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Lo que vio un socialista catalán en Venezuela

El otro día publicamos en ElCato.org un artículo de Marian Tupy donde él señala el poder de auto-engaño que tenemos los seres humanos de seguir creyendo en cosas que son evidentemente falsas. Como evidencia, Tupy reprodujo en ese artículo una carta que un profesor universitario que visitó la Unión Soviética así como también la anécdota de su tía checoslovaca. Ayer me topé con otra evidencia de esto y es la crónica del español socialista que fue a pasar la navidad de 2016 en Caracas. Léanla. No tiene desperdicio.

Manel Martínez tiene credenciales socialistas: dice que el socialismo ha sido parte de su educación desde niño, su padre fue un concejal socialista, él militó en la juventud del partido desde joven y llegó a ser secretario del grupo local de su pueblo en Barcelona. Uno creería que un paseo por la Venezuela Socialista del Siglo XXI le hubiese hecho dudar de sus arraigadas creencias en el socialismo pero no. Pues Martínez dice: “…sigo siendo militante. Pero lo de aquí no tiene nada que ver con el socialismo que a mí me enseñaron. Esto no es socialismo; es una vergüenza”.

A ver primero recordemos algo de teoría. Los principales pensadores socialistas no hablaban de democracia sino de la “dictadura del proletariado”, fomentaban la “lucha de las clases” y coartaban en mayor o menor medida el derecho a la propiedad privada. El socialismo en la práctica y en todas partes, suele derivar en un culto a la personalidad del gran líder (ya sea Lenin, o Stalin, o Mao Tse Tung, o Pol Pot, o Hitler–no era nacional “SOCIALISMO” por nada), inflación, controles de precios, y una escasez de una amplia gama de productos básicos que ha llevado en varias ocasiones a hambrunas. Estos resultados son similares a lo que ya está viviendo Venezuela y es lo aquello de lo que se queja Martínez en su crónica. Le falta reconocer que son el resultado de la aplicación de políticas públicas coherentemente socialistas las que llevaron a esos resultados tan negativos.

El triunfo de un individuo por sobre el totalitarismo

Recientemente terminé de leer el famoso relato del psicólogo vienés Viktor Frankl acerca de su vida en un campo de concentración. Él, a diferencia de varios millones de individuos que murieron en estos campos, vivió para contarla. Se llama El hombre en busca de sentido (Man’s Search for Meaning) y es un relato que vale la pena leer ahora que nos bombardean en los noticieros y en la academia acerca de los peligros del entorno en que nos desenvolvemos hoy los seres humanos. También es un relato que nos muestra que incluso dentro de los ambientes más perversos puede sobrevivir la dignidad y la humanidad de un individuo. Además, Frankl nos advierte que esos individuos no son típicos de clase o grupo alguno, sino que se encuentran en todas partes, incluso en las agrupaciones más improbables: por ejemplo, dentro de la SS encargada de controlar a los judíos en los campamentos hubieron individuos que ayudaron a los prisioneros incurriendo en grandísimos riesgos para su seguridad personal. Asimismo, dentro del grupo de prisioneros judíos hubo aquellos que en busca de una mejor posición dentro de la jerarquía del campo fueron más crueles con los demás prisioneros que muchos guardias de la SS.

El miedo al entorno ha servido (y sirve) para justificar todo tipo de políticas intervencionistas que coartan la libertad de los individuos. Relevando a las personas del peso de su responsabilidad individual, ha servido para deshumanizar a grupos enteros de individuos y para alivianar la carga de cometer actos atroces en contra de otros seres humanos. Frankl cuestiona en su librito aquellas escuelas de psicología que se enfocan en el entorno y en cambio re-dirige la atención hacia el individuo y su propósito en la vida: la voluntad de perseguir ese objetivo singular es lo que, nos dice Frankl, mantuvo vivos a muchos como él, incluso en las peores circunstancias imaginables. Y no solo vivos, sino con auto-estima y capacidad de ser solidarios con otros.

