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Lo que la victoria de Trump significa para la Corte Suprema

Algunos pensamientos, agradeciendo a Josh Blackman por iniciar estas reflexiones:

La nominación de Garland está muerta. ¿Significa esto que Trump de hecho seleccionará a alguien de su lista de 21 potenciales nominados? Esa lista fue tal vez más notable por incluir a 9 juristas a nivel de los estados; ¿tendremos a uno de esos en la Corte Suprema por primera vez desde que Sandra Day O’Connor fue elegida en 1981?

La estrategia de los Republicanos en el Senado de ni siquiera considerar al Juez del Circuito del Distrito de la Capital Merrick Garland, de dejar que el pueblo estadounidense decida acerca de quién llenará el vacío dejado por el juez Scalia, funcionó. No solo eso, sino que no perjudicó en absoluto a los senadores vulnerables que estaban haciendo campaña para ser reelectos. Anthony Kennedy casi seguramente continuará siendo el “juez dirimente” en asuntos más controversiales; él podría haber sido el ganador más importante de ayer.

Siento pena por Garland, un jurista respetado y un hombre honorable que ha estado en el limbo por casi ocho meses. Dicho esto, esto no se trataba acerca de él y hubiese recomendado votar en contra de él.

Una pregunta abierta es qué sucederá cuando Trump se de cuenta de que los tipos de jueces que le han recomendado nominar fallarían en contra de él en varias cuestiones.

Si usted vive en torno a la acción ejecutiva, usted muere donde muere la acción ejecutiva –lo que significa que muchos casos de alto perfil que están pendientes en la agenda de la Corte Suprema simplemente desaparecerán. La Acción Diferida para Padres de Estadounidenses y Residentes Legales (DAPA), la acción ejecutiva para la inmigración, y el Plan de Energía Limpia serán anulados, las organizaciones religiosas sin fines de lucro serán exentas de Obamacare, los servicios de salud de Trump no harán los pagos ilegales que han conducido al caso House vs. Burwell, y más. Esto podría incluir las guías respecto de los transexuales en los baños, las cuales si son anuladas removerían la controversia más grande del periodo actual de la Corte Suprema.

Con la selección de (mi amigo y profesor de leyes en la Universidad de Missouri) Josh Hawley como el nuevo fiscal general de Missouri, el todavía no agendado caso de Trinity Lutheran probablemente será decidido.

Ojalá la junta editorial del New York Times incluya “Resulta que Ilya Shapiro tenía razón” en su editorial urgiendo a los senadores para que rechacen las nominaciones a la Corte Suprema de Trump. Además, no puedo esperar a que Paul Krugman argumente esto en su columna.

Ley migratoria de Arizona llega a la Corte Suprema

La Corte Suprema de EE.UU. se ha comprometido a revisar el caso de Arizona versus EE.UU. sobre la SB 1070, la ley de Arizona de la cual (solo) cuatro secciones han sido bloqueadas por tribunales inferiores: (1) requerir que los policías revisen el estatus migratorio de cualquier persona que legalmente haya sido detenida y de quien además tengan una sospecha razonable para creer que se encuentra ilegalmente en el país; (2) convertir en un crimen estatal el violar las leyes federales de registro de extranjeros; (3) considerar un crimen estatal que los inmigrantes ilegales apliquen a puestos de trabajo, soliciten trabajo en espacios públicos o trabajen como contratistas independientes; y (4) permitir arrestos sin la necesidad de una orden judicial cuando la policía tenga una causa probable para creer que un sospechoso ha cometido un delito que lo haga sujeto de deportación. Para mis análisis anteriores de la SB 1070 y los desafíos legales de la misma, ver aquí, aquí, aquí, y aquí (en inglés).

Al tomar este caso, la Corte Suprema sabiamente está cortando de raíz la proliferación de leyes estatales destinadas a abordar nuestro malogrado sistema de inmigración. De una forma u otra, los estados sabrán cuán lejos pueden llegar al legislar sobre temas relacionados con los inmigrantes ilegales, ya sea por preocupación con la delincuencia, o por las oportunidades de empleo (proveerlos o restringirlos), o por los requisitos de registro, o incluso por las llamadas “ciudades santuario”.

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Un llanto por la Argentina

Con el Obamacare en la Corte Suprema de Justicia, los debates de las primarias presidenciales en pleno apogeo, y la falta de voluntad del gobierno federal de liberar la economía y por lo tanto permitir la creación de puestos de trabajo, es fácil olvidar que hay un mundo más allá de EE.UU., uno que tiene sus propios problemas económicos y sus propias elecciones presidenciales.

Tomemos a la Argentina como ejemplo, un país querido y cercano a mi corazón por haber estudiado allá hace casi 15 años. Hace un siglo, la Argentina salía de un gobierno oligárquico para entrar en una democracia cada vez más liberalizadora, en lo que una vez fue uno de los países más ricos del mundo. Para 1930 tenía la séptima economía más grande, superando a excolonias del nuevo mundo como Canadá y Australia, y atrayendo grandes oleadas de inmigrantes de Italia, España y la Europa del Este. ¿Cómo un país tan rico en recursos naturales y humanos pasó de estar en la cumbre a convertirse en el hazme reír de los economistas? (Hay cuatro tipos de países en el mundo: los desarrollados, los que están en vías de desarrollo, Japón y Argentina)

La respuesta es el corporativismo autárquico que viene del gobierno de Juan Domingo Perón, imponiendo una política industrial destruyendo el creciente sector de importaciones y exportaciones, nacionalizando los ferrocarriles y dándole a los sindicatos todo el poder que quisieron (tanto que incluso empezaron a chocar con Perón –¿les suena familiar?. Combine esa locura macroeconómica –que lleva inevitablemente a un descontento social y a una reacción represiva del propio gobierno– con una idiosincrática “Tercera Vía” como política exterior y con un esquema de redistribución de la riqueza, y la joya del antiguo imperio español vuelve a estar en el mismo saco de los decaídos estados latinoamericanos.

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