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El agua no es un derecho humano

Un derecho humano no es algo que el Estado otorga, sino al contrario es una libertad inherente al ser humano que el Estado no debería conculcar. Por ejemplo, la libertad de expresión es un derecho humano. Cada persona desarrolla sus propias ideas y pensamientos el Estado no debería castigar o prohibir el derecho de las personas para expresar tales ideas.

El agua no es un derecho humano, es un bien económico, que efectivamente es indispensable para vivir, pero que para obtenerse requiere de trabajo, al igual que requiere de trabajo hornear pan o cosechar trigo.

Para entender la diferencia entre en verdadero derecho humano y un bien económico, podemos imaginar este sencillo test: si una persona se traslada al medio de un desierto o a lo más inhóspito de una selva, sigue manteniendo su derecho a la libertad de expresión, es decir, el Estado no debe prohibirle expresarse donde sea que esté. El lugar donde viva no afecta en nada la libertad de expresión de esta persona y el Estado no necesita hacer nada adicional para garantizar tal derecho. En cambio si el agua fuera un derecho humano, como proclaman muchos, el Estado estaría en la obligación de llevarle agua a ese ermitaño (y a cada habitante dentro de su territorio) donde sea que se encuentre, a construirle pozos, hacer canales y asegurarse que no le falte el líquido vital. Imagine que la inversión necesaria para llevarle agua a este único ermitaño fuera de 1 millones de dólares anuales: por supuesto que sería absurdo hacerlo. Aunque entre los derechos que tenemos los seres humanos está el de elegir donde vivir, y por tanto si alguien quiere vivir en el desierto, el Estado no debería prohibirlo, esto no significa que el Estado deba procurarle el sustento o proveerle agua potable.

Es indudable que el agua es prioritaria para la vida, pero eso no la convierte en un derecho humano; es un bien económico que requiere de inversiones y de trabajo, al igual que el pan, la carne o las verduras. No garantizamos el pan, la carne o las verduras declarándolas “derechos humanos”, sino generando condiciones para que hayan panaderos, carniceros y agricultores. Dar condiciones para que las empresas puedan proveer de agua a la población es la mejor forma de garantizar su suministro. Hacerla un “derecho humano” y ponerla en manos del Estado es la mejor forma de lograr su escasez.

Santa Cruz de la Sierra, 08/01/17

Texas vs. Venezuela

La edición dominical de El Deber hace una comparación entre el estado de Texas y la República Bolivariana de Venezuela indicando que el PIB per cápita venezolano es de $us 13.000 y su índice de desarrollo humano es de 0,697 mientras los indicadores texano son de $us 45.000 y 0,914 respectivamente. El factor que mejor explica esta diferencia es el régimen de propiedad privada. En Texas quien es dueño del suelo, es dueño de sus recursos y si encuentra oro o petróleo, le pertenecen, se hará rico y pagará impuestos razonables sobre su explotación. En Venezuela decidieron que el petróleo debía ser del Estado para que así se reparta y no haya pobreza; el resultado es que en Venezuela abundan los pobres (ahora y siempre). En Texas, donde el Estado no es dueño de los recursos naturales, la pobreza es mucho menor tanto en cantidad de personas pobres como en su calidad de vida: ser pobre en Venezuela es peor que ser pobre en Texas.

Y si comparamos otros elementos, como los niveles de violencia, de asaltos y asesinatos vamos a encontrar nuevamente pierde Venezuela. Según Wikipedia en Venezuela hay 39 homicidios con armas de fuego por cada 100.000 habitantes lo que la hace uno de los países más violentos del mundo, donde muere más gente por armas de fuego que incluso lugares que se encuentran en guerra. Texas por el contrario tiene una tasa de 3,2 homicidios por 100.000 habitantes, guarismo levemente inferior al promedio de los Estados Unidos de 3,5. En Texas, como en todo Estados Unidos, el poseer armas es legal y de hecho el derecho a poseer armas de fuego tiene protección constitucional y este estado norteamericano es uno de los lugares con mayor índice de armas en el mundo. En Venezuela las armas son prohibidas y el Estado las controla, lo que significa que solo los criminales tienen armas, mientras se priva a la gente decente de poseerlas. Otro ejemplo de cómo la intromisión del Estado genera consecuencias contraproducentes.