El relato de Frankl vale la pena leerse para todos aquellos que creen en la magnífica capacidad que los individuos tienen de sobreponerse ante las condiciones más increíblemente adversas:

Nosotros que vivimos en campos de concentración podemos recordar a los hombres que caminaron por nuestras chozas dándole palabras aliento a otros, sacrificando su último pedazo de pan. Puede que hayan sido pocos, pero ellos aportan suficiente evidencia de que todo se le puede quitar a ese hombre menos una cosa: la última de las libertades humanas, aquella de elegir la actitud de uno en cualquier serie de circunstancias, el poder elegir su propio camino.

Y siempre había que tomar decisiones. Cada día, cada hora, ofrecía la oportunidad de tomar una decisión, una decisión que determinaría si te someterías o no a esos poderes que amenazaban con robarte tu yo más íntimo, tu libertad interior; la que determinaba si te convertirías o no en un juguete de las circunstancias, renunciando a la libertad y a la dignidad para convertirte como el típico recluso.

Visto desde este punto de vista, las reacciones mentales de los presos de un campo de concentración deben parecernos a nosotros más que la mera expresión de ciertas condiciones físicas y sociológicas. Aunque condiciones como la falta de sueño, una alimentación escasa y varias tensiones mentales podrían sugerir que los presos estaban destinados a reaccionar de ciertas maneras, en el análisis final queda claro que el tipo de persona que el prisionero se volvía era el resultado de una decisión interior, y no el resultado de las influencias del campo de concentración por sí solas. Fundamentalmente, por lo tanto, cualquier hombre puede, incluso dentro de estas circunstancias, decidir que será de si mismo –mentalmente y espiritualmente. Puede retener su dignidad humana incluso dentro de un campo de concentración.

Una mala broma para los ecuatorianos

El proceso electoral que debió haber culminado el 2 de abril en una victoria incuestionable de un candidato a la presidencia ha sido cualquier cosa menos transparente y justo. Súmele a eso las múltiples irregularidades que ponen en duda el resultado oficial. A una mayoría de los ecuatorianos, quienes desconfían del CNE, esto no debería sorprender. Lo que si nos ha sorprendido es el respaldo casi impulsivo que ha obtenido el candidato oficialista de gran parte de los mandatarios de otros países, así como también de la OEA y de la prensa internacional.

Pero siempre hay brillantes excepciones. Entre ellas, se encuentra la columnista para las Américas del Wall Street Journal Mary Anastasia O’Grady, quien tildó estas elecciones como “dudosas” y reportó acerca de la persecución montada por el gobierno ecuatoriano contra aquellas personas y organizaciones que resultaban incómodas para legitimar el resultado oficial–la encuestadora Cedatos-Gallup Poll International, el candidato de oposición Guillermo Lasso, y empresas involucradas en su campaña presidencial. “O’Grady explica:

El lunes posterior al día de la elección, la misión observadora de la Organización de Estados Americanos–liderada por Leonel Fernández, un ex presidente izquierdista de la República Dominicana–respaldó la narrativa de Correa de que el Sr. Moreno había ganado. La OEA le dijo al Sr. Lasso que presente sus quejas ante al Tribunal Contencioso Electoral (TCE) controlado por Correa. El Departamento de Estado de EE.UU. dijo algo similar.

Esa recomendación es una mala broma. El Sr. Correa ha sido presidente desde 2007. Controla el grupo mediático más grande del país, el congreso, la justicia, y la cúpula militar, así como también la policía nacional. Todos los miembros del Consejo Nacional Electoral tienen vínculos con el gobierno o con su partido, Alianza PAÍS. El presidente del TCE es el hermano del fiscal general de Correa.

Hay cosas tan evidentes para el que quiere hacer bien su tarea de reportar acerca de la situación en Ecuador, pero gran parte de los reporteros y corresponsales reflejan un desconocimiento de incluso los detalles más básicos acerca del muy inusual proceso electoral que acabamos de vivir. O el oficialismo tiene un parlante mucho más grande–con la importante ayuda de cajas repetidoras como la amigable misión observadora de la OEA–con el cual resulta difícil competir y/o la prensa internacional y los líderes políticos de otros países tienen un fuerte sesgo hacia las fuentes oficiales de información y/o la oposición ecuatoriana no ha comunicado exitosamente su situación. Pero una mínima dosis de pensamiento crítico debería hacer dudar de estas fuentes a cualquiera que comprenda la realidad ecuatoriana: un país con un sistema de gobierno autoritario en el que las instituciones del Estado son todas controladas por el partido Alianza PAÍS. Como concluye O’Grady:

Para robarse una elección, un gobierno necesita de un poder ilimitado en casa y de tontos útiles en el extranjero. El Sr. Correa tiene ambas cosas a su disposición. Luego de una década de abusos, los ecuatorianos tienen justa razón para demandar un reconteo voto a voto.

