Sospechosa caridad

Sabido es que San Pablo ponderó la caridad por encima de las otras virtudes teologales: “Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de todas ellas es la caridad” (1 Cor 13, 13).

Dicha virtud, la del amor a Dios y al prójimo, es la que el propio Jesús nos ordenó: “En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros” (Jn 13, 35). Una de las pruebas más contundentes de la desmoralización que promueve el intervencionismo es que esta virtud se ha convertido en sospechosa.

Lo hemos vuelto a ver a propósito de la reacción indignada de la extrema izquierda ante la noticia de que Amancio Ortega iba a donar una cuantiosa cantidad de dinero a la sanidad pública para adquirir equipos de última tecnología para el tratamiento del cáncer.

La Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública de Aragón declaró: “Nuestra comunidad no tiene que recurrir, aceptar, ni agradecer la generosidad, altruismo o caridad de ninguna persona o entidad. Aspiramos a una adecuada financiación de las necesidades mediante una fiscalidad progresiva que redistribuya recursos priorizando a la sanidad pública”.

Los representantes de la misma asociación en Canarias, por su parte, ante el hecho de que el gobierno autónomo estaba dispuesto a aceptar la donación del creador de Inditex, proclamaron: “no podemos sino sonrojarnos de vergüenza ajena”.

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La utopía socialista

Si los seres humanos fueran unos ángeles, entonces no se necesitaría de gobiernos y la utopía anarquista sería la mejor forma de organización política. Si los seres humanos fueran malvados, los Estados tendrían que funcionar como cárceles, controlando a todas las personas. No es casual que el socialismo, tanto en la concepción teórica marxista, como en la práctica de los países que lo implementaron desde la formación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas hasta la Cuba y la Venezuela de hoy se parezcan más a una cárcel que a otra cosa. Ser liberal requiere de un grado de confianza en la nobleza del hombre, aunque también reconociendo su propensión a ser injustamente parcial en beneficio propio; en cambio el socialista es necesariamente un pesimista que considera que si no hay un Estado policiaco, los seres humanos se matarán y abusarán entre ellos.

Pero si los hombres son fundamentalmente malos y deben ser controlados y reeducados para formar al “hombre nuevo” de la utopía socialista, entonces surge la interrogante de quiénes serán los gobernantes. Porque a fin de cuentas, los gobernantes también son personas. La solución socialista es suponer que existe un minúsculo grupo de hombres nobles, exentos de intereses personales, absolutamente entregados al bien común, y además de una sabiduría tal que saben precisamente en qué consiste el bien común y pueden llevar a cabo las acciones para lograr lo mejor para la sociedad. Este grupo (un par de centenas tal vez) debe decidir el destino de una nación y controlar la vida de millones de personas.

La historia no es para nada favorable al cuento de hadas socialista. Ninguna otra forma de gobierno ha matado más gente y los países que siguieron la senda socialista (Rusia, China, Corea del Norte, Alemania Oriental, Cuba, por citar algunos) no solo que no prosperaron, sino que retrocedieron económicamente y además destruyeron la libertad y la dignidad de sus habitantes.

Como dijo Winston Churchill: “Nadie pretende que la democracia es perfecta o infalible. De hecho se ha dicho que la democracia es la peor forma de gobierno con la excepción de todas las otras formas que se han intentado cada cierto tiempo”. La elección de las autoridades es una condición necesaria para dar legitimidad a un gobierno, pero no suficiente. Hay que seguir perfeccionando mecanismos para que los gobernantes democráticamente elegidos no cometan abusos de poder.

