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Bolivia: Criminalizando las opiniones

Un requisito indispensable de una sociedad democrática y de derecho es el respeto casi absoluto a la libertad de expresión. La posibilidad de emitir opiniones sin represalias por parte del Estado, incluso cuando estas opiniones no son compartidas por la gran mayoría de los ciudadanos es la base misma de la democracia. Sin libertad de expresión corren riesgo los partidos políticos de oposición; sin libertad de expresión no puede existir una prensa independiente que cuestione, investigue e incomode al poder político y económico. Sin libertad de expresión es más fácil que los gobernantes cometan y oculten más violaciones a los derechos humanos, además de perpetrarse en el poder y enriquecerse.

Por ello hay que ser muy cautos a la hora de permitir que el Estado ponga límites a la libertad de expresión, por más noble que parezca ser el objetivo de tales límites y en lo que respecta a este tema, ante la duda o el riesgo de abusos por parte del poder, siempre es mejor pecar del lado de proteger la libertad de expresión antes que limitarla.

Un ejemplo de ello es el racismo y la discriminación. Sin duda es noble la idea de acabar con estos prejuicios. Sin embargo la criminalización difícilmente elimina los prejuicios subyacentes y por otro lado puede ocasionar abusos de poder y limitaciones a la libertad de opinión y prensa. Un ejemplo concreto es Bolivia, donde una ley “contra el racismo y toda forma de discriminación” (no puedo dejar de mencionar la pomposidad del título en conjunción con la idiotez de procurar prohibir “toda forma de discriminación”) ha servido para iniciar acciones legales a dos personalidades de la televisión, una por decir que Oruro es feo y el otro por decir que las modelos cruceñas son tontas. Quienes están en desacuerdo o se sienten ofendidos por tales opiniones tienen el derecho de expresar su molestia en las redes sociales o en la prensa, tienen el derecho de dejar de mirar el programa del conductor cuya opinión les indignó, si la indignación general es tal, los dueños del canal pueden evaluar despedir a la persona. ¡Pero ser enjuiciado y tener la posibilidad de ir a presión por opinar que una ciudad es fea o porque ciertas mujeres son tontas es un exceso y un abuso mayúsculo! Si por tal cosa una persona puede ir a prisión, surge la interrogante de cuáles son los límites de esta ley y qué opinión está a salvo de la mirada inquisidora de los legisladores. Este tipo de leyes, como es el caso boliviano, pueden servir para desatar una injusta cacería de brujas, limitar la libertad de expresión y provocar autocensura.

La sociedad que queremos

Esta es una idea problemática. ¿Cuál es esa sociedad que queremos? Tácita está la idea que la sociedad que queremos es una mejor. ¿Quién no quiere una mejor sociedad? Acaso usted, estimado lector, desea una sociedad peor? Por supuesto que no. El problema es que no todos estamos de acuerdo en qué exactamente sería esa sociedad mejorada.

En las columnas de opinión de todos los diarios, sin embargo, es un concepto que se lee con frecuencia. Es una forma de llegarle a la emoción del lector, captarlo, y decirle: si no estás de acuerdo conmigo, entonces no quieres una mejor sociedad.

Este es el principal problema de nuestras sociedades, a saber, que todos les queremos imponer a otros nuestra visión de una mejor sociedad. Este proceso de imposición crea conflictos entre los que les gusta esa sociedad y a los que no.

No hay una salida fácil a este dilema. Por eso vemos las debates  entre socialistas y liberales, estatistas y libertarios, ateos y religiosos, los que favorecen la libertad sexual y de matrimonio y los que se oponen a ello. Es de nunca acabar. Y nunca acabará.

Entonces, ¿qué hacemos? Creo que el primer paso es sencillo, es un acto de humildad: somos humanos y, por tanto, nos podemos equivocar. No se trata de una opinión sobre lo que debe ser, sino una descripción de lo que es. No es discutible que las personas puedan tener una opinión distinta sobre lo que sería o no una mejor sociedad, es un simple reconocimiento de la realidad. La experiencia en la vida también nos debe haber demostrado que nos podemos equivocar en nuestras opiniones y afirmaciones. Nunca jamás ha habido un ser humano infalible. De haberlo, no sería humano.