Cantinflas cruzando el muro en la frontera

Vía el twitter de Mary Anastasia O’Grady encontré esta joya de video, donde Cantinflas parece tener más sentido común que el guardia fronterizo de EE.UU. Cantinflas, personaje representado magistralmente en múltiples películas mexicanas por Mario Moreno, solía hacernos reír de los políticos, las élites y en este caso en particular, de lo absurdo que puede llegar a ser el sistema migratorio de EE.UU. “¿Como qué quiero?…Podía haberle dado vuelta al poste, pero soy respetuoso con las leyes…¿Para qué tantas preguntas si no más vengo a gastarme mis dolarianos?”

El croissant no es 100% francés

En la moda populista actual el nacionalismo cultural ha ganado apoyo popular en diversos países. Ya no es característica particular de América Latina, sino ahora también de gobiernos en países desarrollados de Europa e incluso en EE.UU. Por eso ahora es cuándo es más importante que nunca recordar cómo la globalización nos ha beneficiado a todos lo largo de la historia en múltiples ámbitos, hasta en lo que comemos. La semana pasada me topé con una divertida revista del Smithsonian titulada “Atlas of Eating” (El Atlas de Comer) que resalta cómo la cultura culinaria de diversos países está en constante evolución y cómo las distintas culturas constantemente se influencian entre ellas a través del comercio y cómo también son alteradas por circunstancias particulares como el terrorismo, las guerras y las crisis económicas.

Por ejemplo, ¿sabía que el croissant tiene raíces austríacas que se remontan al año 1227 y que hasta el relativamente reciente siglo 19 los parisinos lo consideraban como una novedad extranjera disponible solamente en las pastelerías vienesas de las partes más pudientes de París? El “kipfel” de Viena se convirtió en el parisino croissant mediante la no desdeñable innovación de los panaderos parisinos, quienes tuvieron la idea de hacerlo con masa de hojaldre. El artículo de la revista sobre los croissants resalta que antes de 1850 no hay mención alguna en la historia de Francia del croissant y que quizás el primero en introducir dicho tipo de pan en Francia fue un inmigrante austríaco llamado August Zang.

Por otro lado, ¿sabía que gran parte de las variedades de tomates que gozamos hoy en el mundo le deben su herencia genética a unos tomatillos silvestres que solamente se encuentran en el sur del Ecuador y el norte del Perú? Los botánicos los conocen como “solanum pimpinellifolium” o simplemente “pimp” en inglés. Estos tomates fueron llevados por barco a América del Norte y Europa en los siglos 15 y 16, haciendo posible la multiplicidad de variedades de tomates ampliamente disponible que tenemos hoy.

Y mucha de la promoción de una cultura culinaria ocurre por accidentes y de forma espontánea. Considere que las múltiples comidas que rastrean sus orígenes a las guerras y épocas en que poblaciones sufrieron de violencia política. Por ejemplo, la famosa cocina siciliana de Italia se benefició tremendamente de los granos y el azúcar que trajeron consigo los tunisios que emprendieron una conquista religiosa de la zona. Sin estos granos no se hubiera podido hacer la pasta. Los árabes introdujeron el cous cous que ahora es también considerado un elemento integral de la cocina siciliana tradicional. Asimismo, los militares japoneses introdujeron innovaciones importantísimas en la comida japonesa, como el curry o los fideos ramen (que son en realidad de origen chino). Victoria Pope dice: “La comida evoluciona…y muchas veces la encontramos en lugares lejos de su hogar original”.

Sin irnos a tiempos tan remotos de la historia, el reciente boom culinario del Perú, según Marco Avilés, se inició en las calles de Lima, llenas de inmigrantes desplazados por el terrorismo del Sendero Luminoso hacia la ciudad capital, todos clamando por los olores y sabores de la comida de hogares que habían dejado atrás. Otro factor es que los líderes de esta revolución culinaria del Perú estuvieron influenciados por la alta cocina Europea y se propusieron tratar con el mismo cuidado y respeto los platos “tradicionales” de la comida peruana, que a su vez había recibido influencias foráneas de, por ejemplo, los inmigrantes japoneses.

