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Las Farc y Santos

Aún cuando la popularidad del Presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, se desploma, aún cuando la revista The Economist urge al gobierno colombiano a “poner a las Farc en evidencia”, aún cuando el jefe negociador oficial Humberto de la Calle afirma que el proceso de paz con la guerrilla “se está acabando“, no es muy tarde para que el mandatario salve su presidencia.

Es cierto que Santos hizo de las negociaciones con las Farc el eje de su administración, actuando completamente en contra de la voluntad de los votantes que lo eligieron en el 2010. Cuando fue hora de reelegirse en el 2014, Santos tuvo que acudir al apoyo de maquinarias políticas poco salubres y de antiguos opositores suyos de la izquierda estatista, principalmente Clara López, quien había prometido quitarle su independencia al Banco de la República, y Gustavo Petro, quien estaba en medio de su gestión poco eficaz (en el mejor de los casos) como Alcalde de Bogotá.

En ese momento Santos capturó una buena cantidad del voto de centro y “de opinión” al insistir vez tras vez que la paz con las Farc estaba a la vuelta de la esquina. “Con paz haremos más“, fue su eslogan, y, entre la primera y la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, anunció que iba a “acelerar el proceso y terminar esta guerra de una vez por todas”.

Cuestionado por sus extrañas y repentinas alianzas políticas, pero nunca corto de presunción, Santos se comparó a sí mismo con Franklin Delano Roosevelt aliándose con la Unión Soviética de Stalin para derrotar a la Alemania Nazi. En teoría, si Santos era FDR, entonces Gustavo “el Latin Stalin” Petro era su contraparte en el Kremlin.

Tal grandilocuencia aparte, hoy sabemos muy bien que la cercanía de la paz con las Farc no era más que un espejismo. Las negociaciones se estancaron en el tema de la justicia, el cuarto de cinco puntos sobre la mesa que, mirando hacia atrás, ha debido ser el primero. Como era de esperar, las Farc pretenden obtener una impunidad prácticamente absoluta por sus crímenes, exigencia que no tolera la opinión pública. Mucho menos las leyes vigentes y en especial los tratados internacionales que debe cumplir el Estado.

Mientras tanto las Farc, en el último año, han secuestrado a un general, asesinado a 11 soldados mientras dormían en el Cauca, derribado helicópteros del Ejército, y causado una catástrofe ambiental en el Pacífico colombiano al bombardear un oleoducto. El miércoles pasado, un vocero de la guerrilla le dijo a la prensa internacional que incrementarían los ataques en Colombia para “debilitar la confianza de la economía y de los inversores”. Al día siguiente varios civiles resultaron heridos al estallar dos explosivos en Bogotá, uno de ellos en medio del centro financiero de la capital.

Aunque las Farc han negado su autoría del atentado, el cual ha sido atribuido a sus aliados del ELN, hay que recordar que también desmintieron su participación en el ataque al Club El Nogal en el 2003. A estas alturas del juego, ¿quién de buena fe puede creer algo que digan estos personajes?

Independientemente de quién esté detrás de los ataques en Bogotá, es indudable que la paciencia de la mayoría de los colombianos con las Farc se está agotando. Santos, tal como su predecesor Andrés Pastrana (1998-2002), cometió un gravísimo error al confiar en la palabra de la guerrilla. No fue prudente apostarle su legado a un acuerdo de paz con un grupo armado ilegal que, día tras día, demuestra saber hacer sólo violencia.

No obstante, a diferencia de Pastrana, Santos todavía tiene suficiente tiempo para corregir sus errores. Si cambia de rumbo ahora, no podrá congraciarse con todos los colombianos, pero muchos le darán el beneficio de la duda si demuestra que sus intenciones eran benévolas pero que, defraudado por las Farc- plus ça change– tomó la decisión correcta justo en el momento crítico.

Ciertamente, acabar el proceso de paz con las Farc no es fácil para Santos. Él ha dicho que se está jugando su “capital político”, pero sin duda el orgullo es un factor importante. Según la narrativa establecida, si Santos se para de la mesa en La Habana, le daría la razón a su antiguo jefe y ahora archienemigo político, el ex Presidente Álvaro Uribe (2002-2010), un acérrimo crítico del proceso de paz desde su inicio.

Pero Santos tiene la capacidad de responder a sus críticos con la espléndida frase del novelista Evelyn Waugh: “hasta cierto punto, Lord Copper”.

De hecho, liquidar las infructuosas negociaciones con las Farc no necesariamente significa volver a la época de la “seguridad democrática” de Uribe. Por lo menos no del todo.

Ciertamente la guerra frontal contra las Farc será necesaria, y pocos están mejor calificados que Santos, antiguo Ministro de Defensa de Uribe, para librarla. Pero Santos también puede argumentar con validez que el enfoque estrictamente bélico se intentó desde el 2002 hasta el 2010 y, aunque la guerrilla resultó muy debilitada, no fue del todo vencida.