El segundo paso es reconocer que las sociedades están compuestas de individuos diferentes y que no todos queremos lo mismo. Cada uno de nosotros, debe reconocer que lo que yo creo que es mejor para todos, no es necesariamente lo que otros creen que los mejor. Uniendo estas dos ideas, debemos estar dispuestos a aceptar que nuestra visión particular de qué es una mejor sociedad y cómo alcanzarla de hecho puede estar equivocada o puede causar un daño en largo plazo que no estamos viendo por nuestras limitaciones.

Llegamos otra vez al mismo punto. Si todos estamos de acuerdo que no tenemos que estar de acuerdo y que, además, podemos equivocarnos, cómo ha de organizarse una sociedad con miles o millones de individuos. La solución única está en establecer los valores y principios que permitirían la cohabitación pacífica de individuos con intereses distintos. El filosofo escosés David Hume, lo respondió claramente al señalar que las tres leyes fundamentales «son la de estabilidad en la posesión, la de transferencia mediante consentimiento, la de cumplimiento de las promesas hechas».

De no cumplirse estas tres leyes fundamentales, entonces no se podría vivir pacíficamente en sociedad. Preponderaría la violencia, la razón del más fuerte, el estancamiento material, cultural y espiritual.

Tal vez no podamos estar de acuerdo en qué sería una sociedad ideal, pero al menos pudieramos estar de acuerdo en que los dos podamos trabajar en nuestros círculos en los asuntos que nos interesan, sean estos religiosos, culturales, deportivos, artísticos o netamente materiales, siempre y cuando no violemos el derecho de otro a hacerlo.

En defensa de las ONGs de izquierda

Tener valores y convicciones implica defender ideales y no personas o instituciones. Un valor fundamental de todo liberal es el derecho casi irrestricto a la libertad de expresión. Un anhelo fundamental del ser humano es el de la libertad y no existe mayor violación a ésta que cuando el Estado intenta controlar las ideas, los pensamientos y las conciencias.

Por ello ante la amenaza del inefable vicepresidente boliviano de expulsar a las ONGs extranjeras que no apoyen su visión política (amenaza absolutamente creíble) debemos alzar nuestras voces y expresar nuestro total rechazo. Es irrelevante que esas ONGs promuevan ideas contrarias a las nuestras o que hayan sido parcialmente culpables de catapultar a la palestra y encumbrar en el poder a los autoritarios que ahora son sus verdugos. El derecho a expresarnos libremente, a debatir ideas, a lanzar propuestas aunque sean descabelladas y estúpidas sin sufrir represalias por parte del Estado debe ser defendido de manera intransigente. Y este derecho debemos defenderlo para nacionales y extranjeros, para hombres y mujeres, para pobres y ricos, para creyentes y ateos, para blancos y negros, para todos.

Una sociedad libre y abierta requiere la práctica de la tolerancia. Álvaro García Linera, como buen marxista, es intolerante y autoritario; como buen marxista quiere eliminar la disidencia, acabar con los “librepensantes” y acallar amenazando, comprando o reprimiendo a quienes no comulguen con su visión política; como buen marxista, también quiere eliminar a los otros marxistas que tienen una visión similar a la suya, pero no pertenecen a su facción ni siguen su liderazgo.

Como liberal clásico, me adhiero a la carta que han firmado varios intelectuales de izquierda y expreso mi condena y rechazo a las declaraciones del vicepresidente y a la actitud represiva, totalitaria y abusiva que ha tenido este gobierno desde su primer día en funciones. Porque en realidad, esto no se trata de alinearse con ONGs de izquierda o de derecha, sino de defender la libertad de expresión.