La pobreza de Venezuela es producto del estatismo desde antes de Chávez, el extremo al que ha llegado de crisis humanitaria es producto del socialismo impuesto por Chávez. Si los venezolanos quieren salir de la crisis política, económica y de derechos humanos en la que se encuentran, deben dejar el socialismo; si quieren reducir significativamente la pobreza, deben acabar con el estatismo, implementar un verdadero régimen de propiedad privada y abrazar el capitalismo, como lo hizo Texas.

Santa Cruz de la Sierra, 06/11/16

Dos formas de competencia

En la naturaleza los animales compiten entre sí para sobrevivir en una lucha donde a menudo se pone en juego la vida y la muerte. Por ejemplo el tigre debe matar al ñu para alimentarse y el hipopótamo macho debe pelear con otros para conseguir y conservar su territorio.

Al capitalismo y al libre mercado muchas veces se lo compara con tal estado natural. Frases como “capitalismo salvaje” evocan esta errónea asociación. El capitalismo (entendido como respeto a la propiedad privada y el libre comercio) es básicamente un sistema de cooperación a nivel global. Un celular diseñado en Estados Unidos y ensamblado en China usando partes y materias primas de varios países es distribuido e intercambiado en todo el mundo y todo de forma voluntaria. Yo no conozco a quienes hilaron la ropa que tengo, pero he adquirido esa ropa mediante un sistema de intercambio pacífico, voluntario y mutuamente beneficioso. Dentro de este sistema de cooperación a nivel global existe competencia para producir eficientemente; las empresas que producen el mismo bien a un menor costo o que producen bienes diferenciados y con valor agregado para el consumidor son las que crecen y las empresas que producen bienes caros, desaparecen. Todo esto significa que la competencia capitalista produce el mayor beneficio posible para los consumidores, que por cierto somos todos. Por supuesto en este sistema hay empresas que desaparecen y gente que pierde su trabajo, pero la pérdida de empleos es temporal. En tal sentido, el capitalismo nada tiene de salvaje en el sentido de poner en juego la vida y la muerte y más bien es la máxima expresión de un mundo civilizado, donde se deja de lado el uso de la fuerza y las cosas se consiguen mediante el mutuo acuerdo y el intercambio. La competencia capitalista es la forma en la que logramos que quienes producen zapatos sean los mejores para producir zapatos, quienes producen vehículos sean los mejores para producir vehículos, quienes provean educación sean los mejores para proveer educación, etc.

Existen sistemas humanos más parecidos a la brutalidad de la naturaleza. Los sistemas totalitarios, incluidos los sistemas socialistas son formas de organización donde el más fuerte se impone al más débil mediante la fuerza y donde la competencia por el poder implica generalmente la lucha por la vida y la muerte. Las guerras de conquista y las luchas de poder político tienen más parecido con el salvajismo de la naturaleza que el sistema capitalista.

Santa Cruz de la Sierra, 25/09/16

Un crimen sin víctimas

La reciente publicidad de una empresa de muebles, donde una modelo aparece desnuda ha despertado las reacciones más campechanas en el país. Los activistas han salido a criticar el spot como machista, degradante contra la mujer, llegando a pedir sanciones penales contra la empresa. Incluso el mismo defensor del pueblo ha acusado a la empresa de “cosificación de la mujer” y otros supuestos delitos. Tal vez el hecho de que un tipo mediocre que llegó al cargo por servilismo y para no molestar al partido de gobierno se involucre en la demanda, demuestra lo pueril de la misma.

Al parecer ciertos sectores de la sociedad creen que la empresa cometió un delito y quieren una sanción penal. Pero para que exista un delito debe existir una víctima y entonces viene la pregunta ¿dónde está la víctima? La modelo que participó del spot, es mayor de edad, posee plenas facultades mentales e hizo lo que hizo por una remuneración mutuamente acordada y con pleno conocimiento de los requisitos y las consecuencias de sus actos. Es más, ella está contenta con toda la repercusión mediática. Entonces ¿quién es la víctima? La respuesta que quieren dar algunos es que las víctimas son la mujer, todas las mujeres lo cual equivale a decir que nadie es la víctima.

