Historia al estilo de Plutarco

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En el libro Mexicanos eminentes, Enrique Krauze nos introduce a las vidas de estos personajes dándonos una pequeña lección de historia o, más bien, de distintas perspectivas a través de las cuáles se la puede analizar, juzgar, escribir, y contar. Casi al inicio del ensayo “Plutarco entre nosotros” Krauze aporta su definición de la historia:

“la historia es un proceso abierto; sujeto, es verdad, a la acción de fuerzas impersonales, azarosa y suprapersonales, pero esencialmente abierto a la libre voluntad emprendedora de los hombres. La historia nos condena a la perplejidad pero no a la impotencia”.

Luego procede a describir una colección de historiadores que interpretan la historia como un proceso predeterminado en el cual a los individuos poca responsabilidad o esperanza les queda de influir para que este cambie su curso. Este sería el historicismo, que Krauze indica que ha sido tan usual en los rusos y que para Isaiah Berlin implicaba una renuncia a la libertad (y a la responsabilidad individual):

“Asustar a los seres humanos sugiriéndoles que están en los brazos de fuerzas impersonales sobre las que tienen poco control o no tienen ninguno, es alimentar mitos … equivale a propagar la fe de que existen formas inalterables de desarrollo en los acontecimientos. Liberando a los individuos del peso de la responsabilidad personal, estas doctrinas alimentan la pasividad irracional en unos y una fanática actividad, no menos irracional, en otros”.

Este determinismo histórico es un componente esencial del marxismo. Dice Krauze: “En Marx, la grandeza de unos y otros es una máscara: lo único real es el baile de la Historia”. La historia, al menos como la entendía Plutarco, en cambio, colocaba en primer plano a los individuos:

“Escribo vidas, no historias. Y no es en los hechos más ruidosos donde se manifiesta la virtud o el vicio. Muchas veces una acción momentánea, un dicho agudo, una niñería sirven más para calibrar las costumbres que las batallas en las que mueren miles de hombres”.

Rescatando aquella tradición de Plutarco, Krauze relata la vida de algunos mexicanos que considera eminentes. Entre ellos, algunas de las mentes liberales más destacadas en América Latina como Francisco Zarco, Octavio Paz, Jesús Reyes Heroles, Gabriel Zaid.

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