En Venezuela, titulares que parecen broma

Hace poco empecé a seguir la cuenta en Twitter del diario venezolano El Nacional. De repente vi en mi timeline un titular que parecía más de la cuenta humorística “Chiguire Bipolar” que de un diario de prensa tradicional. El titular decía “Costureras tienen más trabajo: venezolanos mandan a ajustar la ropa por dieta forzada“.

Al leerla todo se percibe todavía más surreal:

Desde que el venezolano se vio forzado a cambiar la dieta debido a la escasez y a los altos precios de los alimentos, muchos han perdido peso y han recurrido a las costureras para arreglar la talla de sus prendas porque comprar ropa nueva les resulta muy costoso. “Lo que más hacemos es el cambio de talla a una más pequeña. Un cliente bajó tres tallas con el cambio de dieta porque la comida está muy cara”, dijo Eufemia Abreu, encargada de un negocio de costureras en Altamira.

Hacia el final del artículo una costurera indica que aunque tienen más clientes, a estos cada vez se les hace más difícil asumir los costos de sus servicios, por los cuales las costureras se ven obligadas a cobrar más debido al alza generalizada de los precios (inflación). Una de ellas explica: “Subimos cada vez que aumentan los materiales, alrededor de cada dos meses. Cuesta conseguir hilos y cierres”. Otra costurera dice que es difícil obtener los materiales para realizar los ajustes, por ejemplo, los cierres y los hilos: “Se ponen escasos. Hace unos meses un hilo estaba en 200 bolívares y ahora en 1.000. Las agujas pasaron de 50 bolívares por unidad a 1.400. Los paquetes de 10 agujas de 120 bolívares a 4.000”.

Este episodio del “boom” de las costureras también sirve para ilustrar que simplemente crear más trabajo no necesariamente enriquece a las personas. Aunque las costureras tengan mas trabajo, parece que ni ellas ni la sociedad en su conjunto se están enriqueciendo. De hecho parece que aunque las costureras tengan más trabajo –y también lo tengan otros obligados a remendar cosas que en sociedades más ricas no necesitaran ajustes por dietas forzadas (sin mencionar la obvia incomodidad de estar sometidos a una dieta forzada) o simplemente serían sustituidas por una nueva compra– su “bonanza” particular es evidencia del empobrecimiento de la sociedad en su conjunto.

Y lo mismo sucede con los zapatos y, es de suponer, con muchísimas cosas más que en casi el resto del mundo damos por sentado.

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