Durante la mayor parte de la historia de la humanidad, la mujer tuvo un rol de servidumbre y sumisión, algo que en realidad existe hasta nuestros días en mayor o menor medida de acuerdo a cada sociedad. Si el ideal es dar a la mujer igualdad de condiciones, pues ese ideal debe traducirse en libertad para las mujeres: libertad para ser modelos publicitarias y salir desnudas en un spot, libertad para ser ingenieras civiles, pilotos de avión, prostitutas, jugadoras de fútbol, dueñas de empresas, abogadas, políticas, etc. Los grupos que intentan criminalizar los spot sexistas lo hacen bajo el argumento de que quieren proteger y dignificar a la mujer. En realidad lo que hacen es robarle su dignidad al tratarlas como niños incapaces de tomar sus decisiones, quieren robarle su libertad y encasillarlas en un molde único de lo que ellos creen que debería ser el rol y la imagen de la mujer, de manera similar a como se las trataba en la edad media.

No hablo aquí de la calidad estética o moral del spot. Quienes lo consideren ofensivo, tienen todo el derecho a protestar y repudiarlo y expresar su descontento cambiando el canal y no comprando productos a la empresa. Pero entre el repudio civil y la criminalización del hecho existe una gran diferencia que quienes defienden la libertad y la dignidad de las mujeres no debemos cruzar.

Publicado originalmente el 27 de septiembre de 2016.

Bolivia: violencia e impunidad

El viceministro Rodolfo Illanes ha sido asesinado. Más allá del hecho de que toda pérdida de vidas es lamentable, ha causado conmoción la manera brutal en la que fue golpeado y torturado hasta morir. Desgraciadamente estás cosas suceden en Bolivia con cierta regularidad.

Penosamente el presidente Morales, no pierde oportunidad para sacar provecho político de cualquier situación y ahora afirma que había una conspiración y que se detuvo un intento de golpe de Estado. Esto por supuesto es risible, ya que matar a un viceministro, a pesar de lo atroz, dista mucho de ser parte de una acción golpista. Quienes mataron a Illanes lo hicieron en el calor de la rabia por la muerte de 3 compañeros mineros, y podemos presentir que lo hicieron porque en la tradición andina, a pesar del mentiroso discurso oficial, reina la cultura de la violencia y la fuerza. La cultura de los cooperativistas mineros, es la cultura del bloqueo, del uso de la fuerza, de la violencia sindical, del abuso a las mujeres, del corporativismo violador de los derechos individuales, de las posiciones radicales y maximalistas. Es la misma cultura de los cocaleros, es la misma cultura de la Central Obrera Boliviana, es la misma cultura de los actuales gobernantes. Por eso éste es un conflicto interno entre sectores del MAS.

Pero volviendo a Evo Morales, hubiera sido una muestra de decencia y compunción el haber condenado la muerte de su viceministro y punto. Sin embargo recurrió por enésima vez a la mentira de las teorías conspirativas, a la mano del imperio y la derecha, a usar a un ser humano que él conoció y que murió por su proceso de cambio, para beneficiarse o victimizarse políticamente. Por supuesto, no hay nada que extrañarse del actuar de quienes algunos acólitos consideran “la reserva moral de la humanidad”.

Fuera de la reprochable actitud del presidente de Bolivia, me parece bien que el gobierno atrape, enjuicie y castigue a los culpables del hecho y vayamos sentando precedente de que matar en Bolivia no es permitido. Sería bueno también que el gobierno atrape, enjuicie y castigue a quienes, siendo parte de movimientos campesinos afines al MAS, asesinaron a Pedro Oshiro el 2008 poniéndolo de rodillas para darle un tiro en la nuca; a quienes, siendo parte de movimientos cocaleros afines al MAS, mataron a machetazos Christian Urresti en Cochabamba el 2006, a quienes el año 2000 secuestraron, torturaron y mataron a los esposos Andrade, por citar algunos casos de matanzas e impunidad.

Publicado originalmente el 28 de agosto de 2016.