Santa Cruz de la Sierra, 28/05/17

Dos test para los derechos humanos

Si usted naufragara en una isla desierta junto a otras dos personas desconocidas, ¿cuáles serían las obligaciones que se tienen entre sí? Usted no puede matar, golpear o robarle a los otros sus pertenencias y viceversa porque nuestra calidad de humanos e iguales entre sí (iguales en derechos) nos obliga a respetar la vida, la libertad y la propiedad de los otros como también a exigir su respeto para con nosotros. Más allá de este respeto mutuo usted no puede obligar a los otros a que le construyan una casa, le provean agua, o le pasen clases de aritmética; tal obligación implicaría una violación de la libertad de los otros. Probablemente estas tres personas decidan colaborar para conseguir el alimento, construir un refugio y cuidarse en la enfermedad, pero esta colaboración es voluntaria y mutua y si uno de ellos decidiera irse a vivir solo a otra parte de la isla y cortar contacto con los otros dos, estaría en todo su derecho. Imaginemos que los tres náufragos son un médico, un profesor y un arquitecto. ¿Eso implica que el médico está en la obligación de garantizar la salud, el profesor la educación y el arquitecto la vivienda? Por su puesto que no. El que cada persona tenga diferentes especialidades hace más beneficiosa la colaboración mutua, pero no quita el hecho de que ésta tiene que ser voluntaria, no obligatoria.

Aquí tenemos test simple para entender qué es un derecho humano. Los verdaderos derechos humanos se mantienen vigentes donde sea que nos encontremos y su cumplimiento es obligatorio por parte de todos. Si usted y n personas están perdidos en una isla, todos siguen manteniendo sus derechos a la vida, la libertad y la propiedad; todos se deben respeto mutuo. Un test adicional para entender lo que no es un derecho humano es que si su cumplimiento implica una transgresión de los derechos a la vida, la libertad y la propiedad, entonces no es un derecho humano. Un derecho es un obligación de todos hacia usted. Obligar a todos a proveerle agua, salud o educación, implica coartarles su libertad y por tanto no pueden ser derechos humanos.

Un conocido adagio afirma que tus derechos terminan donde comienzan los derechos del prójimo. Bajo esta premisa los llamados derechos de segunda generación (salud, educación, servicios básicos) no pueden ser derechos humanos, porque su cumplimiento implica la obligación de alguien de proveerlos y tal obligación importa una violación de ciertas libertades que son la base de los derechos humanos de primera generación, es decir de los verdaderos derechos humanos.

 

Santa Cruz de la Sierra, 12/01/17

http://javierpaz01.blogspot.com/

Por qué los derechos de propiedad importan

La relación entre derechos de propiedad y prosperidad es bien conocida. Los derechos de propiedad son la pieza clave para el ejercicio de la libertad y para el progreso. Permiten a los individuos hacer uso de esos bienes y servicios de la forma que más les conviene, ya sea para obtener alguna ganancia económica mediante su venta, compra o uso; para guardar como respaldo; o bien, para tener una garantía al momento de acceder al capital. Cuando los derechos de propiedad están asegurados en una sociedad, los individuos gozan de mayor protección frente a las condiciones de pobreza al permitirles desarrollarse en el ámbito económico y social.

Asimismo, la falta de protección de los derechos de propiedad tiene impactos negativos sobre los individuos, sus familias y respectivas localidades. Las economías tienden a colapsar producto de la pérdida de la confianza de inversionistas, de la desaparición del valor de la tierra y de los incentivos de los emprendedores.

Hoy en día 2,7 mil millones de personas viven con menos de US$2 por día. De esos, según Landesa, una organización sin fines de lucro que promueve los derechos de individuos y familias pobres sobre sus tierras, mil millones viven en áreas rurales y carecen de derechos de propiedad sobre sus tierras. Según la Fundación Rockefeller, esto puede deberse a diversos factores: (1) la ley no garantiza los derechos de propiedad, como en el caso de los países comunistas; (2) la ley garantiza los derechos de propiedad pero existen además barreras culturales que impiden el ejercicio de este derecho, como ocurre con gran parte de las mujeres en la región de Medio Oriente y África del Norte; o (3) los individuos carecen de la habilidad necesaria para ejercer su derecho y esto es causado, por ejemplo, por desconocimiento de la ley, falta de información o limitaciones de tipo socio-económicas. Podría también añadirse que los procesos burocráticos a los que muchas veces los individuos se enfrentan a la hora de registrar una propiedad también constituyen barreras al ejercicio de sus derechos como dueños de la tierra.

