Una mala broma para los ecuatorianos

El proceso electoral que debió haber culminado el 2 de abril en una victoria incuestionable de un candidato a la presidencia ha sido cualquier cosa menos transparente y justo. Súmele a eso las múltiples irregularidades que ponen en duda el resultado oficial. A una mayoría de los ecuatorianos, quienes desconfían del CNE, esto no debería sorprender. Lo que si nos ha sorprendido es el respaldo casi impulsivo que ha obtenido el candidato oficialista de gran parte de los mandatarios de otros países, así como también de la OEA y de la prensa internacional.

Pero siempre hay brillantes excepciones. Entre ellas, se encuentra la columnista para las Américas del Wall Street Journal Mary Anastasia O’Grady, quien tildó estas elecciones como “dudosas” y reportó acerca de la persecución montada por el gobierno ecuatoriano contra aquellas personas y organizaciones que resultaban incómodas para legitimar el resultado oficial–la encuestadora Cedatos-Gallup Poll International, el candidato de oposición Guillermo Lasso, y empresas involucradas en su campaña presidencial. “O’Grady explica:

El lunes posterior al día de la elección, la misión observadora de la Organización de Estados Americanos–liderada por Leonel Fernández, un ex presidente izquierdista de la República Dominicana–respaldó la narrativa de Correa de que el Sr. Moreno había ganado. La OEA le dijo al Sr. Lasso que presente sus quejas ante al Tribunal Contencioso Electoral (TCE) controlado por Correa. El Departamento de Estado de EE.UU. dijo algo similar.

Esa recomendación es una mala broma. El Sr. Correa ha sido presidente desde 2007. Controla el grupo mediático más grande del país, el congreso, la justicia, y la cúpula militar, así como también la policía nacional. Todos los miembros del Consejo Nacional Electoral tienen vínculos con el gobierno o con su partido, Alianza PAÍS. El presidente del TCE es el hermano del fiscal general de Correa.

Hay cosas tan evidentes para el que quiere hacer bien su tarea de reportar acerca de la situación en Ecuador, pero gran parte de los reporteros y corresponsales reflejan un desconocimiento de incluso los detalles más básicos acerca del muy inusual proceso electoral que acabamos de vivir. O el oficialismo tiene un parlante mucho más grande–con la importante ayuda de cajas repetidoras como la amigable misión observadora de la OEA–con el cual resulta difícil competir y/o la prensa internacional y los líderes políticos de otros países tienen un fuerte sesgo hacia las fuentes oficiales de información y/o la oposición ecuatoriana no ha comunicado exitosamente su situación. Pero una mínima dosis de pensamiento crítico debería hacer dudar de estas fuentes a cualquiera que comprenda la realidad ecuatoriana: un país con un sistema de gobierno autoritario en el que las instituciones del Estado son todas controladas por el partido Alianza PAÍS. Como concluye O’Grady:

Para robarse una elección, un gobierno necesita de un poder ilimitado en casa y de tontos útiles en el extranjero. El Sr. Correa tiene ambas cosas a su disposición. Luego de una década de abusos, los ecuatorianos tienen justa razón para demandar un reconteo voto a voto.

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