Santa Cruz de la Sierra, 16/08/15

Alberdi sobre las tiranías sudamericanas

Con el título “La omnipotencia del estado es la negación de la libertad individual“, presentó una conferencia el Dr. Juan Bautista Alberdi, el 24 de Mayo de 1880, en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, en oportunidad de la Colación de Grados realizada para otorgarle el Título de Miembro Honorario. En el siguiente texto, comentan a Alberdi el Alm. Carlos A. Sánchez Sañudo y el Dr. Edgardo Manara en el Colegio de Escribanos de la Ciudad de Buenos Aires el 26 de Agosto de 2003:

El análisis de la patología política

Comienza Alberdi su discurso destacando que una de “las más profundas raíces de nuestras tiranías en Sudamérica es la noción grecoromana del Estado y de la Patria, que debemos a la educación semiclásica que nuestras universidades han copiado a la Francia.

En este estudio sobre la evolución de la libertad a lo largo de los tiempos, comenzó diferenciando los dos períodos de las sociedades griegas. “En la ciudad antigua –decía– el sentimiento personal formaba parte de la religión. Se amaba a la patria, porque se amaba a sus dioses protectores; las leyes eran fórmulas sagradas. Cada comuna tenía, no sólo independencia, sino también su culto y su código. Para los antiguos, Dios no estaba en todas partes. Los dioses de cada hombre eran aquellos que habitaban su casa, su comuna, su cantón. Por el contrario, el desterrado, al dejar su patria tras sí, dejaba también sus dioses y su propiedad –-no teniendo culto, no tenía ya familia: dejaba de ser marido y padre. Por ello, el destierro de su ciudad no parecía un suplicio más tolerable que la muerte. Los jurisconsultos romanos le llamaban pena capital. La religión, el derecho, el gobierno dependían del municipio. La ciudad era la única fuerza viva; nada mas arriba de ella, nada mas abajo, es decir: ni unidad nacional, ni libertad individual. El Estado así entendido era y tenía que ser la negación de la libertad individual, en la que cifran la libertad todas las sociedades modernas que son realmente libres.

Pero cuando la casta sacerdotal perdió su dominación, se emancipó el individuo; no se pretendió ya que la persona fuera sacrificada al Estado. “Se acabó el espíritu comunal. No se amó ya a la Patria por su religión y sus dioses; se la amó por sus leyes, –dice Alberdi– por sus instituciones, por los derechos y la seguridad que ella acordaba a sus miembros. Ya no se amó a la patria sino en tanto se amaba al régimen institucional que prevalecía en ella a la sazón. El patriotismo municipal pereció en las almas. Entonces, se comenzó a emigrar mas voluntariamente; se temió menos al destierro. Es el Siglo de Pericles”.

“Comenzaba a sentirse la necesidad de salir del sistema comunal para llegar a otra forma de gobierno por encima de las ciudades para que velase por el mantenimiento del orden y obligase a aquellas a abandonar sus turbulencias y a vivir en paz.

Esta disposición integradora de los espíritus constituyó la fortuna de Roma y lo que la puso a la cabeza del mundo. Tuvo su apogeo en la República, tanto griega como romana, declinando con la degeneración de éstas, cuando se retornó al absolutismo del Imperio Romano”.

Publicado originalmente en el blog “El foro y el bazar” de la Universidad Francisco Marroquín el 16 de agosto de 2015.

Todos los domingos con Cuba

Quienes estamos comprometidos de cerca con los esfuerzos de la disidencia cubana sabemos que los opositores viven en un estado de alerta constante frente a esa longeva dictadura y que no la pasan bien ni un solo día. Sin embargo se ha hecho particularmente visible, en Cuba, el domingo como un día de protesta y de concentración que el gobierno reprime fuertemente.

Recientemente escribí sobre los actos de repudio que el régimen castrista llevó hasta los salones del Diálogo de la Sociedad Civil de la Cumbre de las Américas de Panamá. Como los organizadores también habían invitado a miembros de la sociedad civil independiente cubana, los castristas boicotearon el evento agrediendo a sus compatriotas opositores y a todos los demás asistentes, delegados de más de 20 países de las Américas que estábamos allí y que queríamos un diálogo democrático. Cuando acabó la pesadilla, un sentimiento profundo me llevó a acercarme a todo opositor cubano que pude encontrar para expresarle mi admiración por el coraje y la fortaleza que tienen para soportar todos los días agresiones de las que fuimos testigos y víctimas un par de días. Las turbas enardecidas, afiebradas por consignas, impulsadas por títeres rabiosos intransigentes, adoctrinados y defensores de la dictadura, es algo que no queremos en nuestros países. ¿Cómo no admirar, entonces, la causa de todos aquellos opositores que día a día tienen que soportar esto en su lucha por tener un país libre y respetuoso de los derechos?