Infografía de Landesa.org

En el caso particular de los individuos que, además de encontrarse en condición de pobreza, viven en áreas rurales y no pueden ejercer derechos sobre sus tierras, tener derechos de propiedad seguros y definidos puede hacer la diferencia. Las estadísticas recolectadas por Landesa sugieren que la producción agrícola se incrementaría en 60%, la inversión en mejoras para las viviendas de estos individuos se duplicaría y el ingreso anual familiar crecería en un 150%. Además, el embarazo adolescente caería por la mitad, el porcentaje de graduados de escuela secundaria se duplicaría y las horas trabajadas aumentarían en 17%.

Cuando los derechos de propiedad están garantizados, los dueños de las tierras invertirán y a cambio recibirán el producto de este esfuerzo. Así, mientras más asegurados se encuentren estos derechos, mayor será la tasa de inversión y, en consecuencia, mayor el crecimiento económico y la prosperidad.

Video: “Ley, moral y libertad”

El 30 de marzo presenté una charla sobre la ley, la moral y la libertad en la Aduana de Oribe en Montevideo, Uruguay. Aquí la puedes ver:

Una mala broma para los ecuatorianos

El proceso electoral que debió haber culminado el 2 de abril en una victoria incuestionable de un candidato a la presidencia ha sido cualquier cosa menos transparente y justo. Súmele a eso las múltiples irregularidades que ponen en duda el resultado oficial. A una mayoría de los ecuatorianos, quienes desconfían del CNE, esto no debería sorprender. Lo que si nos ha sorprendido es el respaldo casi impulsivo que ha obtenido el candidato oficialista de gran parte de los mandatarios de otros países, así como también de la OEA y de la prensa internacional.

Pero siempre hay brillantes excepciones. Entre ellas, se encuentra la columnista para las Américas del Wall Street Journal Mary Anastasia O’Grady, quien tildó estas elecciones como “dudosas” y reportó acerca de la persecución montada por el gobierno ecuatoriano contra aquellas personas y organizaciones que resultaban incómodas para legitimar el resultado oficial–la encuestadora Cedatos-Gallup Poll International, el candidato de oposición Guillermo Lasso, y empresas involucradas en su campaña presidencial. “O’Grady explica:

El lunes posterior al día de la elección, la misión observadora de la Organización de Estados Americanos–liderada por Leonel Fernández, un ex presidente izquierdista de la República Dominicana–respaldó la narrativa de Correa de que el Sr. Moreno había ganado. La OEA le dijo al Sr. Lasso que presente sus quejas ante al Tribunal Contencioso Electoral (TCE) controlado por Correa. El Departamento de Estado de EE.UU. dijo algo similar.

Esa recomendación es una mala broma. El Sr. Correa ha sido presidente desde 2007. Controla el grupo mediático más grande del país, el congreso, la justicia, y la cúpula militar, así como también la policía nacional. Todos los miembros del Consejo Nacional Electoral tienen vínculos con el gobierno o con su partido, Alianza PAÍS. El presidente del TCE es el hermano del fiscal general de Correa.

Hay cosas tan evidentes para el que quiere hacer bien su tarea de reportar acerca de la situación en Ecuador, pero gran parte de los reporteros y corresponsales reflejan un desconocimiento de incluso los detalles más básicos acerca del muy inusual proceso electoral que acabamos de vivir. O el oficialismo tiene un parlante mucho más grande–con la importante ayuda de cajas repetidoras como la amigable misión observadora de la OEA–con el cual resulta difícil competir y/o la prensa internacional y los líderes políticos de otros países tienen un fuerte sesgo hacia las fuentes oficiales de información y/o la oposición ecuatoriana no ha comunicado exitosamente su situación. Pero una mínima dosis de pensamiento crítico debería hacer dudar de estas fuentes a cualquiera que comprenda la realidad ecuatoriana: un país con un sistema de gobierno autoritario en el que las instituciones del Estado son todas controladas por el partido Alianza PAÍS. Como concluye O’Grady:

Para robarse una elección, un gobierno necesita de un poder ilimitado en casa y de tontos útiles en el extranjero. El Sr. Correa tiene ambas cosas a su disposición. Luego de una década de abusos, los ecuatorianos tienen justa razón para demandar un reconteo voto a voto.

