poder bajo las típicas re-reelecciones indefinidas del populismo latinoamericano.
  • No cambies las reglas de juego. Esto es crucial tanto para las relaciones con distintos actores, inversores, ciudadanos y otras naciones.
  • Escucha a los tanques de pensamiento, interactúa con ellos, ten en cuenta las distintas opiniones, nútrete del ambiente intelectual y nunca impongas una línea de pensamiento en la opinión pública.
  • Ten cuidado con los sindicatos.
  • Fomenta la meritocracia, no te pongas a repartir privilegios.
  • Olvídate del personalismo, cumple tu período, y preocúpate por dejar un legado. Haz que tus políticas sean continuadas por partidos distintos al tuyo, esto, con políticas correctas, logrará llevar al país por el buen camino del largo plazo, y así el país conocerá el progreso.
  • Y por último, recuerda que el gobierno debe obedecer las leyes y rendir cuentas constantemente. Llegaste para recibir órdenes de tu pueblo, no para decirle lo que tiene que hacer y convertirlo en tu rebaño personal. La sociedad debe estar formada por individuos, no por súbditos.

Si logras cumplir estos principios entonces obtendrás una administración exitosa, y más aún, promoverás que los ciudadanos desarrollen sus vidas al máximo. No cometas el error del populismo del siglo XXI. La experiencia global lo ha demostrado, y han sido los gobiernos de tinte interventor, de tamaño grande y de características estatistas y populistas, los primeros en conseguir el descontento y el rechazo por parte del pueblo. No te equivoques como ellos, sé diferente y pon en práctica a la libertad.