Abrir un negocio en Bolivia

El Banco Mundial publica anualmente el reporte Doing Business donde clasifica a los países según la facilidad para hacer negocios. Según la edición 2016, en Nueva Zelandia se requiere un solo trámite para iniciar un negocio, demora medio día y cuesta 0,3% del PIB per cápita. Por el contrario en Bolivia comenzar un negocio toma en promedio 50 días, 15 trámites diferentes y cuesta un 57,9% del PIB per cápita. Es decir, un boliviano promedio debe gastar 7 meses de sus ingresos para abrir una Sociedad de Responsabilidad Limitada (SRL) y además ir por una serie de trámites, colas, esperas, en muchos casos innecesarias y siempre improductivas.

Algo que me llamó la atención sobre el reporte es que Bolivia es uno de solo 5 países en el mundo donde abrir un negocio (SRL) requiere el uso de servicios legales y notariales. En casi la mitad del mundo para crear una SRL no se necesita ni contratar abogados, ni usar notarios de fe pública porque los procedimientos son simples, los testimonios de constitución son estandarizados y validados por la misma agencia que registra las empresas. En la otra mitad del mundo abrir una SRL requiere el uso de abogados o notarios, pero no ambos. En Bolivia, donde los legisladores y burócratas ponen especial cuidado en hacer las cosas tan complicadas como sea posible, se requiere contratar ambos servicios, y además completar una serie de trámites que no tienen ningún sentido. Por ejemplo, ¿qué necesidad tiene el municipio de pedir una licencia ambiental para una oficina o un negocio de bienes raíces? En fin, si analizáramos detenidamente todos los trámites por los que tienen que pasar los emprendedores, veríamos que fácilmente podríamos recortarlos por la mitad, en número, en tiempo y en costo monetario.

Además, si quisiéramos hacer un esfuerzo, podríamos reducir a un par de trámites y unos cuentos días para abrir un negocio. Por supuesto, por cada trámite adicional existe un grupo de funcionarios públicos que ganan un sueldo y un ejército de tramitadores que ofrecen al emprendedor evitarse el dolor de cabeza de las colas, documentación incompleta, mala información y tiempo a cambio de encarecer el trámite. Y como las campañas políticas requieren un ejército de militantes a quienes hay que recompensar, la función pública se convierte en un botín, un monumento a la ineficiencia y una multiplicación de trámites innecesarios y costosos para el ciudadano pero beneficiosos y rentables para los partidos políticos.

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Sobre el arte postmoderno

Javier Paz García

Mi madre me legó un sentido de la estética que aplico hasta ahora: si me gusta, es bonito y si no me gusta, no lo es. Y por ejemplo, siendo una ávida lectora, y gustando de varias novelas de Gabriel García Márquez, no le llama la atención “Cien años de soledad” a pesar de ser su novela más famosa; “eso de hombres con colas de chancho son burreras” me dijo una vez.

Uno de mis profesores de economía tenía en su oficina un aerosol de juguete que afirmaba que servía para evitar la charlatanería. Su título era “no bullshit spray”. Efectivamente, luego de entender lo poco que entiendo de economía, he llegado a la conclusión de que abundan los charlatanes en esta profesión. Y una de las características de los charlatanes es usar un lenguaje tan rebuscado y oscuro, que haga que la gente, al no entenderlo, piense que el “economista” es un erudito que se expresa con tanta propiedad y conocimiento que nadie más puede entenderlo.

Uno de los cuentos más famosos de la literatura universal es el de dos charlatanes que le dicen a un rey que le van a confeccionar un suntuoso vestido hecho de hilos de oro que solo puede ser visto por las personas inteligentes. Los charlatanes se embolsican el oro y le entregan al rey aire. El rey para no quedar de ignorante afirma ver un hermoso vestido y todos sus ministros también afirman verlo por los mismos motivos. La farsa solo se descubre cuando un niño pregunta por qué el rey está en paños menores.

En un reciente artículo (El palo en la escoba) el Nobel de literatura Mario Vargas Llosa, critica el arte postmoderno. Que alguien logre colocar un palo de escoba en un museo prestigioso y que la gente pretenda que eso tiene algún valor o mérito muestra que los charlatanes no solo han logrado embaucar a un rey y sus ministros, sino al mundo entero. El arte postmoderno pretende hacer de los garabatos cultura y convertir la mierda en caviar. Y por supuesto mucha gente se come la mierda, y para no quedar de ignorante afirma que es caviar y que está delicioso. Un síntoma del palo de escoba es la cantidad de cuadros que uno encuentra en todas partes que no son más que garabatos, sin significado alguno, sin técnica alguna, sin mérito alguno y que la gente cuelga en sus paredes para sentirse cultos. El mundo del arte ha sido capturado por charlatanes que consiguen oro y entregan aire. Yo, gracias a la influencia materna, considero que la mierda es mierda y un palo de escoba o un garabato no son arte. Un Nobel de literatura concuerda conmigo.

