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El consumidor

¿Cual tiene que ser el objetivo último de la política económica? La respuesta es sencilla: generar las condiciones institucionales para que las familias maximicen su nivel de bienestar dado el ingreso que obtienen de su actividad productiva y, a través de esta maximización familiar, que se traduzca a que también se maximice el bienestar de la sociedad en su conjunto. Para que ello pueda suceder obviamente se requieren varias condiciones.

Primero, es indispensable que los mercados, tanto de bienes y servicios como de factores de la producción, operen en condiciones de competencia. Para ello se requiere que haya bajas barreras regulatorias de entrada y salida de los mercados. Una regulación eficiente facilita la movilidad intersectorial, intrasectorial y regional de los factores de la producción (capital, mano de obra) y le permite a cada agente económico privado, poseedor de recursos productivos, decidir con libertad cómo y dónde asignarlos. La escasez de recursos es una realidad de la cual no nos podemos escapar y, ante ello, cada agente económico buscará asignar sus recursos hacia aquella actividad en la cual espere obtener la mayor rentabilidad ya que ello le permite generar el mayor ingreso posible que le permita, a su vez, maximizar su bienestar y el de su familia a través del consumo. Más aún, con mercados de bienes y servicios operando en condiciones de competencia, implica que los consumidores tendrán una mayor diversidad de bienes entre los cuales elegir, mayor calidad de los mismos y menores precios. Además, tener una eficiente y transparente regulación de los mercados se refleja en una menor incidencia de corrupción, mayor inversión, mayor creación de empleos y mayor crecimiento.

Segundo, es indispensable que haya estabilidad macroeconómica, con una inflación baja y estable. La inflación es un impuesto expropiatorio de la riqueza individual y, peor aún, es el impuesto más regresivo que existe ya que las familias de menor ingreso no tienen acceso a instrumentos financieros que los protejan de la inflación, además de que como porcentaje de su ingreso familiar su tenencia de dinero en efectivo es mayor que el de las familias de mayor ingreso. Tener un escenario de bajas y estables tasas de inflación, además de mantener el poder adquisitivo del dinero, le permite a los individuos poder hacer una mejor y más eficiente planeación de sus decisiones de consumo intertemporal.

Tercero, el papel del gobierno en la corrección de las fallas de mercado. Ofrecer bienes públicos financiados con la recaudación general de impuestos, gravar las externalidades negativas (como la contaminación ambiental generada por acciones individuales) y subsidiar las positivas (como la educación) y combatir las prácticas monopólicas que llevan a un perjuicio para los consumidores y un costo en el bienestar de la sociedad. Una eficiente labor del gobierno en la corrección de las fallas del mercado permite acercarse al óptimo social. Adicionalmente, es papel del gobierno asumir una política de subsidiaridad para generar un arreglo institucional que derive en igualdad de oportunidades.

Cuarto, relacionado con el primero, es la necesidad de tener un libre comercio internacional de bienes y servicios así como la libre movilidad internacional de capital (con tipos de cambio flexibles) y de mano de obra. Esto no solo amplía el abanico para los consumidores sino que también se traduce en una más eficiente asignación de recursos en las diferentes regiones del mundo y, en consecuencia, mayor generación de ingreso y mayores niveles de bienestar familiar.

Donald Trump (igual que muchos en México) no lo entiende; que alguien se lo explique, por favor.

Publicado originalmente en Asuntos Capitales el 6 de diciembre de 2016.