Y es acá donde surge la posibilidad de implementar una estrategia nunca antes vista en Colombia, donde, durante décadas, los gobiernos han enfrentado el problema de las guerrillas al oscilar entre la guerra frontal y la negociación. Pero ningún gobierno ha optado por una estrategia más inteligente, la de luchar contra las Farc no sólo con las armas, sino a la vez quitándoles su principal fuente de financiación.

Me refiero a la suma de entre 2.400 y 3.500 millones de dólares que recaudan al año las Farc al controlar gran parte del narcotráfico en Colombia.

Santos podría arrebatarle a la guerrilla tales ingresos colosales rápidamente al usar la mayoría de su coalición gobernante en el Congreso para legalizar la producción y el consumo de todas las drogas en el país. Tal como sucedió en Estados Unidos tras el fin de la Prohibición en 1933, el crimen organizado (es decir, las Farc y sus aliados) perdería prácticamente todo su control sobre los mercados negros de la droga tan pronto se regulara su comercio y se creara una industria dominada por empresas legítimas y serias.

En ese escenario, las Farc difícilmente podrían mantener su poderío financiero actual y, con la pérdida de su poder bélico, resultaría mucho más factible para el Estado derrotarlas militarmente. Al menos surgiría una posibilidad real de asediarlas hasta el punto en que no les quede otra opción aparte de negociar la entrega de sus armas sin condición alguna.

Santos es el Presidente apropiado para implementar tal estrategia, un ejemplo del “enfoque indirecto” por medio del cual se ganan la mayoría de las guerras, tal como demostró el gran teórico militar B.H. Liddell Hart.

En el 2011, Santos les dijo a los estudiantes de la Universidad de Brown en Estados Unidos que buscaran “nuevas estrategias, nuevas visiones y nuevos enfoques” para la fallida guerra contra las drogas. Hoy, cuando varios estados de Estados Unidos han legalizado la marihuana, es hora de que Santos siga sus propios consejos.

Islam y la sociedad abierta

Me parece que no exagero cuando afirmo que el problema más grave de nuestros tiempos es la amenaza del fanatismo radical musulmán.

En principio –como liberal que soy- creo que la mejor solución frente a cualquier problema social o político es ampliar la esfera de la libertad individual. Sin embargo, la actual situación creada en torno al fundamentalismo islámico, ha provocado que me surjan una serie de dudas de difícil resolución, que son las siguientes:

¿Cómo actuar frente a aquellos que pretenden utilizar a la sociedad abierta para destruirla desde adentro? En las formas democráticas, el gobierno lo obtiene aquel partido que alcanza la mayoría de los votos. En Europa, la tasa de crecimiento de la población musulmana es mucho más alta que la del resto. En consecuencia, no sería descabellado pensar que en un futuro no tan lejano, un partido islámico gane legítimamente el poder político y que, cumpliendo lo que prometió en la campaña electoral, destruya a la sociedad abierta desde sus cimientos. Frente a este peligro real, ¿cómo actuar? ¿Cómo prevenir esa situación?

Yo pensaba que la libertad religiosa era fundamental y uno de los ámbitos primordiales a proteger irrestrictamente. Pero, ¿qué ocurre cuando la religión está indisolublemente ligada al poder político? La historia ha demostrado que ése es un cocktail letal para la vigencia de los derechos individuales. Y siempre termina en masacres indiscriminadas y en denigrar en grado sumo la vida de la gente.

Yo pensaba que no había que confundir al Islam con el fundamentalismo islámico, que eran dos cosas diferentes. Consideraba que el Islam, en esencia, era una religión que tendía hacia la convivencia pacífica. Sin embargo, me preocupé al leer ciertas reflexiones de Ayaan Hirsi Ali, alguien muy interiorizado con la ideología y prácticas de esa religión.  Mario Vargas Llosa expresa, que en el libro que esta activista acaba de publicar en EE.UU. titulado Heretic, Why Islam Needs a Reformation Now, la autora critica a los gobiernos occidentales porque:

“para no apartarse de la corrección política, se empeñan en afirmar que el terrorismo de organizaciones como Al Qaeda y el Estado Islámico es ajeno a la religión musulmana, una deformación aberrante de sus enseñanzas y principios, algo que, afirma ella, es rigurosamente falso. Su libro sostiene, por el contrario, que el origen de la violencia que aquellas organizaciones practican tiene su raíz en la propia religión y que, por ello, la única manera eficaz de combatirla es mediante una reforma radical de todos aquellos aspectos de la fe musulmana incompatibles con la modernidad, la democracia y los derechos humanos”.

Pero las grandes interrogantes son: ¿cuánto tardará una reforma que surja desde dentro del mismo mundo musulmán? ¿Se hará alguna vez tal reforma? Y mientras eso no ocurra, ¿Occidente debe quedarse con los brazos cruzados?

Estas reflexiones no pretenden dar respuestas a las inquietudes que manifiesto más arriba. Por el contrario, ojalá sea el puntapié inicial para un debate sobre este tema de candente actualidad.

