Políticos y empresarios están contentos

En esta noticia podemos ver declaraciones de políticos y empresarios ecuatorianos que indican que estarían llegando a un acuerdo acerca de una medida para sustituir las salvaguardias (aranceles adicionales por encima de las barreras comerciales previamente existentes) impuestas por el gobierno en marzo de 2015.


Gobierno y empresarios discuten alternativa… por Teleamazonas

Estas salvaguardias, al igual que otras anteriores y potenciales próximas restricciones comerciales, suelen ser justificadas con el argumento de que tenemos que evitar que salgan más dólares de los que entran. Aunque los problemas de balanza de pagos no se dan en una economía dolarizada (por ser la oferta de dinero determinada por la oferta y demanda de los usuarios de dólares), persiste en Ecuador la pesadilla de que un día nos quedaremos sin dólares. Esta pesadilla es aprovechada por el gobierno para implementar todo tipo de medidas mercantilistas, que, como es de esperar, agradan a no poco empresarios que esperan beneficiarse de ellas. Sucede que desde tiempos de Adam Smith, cuando los políticos y los empresarios se ponen de acuerdo, suelen salir goleados los consumidores.

En medio de esta confusión, el gobierno ha venido anunciando la posible implementación de un timbre cambiario que no es necesario, sería contraproducente, y no sería otra cosa que un subsidio a los exportadores costeado por los consumidores. Esto equivaldría a crear una especie de “cupos de importación”, algo inconsistente con la dolarización y que equivaldría a ejercer una especie de política cambiaria.

En el primer Libro IV de La riqueza de las naciones, Adam Smith esgrime argumentos que considero relevantes a la situación actual de un Ecuador dolarizado, sistema monetario que es lo más cercano en el mundo moderno al patrón oro:

“Un país sin minas propias debe indudablemente obtener su oro y plata en el exterior, igual que obtiene sus vinos un país sin viñedos. No es necesario que el Estado atienda más a uno de estos objetos que al otro…Podemos confiar con total seguridad en que el comercio libre nos proveerá del vino que necesitamos, y con la misma seguridad en que siempre nos suministrará todo el oro y toda la plata que podamos comprar o emplear en la circulación de nuestras mercancías o en otros usos.

La cantidad de cualquier mercadería que el trabajo humano puede comprar o producir se regula naturalmente en cualquier país por la demanda efectiva, o la demanda de aquellos que están dispuestos a pagar el total de la renta, el trabajo y los beneficios que hay que pagar para prepararla y traerla al mercado. Pero ninguna mercancía se regula más fácil y precisamente según esa demanda efectiva que el oro y la plata, ninguna mercancía puede ser transportada de un sitio a otro más fácilmente…

Cuando la cantidad de oro y plata importada en un país supera a la demanda efectiva, ninguna vigilancia estatal impedirá su exportación….

…Desde cualquier punto de vista, entonces, nunca se emplea más innecesariamente la acción del gobierno que cuando se dirige a vigilar la preservación o el aumento de la cantidad de dinero de un país.

Y sin embargo, no hay queja más extendida que la de la escasez de dinero. El dinero, como el vino, siempre será escaso para los que no tienen medios para comprarlo ni crédito para tomarlo prestado. Los que tienen cualquiera de ellos rara vez echarán en falta el dinero o el vino que necesiten…Sería ridículo proceder seriamente a demostrar que la riqueza no consiste en dinero ni en oro ni plata sino en lo que el dinero puede comprar, y sólo vale porque lo puede comprar…

[…]

La importación de oro y plata no es el principal ni mucho menos el único beneficio que una nación deriva de su comercio exterior. Cualesquiera sean los sitios que entablan dicho comercio, todos ellos obtiene del mismo dos tipos de ventajas. El comercio exterior retira la parte excedente del producto de su tierra y su trabajo, para la que no existe demanda en el país, y trae de vuelta a cambio de ella otra cosa para la que sí hay demanda…Así, la estrechez del mercado local no impide que la división del trabajo en ninguna rama de las artes o las manufacturas alcance el grado más alto de perfección. Al abrir un mercado más amplio para cualquier parte del producto de su trabajo que pueda exceder el consumo del país, lo estimula a mejorar sus capacidades productivas y a expandir su producto anual al máximo, y de esta manera a incrementar el ingreso y la riqueza reales de la sociedad….

[…]

Lo que es prudente en la conducta de una familia nunca será una locura en la de un gran reino. Si un país extranjero nos puede suministrar una mercancía a un precio menor que el que nos costaría fabricarla, será mejor comprársela con el producto de nuestro trabajo, dirigido en la forma que nos resulte más ventajosa. Ciertamente no es ventajoso cuando se lo dirige hacia un objeto que es más barato comprar que fabricar. El valor del producto anual es evidentemente disminuido en un cierto grado cuando resulta así desviado de la producción de mercancías que claramente tienen más valor hacia la de mercancías que tienen menos….

[…]

Aunque la ausencia de esas intervenciones cause que la sociedad nunca tenga esa industria, ello no significa necesariamente que será más pobre en cualquier período de su existencia…

Los comerciantes y los industriales son las personas que obtienen el mayor beneficio del monopolio del mercado nacional…al estar agrupados en ciudades y acostumbrados al espíritu corporativo monopólico que prevalece entre ellos, procuran naturalmente obtener contra sus compatriotas los mismos privilegios exclusivos que habitualmente poseen contra los habitantes de sus ciudades respectivas.

Comments are closed.