Cantinflas cruzando el muro en la frontera

Vía el twitter de Mary Anastasia O’Grady encontré esta joya de video, donde Cantinflas parece tener más sentido común que el guardia fronterizo de EE.UU. Cantinflas, personaje representado magistralmente en múltiples películas mexicanas por Mario Moreno, solía hacernos reír de los políticos, las élites y en este caso en particular, de lo absurdo que puede llegar a ser el sistema migratorio de EE.UU. “¿Como qué quiero?…Podía haberle dado vuelta al poste, pero soy respetuoso con las leyes…¿Para qué tantas preguntas si no más vengo a gastarme mis dolarianos?”

Un siglo de engaños

Este febrero se cumple el primer centenario de la Revolución Rusa, una serie de sucesos que condujeron al derrocamiento del régimen zarista entre febrero y octubre de 1917 y que llevó a la creación de la República Socialista Federativa Soviética de Rusia.

La Revolución de febrero tuvo como sucesor a un gobierno provisional, que fue derrocado por la revolución de octubre, estableciéndose el gobierno de los bolcheviques. A continuación, se desencadenó una guerra civil que fue ganada por el nuevo régimen soviético. Años después, en 1922 se creó la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Tras la muerte del primer líder soviético, Vladimir Ilich (Lenin), en 1924, Iósif Stalin acabó ganando la lucha por el poder. Stalin, unos de los dictadores tiránicos más sangrientos de la historia, perpetuó el comunismo. A él se le atribuyen cerca de 10 millones de muertes: 4 por represión y 6 por hambruna, esta última producto de la centralización de los factores de producción.

Cuando se repasan los hechos que hicieron posible que hace 100 años se fundara el Estado soviético, primer estado comunista de la historia, se debe rescatar: 1) la arrogancia de absolutistas y conservadores, solo superada por la ingenuidad política de supuestos socialdemócratas y 2) la tibieza que permitió llegar al poder a quienes, inspirados por el resentimiento, no escatimaron en medios para llegar a un solo fin: acceder al poder y perpetuarse en nombre de la igualdad, la justicia social y la construcción de una sociedad sin clases.

Luego de un siglo de comunismo en el mundo, no cabe celebrar. De hecho, hay que recordar las causas y los nefastos efectos del legado criminal del comunismo: regímenes totalitarios y sangrientos, millones de muertos en todo el mundo, violencia sin justificación, abolición de la libertad, pisoteo de la dignidad humana, y asesinos con fama y camisetas como Ernesto, el Che Guevara, cuyas frases siguen repitiendo nuestros gobernantes; o como el revolucionario Fidel Castro, un tonto útil de la URSS, a quienes muchos admiran a pesar de haber dejado una Cuba en miseria. Hablando de esas paradojas, Stalin fue nominado al Premio Nobel de la Paz en 1945 y 1948. No es broma.

En teoría el comunismo soviético cayó en 1989 y, con él, su ‘muro de la vergüenza’; dos años más tarde colapsó la URSS. Sin embargo, y aunque parezca otra mala broma, todavía en pleno siglo XXI hay naciones que juegan al comunismo: mientras sus gobernantes concentran poder y se enriquecen pero dicen odiar la riqueza, los ciudadanos comen basura. ¿La cereza del pastel? Terminan sus discursos con un intrépido ¡hasta la victoria siempre!