El bluff detrás de la imagen internacional de José Mujica

El expresidente de Uruguay José “Pepe” Mujica, ha causado sensación alrededor del mundo. Las causas de tal admiración son varias, pero pueden ser sintetizadas en las siguientes:

El hecho de que viva en el medio rural en una vivienda relativamente humilde. Debido a tal circunstancia, los medios internacionales lo han bautizado “el presidente más pobre del mundo”. Pero, lo que más recalcan y llama la atención, es que según ha declarado reiteradamente, dona a obras sociales alrededor del 90% de su sueldo como presidente. Por ejemplo, el 25 de mayo de 2012 el El Mundo de España informó lo siguiente:

“Desde allí dona a fondos de ayuda social un 90% de su salario, establecido en unos 12.500 dólares americanos. Cada mes, ‘Pepe’ Mujica recibe 250.000 pesos por su tarea como Presidente del Uruguay y Comandante en Jefe, pero de allí sólo rescata para su manutención mensual unos 20.000 pesos. El resto se distribuye desde el Fondo Raúl Sendic, que administra su fuerza política, el Movimiento de Participación Popular, que ayuda a emprendimientos productivos hasta simples colaboraciones, y ONG que colaboran con viviendas. Dice a los cuatro vientos que “con ese dinero me alcanza, y me tiene que alcanzar porque hay otros uruguayos que viven con mucho menos“.

“Revisa la tierra, mientras declara su auto VW Fusca como único patrimonio, valorado en 1.945 dólares. De acuerdo a la última declaración jurada que presentó a la Junta de Transparencia y Ética Pública, Mujica sólo es dueño de este coche, mientras la chacra figura a nombre de la primera dama y senadora Topolansky, la cual también dona parte de su salario”.

Por otra parte, Mujica se vanagloria de actuar como mediador en diferentes conflictos de larga data, como por ejemplo el de Estados Unidos con Cuba, y el de las Farc en Colombia.

En línea con ese  autobombo, un diario uruguayo oficialista expresó que “El presidente José Mujica jugó un rol clave en el proceso que culminó con el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre EEUU y Cuba”. El propio Mujica declaró:

“Uruguay arrimó su humilde granito de arena” para que Estados Unidos y Cuba pusieran fin a 53 años de diferencias (…) Hemos tratado de ayudar a una política que apuntaba descongelarse y hemos sido fieles a un principio: siempre que se pueda ayudar en algún entuerto de tensión, la actitud diplomática de Uruguay es tratar de contribuir a disminuir las tensiones y si es posible, a eliminarlas”

Con respecto a las Farc, en “diálogo exclusivo con ElMundo.es, Mujica confirmó que en los próximos días viajará para establecer diálogo con el comando principal de la guerrilla colombiana, reconociendo que es un momento ‘delicado’ el que se vive en las negociaciones”.

“Yo estoy camino al hoyo y uno tiene que tener conciencia, para mí lo más importante es respaldar y dar una mano. Si puedo ayudar en algo, voy a ayudar a cualquiera. Ahora tengo que ir por un pedido del presidente de Colombia a discutir algo con la dirección de las FARC. Desde el punto de vista personal yo no voy nada, pero contribuir a la paz de Colombia ayuda. Entonces el deber es ser abierto, desinteresado y apoyar todo lo que se pueda positivamente’, dijo el actual senador del Movimiento de Participación Popular (MPP)”.

Todas estas declaraciones “desinteresadas”, hay que tomarlas en el contexto de Mujica postulado para el Premio Nobel de la Paz. Por lo cual cualquier persona versada en técnicas de marketing, no puede menos que darse cuenta de cuál es el posicionamiento buscado. Su estrategia hasta ahora ha sido muy exitosa.

Sin embargo, la realidad se está encargando de demostrar que hay un gran bluff detrás de la imagen proyectada por Mujica en los temas indicados.

Con respecto al primer punto mencionado, recientemente la Junta de Transparencia y Ética Pública divulgó en su sitio web las declaraciones patrimoniales del expresidente. De ellas se desprende que entre 2012 y 2015 –o sea en tres años– el capital de Mujica creció 92,2%. La evolución de sus bienes durante los cinco años que duró su mandato no se puede calcular, pues en su primera declaración jurada de 2010 no estableció patrimonio neto. En el 2010 no declaró los inmuebles (U$S 188.025) que poseía ni tampoco la maquinaria agrícola (U$S 21.237), cosa que recién hizo a partir de 2012, año en el cual también declaró dos autos por valor de U$S 5.512.

Además, en la última declaración informó que durante su presidencia, sus donaciones fueron exclusivamente al Plan Juntos y al Frente Amplio. Esto último es práctica usual entre los políticos uruguayos que acceden a cargos de gobierno; es norma general cuyo objetivo es fortalecer las finanzas del partido y de ese modo ganar elecciones y afianzarse en el poder.