También es importante reconocer el crucial papel que han jugado a lo largo de la historia aquellos arriesgados empresarios que permitieron esa maravillosa mezcla internacional de ingredientes que hoy consideramos tan básicos en cualquier cocina. Un comerciante quebrado de Venecia, Roberto Mairano, decidió en 1173 arriesgarse importando lo que en ese entonces era considerado un artículo de lujo y una especia de lo más exótica y útil: la pimienta. Como él, hubieron muchos otros, que importaron no solo pimienta sino también jengibre, canela, nuez moscada, entre otras especias desde lugares extremadamente remotos: desde Malasia, pasando por la India y Oriente Medio hasta llegar a Europa.

Las historias que cuenta la comida también nos revelan como lo que alguna vez fue alta cocina, rápidamente pasa a ser cocina popular y viceversa. Así pasó con el goulash, que tuvo sus orígenes entre campesinos húngaros, para poco a poco pasar a ser parte de una tradición húngara urbana. Luego, a fines de los 1800s, “el rey de los chefs y el chef de los reyes”, el francés Auguste Escoffier sirvió goulash en Montecarlo en 1879. Para 1969, dicho plato se encontraba entre los cinco platos de carne más conocidos por los encuestados en EE.UU. por Gallup Poll.

Así que no hay comida 100% autóctona o tradicional. Toda cultura está en constante evolución y las más predominantes actualmente, lo son en no poca medida gracias a que se han dejado influenciar por lo mejor de otras a las que han sido expuestas mediante el comercio y la inmigración.

Vicente Rocafuerte sobre la reelección presidencial

En el artículo de hoy en “Memorias Porteñas” de Guillermo Arosemena, encuentro este interesante fragmento de una carta de Vicente Rocafuerte dirigida a Francisco Aguirre, presidente de la Convención que se reunió en Cuenca en 1843 para modificar la Constitución del Ecuador de 1835 de tal manera que, entre otras cosas, permita la presidencia perpetua:

“…el estado de mi salud no me permite volver a la Cámara; y aunque estuviera bueno, no me sería lícito tomar asiento en una Convención, cuya mayoría, en mi concepto, ha engendrado un monstruo constitucional, con el único objeto de elevar, por tercera vez, a la primera magistratura, a un jefe [Juan José Flores] que no ha sabido corresponder a las esperanzas de paz interior y exterior, de arreglo en las rentas públicas y de ventura progresiva, que la República había concebido y que tenía derecho para exigir que se hubiesen ya realizado. Como representante de la nación he protestado contra este atentado a las libertades públicas, y mi protesta ha sido rechazada por la mayoría corrompida, que avasalla la Cámara, privándome del derecho que me compete, como diputado, para emitir libremente mis opiniones, y hacerlas constar en las actas de las sesiones. La escena escandalosa de ayer manifiesta el estado de abyección y servilismo en que yacen los pretendidos representantes del infeliz Ecuador. Fiel a la Constitución de Ambato y a las leyes existente que he jurado sostener, no podré aprobar nunca el trastorno de las instituciones establecidas, sin necesidad urgente, ni conveniencia pública, y sin más objeto que favorecer las aspiraciones de la codicia y de la ambición”.

Arosemena dice de la idea de la presidencia perpetua: “más de 170 años después, sigue en la mente de los ecuatorianos”. Por eso es que hoy, las palabras de Rocafuerte siguen igual de vigentes.

En Venezuela, titulares que parecen broma

Hace poco empecé a seguir la cuenta en Twitter del diario venezolano El Nacional. De repente vi en mi timeline un titular que parecía más de la cuenta humorística “Chiguire Bipolar” que de un diario de prensa tradicional. El titular decía “Costureras tienen más trabajo: venezolanos mandan a ajustar la ropa por dieta forzada“.

