Un inicio decepcionante del gobierno de Piñera

La elección presidencial que llevó al poder a Sebastián Piñera el mes pasado fue una buena noticia para Chile y la región. Confirmó una vez más que Chile es el país más moderno de América Latina, uno en el que los ciudadanos escogen a un candidato de centro-derecha para que lidere al país después de 20 años de gobiernos de centro-izquierda, gobiernos que, en gran parte, se adhirieron al modelo de libre mercado que se estableció en los setentas y ochentas y que ha hecho del país una de las economías más libres del mundo. En Chile, lo que se decide en las elecciones no es un cambio radical en las reglas del juego, sino políticas que se basan en o dependen de un alto crecimiento. La madura democracia y economía de Chile son un modelo para América Latina.

Pero apenas un mes después de haber llegado al poder, Piñera ha tomado dos decisiones que han decepcionado a sus partidarios tanto dentro como fuera de Chile, quienes creían que él le daría vigor a la economía chilena y se mantendría firme en contra del modelo populista-autoritario que Hugo Chávez ha exportado dentro de la región. Piñera respaldó la re-elección de José Miguel Insulza para Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA) y ha propuesto un aumento al impuesto a las empresas grandes. Muchos consideran correctamente que Insulza y la OEA han guardado silencio, sido incompetentes o incluso cómplices frente a las repetidas violaciones de derechos civiles y democráticos básicos por parte de gobiernos populistas en la región. Cualquiera que sean las razones políticas detrás de la decisión de Piñera, muchos latinoamericanos que valoran sus derechos —particularmente aquellos que son venezolanos, hondureños, bolivianos y ecuatorianos— fueron decepcionados por este respaldo a Insulza.

La semana pasada, Piñera propuso aumentar “temporalmente” los impuestos a las grandes empresas de 17% a 20% (y aumentar las regalías mineras y aumentar permanentemente el impuesto al tabaco) para financiar las necesidades de reconstrucción después del terremoto. Pero varios economistas chilenos están criticando el aumento de impuestos y señalan a otras fuentes de ingreso que serían menos perjudiciales para el crecimiento. Hernán Büchi, quien fue ministro de hacienda durante los ochentas, y Luis Larraín, director del centro liberal de investigaciones en Chile, Libertad y Desarrollo, ambos han escrito artículos de opinión en las últimas semanas indicando que uno de los principales problemas del país estos últimos años ha sido una sostenida caída en la productividad. Piñera fue elegido debido a su promesa de aumentar la productividad. Un aumento de impuestos agravaría el problema. De acuerdo a Büchi, 20 años de gobiernos de centro-izquierda redujeron la habilidad de Chile de superar la pobreza y siguieron una dirección que fue políticamente fácil y consistente con su ideología: “Sería un mal presagio que las primeras medidas de un gobierno que debía marcar un cambio en este aspecto se iniciaran por el mismo camino”. Larraín agregó que la decisión acerca de impuestos marcará el sello del gobierno de Piñera, uno en el cual hay un verdadero peligro de evitar reformas necesarias y en que el presidente está contento con simplemente ser un mejor administrador. Ya veremos.

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