Con respecto a haber facilitado el fin de las hostilidades entre Estados Unidos y Cuba, una reciente investigación llevada a cabo por los reporteros Warren Strobel, Matt Spetalnick y David Adams de la agencia Reuters, demuestra que esa afirmación no se corresponde con la realidad. Según los periodistas mencionados, el proceso comenzó a gestarse en 2008, a raíz de un discurso que pronunció Barack Obama ante la Fundación Nacional Cubano Americana (anticastrista) en Miami. En el transcurso de 2013, la Casa Blanca “tras saber que La Habana sería receptiva”, propuso realizar “reuniones discretas”. Las mismas comenzaron en Canadá en junio de dicho año, sin la intervención y ni el conocimiento de los respectivos departamentos de Relaciones Exteriores.

Las conversaciones secretas tuvieron sus altibajos pero adquirieron solidez a partir de abril de 2014. En momentos en que estaba bien avanzado el entendimiento, el senador demócrata Patrick Leahy propuso dar intervención “al Papa y al Vaticano como intermediarios”. El acuerdo final se alcanzó en octubre de 2014, luego de diversas reuniones en las que participaron equipos estadounidenses, cubanos y funcionarios del Vaticano.

Es de destacar que el informe de Reuters no atribuye rol alguno a Mujica en dicho proceso.

Finalmente, con respecto al supuesto papel de mediador en el proceso de paz colombiano, en estos días el presidente colombiano Juan Manuel Santos desmintió esa información. En su cuenta twitter, desinfla por completo el papel que Mujica se atribuye en la entrevista concedida a El Mundo que citamos más arriba. En su tuit expresa que agradece cualquier gesto que contribuya a alcanzar la paz en Colombia, pero que el ex mandatario uruguayo es tan solo uno de los tantos que se moviliza en ese sentido. En forma contundente negó que lo haya nombrado “mediador”.

Por todo lo expuesto, es posible apreciar que hay mucho bluff detrás de la marketinera imagen internacional de Mujica. Y si hay algo de lo que carece, es de genuina humildad.

Este artículo fue publicado originalmente en el Panampost el 5 de mayo de 2015.

El modelo de repudio castrista en la Cumbre de Panamá

Hay mucho que analizar de la reciente VII Cumbre de las Américas, pero en estas líneas, llama particularmente mi atención el vergonzoso papel que han cumplido las delegaciones oficialistas de las dictaduras de Cuba y Venezuela, intentando boicotear los foros oficiales de la sociedad civil en el que participábamos activistas de todas las Américas.

Las mesas de Gobernabilidad y de Participación Ciudadana del Foro de la Sociedad Civil que debían ser espacios diálogo para que actores sociales brinden aportes a los Estados participantes, fueron constantemente interrumpidos por turbas de personas que provenían principalmente de los gobiernos de Venezuela y Cuba. Exacerbados y como si estuvieran en trance, vociferaban consignas y se negaban a dialogar con opositores de la sociedad civil que también estaban presentes.

Estos agitadores olvidaban muchas cosas, pero principalmente que estaban de invitados, que la convocatoria era para dialogar, que estábamos muchos ciudadanos de países democráticos con ese deseo, que los cubanos opositores son tan cubanos como ellos y que la sociedad civil no es gobierno. Por lo que hasta ahora los que estuvimos allí no entendemos ¿qué hacían en un foro civil, asesores, diputados, y funcionarios del gobierno cubano incitando a la violencia contra los demás asistentes?

Pienso que acostumbrados a amedrentar a su población con actos de repudio en la isla, creyeron que podían hacer lo mismo en un país libre como Panamá y que organizaciones democráticas caerían en su farsa. Pues no fue así, las mesas de los foros tenían reglas y ellos las rompieron, gritando, quitando a la fuerza los micrófonos, insultando a los moderadores, provocando a los asistentes y amenazando con llegar a violencia física si continuábamos dialogando sin aceptar sus intransigentes condiciones. Se sintió, sin duda, que llevan más de cincuenta años de falta de práctica democrática y que tienen la creencia que las Américas deben subordinarse a ese tipo de actitudes belicosas. Ellos solos se desacreditaron y un espacio democrático de diálogo les quedó muy grande. Por ello, con los moderadores autorizados para conducir la mesa tuvimos que pasar a otra sala con todos aquellos que sí queríamos dialogar, y pudimos avanzar en pocas horas y con un debate de altura lo que no se pudo avanzar en toda una mañana de interrupciones, afrentas y amenazas.

Cuando tuvimos listo nuestro documento de recomendaciones pedimos pacíficamente con papeles blancos “democracia y respeto” y fuimos nuevamente agredidos por la turba enardecida que con arengas violentas y empujones habían tomado un espacio de expresión acreditado para que las organizaciones civiles podamos dirigirnos a los medios.

Mientras en el mismo marco de la Cumbre, el dictador Raúl Castro pretendía mostrar gestos de cambio reuniéndose con Barack Obama, miembros de la sociedad civil de las Américas estábamos abandonados a nuestra suerte en el Hotel Panamá, con poquísima seguridad intentábamos ponernos a salvo, huyendo por la cocina, pasadizos, puertas traseras y llegamos incluso a un balcón sin salida porque nadie podía retirar a los agitadores castristas –ansiosos de violencia– de las salas autorizadas para nuestras reuniones.