Que este primer centenario del inicio de una barbaridad llamada comunismo, sirva para honrar aún más la Libertad y evitar caer en engaños de caudillos populistas. Como dice Luis Alfonso Herrera, abogado y filósofo venezolano, que este aniversario sirva “para calificar al comunismo y sus promotores como la teología política más peligrosa y abominable de la historia, por su capacidad de ‘viralizarse’ por los cinco continentes con gran acogida y legitimidad, al dirigirse a las emociones más básicas y negativas de las personas y aprovecharse de su ignorancia o su desesperación para engañarlos, manipularlos y luego destruirlos, sin remordimientos, con tal de lograr sus fines de poder absoluto”.

Este artículo fue publicado originalmente en El Universo (Ecuador) el 6 de febrero de 2017.

El croissant no es 100% francés

En la moda populista actual el nacionalismo cultural ha ganado apoyo popular en diversos países. Ya no es característica particular de América Latina, sino ahora también de gobiernos en países desarrollados de Europa e incluso en EE.UU. Por eso ahora es cuándo es más importante que nunca recordar cómo la globalización nos ha beneficiado a todos lo largo de la historia en múltiples ámbitos, hasta en lo que comemos. La semana pasada me topé con una divertida revista del Smithsonian titulada “Atlas of Eating” (El Atlas de Comer) que resalta cómo la cultura culinaria de diversos países está en constante evolución y cómo las distintas culturas constantemente se influencian entre ellas a través del comercio y cómo también son alteradas por circunstancias particulares como el terrorismo, las guerras y las crisis económicas.

Por ejemplo, ¿sabía que el croissant tiene raíces austríacas que se remontan al año 1227 y que hasta el relativamente reciente siglo 19 los parisinos lo consideraban como una novedad extranjera disponible solamente en las pastelerías vienesas de las partes más pudientes de París? El “kipfel” de Viena se convirtió en el parisino croissant mediante la no desdeñable innovación de los panaderos parisinos, quienes tuvieron la idea de hacerlo con masa de hojaldre. El artículo de la revista sobre los croissants resalta que antes de 1850 no hay mención alguna en la historia de Francia del croissant y que quizás el primero en introducir dicho tipo de pan en Francia fue un inmigrante austríaco llamado August Zang.

Por otro lado, ¿sabía que gran parte de las variedades de tomates que gozamos hoy en el mundo le deben su herencia genética a unos tomatillos silvestres que solamente se encuentran en el sur del Ecuador y el norte del Perú? Los botánicos los conocen como “solanum pimpinellifolium” o simplemente “pimp” en inglés. Estos tomates fueron llevados por barco a América del Norte y Europa en los siglos 15 y 16, haciendo posible la multiplicidad de variedades de tomates ampliamente disponible que tenemos hoy.

Y mucha de la promoción de una cultura culinaria ocurre por accidentes y de forma espontánea. Considere que las múltiples comidas que rastrean sus orígenes a las guerras y épocas en que poblaciones sufrieron de violencia política. Por ejemplo, la famosa cocina siciliana de Italia se benefició tremendamente de los granos y el azúcar que trajeron consigo los tunisios que emprendieron una conquista religiosa de la zona. Sin estos granos no se hubiera podido hacer la pasta. Los árabes introdujeron el cous cous que ahora es también considerado un elemento integral de la cocina siciliana tradicional. Asimismo, los militares japoneses introdujeron innovaciones importantísimas en la comida japonesa, como el curry o los fideos ramen (que son en realidad de origen chino). Victoria Pope dice: “La comida evoluciona…y muchas veces la encontramos en lugares lejos de su hogar original”.

Sin irnos a tiempos tan remotos de la historia, el reciente boom culinario del Perú, según Marco Avilés, se inició en las calles de Lima, llenas de inmigrantes desplazados por el terrorismo del Sendero Luminoso hacia la ciudad capital, todos clamando por los olores y sabores de la comida de hogares que habían dejado atrás. Otro factor es que los líderes de esta revolución culinaria del Perú estuvieron influenciados por la alta cocina Europea y se propusieron tratar con el mismo cuidado y respeto los platos “tradicionales” de la comida peruana, que a su vez había recibido influencias foráneas de, por ejemplo, los inmigrantes japoneses.