Retomo el asunto porque me he tropezado en mi país con varias personas comentando que, según lo que ven en ciertos medios internacionales, Cuba está mejorando en democracia. Cuando les pregunto por qué y en qué aspecto, me dicen que han habido elecciones en las que se han presentado dos opositores, por primera vez en mucho tiempo. Estas personas, evidentemente, no están al tanto de que esos independientes perdieron las elecciones porque el sistema electoral está inserto en un sistema más grande de represión de la libertad de pensamiento, de la libertad de expresión y de la libertad de asociación, lo cual, en conjunto, no garantizan elecciones libres. Tampoco saben que las supuestas elecciones en Cuba solo garantizan la continuidad del partido único y la dictadura, y que los candidatos independientes fueron víctimas de una campaña de manipulación de sus biografías y de mítines de repudio. Hay que ser muy poco reflexivo para creer que con dos postulantes hay un cambio y un avance hacia la democracia. Esto no significa que los dos candidatos no hayan tenido el tremendo mérito para enfrentarse al sistema, hecho que valoro porque han demostrado lo que pasa cuando un opositor postula, y que. tal como están los derechos en Cuba, no hay forma de que ellos ganen. El sistema está establecido para que pierdan, para que los ciudadanos con pensamiento diferente no tengan opción de elegir ni de ser elegidos.

El pueblo cubano tiene la mala suerte de que fuera de sus fronteras algunos entiendan que se está dando pasos hacia una democracia, mientras que la represión continua a todo nivel, y decenas de activistas son detenidos y golpeados, especialmente los domingos, cuando se concentran en las calles tratando de protestar pacíficamente contra el régimen. Todos los domingos siguen arrestando y agrediendo a las Damas de Blanco en sus caminatas a misa. La artista cubana Tania Bruguera, por querer instalar un micrófono en una plaza, como parte de su performance “Yo también exijo”, está impedida de salir del país desde diciembre. El artista El Sexto, detenido a fines de diciembre del 2014, sigue en prisión por su performance de dos puercos llamados Fidel y Raúl. Hace poco, el 24 de mayo, Yusmila Reyna de UNPACU, reportó cómo se detuvo y agredió a cerca de 90 activistas de su organización en Santiago de Cuba, cuando un grupo de ellos intentaba asistir a misa en el Santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre y otro realizaba acciones pacíficas demandando la liberación de los presos políticos y el cese de la represión.

La propaganda comunista quiere solapar lo que realmente está pasando. En Cuba hay represión sistemática todos los días desde hace más de 50 años y sin embargo hoy más opositores se van uniendo para hacer del domingo un día de protesta visible no solo afuera, sino también dentro de la isla. Antonio Rodiles, uno de los principales impulsores de las protestas de los domingos, invita a sumarse a la estrategia #TodosMarchamos para acompañar en dicho día, desde las redes sociales, la protesta pacífica de los cubanos en la isla, para que cese a la represión del régimen y la violación de los derechos humanos.

Un domingo en La Habana conocí a las Damas de Blanco, un domingo conocí a la entrañable y recordada Laura Pollán. Y un domingo la dictadura me persiguió junto a 15 activistas más por acompañar a las Damas de Blanco en su caminata después de misa. Desde aquella vez no puedo volver. Ese domingo me comprometí perdurablemente con la libertad de Cuba.

Yo estoy con Cuba y con los cubanos amantes de la libertad, todos los días, todos los domingos.

Publicado originalmente en El Montonero el 5 de junio del 2015.

El leviatán ruso

Los políticos utilizando su poder para aprovecharse económicamente, violando los derechos de terceros y aplastando a los pequeños. ¿Te suena esa historia? Leviatán es una película rusa del 2014 del director Andrey Zvyagintsev que trata de esto. Es una tragedia contada hermosamente.