Mirándolo en conjunto, Cuba llevó dos mensajes a la Cumbre, por un lado el de la normalización de sus relaciones con Estados Unidos, y por el otro lado el ataque a los opositores y a ciudadanos de otros países que exigimos  democracia y la libertad en la región, y que no nos prestamos a la histeria de la delegación oficialista cubana. Ello nos alerta que el régimen no va a cambiar un ápice su aparato represivo contra opositores, no lo hizo en Panamá, y menos lo hará en Cuba.

Pese a estos disturbios, las organizaciones democráticas de más de veinte países logramos dialogar en la mesa de gobernabilidad y llegamos al acuerdo de exigir que la OEA cumpla su rol original, esto es el de garantizar la democracia y los derechos humanos en el hemisferio, que además se instaure una relatoría con mecanismos eficaces para el cumplimiento de la Carta Democrática Interamericana, y que se garantice la labor de los defensores de derechos humanos.

Con todos los sinsabores y con el riesgo de que estas reuniones terminen cayendo en la trampa de legitimar dictaduras, estos días serán memorables para las Américas, días en que se logró que numerosas organizaciones representativas de las sociedad civil expresen su solidaridad a cubanos y venezolanos víctimas de sus gobiernos. El miedo, la principal arma de las dictaduras se debilita afuera y adentro. Todos aquellos cubanos, venezolanos, nicaraguenses y demás latinoamericanos que defendimos el principio de que la democracia es respeto, quedamos unidos para siempre en la defensa de la libertad en la región. Los opositores regresan a sus países fortalecidos y más unidos a seguir luchando, y con el respaldo de que no estuvieron, ni están solos. Atrás y en marco infame, quedó el miedo, la sospecha y el repudio que las dictaduras del continente pretendieron implantar en la Cumbre de Panamá.

Eduardo Galeano: un profeta equivocado

Eduardo Hughes Galeano, quizás el escritor más influyente de América Latina en la segunda parte del siglo XX, fue enterrado hoy en Montevideo con honores de Estado. La etiqueta por lo general dicta que tras la muerte de una persona solo cosas buenas se pueden decir de ella. En este caso, la contribución de Galeano al debate político latinoamericano es de tal magnitud que es imposible no comentarla, aún cuando sea para criticarla. Sin embargo, es importante aclarar que la crítica es a las ideas de Galeano, y no a su persona.

Si bien su obra se extendió a otros campos como la poesía, el dibujo, el periodismo y el fútbol, Eduardo Galeano debe su reputación a su magnus opus, Las venas abiertas de América Latina, traducido a 18 idiomas y que cuenta con docenas de ediciones. Este libro, escrito cuando Sudamérica empezaba a cubrirse por el manto de cruentas dictaduras militares, sirvió de parteaguas ideológico a la izquierda latinoamericana. Incluso hoy, cuarenta años después, sigue siendo el texto de cabecera en las escuelas de Estudios Generales de toda la región, así como de los departamentos de Estudios Latinoamericanos en universidades de EE.UU. y Europa.

La tesis de Galeano fue una versión conspiratoria de la teoría de la dependencia desarrollada en los años cincuenta. Esta última sostenía que el estancamiento económico de América Latina se debía a una arquitectura económica mundial donde nuestros países (la periferia) exportaban materias primas de poco valor agregado, mientras que las naciones desarrolladas (el centro) nos vendían a cambio productos industriales elaborados. La manera de romper este ciclo era mediante políticas industriales y de sustitución de importaciones dirigidas por el Estado.

Galeano fue más allá: la pobreza latinoamericana se explica por el saqueo sistemático de las potencias europeas (y posteriormente EE.UU.). Somos pobres porque ellos son ricos. Ellos son ricos porque nos han esquilmado: “Es América Latina la región de las venas abiertas”. La solución consiste entonces en la violencia revolucionaria y la expropiación de los medios de producción. Cuba ya había iniciado el camino.

La izquierda latinoamericana había encontrado su biblia. Desde entonces, Las venas abiertas de América Latina ha influenciado a varias generaciones de académicos, políticos y revolucionarios. Para miles de universitarios en toda la región, ha sido un catequismo que inspiró su animadversión por la economía de mercado, la globalización, las transnacionales y todo lo que huela a EE.UU. La izquierda carnívora sigue tomando al pie de la letra la tesis de Galeano. En el 2009 Hugo Chávez le regaló una copia del libro a Barack Obama. Pero incluso la izquierda vegetariana, aquella que no abraza la revolución ni la expropiación de los medios de producción, aún suspira con dichas líneas.

Sin embargo, el uruguayo sorprendió a propios y extraños cuando, el año pasado, renegó de su obra. “No sería capaz de leer el libro de nuevo (…) esa prosa de izquierda tradicional es pesadísima”. E incluso admitió que fue escrito “sin conocer debidamente de economía y política”. La columna Bello de The Economist lo puso de mejor manera cuando señaló que “fue casi como si los discípulos de Jesús hubieran admitido que el Nuevo Testamento fue un gran malentendido”. El acto de Galeano, añadió Michael Reid, autor de Bello, resaltaba “el fracaso intelectual de la izquierda latinoamericana”.