Al leerla todo se percibe todavía más surreal:

Desde que el venezolano se vio forzado a cambiar la dieta debido a la escasez y a los altos precios de los alimentos, muchos han perdido peso y han recurrido a las costureras para arreglar la talla de sus prendas porque comprar ropa nueva les resulta muy costoso. “Lo que más hacemos es el cambio de talla a una más pequeña. Un cliente bajó tres tallas con el cambio de dieta porque la comida está muy cara”, dijo Eufemia Abreu, encargada de un negocio de costureras en Altamira.

Hacia el final del artículo una costurera indica que aunque tienen más clientes, a estos cada vez se les hace más difícil asumir los costos de sus servicios, por los cuales las costureras se ven obligadas a cobrar más debido al alza generalizada de los precios (inflación). Una de ellas explica: “Subimos cada vez que aumentan los materiales, alrededor de cada dos meses. Cuesta conseguir hilos y cierres”. Otra costurera dice que es difícil obtener los materiales para realizar los ajustes, por ejemplo, los cierres y los hilos: “Se ponen escasos. Hace unos meses un hilo estaba en 200 bolívares y ahora en 1.000. Las agujas pasaron de 50 bolívares por unidad a 1.400. Los paquetes de 10 agujas de 120 bolívares a 4.000”.

Este episodio del “boom” de las costureras también sirve para ilustrar que simplemente crear más trabajo no necesariamente enriquece a las personas. Aunque las costureras tengan mas trabajo, parece que ni ellas ni la sociedad en su conjunto se están enriqueciendo. De hecho parece que aunque las costureras tengan más trabajo –y también lo tengan otros obligados a remendar cosas que en sociedades más ricas no necesitaran ajustes por dietas forzadas (sin mencionar la obvia incomodidad de estar sometidos a una dieta forzada) o simplemente serían sustituidas por una nueva compra– su “bonanza” particular es evidencia del empobrecimiento de la sociedad en su conjunto.

Y lo mismo sucede con los zapatos y, es de suponer, con muchísimas cosas más que en casi el resto del mundo damos por sentado.

La Secretaría del Buen Vivir en Ecuador

Estos son extractos de programas realizados por la Secretaría del Buen Vivir, organismo estatal con rango de ministerio en Ecuador, donde aparece el ministro de dicha cartera recomendando actividades que comprenden el “buen vivir”. Aquí les dejo un par de extractos en el que el Secretario del Buen Vivir Freddy Ehlers nos recomienda hacer siesta y abrazar árboles. Creo que esto solo debe pasar en Ecuador…


Todo esto, por supuesto, se deriva de la muy anti-liberal idea de que al Estado le corresponde promover la felicidad de los individuos.

Adam Smith sobre esos profesores “aburridos”

Encontré este pasaje acerca de la educación superior en el Libro V de La riqueza de las naciones y me sentí plenamente identificada, pues a lo largo de una vida estudiantil desde pre-kinder hasta la maestría, salvo las brillantes excepciones de profesores valiosísimos, tuve muchos profesores que se merecían esta crítica:

“En vez de explicar él mismo a sus alumnos la ciencia en la que se propone instruirlos, puede leerles algún libro; y si este libro está escrito en una lengua extranjera y muerta puede traducirlo a sus alumnos o, lo que le causaría menos problemas, puede hacer que se lo traduzcan ellos, y al dejar caer algún comentario aquí y allá puede fantasear con la idea de que está dando una lección. Podrá hacerlo con un mínimo de conocimiento y esfuerzo, y no se expondrá al menosprecio y la mofa, ni a decir nada que sea verdaderamente tonto, absurdo o ridículo. La disciplina del colegio, al mismo tiempo, le permitirá obligar a todos sus alumnos a que asistan regularmente a sus seudolecciones, y a que se comporten con la máxima decencia y respeto mientras dure su actuación”.

Smith explicaba que estos profesores eran el resultado de un sistema en el que los incentivos estaban pervertidos, pues cada vez más el profesor dependía menos del estudiante para obtener su ingreso, todo lo cual mermaba una rendición de cuentas efectiva del profesor ante sus estudiantes. Él escribía en una época en que estaba disminuyendo la práctica de que los estudiantes le pagaran directamente al profesor y aumentando aquella de pagarle a una universidad por un “paquete” de profesores. La educación universitaria gratuita en aquellos países donde todavía no existe, terminaría cercenando la conexión, al menos indirecta, que existe entre el profesor y el estudiante en las instituciones de educación superior.