Santa Cruz de la Sierra, 24/07/16

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Cultura y subvención estatal

Yo sería un beneficiado de la subvención del arte y la cultura porque me gusta la literatura, la música y el teatro. Y aquí se viene un gran error, la idea de que rechazar la subvención del Estado a la cultura es estar en contra de la cultura. Semejante proposición es similar a decir que postular la separación entre Estado y religión es equivalente a estar en contra de la religión. Y en la misma y equivocada línea argumental andan quienes afirman que sin Estado no habría cultura, lo cual es equivalente a decir que no habría lenguaje, ni cuentos, ni tradiciones, ni buenos modales, ni valores.

Me parece fabuloso que las personas y las organizaciones privadas apoyen a la cultura. Solo podemos felicitar a las empresas e instituciones que promocionan y sustentan al arte y los artistas, porque lo hacen con su dinero. Pero el Estado maneja el dinero de todos, con el agravante de que obtiene ese dinero mediante la fuerza (nadie paga impuestos de buena gana). Entonces, debería, en primer lugar quitar lo menos posible el dinero de los ciudadanos y en segundo lugar, gastarlo en las cosas absolutamente indispensables y cuyo beneficio sea más o menos equitativamente distribuido.

Pero para no quedarnos en lo abstracto, quisiera dar un ejemplo. Chaplin Show es una fábrica de talentos y produce humor excepcional. Personalmente me gusta mucho y creo que pocos estarían en desacuerdo su calidad y trayectoria. Chaplin Show, según lo que ellos dicen al inicio de sus espectáculos, recibe el auspicio de la gobernación o el municipio (no recuerdo de cual), es decir del Estado. Ahora ¿qué público asiste a Chaplin? Me animaría a decir que el 95% es gente con condiciones económicas por encima de la media. Entonces, el Estado, como un Robin Hood al revés, quita a los pobres (impuestos), para beneficiar a los ricos, mientras la educación pública es una vergüenza y la salud pública es un martirio y el transporte público es incipiente.

Finalmente, a juzgar por lo que uno escucha, pareciera que todos estamos de acuerdo en que los políticos son en general ladrones y corruptos. Entonces, la prudencia y el sentido común nos llevarían a concluir que a los políticos (que al final son los que tienen el control del Estado) uno debe darles lo mínimo posible en recursos para que hagan las labores indispensables de la sociedad. Quienes admiten la corrupción de los políticos y a la vez piden un Estado más grande, involucrado cada vez más en los asuntos de la gente, no tienen claras sus ideas.

Santa Cruz de la Sierra, 15/05/16

Bolivia no es Suiza

Cuando Evo Morales asumió la presidencia de la República de Bolivia, afirmó que en 10 o 20 años el país estaría mejor que Suiza. Ya van 10 años de su mandato y el PIB per cápita boliviano es de $us 3.150, mientras que el PIB per cápita suizo es de US$83.718. Si consideramos el PIB per cápita con paridad de poder adquisitivo, acortamos la diferencia: US$6.449 de Bolivia versus US$51.578 de Suiza, pero seguimos lejísimo de igualar a Suiza económicamente y lo peor de todo es que estamos yendo por el camino contrario al desarrollo.

Un sencillo concepto, propio del sentido común, es que uno debería imitar las prácticas de los países que generan mayor riqueza y desarrollo y evitar las prácticas de aquellos países que no salen del subdesarrollo y la pobreza. Entonces, si la meta de Evo Morales es igualar y superar a Suiza, uno imaginaría que sería secundada por medidas políticas y económicas similares a las que tiene Suiza. Lamentablemente Morales ha mirado a Cuba y Venezuela para orientar sus políticas. Es de tontos suponer que vamos a estar como Suiza siguiendo las recetas de estas dos tiranías; más sensato es suponer que siguiendo a Cuba y Venezuela, en 10 años vamos a estar igual que Cuba o Venezuela.