Galeano mostró gran valor al revocar su principal trabajo. Lamentablemente esa honestidad intelectual no le alcanzó para quitarle el apoyo a la dictadura cubana, la cual defendió a lo largo de las décadas, a pesar de los calabozos, fusilamientos y campos de concentración. Lamentablemente, su admiración al régimen estalinista de los Castro le duró hasta sus últimos días. Para la izquierda, abrazar a la dictadura cubana es un pecadillo perdonable, y quienes lo condenamos somos reaccionarios que vivimos atrapados en la Guerra Fría. Pero para quienes han sufrido sus horrores, no es peccata minuta.

Por eso recojo lo escrito por una amiga cubana que vive en Costa Rica a raíz del fallecimiento de Galeano: “que descansen los muertos y que sean libres los vivos”.

Publicado originalmente en El Financiero (Costa Rica) el 15 de abril de 2015.

El rugido del ratón

Little mouse roaredLas relaciones entre los gobiernos de Venezuela y EE.UU. nunca han estado más tensas. Ni en aquella ocasión cuando Hugo Chávez, en plena Asamblea General de las Naciones Unidas, se refirió a George W. Bush como el diablo y en su habitual tono irónico/jocoso dijo que el podio todavía destilaba el olor a azufre.

La evidencia de lavado de dinero, los vínculos con el narcotráfico y el terrorismo islámico, la violación de derechos humanos, y la presión ejercida por representantes como Marco Rubio, han hecho que el gobierno de Obama haya emitido una orden ejecutiva en donde señala a Venezuela como una amenaza extraordinaria a su seguridad (no la sanciona, sólo la señala como tal).

La respuesta de esperarse del régimen dirigido por Nicolás Maduro, y acorde al pensamiento tercermundista/socialista con que este se identifica, fue señalar que el gobierno de EE.UU. planificaba una invasión militar a Venezuela (porque quiere adueñarse de su petróleo). Para contrarrestar esto, Maduro solicitó una ley habilitante “antiimperialista”, que le da incluso el poder de declarar como traidor (y quien sabe el castigo que les tocará) a aquellos venezolanos que no estén en contra de la medida de la administración Obama (Diosdado Cabello ha dicho que “Venezolano que no defienda la patria es un traidor“).

El fin de semana del 28 de marzo se hicieron ejercicios militares para “demostrar” la capacidad armamentista de Venezuela. Inició una campaña de recolección de firmas en contra de Obama (que dado los antecedentes, pueda usarse como un nuevo apartheid en contra de los venezolanos que no firmen, tal como se hizo con la recordada lista Tascón). El último episodio de este espectáculo “antiimperialista” fue la declaración de Nicolás Maduro: “Si nos obligan a tomar las armas acabaríamos con los EEUU“.

Esta declaración me hizo recordar un artículo que leí en el 2007, publicado en la revista Respekt, escrito por Phillip Dimitrov. En esa época me encontraba estudiando en República Checa y Dimitrov había participado en un evento organizado por Vaclav Havel en Praga, pero el artículo me lo hizo llegar una querida amiga. Dimitrov recordaba la película “El Rugido del Ratón” de Peter Sellers. En dicha película, ambientada en la época de la postguerra, los gobernantes y burócratas (todos interpretados por Peter Sellers) de un pequeño y medieval principado le declara la guerra a EE.UU., con el fin de que cuando fueran derrotados, ellos pudieran disfrutar del Plan Marshall y así lograr la reconstrucción del país por parte del magnánimo Tío Sam.

Pero lamentablemente esto no es lo que busca el régimen de Nicolás Maduro. Primero, el régimen venezolano es “en todas las circunstancias, de oficio, pase lo que pase y se trate de lo que se trate, antiamericano” (parafraseando a Jean François Revel). Y aunque Cuba ha iniciado un acercamiento con su ancestral enemigo capitalista, quienes dirigen el régimen venezolano están anclados la idea de revivir el bipolarismo de la guerra fría. Ya el gobierno de Chávez había buscado alianzas con China, Rusia, Iran e incluso Corea del Norte, bajo el discurso de “buscar un mundo multipolar” pero con la idea fija de intentar establecer un polo de poder, socialista por supuesto, a la hegemonía del capitalismo representada por EE.UU. El propio Dimitrov denunciaba en su artículo (para mi asombro, en esa época) que los tentáculos del régimen chavista habían llegado incluso a financiar a movimientos comunistas en los países de la antigua órbita soviética.

Las declaraciones y acciones de Maduro deberían ser motivo de risa (tal como pasaba en la película de Sellers con la declaratoria de guerra del principado), pero más bien son preocupantes. La influencia que el régimen de Maduro tiene en UNASUR ha logrado que este foro regional pida el “levantamiento de sanciones contra Venezuela” (cuando no ha habido sanciones contra el país, sino una declaración de peligro y congelamiento de bienes a funcionarios corruptos del régimen venezolano). Y de cara a la Cumbre de las Américas a celebrarse próximamente en Panamá, el régimen venezolano buscará presionar más al gobierno de Obama para retirar esta declaratoria de peligro y mostrarse como un gobierno legítimo que está siendo atacado y desestabilizado por EE.UU., moviendo el eje del debate fuera de las violaciones a los derechos humanos y la vinculación con el narcotráfico del régimen venezolano.