Zootopia y la actitud liberal

Walt Disney está conformando una colección formidable de películas que presentan de manera entretenida un mensaje liberal. “The Incredibles” (2004) es una celebración de la individualidad y una condena de lo mediocre o uniforme, “Toy Story 3” (2010) es una defensa de la propiedad privada como un mecanismo para asegurar la prosperidad y la armonía social, y ahora “Zootopia” (2016) viene a ser una fina crítica a varias facetas del Estado moderno y un tributo a la mentalidad de crecimiento. Consideremos varios temas abordados en esta última.

Jeffrey Tucker de la Foundation for Economic Education (FEE) considera que “Zootopia” nos presenta una crítica al estado grande e hiper regulador que hoy está presente en muchas de las grandes ciudades. Un estado que aún siendo así, no llega a sofocar todos los emprendimientos y si logra que las personas pierdan mucho tiempo mientras que genera conflictos entre ellas.

“Zootopia” constituye una crítica al papel que juega el Estado en tratar de promover la convivencia pacífica en centros urbanos con una población altamente diversificada. A lo largo de la película hay una burla velada de las políticas estatales de acción afirmativa y de la corrección política en cuanto a los estereotipos. El Estado en la película no es un agente que promueve la paz social, sino más bien todo lo contrario. Vemos como funcionarios públicos estaban involucrados en un plan para fomentar el conflicto entre los distintos segmentos de la población.

También en la película vemos como el Estado suele ser ineficiente incluso para aquellas tareas que casi nadie cuestiona que le corresponden: la seguridad y la regulación del tránsito. En cuanto a la seguridad, vemos que el capitán de la policía antepone sus gustos personales –que no estén los conejos a cargo del trabajo de la policía– a las necesidades de los ciudadanos de Zootopia –que se encuentren las personas misteriosamente desaparecidas. Otro ejemplo de esta ineficiencia –y uno de los momentos más cómicos de la película— es la escena en la que la conejita Judy Hopps, la protagonista, descubre que el Departamento de Tránsito está manejado por osos perezosos. Para agregarle insulto a la ofensa, uno de ellos se llama “Flash” y viola el límite de velocidad con su auto personal.

Pero el mensaje principal de la película y el que encuentro de mayor relevancia para sembrar principios liberales en niños es uno que también es recomendado por expertos en desarrollo infantil para lograr el éxito en sus vidas. En el libro Mind in the Making: The Seven Essential Life Skills Every Child Needs, Ellen Galinsky destaca la importancia de inculcarle a los niños desde sus primeros años una “mentalidad de crecimiento”, de que no importa quién seas, con esfuerzo y concentración siempre puedes mejorar. Esta mentalidad se opone a la “mentalidad estática”, según la cual si importa quién eres, pues naces con ventajas y desventajas de nacimiento que en gran medida determinan tu destino. La conejita Hopps, a diferencia de sus padres y muchos otros personajes en la película, posee una mentalidad de crecimiento y está convencida que con esfuerzo y determinación logrará ser la primera coneja policía. Esa mentalidad de superación personal, de romper esquemas, de desafiar estereotipos entronizados en una sociedad, es claramente parte de una actitud liberal.

Otro mensaje de la película es aquel de la tolerancia, y no una versión idealizada de esta, sino una versión aterrizada en la realidad. Incluso las personas con la más buena fe, como Hopps por ejemplo, albergan estereotipos en contra de ciertas minorías. Lo importante es que el Estado garantice igualdad ante la ley y, en lo personal, mantener la mente abierta a nuevas experiencias y estar dispuesta a intentar distintas cosas con distintas personas, como lo hizo Hopps con su amigo el zorro Nick –con todos los costos y recompensas que este proceso de prueba y error comprende.

Al final triunfan quienes creen en un orden social complejo y diverso, donde las distintas especies, lejos de exterminarse, aprenden a cooperar. La cereza encima del pastel es la canción interpretada por Shakira “Try everything“, cuya letra refleja la humildad tan inherente en la actitud liberal: todos nos equivocamos, todos aprendemos de nuestros errores, si nos caemos tenemos que levantarnos y volverlo a intentar, tenemos que asumir los retos aún cuando parezca que hay probabilidades de fracasar (habilidad #6 en el libro de Galinsky: asumir retos).