No soy crítico de cine, pero es una película que vale la pena ver. Excelente actuación, personajes complejos y profundos, fotografía y escenografía espectácular y a la vez mundana, y un excelente guión que en ningún momento se siente forzado o artificial.

Es la historia de un mecánico independiente, Kolya, y su lucha contra el alcalde que quiere expropiarle el terreno donde está ubicada su casa, una residencia antigua de madera donde vivieron su abuelo y su padre antes que él, pero ubicada en una posición privilegiada respecto al pueblo. Kolya no es perfecto. Toma en exceso, no es el más respetuoso de su mujer y no tiene mucha paciencia. Siento decir que no hay un final felíz, lo que se siente, es el poder del Leviatán, que termina, en este caso, avasallando a Kolya. Pero la historia no es solo del individuo contra el Estado, sino de sus relaciones, con la policía, su amigo Dimitri, la mujer… En el fondo, Kolya es una buena persona que trata de navegar una vida que de repente se le ha desmoronado, no por causas atribuibles a sus faltas pesonales, si no a la embestida del Leviatán.

Honduras: Una derrota para el Estado de Derecho

El reciente fallo de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), relativo a la reelección presidencial, despertó jubilo dentro del partido de Gobierno y sus seguidores; la indignación de los partidos de oposición y la de muchos ciudadanos, pero por sobre todo, el fallo fue recibido con una imperturbable apatía por la gran mayoría de los hondureños, cuyo único interés es mejorar su situación económica y la de sus hijos.

Sin lugar a dudas, con una breve lectura se puede apreciar que gran parte de la normativa relativa a la reelección presidencial violenta el derecho a la libre expresión y difusión de ideas, en contravención a otros artículos constitucionales y a los instrumentos internacionales de derechos humanos, como bien argumentaron los 15 diputados que interpusieron el recurso de inconstitucionalidad.

Sin embargo, la argumentación del recurso de inaplicabilidad presentado por el expresidente Callejas, quien visualiza la prohibición de la reelección como una violación al derecho de elegir y ser electo, resulta menos convincente.

La Sala de lo Constitucional no reformó la Constitución de la República, ni tiene la potestad para hacerlo. Sin embargo, como máxima intérprete de la Constitución y en pleno ejercicio de sus atribuciones legales[1] declaró la inconstitucionalidad del artículo 330 del Código Penal, la inaplicabilidad total del artículo 239 y parcial de los artículos 4, 42 y 374 de la Constitución, permitiendo así la reelección presidencial indefinida hasta no ser limitada por voto favorable de las dos terceras partes del Congreso Nacional.

En su libro Límites de Derecho Internacional para la Asamblea Constituyente, el director legal de la Human Rights Foundation, Javier El-Hage, argumenta que el poder de una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) se encuentra limitado por las obligaciones contraídas previamente a través de tratados internacionales. Criterio que es compartido por la Sala de lo Constitucional al afirmar en su fallo que el constituyente hondureño abusó de su poder al coartar el derecho a la libre expresión cuando penalizó con la perdida de la ciudadanía y la inhabilitación por diez años para ejercer cargos públicos a quienes promoviesen, apoyasen o propusieren reforma alguna para permitir la reelección presidencial.

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“La dictadura del corazón” en Ecuador

Esto parece sacado del libreto de otra película basada en la novela de George Orwell 1984 pero no, lamentablemente es la nueva propaganda de la Secretaría de Comunicación de la presidencia del Ecuador (SECOM). Aquí abajo les pongo el video de la misma y la espeluznante letra del jingle.

Este spot viene a ser la última de las múltiples propagandas en “neolengua” o “nuevahabla” que suele producir la poderosa SECOM. En un año en que el modelo estatista de la llamada “Revolución Ciudadana” hace agua (dependía de condiciones externas inusualmente positivas) y el gobierno se ha visto en la obligación de reducir el gasto público, a la SECOM le han aumentado su presupuesto de $39,8 millones a $42,9 millones.