En la película de Peter Sellers, al final, el pequeño país inesperadamente ganó su “guerra” emprendida en contra de EE.UU. (o fueron los burócratas del Departamento de Estado quienes “aceptaron la derrota”). Quién sabe si el régimen de Maduro termina ganando esa guerra.

La economía argentina después de 2011 y del default de 2014

En esta ocasión comparto el borrador de un artículo sobre la economía Argentina post 2001 y el default del 2014. En esta ocasión, el borrador lo he escrito con Carolyn Thomas, estudiante Senior de MSU Denver.

Resumidamente, el borrador discute primero la crisis del 2001, luego la política monetaria post-crisis y finalmente explica el fallo del Juez Griesa y el default del 2014.

Del resumen de dicho borrador:

“Con dos defaults de la deuda soberana durante los últimos 13 años, Argentina constituye un caso de estudio interesante acerca de las causas y efectos de los defaults por parte de estados soberanos. Argentina ha tenido una historia de problemas económicos durante los últimos cien años, en gran medida debido a la inestabilidad política y económica. Este estudio discute la economía de Argentina luego de la crisis financiera de 2001, la cual condujo al default de 2014. Este estudio también explica los principales aspectos legales respecto de los Holdouts versus el estado argentino, la controversia alrededor de la cláusula pari passu y también discute las reacciones diferentes al juicio y su consecuente default”.

Pueden bajar el borrador de SSRN.

Ecuador: ¿Salvaguardar o no salvaguardar?

A partir de hoy (11 de marzo) entra en vigencia la Resolución N° 011-2015 del Comité de Comercio Exterior (COMEX) del Ecuador que establece sobretasas arancelarias entre el 5% y 45% para la tercera parte de los productos importados, exceptuando la mayoría de materias primas y bienes de capital. Según las autoridades gubernamentales, con esta medida se busca mitigar el efecto que tendrá la caída del precio del petróleo en las exportaciones, estimada en unos $3.000 millones, y así proteger la balanza comercial y la dolarización.

Aunque no es la primera vez que el Gobierno se decide por este tipo de medidas, sí es la restricción más fuerte al comercio que ha impuesto. Al igual que ahora, en enero de 2009 el Consejo de Comercio Exterior e Inversiones (Comexi) estableció una salvaguardia para precautelar la balanza comercial, también por la caída del precio del petróleo. Sin embargo, en aquella ocasión la sobretasa máxima fue del 35% para bienes como bebidas alcohólicas, cosméticos, celulares, entre otros bienes de consumo. Esto afectó a un poco más de 600 artículos de importación. En cambio, la restricción del 2015, aumenta hasta en 45% los aranceles vigentes y afecta a más de 3.000 productos como televisores, repuestos automotrices, cerámicas, camiones, alimentos y demás.

Además, a pesar que las autoridades han sugerido que la salvaguardia dure 15 meses, la Resolución no especifica la fecha de expiración, solo establece que es de “carácter temporal”. En cambio, en la del 2009, el Artículo 1 definió explícitamente que la salvaguardia sería “temporal y por el periodo de un (1) año”. Actualmente solo se conoce que tras los 15 meses sugeridos por el Ministerio Coordinador de la Política Económica se revisará para determinar su fin, o continuidad.

Pero Ecuador no es el único país sin moneda propia con problemas deficitarios en su cuenta corriente. Si comparamos el promedio del déficit de la cuenta corriente en relación al Producto Interno Bruto (PIB) entre 2005-2013 de Panamá (-8,1%) con Ecuador (0,8%), se podría concluir que Panamá necesitaría mucho control sobre sus importaciones. Pero a pesar de no tener política monetaria, no ha optado por la aplicación de medidas restrictivas al comercio. La estrategia de Panamá se fundamenta en atraer grandes flujos de capital además de libertad de comercio y financiera.

Otro factor importante de considerar es el problema fiscal que atraviesa el Estado ecuatoriano. Entre 2007 y 2014 el gasto del Sector Público no Financiero, que engloba toda la actividad del Estado, pasó del 25% a más del 45% del PIB. Esto conllevó pasar de un resultado global superavitario del 1,9% del PIB a un déficit del 4,6% en el 2014. Para el 2015, con la caída de los ingresos petroleros (tercera parte del total), la necesidad de financiamiento del Estado superaría los $10.000 millones.

Esta agresiva medida para restringir las importaciones y la salida de divisas evidenciaría que la economía ecuatoriana no está “tan preparada” para asumir impactos externos como la caída del precio de petróleo y el fortalecimiento del dólar. Es ahora cuando no haber diversificado las fuentes de divisas le costará caro al país. Con una reducida inversión extranjera de menos de $800 millones por año, limitados mercados de exportación, elevado déficit fiscal y endeudamiento agresivo, el Ecuador es cada vez más vulnerable a los cambios repentinos de la economía mundial.