También es importante reconocer el crucial papel que han jugado a lo largo de la historia aquellos arriesgados empresarios que permitieron esa maravillosa mezcla internacional de ingredientes que hoy consideramos tan básicos en cualquier cocina. Un comerciante quebrado de Venecia, Roberto Mairano, decidió en 1173 arriesgarse importando lo que en ese entonces era considerado un artículo de lujo y una especia de lo más exótica y útil: la pimienta. Como él, hubieron muchos otros, que importaron no solo pimienta sino también jengibre, canela, nuez moscada, entre otras especias desde lugares extremadamente remotos: desde Malasia, pasando por la India y Oriente Medio hasta llegar a Europa.

Las historias que cuenta la comida también nos revelan como lo que alguna vez fue alta cocina, rápidamente pasa a ser cocina popular y viceversa. Así pasó con el goulash, que tuvo sus orígenes entre campesinos húngaros, para poco a poco pasar a ser parte de una tradición húngara urbana. Luego, a fines de los 1800s, “el rey de los chefs y el chef de los reyes”, el francés Auguste Escoffier sirvió goulash en Montecarlo en 1879. Para 1969, dicho plato se encontraba entre los cinco platos de carne más conocidos por los encuestados en EE.UU. por Gallup Poll.

Así que no hay comida 100% autóctona o tradicional. Toda cultura está en constante evolución y las más predominantes actualmente, lo son en no poca medida gracias a que se han dejado influenciar por lo mejor de otras a las que han sido expuestas mediante el comercio y la inmigración.

El agua no es un derecho humano

Un derecho humano no es algo que el Estado otorga, sino al contrario es una libertad inherente al ser humano que el Estado no debería conculcar. Por ejemplo, la libertad de expresión es un derecho humano. Cada persona desarrolla sus propias ideas y pensamientos el Estado no debería castigar o prohibir el derecho de las personas para expresar tales ideas.

El agua no es un derecho humano, es un bien económico, que efectivamente es indispensable para vivir, pero que para obtenerse requiere de trabajo, al igual que requiere de trabajo hornear pan o cosechar trigo.

Para entender la diferencia entre en verdadero derecho humano y un bien económico, podemos imaginar este sencillo test: si una persona se traslada al medio de un desierto o a lo más inhóspito de una selva, sigue manteniendo su derecho a la libertad de expresión, es decir, el Estado no debe prohibirle expresarse donde sea que esté. El lugar donde viva no afecta en nada la libertad de expresión de esta persona y el Estado no necesita hacer nada adicional para garantizar tal derecho. En cambio si el agua fuera un derecho humano, como proclaman muchos, el Estado estaría en la obligación de llevarle agua a ese ermitaño (y a cada habitante dentro de su territorio) donde sea que se encuentre, a construirle pozos, hacer canales y asegurarse que no le falte el líquido vital. Imagine que la inversión necesaria para llevarle agua a este único ermitaño fuera de 1 millones de dólares anuales: por supuesto que sería absurdo hacerlo. Aunque entre los derechos que tenemos los seres humanos está el de elegir donde vivir, y por tanto si alguien quiere vivir en el desierto, el Estado no debería prohibirlo, esto no significa que el Estado deba procurarle el sustento o proveerle agua potable.

Es indudable que el agua es prioritaria para la vida, pero eso no la convierte en un derecho humano; es un bien económico que requiere de inversiones y de trabajo, al igual que el pan, la carne o las verduras. No garantizamos el pan, la carne o las verduras declarándolas “derechos humanos”, sino generando condiciones para que hayan panaderos, carniceros y agricultores. Dar condiciones para que las empresas puedan proveer de agua a la población es la mejor forma de garantizar su suministro. Hacerla un “derecho humano” y ponerla en manos del Estado es la mejor forma de lograr su escasez.

Santa Cruz de la Sierra, 08/01/17