Si esto es una dictadura, nos estuvieron engañando
Hasta hace poco yo creía, que un dictador era un tirano
Yo lo que veo en las calles, es un país que está cambiando

Si esto es una dictadura
Es porque les está dictando el corazón

Recuperamos la esperanza, que nos estaban robando
Recuperamos la auto estima, palmo a palmo trabajando
Redescubrimos la riqueza, del suelo que cultivamos

Si esto es una dictadura
Es porque les está dictando el corazón

Si esto fuera una dictadura, sería la dictadura del amor
La dictadura del Pueblo, Patria y Revolución
La dictadura del progreso y la educación

Si eso es una dictadura
Es porque les está dictando el corazón

Por todas partes se respira, aire revolucionario
Avanzamos somos Patria, somos el sueño de Alfaro
Recuperamos el orgullo, de sentirse ecuatoriano

Si esto es una dictadura
Un aplauso para el corazón que con amor está dictando

Bolivia: ¿Y si el Estado es el gánster?

Muchas teorías políticas asumen que el Estado es un ente benevolente, altruista y casi omnisciente, cuya función es velar por el bienestar del ciudadano. Una notable excepción es la línea teórica de la opción pública (public choice) desarrollada sobre los trabajos pioneros de Gordon Tullock y el premio Nobel de economía James Buchanan.

Los seres humanos a lo largo de la historia hemos desarrollado instituciones para facilitar y mejorar la vida en sociedad; una de esas instituciones es el Estado y la mayoría de las personas creemos que el Estado es necesario (los anarquistas no comparten esta opinión). También la mayoría de las personas consideran que entre los principales roles del Estado está el velar por la justicia y evitar los abusos que unos puedan cometer contra otros. ¿Pero qué pasa cuando el Estado no solo no cumple el rol de velar por la justicia, sino que se transforma en una institución promotora de injusticias y abusos? ¿Qué pasa cuando el Estado es capturado por un grupo gansteril dispuesto a todo por conservar y acrecentar su poder?

Las revelaciones de que las armas supuestamente halladas por el Estado boliviano contra los supuestos terroristas eran en realidad armas que estaban bajo custodia del Ejército y que fueron confiscadas de varios procesos policiales pasados, refuerza la hipótesis de que en Bolivia vivimos bajo un Estado gansteril, donde no solo son maleantes los funcionarios masistas, sino también las Fuerzas Armadas, la Policía y el Órgano Judicial. Esas armas no pudieron haber salido de la 8va División del Ejército sin el conocimiento de varias personas, por lo que la responsabilidad no es de uno o dos militares negligentes o esquizofrénicos, sino de la institución.

En Bolivia el gobierno hace cosas que solo pueden venir de gente sin escrúpulos ni ética: la farsa del caso terrorismo, la matanza de Porvenir, la quema de la prefectura de Cochabamba, la ilegalidad del proceso constituyente, los muertos de la Calancha, la aplicación selectiva de la Constitución Política del Estado (la nueva y la vieja), la persecución política y judicial, la sumisión del órgano judicial al ejecutivo, la mañosa aprobación de la reelección del presidente (y su poca vergüenza postularse luego de decir públicamente años atrás que no lo haría), los proverbiales negocios del vicepresidente y su familia y muchas cosas más hacen pertinente que nos preguntemos: ¿qué hacer ante un Estado gansteril?

Democracia, ¿un sistema justo?

“Democracia: dos zorros y una gallina decidiendo qué desayunar a la mañana siguiente”.

H. L. Mencken

Desde hace años mucho se ha escrito y debatido acerca de la democracia y su relación con la República y las minorías. ¿Qué es la democracia? ¿Es el mejor sistema de elección de quien administra o administrará el Estado? ¿Pueden las democracias devenir en autoritarismo y acumulación ilimitada de poder en mano de una sola persona?

Visto y considerando que la palabra democracia se ha ido degenerando a lo largo de los años, resulta imperioso antes de abordar las cuestiones planteadas en el párrafo anterior, ahondar en el estudio del término en cuestión. En El Espectador, Ortega y Gasset sostiene que “La democracia responde a esta pregunta: ¿Quién debe ejercer el control público? La respuesta es: el ejercicio del poder público corresponde a la colectividad de los ciudadanos”. Es decir, la utilización de la expresión “democracia” debería limitarse a la forma en que es elegido quien ejercerá la administración del Estado. Sin embargo, el estudio de este término no puede realizarse bajo ningún concepto de forma aislada sino que debería ir de la mano de la implicancia que la democracia tiene sobre la República.