Es evidente que el 2015 será un año difícil para los ecuatorianos. No solo por la reducción del poder adquisitivo como consecuencia del aumento de aranceles sino también por la reducción de la actividad comercial que afectará al empleo y el crecimiento económico. Por último, la dolarización para fortalecerse no necesita salvaguardias, impuestos, aranceles, cupos, cuotas u normas técnicas, lo que necesita es mayor apertura comercial, inversión productiva y reglas claras que incentiven el empleo y la producción.

¿Caerá la oposición venezolana en la trampa de UNASUR?

Ricardo Patiño en evento para respaldar al gobierno de VenezuelaUna nueva crisis política se está gestando en Venezuela conforme la economía continúa en caída libre, el malestar social crece, y el gobierno intensifica su ofensiva contra la oposición. Dos semanas atrás, el alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, fue arbitrariamente detenido bajo cargos espurios de planear un golpe de Estado. Otras figuras destacadas de la oposición están en la mira del régimen de Nicolás Maduro y podrían ser detenidas en cualquier momento.

Una vez más, la oposición venezolana, así como organizaciones internacionales de derechos humanos y expresidentes latinoamericanos, han exigido que la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) tome una posición sobre la situación en Venezuela. Bueno, ya lo ha hecho. En numerosas oportunidades, tanto el secretario general de la UNASUR, Ernesto Samper, como los ministros de relaciones exteriores elegidos para mediar en el conflicto, han apoyado de manera inequívoca al régimen de Maduro.

Luego de reunirse con Maduro días atrás, Samper dijo que “Todos los países de la UNASUR rechazan cualquier intento, interno o externo, de desestabilizar la estabilidad y tranquilidad democrática de Venezuela. Hemos recibido pruebas (de los intentos)”. Diez días después del arresto de Ledezma, Ricardo Patiño, Ministro de Relaciones Exteriores de Ecuador y uno de los “mediadores” de la UNASUR en Venezuela, realizó un “evento de solidaridad” al régimen de Maduro, afirmando que, “Estamos dispuestos a viajar a Venezuela tantas veces como sea necesario para colaborar con las autoridades revolucionarias del gobierno electo en representación de los venezolanos, y contribuir a detener lo que se presenta como un nuevo golpe de Estado que nos parece inaceptable”.

Resulta bastante evidente que la misión de la UNASUR en Venezuela es apoyar al gobierno. ¿Por qué es entonces algunos líderes de la oposición venezolana, así como otros actores internacionales, siguen esperando que esta organización desempeñe un papel constructivo en la crisis?

Pero la participación de la UNASUR no termina allí. Por alguna razón, a pesar de sus declaraciones manifiestas a favor del régimen de Maduro, la organización ha sido aceptada en el pasado como mediadora entre el gobierno y un sector de la oposición. Como tal, las negociaciones mediadas por la UNASUR han tenido dos efectos: En primer lugar, han ayudado a dividir la oposición entre aquellos que reconocen la inutilidad de negociar con una dictadura y quienes todavía creen que pueden obtener concesiones del gobierno. En segundo lugar, las negociaciones le han dado al régimen de Maduro una oportunidad para engañar al mundo haciendo creer que está dispuesto al diálogo con la oposición. Además, han ayudado a presentar a aquellos que se niegan a participar como “radicales”.

Eso es lo que ocurrió luego del arresto a Leopoldo López hace un año. López sigue languideciendo en la prisión, el gobierno desinfló la presión internacional, y la oposición está más dividida que nunca entre los que se sentaron a negociar (“colaboracionistas”, según los que se negaron a participar) y los que decían que todo era una trampa (“radicales”, de acuerdo a los que aceptaron la mediación de UNASUR).

Después de la detención de Ledezma, ¿caerán una vez mas los elementos “moderados” de la oposición en la trampa de aceptar la mediación de UNASUR?

Una nueva etapa para LibreMente

El liberalismo clásico comprende una serie de principios filosóficos a través de los cuales interpretar no solo cuestiones de la coyuntura política y económica, sino también el arte y la cultura popular en general. Considerando que los nuevos medios como los blogs son el canal adecuado para presentar información de manera más escueta e informal, LibreMente pretende ser un foro que complemente la pedagogía más formal del sitio Web Elcato.org.

ElCato.org es el portal a través del cual el Cato Institute contribuye al debate de ideas en el mundo hispano-parlante presentando material original de sus académicos y, en mayor medida, el de aquellos académicos y pensadores liberales de la región que de otra forma no tendrían llegada a nuestros visitantes.

Dicho esto, nos hemos propuesto que el blog LibreMente provea un espacio más informal a una nueva generación de escritores, académicos y pensadores liberales e hispano-parlantes.

Empezamos con 31 colaboradores permanentes de 14 países de América Latina y el Caribe. Esperamos que disfruten de la perspectiva que cada uno de ellos puede aportar acerca de la realidad que viven en cada uno de sus países.