Una rápida comparación en el Índice de Libertad Económica 2016 elaborado por la Fundación Heritage y el Wall Street Journal muestra que el país alpino tiene un puntaje de 81 mientras que el país andino 47. Mientras Suiza se ha mantenido e incluso a mejorado su puntuación en los último años, Bolivia ha decaído desde los 68 puntos que llegó a tener en 1998, con lo que podía considerarse un país moderadamente libre hasta donde estamos ahora, en la categoría de los países con libertades económicas reprimidas. Mientras que Suiza ocupa el 4to puesto en este ranking, Bolivia ocupa el puesto 160, por debajo de Ecuador, aunque por encima de Venezuela (puesto 176) y Cuba (puesto 177).

¿Cuáles son las cosas que deberíamos imitar de Suiza? Sólidos derechos de propiedad, una baja corrupción con un gobierno fuerte pero limitado en sus poderes, bajo gasto estatal, facilidad para abrir y cerrar negocios, leyes laborales flexibles. En general, la premisa, comprobada una y otra vez a lo largo de la historia, es que si damos libertad a la gente para progresar, la gente lo hace y en dos o tres generaciones puede estar substancialmente mejor. En cambio, si dejamos el progreso a cargo del Estado, progresan quienes manejan el aparato estatal, a costa de la mayoría de la población. En Bolivia los nuevos ricos lo saben muy bien y no piensan soltar la mamadera.

Publicado originalmente en el blog de Javier Paz el 24 de abril de 2016.

¿Por qué tantos intelectuales rechazan el capitalismo?

Un tema interminable es la proclividad de los intelectuales para defender sistemas políticos erróneos y apoyar regímenes totalitarios. Sartre fue un fan de la Unión Soviética incluso cuando los abusos del sistema comunista eran conocidos por todos. García Márquez mantuvo una amistad con Fidel Castro, uno de los mayores tiranos de Latinoamérica.

A menudo nos gusta pensar que los intelectuales están por encima del resto de los mortales: en imparcialidad, en inteligencia, en conocimiento, en humanidad, en humildad. Lo cierto es que los intelectuales, como cualquier mortal tienen defectos, les cuesta reconocer y rectificar errores, no son expertos en todas las áreas del conocimiento, pueden ser proclives al adulo y la lisonja y no están exentos de disfrutar de los placeres terrenales.

Jesús Huerta de Soto (un intelectual), citando a Bertrand de Jouvenel (otro intelectual), da 3 razones al por qué los intelectuales en una gran proporción rechazan el sistema de libre mercado: 1) por ignorancia, 2) por soberbia y 3) por resentimiento y envidia.

La ignorancia no debe ser tomada en un sentido peyorativo. Todos somos ignorantes en la mayoría de las áreas del conocimiento. Un poeta puede ser un completo ignorante en matemáticas, un matemático puede ser un ignorante en neurología, un neurólogo ser un ignorante en gastronomía y un chef ser un ignorante en filosofía. La ciencia que estudia el mercado es la economía e incluso la economía tiene muchas ramas lo que hace que los economistas también sean ignorantes de la totalidad de las áreas de esta ciencia social. Los intelectuales en su mayoría no entienden la economía y sus ideas políticas están más influenciadas por sus pasiones que por conocimiento.

Los intelectuales a menudo cometen la soberbia de creerse superiores a los demás y por tanto capaces de decidir mejor que el resto de la sociedad lo que le conviene a toda la sociedad. Es lo que Hayek llamó “la fatal arrogancia”.

Y los intelectuales, cegados por su ignorancia de los procesos de mercado y su soberbia intelectual, caen en el resentimiento y la envidia al ver que apenas se ganan la vida haciendo poemas que nadie quiere comprar mientras un vende pollos se llena de dinero. Consideran injusto que un empresario que vende lo que la sociedad demanda gane más que él que tiene una inteligencia superior.

Yo añadiría una cuarta razón: la conveniencia. A los intelectuales les puede convenir ser anticapitalistas para ser parte del discurso popular, para decir ser parte del pueblo, para conseguir la subvención del Estado y tener el adulo de los tiranos.