El problema entorno a la democracia radica en que ha mutado a lo largo de los años a un sistema funcional a dirigentes cleptómanos de libertades, propiedad y sueños de vida. Pedro Schwartz lo expresa correctamente al sostener que “Las democracias, al dejar el poder en manos de minorías irresponsables, pues en ellas se toman las decisiones colectivas por mayoría de votos, a menudo no prestan suficiente atención a los derechos individuales”. Es de vital importancia en este caso mencionar a dos autores que Alberto Benegas Lynch (h) ha reflotado en su artículo sobre el tema publicado en El Diario de América(EE.UU.) en 2012. Por un lado, Giovanni Sartori en Teoría de la democracia no se cansa de hacer hincapié en que la democracia es el respeto por las minorías y que bajo ningún concepto debería aceptarse el aplastamiento de las libertades de las minorías por decisiones tomadas por la mayoría. Por otro lado, menciona Benegas Lynch (h) a Juan A. González Calderón, quien en Curso de derecho constitucional “sostiene que los demócratas de los números ni de números entienden ya que se basan en dos ecuaciones falsas: 50% más 1% = 100% y 50% menos 1% = 0%”. Ejemplo de esto mismo son casos como los de Venezuela y Argentina en donde a una mayoría legitimada por la democracia, es decir, por haber obtenido la mayor cantidad de votos, no hace más que otorgarse privilegios a costa de las voluntades de las minorías.

Sostiene Hayek en Derecho, Legislación y Libertad que los individuos nos hemos acostumbrado a considerar como democrático todo aquel proceso en el que una mayoría en el parlamento da sanciones a leyes y dirige el gobierno. Uno de los mitos más importantes acerca de la democracia radica en que se la ha concebido como la fiel salvaguarda de las libertades individuales. Esto no puede considerarse así bajo ningún punto de vista siendo que, al momento en que se acepta que la voluntad que le fue otorgada a una mayoría legitimada por la votación se imponga sobre una minoría, es muy probable que corran peligro las libertades personales cuando las mayorías puedan decidir sobre cualquier cuestión.

Otro de los mitos que trae consigo la democracia es pensar que habiendo adoptado procedimientos democráticos, se podría en alguna instancia limitar el poder de los gobernantes de turno. Hayek agrega incluso que “(…) se promovió también la creencia de que el control del gobierno por parte del cuerpo legislativo elegido democráticamente sustituiría a las limitaciones tradicionales [al poder] (…)”. Ante esta situación, las mayorías requieren cada vez de más apoyo de otros grupos políticos a fin de no perder cuotas de poder. Es por esto mismo que es imposible que un gobierno que carece de controles y es ilimitado haga prevalecer los principios con los que originalmente la mayoría estuvo de acuerdo, ya que a fin de seguir manteniendo el poder y constituirse como un gobierno sin límites, deberá renunciar a sus convicciones iniciales y entregar beneficios a demás grupos de interés a fin de contar con su apoyo.

Entonces, si la democracia ha legitimado en muchos casos que la voluntad de unos pocos se imponga sobre el resto, ¿no será que es injusta en sí misma? Semejante sistema no sólo se ha constituido a lo largo de los años como el origen de gobiernos tiranos, sino que además ha sido funcional y servido como instrumento estratégico a muchos gobiernos populistas y neodictatoriales como los que hoy en día prevalecen en América Latina. Siguiendo con esta lógica, Hayek agrega: “Parece que cuando las instituciones no estás limitadas por la tradición de la primacía del derecho –la rule of law–, conducen no sólo a la «democracia totalitaria», sino con el tiempo a la «dictadura plebiscitaria»”. Es imperioso que el análisis del sistema democrático se haga en conjunto con el Estado de Derecho y la República. Si por los puntos antes expuestos se concluye que la democracia es injusta en sí misma, entonces el papel fundamental a jugar quedará en manos no sólo de la división de poderes sino también en el respeto del Estado de Derecho para que la discrecionalidad de una mayoría no lesione las libertades de las minorías.